No sé. Como que hay algo raro ya en el ambiente. Me parece que la brisa fría y grata de la Navidad está entrando por algún sitio. Yo la he respirado. Tengo el cuerpo de villancico. Pero de villancico de los buenos; no de esas bazofias surrealistas cantadas por un tropel de horribles voces infantiles con las que nos agreden sin compasión hasta el límite del trastorno mental a través del hilo musical de los centros comerciales. Y es que hay villancicos y villancicos; y formas y formas de cantarlos. Escuchemos Jingle Bells interpretado por una swingante Diana Krall junto a la Clayton-Cameron Jazz Orchestra y enseguida veréis a lo que me refiero.
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