La Rioja

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Categoría: Baloncesto
Este es vuestro espacio abierto

Imagen de 4ever.

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Se puede leer en la cabecera de este humilde blog, que intento actualizar con menos frecuencia de la que me gustaría: ‘Desde la grada. El baloncesto desde el punto de vista del aficionado’.
En mi declaración de intenciones apunto: “Este blog es un cajón en el que poder hablar sobre BA-LON-CES-TO y un espacio abierto a todos para compartir informaciones, críticas, pasiones y opiniones con otros internautas y basketadictos. Aquí os espero con los brazos abiertos”.
Insisto en los de “espacio abierto” en el que TODOS pueden aportar informaciones, críticas, pasiones y opiniones. Nunca he eliminado una crítica en este blog porque entiendo este hueco internetero como un entorno libre en el que yo escribo lo que quiero y en el que cualquiera puede responder.

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Echo de menos la pasarela

Este es el típico titular engañoso que anima a pinchar en la noticia.
Aquellos que no me conozcan, entrarán a este post pensando en el retiro de algún modelo. Aquellos que me conocen, se plantearán la duda de si lo de la pasarela va por haber sido modelo de manos, de pies o el modelo del antes en esos anuncios de dietas de adelgazamiento o de fajas mágicas.
Ni lo uno, ni lo otro. Os prometo que el titular no lo escribí con la intención de ganar adeptos a mi blog, es mi simple reflexión personal resumida en una frase sobre un cambio en las categorías inferiores del baloncesto que, a mi parecer, acaba con el espíritu y la filosofía del deporte infantil.
Al grano. El sábado fui a ver el partido que enfrentaba a los dos mejores equipos de la liga infantil femenina de baloncesto. Hace tiempo que dejé de entrenar en esta categoría. Entonces, el reglamento de infantiles se llamaba Pasarela y obligaba a los entrenadores a que todos los jugadores inscritos (un mínimo de ocho y un máximo de 12) jugaran al menos un cuarto (10 minutos) y no más de tres (30 minutos). Esas eran las normas fundamentales, no voy a profundizar ahora en otras reglas importantes pero que no vienen a cuento. Con ello se conseguía que todos los niños pudieran disfrutar del baloncesto durante un tiempo mínimo en cada partido, sin depender de su calidad, su físico o de si era un encuentro de pretemporada o la final de una competición.
Los doce jugadores tenían su tiempo… o los ocho inscritos, si el técnico aprovechaba la norma y convocaba sólo al número mínimo exigido de niños y dejaba algunos fuera para, por ejemplo, jugarse un título (como alguna vez me tocó ver).
El reglamento Pasarela se eliminó, y se aplicaron las mismas normas para todos. Y, con las reglas en la mano, es totalmente legítimo que un entrenador juegue los 40 minutos con cinco jugadoras, sin contar con el resto del equipo, como prácticamente ocurrió con uno de los dos contendientes en este partido del sábado.

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Hermanos, rivales, estrellas

El mediano y el mayor pelearán por la pelota mientras los otros esperarán a que alguno de los dos se la pase, se pegarán tan fuerte como han hecho siempre, se intentarán poner por delante del otro y harán lo necesario para que su contrincante momentáneo luzca lo menos posible. Todo por ganar. Y mientras, Marisa y Agustí, los orgullosos papás, mirarán complacientes desde sus asientos cómo se pelean los chicos sin hacer nada. Ya no es una situación anormal, lo llevan haciendo desde hace años y nunca la sangre llegó al río. Al final de la pelea, un abrazo y todo olvidado hasta la próxima. Y que nadie más se meta con el tato, porque entonces no habrá cuerpo humano que lo frene para defenderle. La familia es la familia.
Pero en esta ocasión es especial. Porque quizás esta vez se den una tregua en la pelea, y cuando uno haga algo bonito, el otro posiblemente sonría y choque la mano con su hermano y le suelte alguna gracia o comentario jocoso, como los que comparten cuando se juntan cada verano a echar unas canastas con el grupo de amigos y, de paso, ganar alguna medalla con ellos.
El15 de febrero, la ya eterna lucha entre el Este y el Oeste por la supremacía del baloncesto estadounidense, o lo que viene a ser lo mismo, del baloncesto mundial, tendrá como protagonistas a los hermanos Gasol. En el mítico campo de batalla del Madison Square Garden de Nueva York, Pau y Marc serán los principales héroes del All Star 2015.

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Queridos Reyes Magos

La vida me ha demostrado que cuando decides que pasen cosas, pasan cosas; que cuando tomas decisiones y eliges caminos, provocas que tu mundo se mueva. Pero en estos días me he quedado absolutamente sorprendido por lo que ha ocurrido con mi último post. Sorprendido y agradecido. Agradecido por la buena acogida y por las muestras de afecto y cariño de los que aparecían en el texto, de aquellos que no nombraba pero que estaban, estáis y estaréis y de mucha gente del baloncesto ‘del otro lado’, aquellos que me han acompañado en el camino por la acera de enfrente, como rivales deportivos, nunca como enemigos, pero con los que quizás no ha habido o no he aprovechado momentos para confraternizar. Agradezco gestos como el de Chisco de pararme por la calle para decirme que le había gustado el post o la sonrisa y la mano tendida de Manolo. Y me encantó la sorprendente fortuna de la coincidencia espacio-temporal con Roberto a la entrada de un supermercado. Me alegró sobremanera recordar contigo viejos tiempos y ponernos al día.

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Aquellos maravillosos años

En las vísperas de Navidad se fue Joe Cocker, una de las voces rotas y desgarradoras que han marcado la vida de muchos, con temas que se han clavado en sus memorias y a los que recurren cuando afloran los recuerdos.
En estas fechas, tan dadas a echar la vista atrás, la muerte del cantante de Sheffield –al que vi en un espectacular, aunque escaso de público, concierto en la plaza de toros de Logroño allá por 1995- me ha hecho volver la mirada y recordar With A Little Help From My Friends, uno de las canciones que le convirtieron en mito (pese a que fue creada por los Beatles) y el tema central de la fantástica serie ‘Aquellos maravillosos años’. ‘Con una pequeña ayuda de mis amigos’ se puede traducir al español.
No hace mucho, el gran Eloy Madorrán, en una de sus reflexiones de sus recomendables ‘Fuerteflojo’, hablaba de cómo le había marcado el balonmano y las personas que a través de él habían sumado para ser la persona en la que se había convertido. El resultado es maravilloso, desde luego. Su tema me hizo pensar en que yo le debía algo parecido al baloncesto y a aquellos que han aportado algunas de las enseñanzas y valores que ahora rigen mi vida. Como diría Joe Cocker arañando su garganta, he llegado hasta aquí con muchas pequeñas ayudas de mis amigos.

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Tkachenko jugó en el Logroñés

Vladimir Tkachenko, junto a Corbalán, en un partido con la URSS contra el Real Madrid.

Vladimir Tkachenko, junto a Corbalán, en un partido con la URSS contra España.

¿Se acuerdan de Vladimir Tkachenko, aquel gigante y bigotudo pívot de 2,21 y más de 140 kilos de la temible Unión Soviética de finales de los 70 y la década de los 80?
Su enormidad daba miedo sobre la pista y causaba pavor entre los niños fuera de ella. Frente al estilismo y la clase del joven Arvydas Sabonis en el Zalgiris de Kaunas, el CSKA de Moscú presentaba la corpulencia y los movimientos toscos pero contundentes de su mole ucraniana.
Pues Tkachenko también jugó en el Club Deportivo Logroñés. Más concretamente en las categorías inferiores del club blanquirrojo hace ya unos cuantos lustros.
Fue en un partido entre el equipo de la Peña Logroñesa del Athletic Club de Bilbao y el Logroñés, de una categoría que podía ser infantil (perdón por mi mala memoria) y en un seco y duro campo de tierra del conjunto peñista.

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