La Rioja
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Categoría: ACB
Ojalá

Ojalá el Campus Promete siguiera en la Liga Femenina.
Ojalá regrese pronto.
Ojalá el Clavijo se hubiera mantenido en la LEB Oro.
Ojalá no suponga algo más dramático que un paso atrás.
Ojalá hubiera servido como merecía el trabajo de Raspu y sus chicas en la LF2 y valiera más allá del orgullo propio.
Ojalá pronto haya un equipo riojano (en fondo y forma) en EBA (en Logroño o/y en otras localidades riojanas que lo merecen).
Ojalá hubiera una liga femenina sénior.
Ojalá aquellos que dicen ser clubes de cantera se preocupen más por los niños y menos por los resultados.
Ojalá no creemos exjugadores de 18 años y formemos a gente que siga disfrutando de jugar a edades impropias (como muchos héroes en la liga Municipal).
Ojalá se apueste más por los valores del jugador y el valor del jugador se quede en un segundo plano.
Ojalá podamos saber cómo seguir transmitiendo a los más pequeños los valores de este deporte.
Ojalá consiga que alguien me explique y pueda llegar a entender el asunto de la detección de talentos.
Ojalá los padres llevemos más a nuestros hijos a ver a los Gasol y veamos menos a los Gasol en nuestros hijos.
Ojalá pensemos en nuestros niños y menos en nuestros jugadores.
Ojalá todos defendamos y valoremos el esfuerzo y sacrificio de entrenadores y árbitros.
Ojalá nunca se perdiera la inocencia, la ilusión y la nobleza de los más pequeños.
Ojalá el baloncesto no llegue a ‘futbolizarse’ de manera irreversible.

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Alma, corazón y vida

galarretaVivo, divertido, gracioso, rápido en la respuesta, cachondo, con su punto lenguaraz, intenso, simpático, sin vergüenza alguna, descarado y de escaso filtro.
Alto, espigado, largos brazos, moreno, atrevido hasta la osadía y la temeridad, con su punto chupón, deseando tener el balón y sentirse importante en el campo.
Así recuerdo al Alberto de hace muchos años, cuando jugaba en Maristas en el equipo de Héctor Gómez. Cuando apenas era un crío, en el campus que organizaba el CAI Zaragoza en Canfranc. Cuando revolvía los descansos de los entrenadores que ya le conocíamos y llamaba la atención de aquellos que todavía no sabían quién era. Con un carisma especial, distinto, que hacía que te aprendieras su nombre el primer día que estabas con él.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Fue antes de que la Federación Española le incluyera en su selecto proyecto formativo del Siglo XXI, junto a los mejores jóvenes talentos del país.
Varios lustros después, su esencia se mantiene. Más maduro, sin duda, pero sigue siendo un tipo de sangre caliente, que dice lo que piensa, directo, poco diplomático, de los que tienen claro que ‘es mejor una vez rojo que mil colorao’. Alero blanco tirador.

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Chicas de Primera

Prague (Czech Republic), 25/06/2017.- Players of Spain celebrate after winning the final match between Spain and France during medal ceremony at the EuroBasket Women 2017 in Prague, Czech Republic, 25 June 2017. (España, República Checa, Baloncesto, Praga, Francia) EFE/EPA/MARTIN DIVISEK

EFE

Cuando se hable dentro de unos años de la historia del baloncesto español, los chicos de oro coparán la conversación. Se lo merecen, sin duda. Medallas olímpicas, mundiales. Dominando Europa y plantando cara a las diferentes versiones del ‘Dream Team’ durante más de una década. Se hablará de los Gasol, Navarro, Reyes, Rudy, Calderón, Ricky… Salen todos de carrerilla, sin pensar.

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Bendita dependencia

El Barça es lo que es porque tiene a Leo Messi. El Real Madrid juega para Cristiano Ronaldo. Sin Michael Jordan, Phil Jackson no se hubiera comido un colín en los Bulls, Chicago no tendría ni un anillo y el Maestro Zen no sería venerado. Son perogrulladas que algunos emplean con la intención de criticar y hacer de menos los éxitos de clubes, deportistas o entrenadores con un currículo plagado de triunfos y hazañas, pero que no hacen más que darles la razón sin restarles una micra de valor a los méritos acumulados.
Si ‘la Pulga’ está considerada ya como el número uno de la historia del fútbol, es lógico que el equipo que tiene la suerte de contar con él se aferre a su ídolo para llegar a lo más alto. Cuando el mejor club del siglo XX ficha a una estrella que firma una media de más de un gol por partido, lo razonable es que confíe en él como pilar fundamental de presente y futuro. Cuando un técnico cuenta en su ‘roster’ con el incuestionable tótem del baloncesto mundial, su labor debe residir en rodearle de los complementos necesarios y dotar al equipo de los recursos tácticos adecuados para resaltar y explotar al máximo el mayor talento que se ha visto sobre una cancha de baloncesto.
Cuando una selección acude a un campeonato muy mermada por las bajas pero puede contar con el mejor jugador de todos los tiempos del país, cobra todo el sentido que base sus posibilidades de triunfo en un esquema de juego que pase necesariamente por las manos del líder.
En todos los casos, la principal consecuencia es la dependencia. Bendita dependencia. Todos firmarían supeditar la posibilidad de alcanzar la gloria en cualquier circunstancia a Messi, Ronaldo, Jordan o Pau Gasol.

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Espec'Chapu'lar

Era el más feliz de la pista. Con su trofeo de mejor jugador, brindaba con los brazos en alto con una afición que ha pasado de odiarle y sufrirlo durante años, a adorarle hasta convertirle en ídolo y seña en unos pocos meses.
Cuando en verano Andrés Nocioni decidió romper con su Baskonia -el club en el que se hizo un hombre, que le puso en la órbita de la NBA, y al que regresó como un insigne veterano- para cambiar Vitoria por Madrid, buscaba la última oportunidad de ganar en Europa. Como siempre, habló claro. Dijo que a su edad necesitaba formar parte de un equipo en el que no tuviera que estar tirando siempre del carro, y en el Caja Laboral era líder, corazón y salvavidas. El Real Madrid le ofrecía integrarse en una plantilla de calidad, ganadora y obsesionada (como él) con volver a reinar en la máxima competición continental tras veinte años de sequía y dos campañas ahogándose en la orilla de la final. No quería más minutos que nadie, ni el máximo protagonismo. Quería ganar. De lo otro ya se encargaba él. El Chapu se gana su puesto por derecho. Su ascendencia sobre sus compañeros se basa en exigirles el máximo pero siempre con él dando el ejemplo supremo de intensidad, trabajo y compromiso.
Con el de Santa Fe, el Real Madrid encontró ese extra de mala leche que le faltaba y sumaba al chico duro a un bloque que transmitía ‘buenismo’. No es que los jugadores blancos fueran poco competitivos, pero en los momentos importantes se echaba en falta a ese tipo que va a muerte a la batalla y encuentra el diamante en el barro, al que sonríe y disfruta en la pelea mientras los otros sufren, lloran y se lamentan. A su lado, incluso Felipe Reyes ha pasado, de parecer desasistido e ignorado en sus protestas, a contar con la mirada agresiva de un poste que intimida desde su posición de capitán y ya tótem histórico del club más grande de Europa.

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La ACB le abre la puerta a Jesús Sala

A Jesús Sala se le abrió la puerta de la ACB. En un momento en el que había dado un paso al lado, desde el banquillo hacia los despachos, y se sorprendía leyendo libros de dramaturgia en la parte de la biblioteca que ocupa su pareja, la actriz Inma Cuevas, en lugar de ojear sus apuntes de estrategia baloncestística, al técnico madrileño le llegó la llamada que llevaba tiempo esperando tras más de 300 partidos entre la LEB Oro y la Plata.
Se va y los que queremos y creemos conocer el baloncesto riojano nos quedamos un poco huérfanos. Porque, de alguna forma, Sala ha sido la cabeza visible del Clavijo, el estandarte del basket de nuestra comunidad hasta la emergente aparición del Promete. Mi sensación es que se empezó a ir ya en verano, cuando anunció que pasaba a la dirección técnica del club. Un ‘rabo de lagartija’ como él, inquieto, apasionado y siempre afrontando nuevos retos, puso buena parte de su entusiasmo en Kendosan Producciones y en ‘Constelaciones’, aunque decía que no quería dejar de lado a su niño grande.
Jesús puede ser considerado un JASP (Joven Aunque Sobradamente Preparado) del banquillo. Con 37 años, poca experiencia más se puede acumular: conoce el baloncesto FEB a la perfección tras una década al frente del Clavijo, con el que ha llegado a disputar el ‘playoff’ para ascender a la inalcanzable ACB y para el que ha gestionado presupuestos apretados y jugadores con mayor y menor talento (incluso con talentos que poco tenían que ver con la canasta); ha participado en campus por todo el mundo y conoce al dedillo el basket universitario americano y a las jóvenes figuras del baloncesto europeo tras su paso las categorías inferiores de la selección española (algo de lo que se ha aprovechado el club riojano para traer a Logroño a proyectos de grandes jugadores).

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