La Rioja

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Vamos a contar mentiras
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Fernando Sáez Aldana | 13-12-2012 | 06:25

Joseph Goebbels, que además de ministro de la propaganda del III Reich era cojo, aseguraba que “una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad”. Sobre todo, añado, si nadie se molesta en denunciarla, pues “quien calla, otorga”. Lo digo por la sarta de mentiras, algunas auténticas barbaridades, que están soltando estos días los agitadores de hospitales (madrileños sobre todo, pero también de nuestro riojabajeño) cuya gestión se va a externalizar. Y como nadie las refuta, la gente acabará creyéndose las patrañas que exhiben o proclaman en sus carteles, mensajes y consignas con impunidad. Les cuento algunas.
Primera mentira: “el hospital es nuestro”. Los hospitales públicos son de todos los contribuyentes, que los mantenemos con nuestros impuestos y demandamos la mayor calidad asistencial al menor coste, algo no sólo posible sino éticamente exigible.
Segunda mentira: “van a privatizar/vender la sanidad”. Privatizar significa transferir una empresa o actividad pública al sector privado y lo que se hará es externalizar la gestión. La titularidad y la financiación seguirán siendo públicas pero el equipo directivo ya no estará integrado por personal propio sino por gestores profesionales que, como las demás empresas proveedoras (de fármacos, vendas, reactivos, resonancias o implantes) “se lucran con la sanidad”: ¿alguien trabaja gratis o regala sus productos o servicios en este sector?.
Tercera mentira: “les van a cobrar”. Pues la asistencia seguirá siendo pública, universal y “gratuita” (lo entrecomillo porque en realidad es carísima y la paga hasta quien jamás la utiliza).
Cuarta mentira: “están desmantelando la sanidad pública”. Lo que se pretende justamente es garantizar su sostenibilidad utilizando con mayor eficiencia unos recursos limitados para evitar la quiebra segura del sistema de seguir igual. Siempre, claro, que se utilice bien la herramienta. Que esa es otra.
Quinta mentira: “privatizar mata”. Más que un embuste es una injuria, tan grave y gratuita como llamar a los comités de empresa “asesinos” porque disguste su modo de protestar. Los centros públicos ya gestionados por empresas privadas en otras comunidades (incluida Madrid) ofrecen índices de satisfacción y reclamación de los usuarios mayor y menor, respectivamente, que los de gestión tradicional.
Y entre tanta mentira, una gran verdad: detrás de toda movilización en presunta defensa de la Salud, la Justicia o la Educación Públicas se esconde siempre una defensa de las condiciones laborales de sus aventajados empleados. Como al maestro Goebbels, a algunos propagandistas se les nota a la legua de qué pie cojean. Y aún se pilla antes al mentiroso que al cojo.

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