La Rioja

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El fraude social en la internacionalización de empresas.
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-Jesús María García García | 29-11-2012 | 08:53

 

Hemos crecido escuchando el mantra  “del gran logro”  que supone que  determinados empresarios y compañías empresariales  se implanten en otros países para poner  en marcha nuevas plantas de producción.

La Internacionalización de empresas tuvo su sentido a  mitad del siglo XIX, una etapa en que las empresas de las grandes economías mundiales buscaban  el control de yacimientos de materias primas para reducir costes.

A partir de la segunda  mitad del siglo XX, empresas españolas  dieron también el salto hacia Asia, America del sur,  norte de África y otros puntos del planeta  (todos del Tercer Mundo)  expandiendo sus negocios, creando riqueza en aquellos países y descapitalizando el nuestro.

La elección de esos países no fue baladí. Se eligieron lugares en los que practicamente no existen derechos laborales y la mano de obra es ofertada en condiciones de semiesclavitud. Este tipo de empresas y empresarios, cuya única finalidad fue, es y será aumentar sus beneficios a costa de explotar paraísos laborales (en los que la ética brilla por su ausencia)  no pueden ser -en modo alguno-  jaleados ni alabados por la administración española, ni por los ciudadanos. No pueden ser el ejemplo ni el modelo a seguir.

En buena parte de los casos, la empresa que internacionaliza su producción  acaba por desaparecer del país origen (España en nuestro caso). Algunas incluso van saltando de país en país cuando en el que estaban instaladas, sus trabajadores van adquiriendo derechos o sueldos dignos. Esta conducta es reprochable,  denota un sistema de semi-explotación que inexplicablemente es bien visto por una amplia capa de la sociedad en sus paises de origen. Se alaba el hecho de que fulanito o menganito tenga dos fábricas en China, mientras la matriz que tenía en España ha terminado convertida  en un almacen en el que ya no trabaja casi nadie.

Se podría alegar en  descarga de estas empresas, que sus beneficios llegaran a España a tributar impuestos, o mejorar las factorías matrices en nuestro país,  pero eso no sucede en la mayor parte de las ocasiones. Muy al contrario, los beneficios quedan a buen recaudo en el lugar en el que menos impuestos tengan que pagar; bien sea el propio país huésped o directamente a paraísos fiscales.

Lo más sorprendente es que se realicen viajes institucionales patroneados por presidentes del Estado (o autonómicos) o el propio Rey de España, en el que se acoplan empresarios que buscan nuevos territorios para instalarse.

La salida de empresas a otros países tendría que ser una conducta socialmente reprochable  y fiscalmente perseguida. Hay que salir al extranjero a buscar mercado para nuestros productos, nuevos clientes que nos permitan  aumentar la producción en nuestro propio país, que nos fuercen contratar más trabajadores aquí, a construir nuevas factorías en España `para dar servicio a esos nuevos mercados. Ese es el modo de garantizar nuestro sistema de producción.

Marcharse a producir a China, a Somalia o a Mongolia no es un mérito…Es otra cosa. El mérito es crear esos miles o cientos de miles de empleos es España, no en China.