La Rioja

img
Fin del mundo, año II
img
piogarcia | 01-01-2013 | 13:31

Acaba el año 2012 y lo mejor es que se largue de una puñetera vez.

Todos pensábamos que el fin del mundo iba a ser una cosa tremebunda y hermosa, con estrellas que implosionan, planetas que se retuercen y supernovas que se rompen pintando un firmamento de colores y, sin embargo, debemos admitir que está siendo un fin del mundo triste y gris, mezquino, sin fuegos artificiales ni espectáculos mayestáticos ni volcanes en erupción ni terremotos pavorosos; un fin del mundo cutre y ruin, de tercera división.

Como predijeron los mayas, la humanidad (al menos la humanidad española) se encamina hacia su extinción definitiva, pero no lo hace de modo festivo, jovial y bullanguero, como esperábamos los devotos de ‘Siniestro Total’, sino de manera lúgubre y perezosa: vamos hacia la consumación de los tiempos con los rostros mohínos, cansados ya de tanto luchar, hartos de bancos rapiñadores, patrias oprimidas y politiquillos insustanciales que solo saben atizarse mientras rezan  a sus ineficaces dioses (los mercados, la Merkel, la Unión Europea, Obama, la senyera) a ver si por casualidad escampa.

Lo malo de este larguísimo fin del mundo, que parece estirarse como una pesadilla de Dalí, es que continuará en el año 2013, ese nuevo calendario al que da miedo arrancar la primera hoja. ¡A saber lo que traerá! Uno ya no se atreve a desear que sea próspero, tan hiperbólico suena ese adjetivo; bastaría con que fuera un año normalito, corrientillo, ni fu ni fa. Un año para ir buenamente tirando mientras nos lamemos las heridas y pedimos que, si finalmente se acaba el mundo, al menos tengamos un apocalipsis serio, con sus ángeles trompeteros y sus terribles cataclismos y sus hidras de mil cabezas y sus siete sellos.

 

Sobre el autor piogarcia