El cambio climático y la cena del equipo A

En estos momentos de pesadilla terrorista, con la que no vale la pena gastar dos líneas, pues está todo dicho, y otro será el momento de hablar del problema vasco, que siempre me ha parecido solucionable, se agradece que en los pueblos riojanos todavía queden constumbres, aunque ya pocas, de las que te reconcilian con la especie, como esas meriendas participativas que puedes encontrar en el bar y que te retrotraen a tiempos más compartidos, de puertas abiertas y de ayudas comunes. Al final de una de estas cenas, en la que el equipo A nos regaló con una cabeza de cerdo, rodeada de guindillas escabechadas y del vino de la tierra - el frío de enero agradece los asados con escabeche y el vino- dimos en hablar; ¡qué cosas!, sobre el cambio climático.

 

Hubo quien defendió ardorosamente la realidad de ese cambio en la temperatura de la tierra y sus potenciales peligros: inundaciones y huracanes, calores sofocantes, desertización, deshielos, subidas del nivel de los océanos, etc. Otro estaba de acuerdo con la realidad del cambio climático, pero no en sus consecuencias; según él, el deshielo de los polos originaría una llegada masiva de témpanos y aguas frías al atlántico norte, que enfriarían la corriente del Golfo y producirían un descenso masivo de las temperaturas en Europa: una especie de glaciación. También hubo quien decía que el cambio climático no era producto de las emisiones humanas a la atmósfera, sino simplemente un aumento cíclico de las temperaturas, y no había, por tanto, de qué preocuparse.

Yo no sé quién llevará razón en el asunto, y espero no saberlo, pero no deja de llamarme la atención el repentino interés mediático por este supuesto problema, lo que me hace sospechar -pues ya he cruzado ese signo climatérico de los cincuenta años y sé que las noticias no aparecen sin motivo- en intereses espurios, es decir que hay dinero en juego. Y no creo andar desencaminado, si imagino una campaña contra las emisiones a la atmósfera, no por actitud ecológica y responsable, como sería de desear, sino por allanar el camino a esa vuelta, temida por muchos y deseada por ciertos dueños del dinero, a la energía nuclear.

Un tema polémico donde los haya, pero en el que estoy dispuesto a entrar, siempre que sea tras cenar una cabeza de cerdo asada, con guindillas escabechadas y vino de Rioja, con el equipo A

Escrito por: alonsochavarri 3 comentarios 10 Ene 2007 URL Permanente

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Ana

Ana dijo

¿Quiénes son los del equipo A? Yo voy a Leiva, pero no sé de quien hablas. ¿En qué bar merendasteis?

pedro

pedro dijo

Ya veo que vais a hablar del equipo A y no del cambio climático. Yo creo que son Paco, Tabique y compañía.

Elvis

Elvis dijo

Y Mazantini, el de Pereda, que es el cocinero. Y el alcalde creo que también está.

Escribe tu comentario


Si prefieres firmar con tu avatar, haz login

Sobre este blog

Avatar de alonsochavarri

La plazuela perdida

El escritor riojano Jesús Miguel Alonso Chávarri es catedrático de Matemáticas y autor de las novelas: 'TASUGO' (Premio "Villa de Madrid") y 'LA HIPÓTESIS DEL CONTINUO: una historia de la transición'. Ha recibido multitud de premios por sus relatos y poemas, algunos recogidos en el libro "De BUENA FUENTE". Enlaces recomendadosBlog de Leiva

ver perfil »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):