Por Jesús Miguel ALONSO CHÁVARRI
Igualdad de la mujer por ley
No deja de ser curioso que se haga hincapié en que la ley impone porcentajes femeninos en dos ¿profesiones? como: político y miembro de consejo de administración, dos dedicaciones en las que la valía y los méritos, académicos o personales, nunca han sido determinantes para ejercerlas, aunque, naturalmente, hay quien los tiene. En política, es más determinante, que la sabiduría o la honradez, saber moverse, nadar entre dos aguas, tener capacidad de maniobra, etc.; y, en los consejos de administración, lo que realmente importa es tener muchas acciones de la empresa, o ser «hijo de». Así que ahora tendremos más políticas, igual de maniobreras que los hombres, y más mujeres en los consejos de administración, que tendrán muchas acciones de la empresa, ellas o sus papás. ¿Vaya consuelo!
Una escritora de izquierdas -de las de siempre, no de las descafeinadas- me decía que su colectivo estaba en contra de la discriminación positiva, porque la mujer es capaz de ganarse por sí misma sus derechos y su posición social, sin necesidad de favores paternalistas, y más en estos tiempos en que la mujer es mayoría clara en la universidad y en el interés por la cultura; porque si entramos en esta dinámica de igualar a la fuerza, exigiendo porcentajes, ¿por qué en unas cosas sí y en otras no?, ¿por qué no exigir el 50% de todos los puestos de trabajo, incluidos los obtenidos por oposición? Sin embargo, no veo que se legisle para los casos de auténtica discriminación anticonstitucional: ¿qué porcentaje se va a exigir de sacerdotisas o de obispas?
En el fondo, estas cuotas, porcentajes y artificios no hacen sino considerar inferior a la mujer, pues le niegan la posibilidad de ser igual que el hombre y competir con sus mismas armas. Y a mí me parece, además, que se roza la inconstitucionalidad, pues, también, en el fondo, se discrimina por razón de sexo, aunque a esta discriminación se le adjetive de positiva. Se sigue predicando, pero dar trigo es otra cosa.
Sobre este blog
La plazuela perdida
alonsochavarriEl escritor riojano Jesús Miguel Alonso Chávarri es catedrático de Matemáticas y autor de las novelas: 'TASUGO' (Premio "Villa de Madrid") y 'LA HIPÓTESIS DEL CONTINUO: una historia de la transición'. Ha recibido multitud de premios por sus relatos y poemas, algunos recogidos en el libro "De BUENA FUENTE". Enlaces recomendadosBlog de Leiva
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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Flavia dijo
Usted escribe muy bien, pero no tiene razón. La discriminación positiva de la mujer era necesaria porque llevaba siglos de dominación machista y ya era hora de que las mujeres comenzasen a ser ellas mismas y a tener las mismas oportunidades que los hombres
Norberto dijo
Y para ser igual que los hombres queréis tener ventajas. Eso no es igualdad. Igualdad es tener todos las mismas oportunidades. ¿Por qué no pedís que las mujeres puedan ser curas?
Flavia dijo
Ya lo pedimos, Norberto, pero la Iglesia es una empresa privada. Respecto a la igualdad, cuando una ha sido desigual tanto tiempo, necesita un empujón para comenzar a ser igual
Norberto dijo
Si queréis ser iguales aceptar las mismas condiciones, si no, os estáis aprovechando de beneficios y eso no es igualdad. Además, Flavia, ¿por què los porcentajes? Si una mujer vale más que un hombre, le quita el puesto, y si no pues no se lo quita.
Flavia dijo
La liberación de la mujer es imparable, os pongáis los hombres como os pongáis.
Ana dijo
Pues yo estoy de acuerdo con el artículo. Que se metan con quien se tienen que meter ,por no cumplir la constitución, y se dejen de poircentajes y gaitas.
Julián dijo
En este asunto de la igualdad, quisiera que igualase a todos por sus cualidades, por sus conocimientos, por sus necesidades, por sus carencias, por sus esfuerzos, por sus habilidades (quizá con mucho trabajo adquiridas), en fin, por todo aquello que haga que la convivencia sea buena y dejarnos de porcentajes, que harán que personas sin necesidades, sin conocimientos, sin.....,estén acupando puestos en la vida laboral, familiar, política, ect., cuando otra persona del otro sexo estaría más indicada para ello. Acertar es lo que se quiere ¿no?.
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