Son sólo elecciones

Si hay algo que trastoca las relaciones sociales y las envuelve con un velo de desconfianza, es la política. Una actividad, la política, nacida para conducir las relaciones entre los hombres y los pueblos y para dirigir las legítimas aspiraciones de los ciudadanos, tiene una componente, de difícil explicación, capaz de pervertir dichas relaciones, afectando, incluso, a vínculos familiares y amistades.

Quizás sean residuos de épocas pasadas, herencias, casi genéticas, incardinadas en unos tiempos en que la lucha por el modelo de estado era a vida o muerte, precursora de revoluciones y guerras civiles, y donde no había lugar para la compasión; o puede que sean redivivas de otros tiempos, no tan trágicos, pero difíciles, en los que la esperanza, de prosperidad y de unas condiciones mínimas de vida, estaba puesta en un cambio de gobierno, aunque no parecen muy razonables, aquí y ahora, estas explicaciones.

Podría entenderse, si estos recelos, desconfianzas y, a veces, malas maneras, inducidos por la política, se limitaran a políticos en activo, a quienes la diaria lucha partidista o electoral puede acabar transformando en parte interesada en dividir a los ciudadanos en amigos y enemigos, en buenos y malos, en nosotros y en ellos, pero lo chocante es que estas banderías acaban alcanzando a buena parte de la ciudadanía y, en estos períodos electorales en que hay que renovar ayuntamientos por toda la geografía española, surgen recelos, sospechas y miradas aviesas entre amigos, vecinos y familiares, por la única y estúpida razón de presentarse o apoyar en las elecciones a partidos diferentes.

Poco ayuda, desde luego, la militancia de base de los partidos, casi siempre escasa de espíritu crítico, hacia las ideas propias de su facción, y embarcada en una dinámica de confrontación, empeñada en ridiculizar y hacer ver la inferioridad ética, moral y personal de los seguidores del «otro», sin caer en la cuenta de que, en realidad, son ellos quienes se ponen en evidencia.

No vendría mal un poco de mesura y sensatez en la campaña electoral, para que el hecho de ser candidato, en las elecciones de la próxima semana, sólo suponga para los electores lo que siempre debe suponer: una persona que intenta trabajar por el bien de sus conciudadanos. Y que el elegido, de verdad, lo haga. En el fondo, sólo son elecciones.

Escrito por: alonsochavarri 0 comentarios 16 May 2007 URL Permanente

Escribe tu comentario


Si prefieres firmar con tu avatar, haz login

Sobre este blog

Avatar de alonsochavarri

La plazuela perdida

El escritor riojano Jesús Miguel Alonso Chávarri es catedrático de Matemáticas y autor de las novelas: 'TASUGO' (Premio "Villa de Madrid") y 'LA HIPÓTESIS DEL CONTINUO: una historia de la transición'. Ha recibido multitud de premios por sus relatos y poemas, algunos recogidos en el libro "De BUENA FUENTE". Enlaces recomendadosBlog de Leiva

ver perfil »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):