EL CREPÚSCULO DE LAS IDEOLOGÍAS Y EL ÁTICO

Hace cuarenta años, el libro “El crepúsculo de las ideologías” nos hizo sonreír a muchos, por lo que de dislate se nos antojaba el título y por la intención del autor. Olvidando la intención, hemos de reconocer que el título fue una premonición de lo que se nos avecinaba, pues hoy en día, a pesar de que algunos se empeñen en negarlo, las ideologías han desaparecido, prácticamente, del mapa político y, casi diría, del equipaje personal de los ciudadanos. Echemos un vistazo a nuestro alrededor: Todos los partidos de cierto peso aceptan, sin pestañear, las reglas económicas marcadas por Bruselas o el Fondo Monetario Internacional, -o quien sea, que eso nunca queda muy claro para el profano-, esas reglas que proclaman la bondad incuestionable del libre mercado y el crecimiento económico como meta –aunque, a la larga, el crecimiento insensato sea la tumba de la especie, pero a quién importa lo que suceda dentro de x años- y que hacen que los partidos se parezcan, en lo fundamental, como gotas de agua. Lo extraño es que diciendo, los distintos partidos, casi lo mismo, pues las diferencias se marcan, sobre todo, en asuntos secundarios: moral y costumbres, pequeñas disensiones en la distribución de partidas presupuestarias, discrepancia en la forma de solucionar problemas ocasionales, etc., la vida política se encuentre tan crispada, sin que existan razones de fondo para tal crispación; lo cual me lleva a pensar que la crispación es pretendida, se alcanza, fundamentalmente, con el verbo poco amable de algunos políticos, siempre empeñados, más que en convencer al elector, en molestar y ridiculizar al adversario.

¿Y cómo vota el ciudadano, si han desaparecido las ideologías? Buena pregunta, que no admite una respuesta única para todos, aunque supongo que, en buena medida, se hace por eliminación, una variación, salvando las distancias, de aquellas demostraciones “por reducción al absurdo”, en que uno se queda con quien menos le incomoda, con quien menos mete la pata, o con quien cree que despilfarra menos. Y no es asunto baladí, en la lógica del elector, este del despilfarro. Por eso son tan peligrosos, para su partido, algunos altos cargos que no calibran el alcance de ciertas decisiones, esos personajes que, una vez llegados al cargo, olvidan con demasiada facilidad que han de dar cuenta de sus actos, como representantes públicos, esos que despilfarran el dinero de todos con demasiada alegría, ya sea regalándose viajes en avión, para asuntos privados, o gastando 250.000 euros en arreglarse un ático.

“ALONSO CHÁVARRI”

Escrito por: alonsochavarri 3 comentarios 20 Feb 2008 URL Permanente

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Global

Global dijo

¡Qué de acuerdo estoy en cuanto al crepúsculo de las ideologías! Y si no hay ya ideología -¿podría siquiera calar una ideología en las nuevas generaciones post-franquistas orientadas al pragmatismo materialista?-, ¿qué sentido tiene la democracia? Como muy bien dices, parece que el mercado global ha relegado al orgullosamente soberano pueblo a la toma de aquellas decisiones que, en el fondo, no alcanzan para cambiar nada -recordemos que todos los organismos económicos que parten el bacalao están integrados y dirigidos por miembros NO electos.

Muy bien escrito, ¡sí señor!

Ana

Ana dijo

Muy acertado, señor Chavarri, aunque, quien no le conozca, no sabrá si es usted de izquierdas o de derechas.

alonsochavarri dijo

Ana, yo tampoco lo sé. Supongo que soy normal, o sea que unas cosas me gustan de unos y otras de otros. Lo raro es que a uno le guste todo lo que dice un partido, eso es seguidismo.

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La plazuela perdida

El escritor riojano Jesús Miguel Alonso Chávarri es catedrático de Matemáticas y autor de las novelas: 'TASUGO' (Premio "Villa de Madrid") y 'LA HIPÓTESIS DEL CONTINUO: una historia de la transición'. Ha recibido multitud de premios por sus relatos y poemas, algunos recogidos en el libro "De BUENA FUENTE". Enlaces recomendadosBlog de Leiva

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