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Temporada de setas en La Rioja. Boletus, el rey de los hongos

2010 noviembre 3


No fue un día muy bueno el pasado lunes, festividad de Todos los Santos, para salir al monte a buscar setas, pero al final nos animamos. David, José y yo, tres colegas de El Rasillo, habíamos quedado el día anterior y aunque amaneció una mañana lluviosa y desapacible no consiguió mermar ni un ápice nuestro empeño en salir en búsqueda y captura del boletus, probablemente la pieza micológica más codiciada en la montaña riojana por estas fechas. No es que sea yo un especialista en el asunto, pero me deje llevar por esta especie de ritual que se reproduce todos los otoños por toda nuestra geografía. A ello contribuyó también el hecho de que íbamos comandados por un especialista en esto de los hongos, David, quien parece estar dotado de una vista excepcional para escudriñar el suelo y distinguir ipso facto el camaleónico sombrero de un hongo asomando entre la hojarasca y la maleza que se acumula en la tierra.

Sin muchas esperanzas en lo que nos depararía la mañana, quizás contagiados por la pesadumbre de un día tremendamente gris, nos dirigimos hacia Villoslada de Cameros. Sin embargo, apenas iniciado el viaje, hubo algo que nos hizo despertar de nuestro letargo: seis ciervas pastando plácidamente en los prados que bordean el aparcamiento del Club Náutico. Una estampa inusual que pareció insuflarnos algo de optimismo, como también lo hizo el magnífico colorido del robledal, enfatizado por la lluvia, mientras íbamos subiendo por la carretera N-111 camino del pueblo enclavado en pleno corazón del Parque Natural de Cebollera. En menos de media hora, tras internarnos por una pista (con el preceptivo permiso oficial), llegamos a nuestro destino, un enclave situado a 1.500 metros de altitud que presentaba un aspecto fantasmagórico por la niebla.

Comenzó así nuestra búsqueda, todavía con una luz escasa, entre pinares y algún haya. Pegados los ojos al suelo, en mi caso con un evidente problema de enfoque, recorrimos los primeros metros sin ninguna fortuna y poca concentración. Quince minutos, media hora y nada de nada. Ni un boletus ni una triste setilla para alegrarnos un poco la jornada. Pero pasado ese tiempo, el panorama cambió. Vimos amanitas muscarias y dicen los expertos que donde crece esta belleza roja suele haber edulis. El pronóstico no falló. Fue Jose, que es igual de inexperto que yo, el primero en estrenarse en la recolección. La suerte del primerizo, dicen. Y no fue uno ni dos ni tres los que cogió. ¡¡¡El muy…!!! y decía que no sabía. El rastreó prosiguó desde entoces con mejores perspectivas y David no tardó mucho en localizar los siguientes trofeos. Cortados con delicadeza y limpiado el tallo inferior, los boletus fueron engordando una bolsa hasta entonces escuálida. Un kilo, dos quizás, y yo sin estrenarme hasta que por fin di con uno y mi suerte cambió. En la siguiente media hora salieron a mi encuentro al menos media docena de agraciados ejemplares, algunos en sitios tan recónditos como debajo de una piedra.

Medio empapados y con los pies fríos pero con una renovada ilusión tras varias capturas, el entretenimiento prosiguió durante al menos tres horas, el tiempo que necesitamos para llenar la bolsa hasta sobrarla por los bordes. Vimos también rúsulas, hifolomas y muscarias, pero tan sólo un níscalo, que cortamos pero que resultó finalmente espachurrado en la bolsa ante la contundencia de los boletus, que son puro músculo. Y entre tanta seta, hubo un hallazgo excepcional, un paraguas amarillo de Bob Esponja, que encontramos perdido en un recóndito rincón del bosque a unos 1.600 metros de altitud. Fue la anécdota de la excursión. Si lee este post, ya sabe donde reclamarlo. La mañana culminó en el bar de Pradillo, con un almuerzo a base de huevos fritos con choricillo. Pa chuparse los dedos.


Dejo a continuación algunas imágenes de la jornada, muy mala para la fotografía, aunque salvé la cámara. Entre ellas, la de la cesta, que corresponde a boletus cogidos en la Sierra de la Demanda. Las envía el amigo Santi. Durante el mismo fin de semana, hubo mucho movimiento setero en toda la sierra. Por cierto, comimos también setas de Valentín y de Tito y Beti. A ver cuando cae otro fin de semana igual.

Fotografías: Javier Ezquerro