Las cerezas son para la mayoría de la población, un auténtico manjar en verano, y respecto a otros alimentos como los helados o refrescos, la fortuna de estos saludables frutos, es precisamente esa, que se trata de fruta y por tanto, una opción muy recomendable.
Existen argumentos que provocan reticencias a la hora de incluirlas en la dieta, pero no, la mayoría de estos razonamientos responden a la falta de información y la charlatanería constante que en temas de alimentación escuchamos. Y no tiene demasiado sentido, ¿a quién le puede perjudicar el consumo de cerezas? ¿A los productores de otras frutas? Puede, porque no cabe en la cabeza de nadie que sea mejor opción que las cerezas, un alimento procesado o cualquier tentempié distinto a una fruta.
En defensa de esta elección de temporada podemos decir que tiene un aporte calórico similar al de cualquier fruta, como una manzana (reina de los métodos de adelgazamiento) y casi aporta la misma cantidad de fibra que el kiwi.
Propiedades beneficiosas de las cerezas:
– Ricas en agua y por tanto, muy recomendables en días calurosos, para mantener una correcta hidratación.
– Buen aporte de fibra, por lo que ayudan a regular el tránsito intestinal
– Antioxidantes y antiinflamatorias (debido a las antocianinas, sustancias que le dan el tono rojizo)
El único inconveniente que podemos atribuir a esta fruta es que si se consume de manera indiscriminada y sin control, podemos excedernos en el aporte calórico diario y lamentar su efecto laxante; pero una ración moderada (como la de cualquier otra fruta) se puede convertir en la inmejorable “chuchería” para la piscina.