>

Blogs

Teri Sáenz

Chucherías y quincalla

COLUMNA DE HUMO

    No hace falta decir nada. Cuando pasa una hora levanto la cabeza del ordenador y me topo con la mirada del compañero que tengo enfrente. «Venga, vamos», dice sin preguntarle. Como dos asesinos a sueldo que hablan en clave para no dejar rastro de sus (malas) intenciones nos levantamos al unísono y enfilamos el pasillo hasta la puerta de entrada del periódico. Allí nos espera un cenicero repleto de colillas y el aire libre. Demasiado caliente en verano; excesivamente frío ahora que acecha el invierno.
    Alguien ha bautizado este rincón como el paritorio. La gente que se reúne alrededor fumamos compulsivamente, sin saborear las caladas, pensando en el párrafo que queda por escribir o la llamada que no termina de llegar. Sólo falta que de repente aparezca el ginecólogo por el pasillo y confirme la noticia: ha sido niño.
    Las conversaciones que rellenan este paréntesis de nicotina no dan para mucho. La mayoría de las ocasiones se fragmentan en fascículos. La primera parte se entrega a las cinco de la tarde, la segunda a las seis, la tercera a las siete… Las tapas llegan a veces de regalo al final de la jornada en el bar de enfrente. Un local para fumadores, claro.
    Insospechadamente y nueve meses después de que haya entrado la Ley en vigor, el lapso que transcurre entre cada una de estas escapadas ya no provoca ningún efecto secundario. Hasta esas informaciones rocosas que antes era impensable poner en página sin un cigarrillo esperando junto al teclado, acaban fluyendo sin alquitrán ni benceno. Como esta columna de humo, que será la última que firmo sobre el tema para no encasillarme en el mismo papel como un actor mediocre. Y si me obligan a escribir alguna otra vez sobre lo mismo, lo prometo: dejaré de fumar.

Temas


octubre 2006
MTWTFSS
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031