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Mayte Ciriza

Que quede entre nosotros

Medidas de la felicidad

Salgo de trabajar una soleada tarde de viernes de abril y veo las terrazas de la calle Bretón llenas. Un magnífico ambiente, la gente ríe y habla (hablar es una fuente de felicidad). Tomarse un vino en Laurel o quedar con los amigos a cenar en una bodega son cosas que no se miden en el Índice Mundial de la Felicidad, que siempre me llama mucho la atención, y que acaba de hacer público su informe del último año, 2016.
Según el famoso Índice, Noruega es el país más feliz del mundo, con una nota de 7,5 puntos, seguido por Dinamarca, Islandia, Suiza, Finlandia y Holanda. Suecia está en el décimo lugar. Vamos, los nórdicos en cabeza. España está, con 6,4 puntos, en el puesto número 34, por delante de Portugal, Grecia o Italia, y cerca de Francia. Estados Unidos está en el 14 (con 6,9), Alemania en el 16 y Reino Unido en el 19.
Estas clasificaciones dan mucho que pensar, porque la felicidad no radica únicamente en el PIB per cápita, las políticas públicas y el estado del bienestar, sino que hay otros muchos factores. Miramos a los países del Norte de Europa con admiración cuando queremos mejorar el sistema educativo, es verdad que tienen un modelo envidiable de conciliación de la vida familiar y laboral, y están a la cabeza en derechos sociales.
No tengo nada contra los países nórdicos, me gustaría tener ese nivel de vida, pero una cosa es el nivel de vida y otra el estilo de vida. Esos mismos países que encabezan la clasificación de la felicidad tienen la tasa más elevada del mundo de personas que viven solas: uno de cada de dos nórdicos vive solo y uno de cada cuatro muere en soledad. Muchos cadáveres ni siquiera son reclamados.
Junto a ello, nos encontramos con la llamada “paradoja nórdica”: en Finlandia, Noruega y Suecia se dan los más altos índices de violencia de género de toda Europa, a pesar de ser los más avanzados en políticas de igualdad.
Por no hablar de ese drama personal que son los suicidios. Una de las tasas más altas de suicidios de Europa se da en los países nórdicos. Si la gente se sintiera tan feliz, no se suicidaría. Esto no parece medirse en el dichoso Índice de Felicidad. Ojalá tuviéramos sus cotas de desarrollo, pero una de las claves de la felicidad está en saber disfrutar de la vida, no encerrado en tu casa con las velitas encendidas, pero tú solo, sino en compañía, tomando unos vinos, aprovechando las horas de luz y de sol que ellos no tienen, disfrutando de la amistad y de la familia, que es lo que voy a hacer estos días de Semana Santa. Estas cosas no se tienen en cuenta en ese Índice Mundial, pero son unas de las auténticas medidas de la felicidad.

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Por Mayte CIRIZA

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