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Mayte Ciriza

Que quede entre nosotros

¡Qué decepción!

No se lo esperaba; después de tanto tiempo de trato diario y fluido, de trabajar codo con codo, de contarse sus vidas, sus alegrías y sus penas, lo que menos se esperaba Patricia era que su amiga y compañera de trabajo iba a dejarla en la estacada por un miserable aumento de sueldo. Mientras me lo contaba, entre lágrimas, no dejaba de repetir: “no me lo puede creer, de quien menos me lo esperaba, ¡qué decepción!”.
En esta época en la que un día sí y otro también salen a la luz casos de corrupción, escuchamos más de una vez a propósito de los corruptos, por parte de sus compañeros de partido, “no me lo puedo creer, qué decepción”. Todos los ciudadanos nos sentimos más que decepcionados, hartos y asqueados por la corrupción de aquellos en quienes se depositó la confianza en forma de voto para gestionar lo que es de todos.
Pero más allá de esta época de decepción política, ¿quién no ha experimentado alguna vez ese nudo en el estómago, esa misma tristeza al darnos cuenta de que la persona en la que confiábamos nos ha traicionado? Cuando esperamos demasiado de los demás, cuando no somos realistas, es cuando surgen la frustración y el dolor. Nos decepcionamos porque nos creamos expectativas y porque no nos relacionamos con las personas que nos rodean tal y como son, sino como nos gustaría que fuesen. Claro, que es muy fácil eso de decir que no se tengan expectativas, pero, ¿qué es la vida sino la gestión de las esperanzas?
En la vida es inevitable que nos decepcionen y decepcionar. Pero es fundamental que eso no nos lleve a la desconfianza, nunca hay que generalizar. Si lo hacemos, podemos pasar a una relación paranoica con los que nos rodean. El que se haya sufrido un desengaño no quiere decir que vaya a pasar siempre. Todo el mundo se va a sentir traicionado, engañado o decepcionado alguna vez en su vida.
La mayoría de las decepciones se producen por las distintas escalas de valores que tenemos. Lo más importante para no sufrir tantas es evitar que tus expectativas dependan de otros, se trata de que, en la medida de lo posible, dependan de ti mismo. Hay que aceptar que los que consideramos nuestros amigos no tienen por qué hacer lo que nos gustaría que hiciesen.
Cuando en la vida te sientes desilusionado, lo importante es sobreponerse, aceptar las cosas como son, y a la vez tener el coraje de seguir adelante. Hay veces en que la frustración es fruto de darse cuenta del autoengaño en el que uno ha vivido respecto a una relación. Resulta que esa persona no es como pensábamos que era. Y es entonces cuando aparece ese sentimiento inevitable, como la vida misma, y pensamos ¡qué decepción!

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Por Mayte CIRIZA

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