Se plantó en el despacho sin que hubiéramos quedado, en qué hora le dije que sí, que tenía 5 minutos, y le pregunté: ¿qué tal todo? Ahí empezó la retahíla de todos sus males: empezó a hablarme de su exmujer, de sus hijos y hasta de los problemas con los vecinos. Hablaba sin parar, no veía el momento en que parase para respirar, levantarme inmediatamente y decirle que tenía una reunión urgentísima a la que no podía llegar tarde.
Uno de los personajes más divertidos de José Mota es “el cansino histórico”, que aparece en todas las épocas y que cuando coincide con un personaje famoso del momento, comienza a elogiarle, a pedirle autógrafos y a invitarle a algo. El personaje famoso, que tiene prisa, se niega y el otro empieza a insultarle.
Hay muchas palabras para denominar a los pesados: plomo, plasta, ladrillo, pelmazo, coñazo, aburrido, cargante, pelma, petardo, palizas… Pero la que más me gusta para definirlos es nuestro riojanismo “canso”. Los cansos o cansinos no solo están ahí desde el principio de los tiempos, en todas las épocas, como el personaje de Mota, sino que no tienen edad, ni sexo, ni clase social, ni ideología -los hay de derechas y de izquierdas-. Están en todos los lados y en todas las estaciones del año, aunque en verano les cunde más. Estás tan tranquila en la piscina o en la playa y se acercan de forma inmisericorde a darte la chapa, mientras intentas leer o echarte una cabezada. Si hay algo transversal en nuestra sociedad son los cansos.
Cada día hay que lidiar con ellos: en el trabajo, en la familia, en la calle… No se ponen en el lugar del otro y no se dan cuenta de que están molestando, incomodando o incluso resultando desagradables. Al pelmazo, en general, se le ve venir, y hay que estar prevenido para que no te dé la paliza. Lo malo es que todos en algún momento acabamos siendo cargantes para otros.
Además de en la vida real, están también en la vida virtual. Las redes son el paraíso de los cansos. Están los que meten unas chapas infinitas en Facebook, los que se pasan el día retuiteando de todo, los que no paran de enviar vídeos, fotos o larguísimos mensajes de texto a todos los grupos de guasap y encima preguntan qué te ha parecido.
Hay muchos tipos de plastas: los que están todo el día quejándose, siempre les duele algo; los monotemáticos, que solo saben hablar de una cosa; los que solo hablan de sí mismos; los de los chistes malos o inoportunos; los profundos, siempre con el sentimiento trágico de la vida; los sosos por naturaleza; los pedantes, que solo se escuchan a sí mismos…
Invaden nuestra intimidad, se comportan de una manera egoísta, no respetan tu trabajo ni tu descanso, te hacen perder el tiempo y la paciencia, te pueden llegar a amargar y son insufribles. En fin, uno de los secretos de la felicidad es evitar a los cansos.