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María Antonia San Felipe

Entre visillos

Navidad

Si algo tiene de hermoso la Navidad es que está permitido creer en lo imposible, una ilusión efímera que perdura, como muchas cosas de la vida, lo mismo que la niñez. Pasado ese tiempo uno empieza a dudar incluso de lo evidente. Yo de niña pasaba los días intentando adivinar qué me traerían los Reyes Magos, especulaba con cientos de posibilidades. ¿Sabrán los Magos que me gustaría tener una caja amarilla de Juegos Reunidos Geyper? ¿Me traerán una colección de cuentos de hadas? Flotando en la nube de mi ingenuidad me convencía de que, gracias a sus poderes, me habrían visto contemplando ese cuento tan bonito de la castañera en el escaparate de la librería Atlas y me lo dejarían junto a los zapatos que con cebada y agua dejábamos para los camellos en el balcón. Incluso cuando ya intuía la verdad, yo misma me persuadía de lo contrario porque las ilusiones activaban mi imaginación más que la rutina de la realidad.

Ya saben que, desde 1955, los presidentes de los EEUU tienen por costumbre participar en un programa de voluntarios del Comando de Defensa del Aeroespacio y contestan a los niños sobre la ruta que sigue Santa Claus con sus regalos. Así que este año, Donald Trump, haciendo gala de la falta de tacto que le caracteriza, ha llamado al pequeño Coleman y le ha hecho llegar su reflexión de que a su edad, siete años, creerse lo de Santa Claus es una tontería. Siendo la fantasía particular patrimonio de la infancia, si me telefoneara Donald Trump para pisotear mis sueños no duden que lo odiaría eternamente y a partir de ahí me haría del partido demócrata para toda la vida. No sabemos si el niño se echó a llorar o simplemente le contestó que, pese a su corta edad, acababa de comprobar que, como ya predijo Einstein, la estupidez humana tiende al infinito. Afortunadamente hay niños muy listos y desgraciadamente el presidente norteamericano ha demostrado que un patán puede llegar más lejos que el trineo de Santa Claus.

Claro que hablando de destruir ilusiones también hemos tenido estos días un suceso memorable. En la protesta contra la reunión del consejo de ministros en Barcelona un mosso de esquadra y un forestal se enfrentaron verbalmente, prueba evidente de la tensión que perturba la convivencia. No hubo solidaridad entre ellos en los enfrentamientos callejeros. La tensión que deben estar viviendo los mossos, cuestionados por su propio gobierno autonómico y la lealtad a la legalidad a la que como policías se deben, es evidente. Las últimas frases de la conversación quedarán para la historia. Mientras el cordón policial avanzaba, el antidisturbios pide al manifestante que se interponía en su camino, vestido de uniforme de guardia forestal, que si es funcionario como él le defienda, en vez de poner obstáculos a su labor. “Yo defiendo la república”, replicó el agente rural, ante lo que el mosso, visiblemente indignado, en catalán contestó: “Qué república ni qué cojones. La república no existe, idiota”. Una evidente realidad que algunos se niegan a reconocer convirtiendo la imaginaria república catalana en su propio Santa Claus.

Pero en Navidad lo habitual en España es montar el belén y por eso el PP de Pablo Casado, que está a la que salta, no quiere quedarse corto afrontando los problemas prioritarios de nuestra patria. Por eso, temerosos de que VOX les arrebate todas las enseñas ha presentado una proposición en el Congreso para que se promueva una candidatura para que el belén sea reconocido como patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO. A partir de ahora el PP valorará quién es más español, el que pone el belén o el que pone el árbol y si se ponen las dos cosas se acumulan puntos para el título. Creer en lo Reyes Magos puntúa más que creer en Papa Noel. Creer en las dos cosas no vale porque es reconocer la influencia extranjera en nuestras costumbres. Se lo he contado a las ovejas, a la mula y al buey de mi belén y están que no caben en sí de gozo porque por fin son importantes. Tomen nota porque todo esto es para nota. Espero que no perdamos la ilusión pero tampoco el norte. Disfruten lo que queda de la Navidad y feliz 2019.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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