En la sala de prensa de la Casa Blanca está de moda el humor negro, lejos de los chistes inteligentes de los hermanos Marx. Mientras el mundo vive acongojado por la guerra de Irán, el comandante en jefe del ejército de los EEUU, SuperTrump, se divierte como un niño chico jugando a la guerra. Como si los bombazos fueran virtuales, anuncia: hemos acabado con la flota iraní, está toda en el fondo del océano. ¿Eran buenos barcos? Excelentes, señor, tope de gama, señor. ¿Por qué no los capturamos y usamos? Es más divertido hundirlos. Se ríen él y los pelotas que le escuchan. Yo, palidezco ante la crueldad que revela tanta risa.
Muchos certifican la muerte del orden mundial basado en principios morales. El derecho internacional fue pisoteado por Putin al invadir Ucrania, Netanyahu ya llevaba tiempo riéndose de la ONU. Después llegó Trump e impuso su propia ley. Utiliza el poder presidencial para sus intereses económicos, no los de EEUU. Sus asesores principales son su yerno Jared Kushner y su amigo, el promotor inmobiliario, Steve Witkoff. Ellos son los verdaderos negociadores al servicio del jefe. Sus fortunas y la de Trump han crecido tanto que disfrutan propiciando conflictos. ¿Alguien, con dos dedos de frente, cree que sus intereses son los nuestros?
Yo no sé nada de geopolítica, pero como muchos ciudadanos del mundo me pregunto: ¿nuestro orden mundial hubiera muerto si Trump no hubiera llegado a la Casa Blanca? La respuesta es obvia. En el siglo XX hubo una serie de líderes tan perturbados como éste que nos llevaron a una guerra cruel. Sobre los cadáveres se construyó ese orden mundial convivencial ahora dinamitado. Ha triunfado la ambición de los crueles y de los malvados porque ese patriotismo miserable y destructor que proclaman, siempre fue el refugio de los cobardes que sueñan con imperios gobernados por ellos y para ellos.
Ursula von der Leyen dijo que Europa no puede ser guardiana del antiguo orden mundial y que no se debe llorar por el régimen iraní. ¡Que lamentable! No seré yo quien derrame una lágrima por los ayatolás y su régimen atroz, ni por los terroristas de Hamás y Hezbollá, ni por Putin, ni por Netanyahu, ni por Trump. Lloro por los muertos en una escuela, por la población iraní que debe sobrevivir tanto a la ira de los ayatolás como a las bombas, por los civiles de Gaza y Líbano, por los muertos en Ucrania, por quienes no pueden calentar su casa en Europa y por el miedo que estamos pasando. Por eso lloro. Desconozco lo que pasa por la cabeza cruel del Joker-Trump que hostiga al mundo, pero les auguro que cuando vea que puede perder un solo dólar de su fortuna especulativa dirá que ha ganado la guerra y se retirará. Nos dejará llorando muertos, más pobres y aterrados a la espera de su próxima crueldad. Ese es el Nuevo Orden Mundial.