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José Glera

La Poda

Un respeto al vino

Fotografía: Miguel Herreros

Fotografía: Miguel Herreros

Escucho a algunos hosteleros logroñeses de la zona centro que la Semana Santa ha sido irregular, con dos o tres días en los que “se ha trabajado bien” y otros, los de lluvia, “en los que no.”. Evidentemente, la climatología es algo contra lo que no se puede luchar, máxime cuando somos de hacer vida en la calle. Contra lo que sí se puede luchar es contra el saber, en este caso, no saber. Lamentablemente, sigue faltando cultura en torno al vino, una de las columnas vertebrales de esta región y, desde luego, escaparate para muchos que llegan a La Rioja en busca de buena gastronomía y buenos maridajes. Bien es verdad que se ha mejorado mucho y que hay bares fantásticos para degustar grandes vinos.

Les comento dos situaciones que he vivido en los últimos días. Cuando uno llega a un bar y pide unos vinos y emprende una breve conversación.

  • Buenos días. Tres crianzas y un blanco. ¿Qué vinos tienes?
  • “Eeeeee… (dudas) Los tienes ahí en la pizarra”, señala el camarero/a.
  • Perdona, pero esta pizarra es de pinchos, no de vinos.
  • Espera un segundo…

Acto seguido e va a estudiar la vitrina para saber qué vinos tiene o, peor, la cubitera con agua. No sé el porqué de esta moda me meter los vinos criados en agua….

Segunda situación. Llegas a otro bar. Hay una hermosa pizarra en la que se puede leer una enorme oferta: blancos, tintos, rosados, criados, jóvenes, etc…

-Hola, tres crianzas por favor… Amaren (2.60€/copa)

Tres copas sobre el mostrador. El camarero/a coge la botella y mira para ver cuánto queda. Mala señal. Para una copa. Y la sirve. Y para las otras dos copas, botella recién abierta. Y eso, se nota una barbaridad, porque el primer vino no era de botella abierta en el día, sino en jornada o jornadas precedentes. Se nota. Ese vino pierde aromas y sabor porque está sobre una estantería y a temperatura y humedad tan variables como la ambiental.

Digo yo, ¿no es más fácil abrir la botella para las tres copas? Luego ya decidirás qué haces con ese ‘culín’ de vino. No será el primer bar que trasiega de una botella a otra ni el último. La imagen, desde luego, no es la mejor. Ese ‘culín’ no está en condiciones de ser servido. Dice muy poco del bar en el que estás.

Conclusiones

  1. El vino es una bebida, pero también una cultura y un ser vivo, que cambia continuamente. Merece un respeto y para respetarlo hay que conocerlo, aunque sea básicamente.
  2. El camarero/a debe orientar al consumidor cuando pregunta o está indeciso. Pero no hacia el vino más rentable para el propio hostelero, sino teniendo en cuenta los gustos de quien paga. Los vinos no se echan, se sirven. A todo el mundo le gusta que su gintonic se sirva en una buena copa, con buenos hielos, rodajita de limón… y delante de quien se lo va a beber. Con el vino pasa igual, aunque el servicio sea más sencillo. Una buena copa, limpiay un vino que esté a la temperatura adecuada (esa es otra) y un buen servicio. No es necesario racanear. Cobra unos céntimos más, pero que el cliente se vaya satisfecho por haber disfrutado de un buen vino, en el amplio sentido de la palabra. Ah! Y se sirve delante de quien lo va a beber, no en la otra punta de la barra y luego se traslada.
  3. Cuando no tienes suficiente vino en una botella para servir a todos los que lo piden, es mejor abrir una botella. Luego ya decidirás qué haces con la que tenías abierta.
  4. Está muy bien oler el corcho cuando abres una botella, pero también es muy importante saber qué aromas desprende el vino cuando lleva un tiempo abierta. El vino cambia.
  5. El cristal es fundamental. El hostelero apuesta por paredes gruesas para que sean copas más fuertes y se rompan menos, pero el vino sabe peor. Entre la finura y el grosor del cristal siempre hay un término medio. Se trata de encontrarlo.

La Poda

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