Escucho a algunos hosteleros logroñeses de la zona centro que la Semana Santa ha sido irregular, con dos o tres días en los que “se ha trabajado bien” y otros, los de lluvia, “en los que no.”. Evidentemente, la climatología es algo contra lo que no se puede luchar, máxime cuando somos de hacer vida en la calle. Contra lo que sí se puede luchar es contra el saber, en este caso, no saber. Lamentablemente, sigue faltando cultura en torno al vino, una de las columnas vertebrales de esta región y, desde luego, escaparate para muchos que llegan a La Rioja en busca de buena gastronomía y buenos maridajes. Bien es verdad que se ha mejorado mucho y que hay bares fantásticos para degustar grandes vinos.
Les comento dos situaciones que he vivido en los últimos días. Cuando uno llega a un bar y pide unos vinos y emprende una breve conversación.
Acto seguido e va a estudiar la vitrina para saber qué vinos tiene o, peor, la cubitera con agua. No sé el porqué de esta moda me meter los vinos criados en agua….
Segunda situación. Llegas a otro bar. Hay una hermosa pizarra en la que se puede leer una enorme oferta: blancos, tintos, rosados, criados, jóvenes, etc…
-Hola, tres crianzas por favor… Amaren (2.60€/copa)
Tres copas sobre el mostrador. El camarero/a coge la botella y mira para ver cuánto queda. Mala señal. Para una copa. Y la sirve. Y para las otras dos copas, botella recién abierta. Y eso, se nota una barbaridad, porque el primer vino no era de botella abierta en el día, sino en jornada o jornadas precedentes. Se nota. Ese vino pierde aromas y sabor porque está sobre una estantería y a temperatura y humedad tan variables como la ambiental.
Digo yo, ¿no es más fácil abrir la botella para las tres copas? Luego ya decidirás qué haces con ese ‘culín’ de vino. No será el primer bar que trasiega de una botella a otra ni el último. La imagen, desde luego, no es la mejor. Ese ‘culín’ no está en condiciones de ser servido. Dice muy poco del bar en el que estás.
Conclusiones