Es muy común que sobre una misma situación, un único tema o una cuestión general, haya lecturas no solamente diferentes, sino a veces contrarias.
En los debates políticos, o en los que estamos de por medio políticos, esto ya no es común, sino norma, lo cual es la base de la democracia misma y de la dialéctica política. Luego no lo critico, lo describo.
Sin embargo, me llama la atención que cuando se trata de hechos objetivables, sea la opinión y no la información la que marque la pauta de algunos, que por haberse quedado en tierra pretenden subir al vagón sin pagar el billete.
Recientemente, y en relación con la financiación europea del eje ferroviario del “Valle del Ebro”, enmarcado en el Corredor Cantábrico-Mediterráneo, ha vuelto a ocurrir. Por ello, voy a intentar aportar datos, una interpretación de los mismos y luego, ustedes deciden.
Esta vez, el hecho cierto es que el Consejo de Ministros de Transportes de la UE aprobó el pasado 10 de junio un mecanismo de cofinanciación, Connecting Europe, en el que queda incluido el tramo riojano.
Eso es cierto. Estamos incluidos en la red global y no estamos incluidos en la red básica. Hay que admitir por tanto que estamos incluidos en una red de financiación secundaria.
No es cierto que el Gobierno de Zapatero “sacara” el corredor riojano, y no lo es, sencillamente porque nunca había estado. Es cierto que no lo incluyó (decisión a la que me opuse), como también es cierto que el Gobierno de La Rioja nunca lo reivindicó, como hicieron otros Presidentes de las Comunidades Autónomas con el corredor Mediterráneo, por ejemplo.
También es cierto que desde que soy responsable del PSOE de La Rioja fue uno de mis objetivos. Viajé a las Instituciones comunitarias y al Grupo Parlamentario Socialista Europeo le encargué la presentación de una enmienda conjunta con el Grupo Popular con el fin de conseguir financiación dentro de la red básica.
Es comprobable que el Ministerio de Fomento no estuvo a la altura de las circunstancias, malogrando la posibilidad de triunfar por ese camino y es entonces cuando los socialistas ponemos en marcha un plan B. La posibilidad de obtener financiación, aunque fuera acogiéndonos a otro programa menor. Ese trabajo no se puede negar, como no niego el trabajo y la colaboración del Grupo Popular. A cada cual lo suyo.
Esa es la verdadera historia. Una historia sin protagonismos exclusivos, con colaboración y sin reproches.
No obstante, es necesario aclarar algunos conceptos y datos. La financiación europea del proyecto de Alta Velocidad del corredor riojano, en caso de que sea definitiva, no garantiza la inversión. Es más, la duda es que el Gobierno de España pueda y quiera aportar la parte de financiación que le corresponde, entre el 80% y el 60%.
Tampoco garantiza que la inversión traiga el AVE a La Rioja como se ha dicho, porque la voluntad del Ministerio, como ha adelantado, es que “el tramo indiscutible” por común, Zaragoza- Castejón, no sea de Alta Velocidad, sino que sea de “Tercera Vía”.
Por tanto, el futuro de las infraestructuras, su planificación y plazos de inversión se juega en España. El nuevo Plan del Gobierno de España, PITVI, debiera aclarar cuál va a ser el futuro. Y es cierto y comprobable es de las 60 actuaciones de inversión previstas en el Plan dentro del apartado de Alta Velocidad en el Corredor Mediterráneo-Cantábrico, en el tramo Castejón-Rincón de Soto-Logroño-Miranda de Ebro, no hay recogida ninguna actuación. Tramo en “blanco”, al que los socialistas ya hemos presentado alegaciones, pero la falta de voluntad del actual Gobierno ha quedado en evidencia.
En conclusión, todo está muy verde todavía. Una cosa es que pueda mostrar, legítimamente, la satisfacción por la financiación europea conseguida y otra es que lo consideremos como definitivo. Puede ocurrir que tengamos financiación europea para un corredor cuya actuación no tenga prevista la planificación española.
Al resultar elegido máximo responsable de los socialistas riojanos, propuse un gran acuerdo en esta materia al Gobierno riojano y al PP, en primer término, y al resto de fuerzas políticas, así como a los agentes sociales y económicos de la región. Lo sigo manteniendo. Debemos unirnos para obligarnos los unos con los otros en un proyecto de región, que supera en mucho nuestras diferencias o la dialéctica política habitual, que sobrepasa a la opinión e incluso al escepticismo lógico de una buena parte de la población, porque atañe a las condiciones de desarrollo socioeconómico en igualdad de condiciones de nuestra tierra con respecto a las fronterizas y al resto del país. No hablamos de que pase el AVE o no, o de tal o cual línea ferroviaria, hablamos de incorporar a La Rioja a una infraestructura de comunicación imprescindible para estar al nivel del resto en el futuro más próximo. De eso se trata, igual que cuando se peleó por el paso de la autopista por este lado del Ebro, por la constitución de la propia Comunidad o por la creación de la Universidad, se trata de no quedarnos atrás, de ser como los demás.
Por eso: prudencia, cambiemos el reproche por el reconocimiento de los errores de cada uno e impongamos la cultura del esfuerzo conjunto para conseguir un mismo objetivo. Esto ocurre con el AVE.