Blogs

Bernardo Sánchez Salas

Material escolar

De la vida de las bolsas de plástico

albelda2017_8008

Una bolsa de plástico, de las del súper, o de las de la basura, dura más que el Renacimiento. O como toda la Edad Media, sumando la alta y la baja. Unos cuatrocientos años se ha calculado que dura una bolsa de plástico. Casi nada dura tanto. Podrían estar ahora muriendo bolsas de plástico –de haber existido entonces tal cosa- que se pusieron en circulación cuando se publicó el Quijote. Ya habrían aguantado bastante más que los huesos de su autor, que no sabemos ni dónde se encuentran ni en qué estado. En cambio, las bolsas de plástico están perfectamente localizadas: se sabe que forman arrecifes en el fondo del mar y que sirven de protector estomacal a los peces. Incluso que contribuyen a la evolución de las especies: al pez-martillo, al pez-sierra y al pez-espada se ha unido el pez-bolsa, que transporta víveres a muchos metros de profundidad, tiene asas y está esponsorizado por varias marcas blancas (o azules, dependiendo de si es pesca blanca o azul). Y forman bandadas de aves migratorias sobre las ciudades, quedando atrapadas en las vallas o anidadas en las antenas de telefonía móvil. Vallas que se convierten automáticamente en vallas publicitarias, del pequeño o del gran comercio, de ultramarinos José Mari o de Hipercost. No es un pájaro, no es un globo aerostático: es una bolsa de plástico. Y se funden con las nubes. Son un fenómeno atmosférico. Debieran existir meteorólogos de los bancos de nubes formados por bolsas de plástico, que al final del telediario advirtieran de su evolución variable y de sus precipitaciones. Expertos en bolsa. De plástico. Estos días se está informando a la población que el gobierno va a intentar –a través de medidas al por menor: céntimos por micras- reducir su longevidad; muy superior, por cierto, a la de cualquier gobierno conocido, por largos que se nos hagan algunos gobiernos. Porque hay cosas, desde luego, que se nos hacen eternas como bolsas de plástico. Pesadumbres indestructibles. Pesadillas de plástico de bolsa. Ni siquiera otros objetos fabricados con material plástico perduran tanto como una bolsa de plástico. Las películas de cine, pongamos, el celuloide, que es un plástico sintético: en unas pocas décadas, nada, se han podrido centenares y centenares de obras maestras del cine, avinagradas, oxidadas, ya invisibles. El cine mudo, por ejemplo, desapareció en un gran porcentaje. Sin embargo, la primera bolsa de plástico inventada a principios de los años setenta del siglo XX, que es cuando se inventan las bolsas de plástico, seguro que se conserva fresca. En algún museo, o en el fondo de un carrito de compra. Son los años setenta los del pensamiento plástico (ahora ya líquido, en licuefacción irreversible); el pensamiento irrigado por el bulbo raquídeo del petróleo, del que emergieron el plástico y los dólares. Hay todavía por ahí flotando bolsas de plástico que vieron el final de la Guerra de Vietnam, y el Watergate. Por muy poco no pudimos dejar unas bolsas de plástico en la luna, lo que hubiera sido un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para algunas cadenas de supermercados. Y hablando de los dólares: el dinero que sale por las noches en bolsas de basura, por poner otro caso de resistencia plástica, se esfuma, se funde, pero la bolsa permanece, intacta en su aleación, acharolada y retornable. Tu edificio precisa de un seguro a todo riesgo –papeles, dinero, etc…-; sin embargo, el patrimonio de un mendigo se preserva seguro en varias bolsas de plástico, hechas a las inclemencias, a los traslados y a los accidentes. Se adaptan. Nada se adapta como una bolsa de plástico. Y casi nada pervive si en un momento dado no cabe en una bolsa de plástico. Las bolsas de plástico, en definitiva, han creado su propia civilización, su clima, su modelo económico. Su lenguaje: llevamos medio siglo, más o menos, enviando mensajes dentro de bolsas de plásticos. Hoy esos mensajes han llegado al intestino de un tiburón tigre, o se han trabado en un gancho antipalomas. También han creado su tipo de ciudadanía, integrada por individuos contrapesados con sendas bolsa de plástico (llenas), una en cada mano: la imagen del equilibrio perfecto. Y en fin: cuando, a consecuencia de nuestra naturaleza biodegradable, dejemos esta vida, la última bolsa de plástico que nos dieron en el súper nos sobrevivirá siglos, con publicidad del establecimiento y el ticket de compra dentro. Son las postrimerías modernas.

Temas

Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular. Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.

Sobre el autor

Bernardo Sánchez Salas (Logroño, 1961) Escritor, Doctor en Filología Hispánica, guionista de cine y televisión y autor teatral: Premio Max en 2001 por la adaptación escénica de la película El verdugo y adaptador, también, de obras de Arthur Miller (El precio, nominado en 2003 al Max a la mejor adaptación), Tirso de Molina (La celosa de sí misma), Antonio de Solís y Rivadeneyra (Un bobo hace ciento) –ambas para la Compañía Nacional de Teatro Clásico-, Aristófanes (La asamblea de las mujeres), Edgar Neville (El baile), Howard Carter Beane (Como abejas atrapadas en la miel), Jeff Baron (Visitando al señor Green, nominado en 2007 al Max a la mejor adaptación) o Rafael Azcona (El pisito). Sus trabajos teatrales –realizados para unidades de producción públicas y privadas- han sido dirigidas por Luis Olmos, Jorge Eines, Tamzin Townsend, Juan Echanove, Sergio Renán, Esteve Ferrer, o Juan Carlos Pérez de La Fuente. Es también autor de textos teatrales originales como Donde cubre y La sonrisa del monstruo (dirigidos por Laura Ortega para la RESAD), El sillón de Sagasta (dirigido por Ricardo Romanos) y La vida inmóvil (dirigida por Frederic Roda). Ha publicado estudios sobre el dramaturgo del siglo XIX Bretón de los Herreros y editado algunas de sus obras; fue corresponsal de la revista El público. Autor del conjunto de relatos Sombras Saavedra (2001), publicado por José Luis Borau en “El Imán” y de monografías individuales y/o colectivas sobre Rafael Azcona, Bigas Luna, Luchino Visconti, Viçenc Lluch, José Luis Borau, Eduardo Ducay, Antonio Mingote, Pedro Olea, el Documental Español, la Literatura y el Cine en España o El Quijote y el Cine.

junio 2018
MTWTFSS
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930