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Bernardo Sánchez Salas

Material escolar

Observadores internacionales

¿Pero dónde estaba esta gente, madre mía? Sí, bueno, parece que en Forth Texas. El sevillano Bartolomé Esteban Murillo, o sea: Murillo, ni más ni menos que ¡en Texas!, como David Crokett. «Olé Virginia, y Michigan; y ¡viva Texas!, que no está mal, ¡no está mal!», que proclamaba en sus coplillas la Carmen Vargas de Villar del Río: otra andaluza de los Estados Unidos de América. Pronúnciese ‘Tersas’, al modo de la Vargas. Pues concretamente en un museo de ‘Tersas’, el Kimbell Art Museum, a saber. Allí, en el Kimbell ése, enmarcados en un cuadro, mirando a los tejanos, que mira tú. Ésa es su residencia habitual, aunque no su razón social, que radica aquí, en España, su razón de ser, me refiero. Se podía hacer una serie de televisión de ‘Murillos por el Mundo”, pues los hay en Dallas, en Cambrigde, en Munich, en Detroit, en Irlanda, en Berlín. Y me pregunto: cómo fueron a parar allí, hasta ‘Tersas’, estos personajes, este dream team; tres insolentes que te miran a la cara, descaradamente; dos de ellos riéndose, guiñándote el ojo, la de la pañoleta y el majo: y luego, ¡joeeer!, qué elementa, qué fuerte, la otra, la de los quevedos gigantes (¿llevan lente o es solo montura?), que lo más seguro es que esté despiojando a un niño -podría ser una Anna Magnani de la Sevilla del XVII-, a un niño de Murillo, claro, un niño que te hace un calvo, además, un Oliver Twist del barroco nuestro, de la entretela de nuestros piojos; y que mientras la mujer le encuentra las liendres hace una pausa para mirar al respetable y preguntar, preguntarnos: «¿por qué estáis ahí?, ¿qué miráis?, ¿qué queréis?, ¿quiénes sois?, ¿quiénes creéis que sois? Nosotros tres y el pardal estamos aquí, en nuestro papel de residentes tejanos, de norteamericanos de pega, como de Villar del Río, congelados al tenebrismo desde el siglo XVII; aquí mi prima, la del trapo que se alza como un teloncillo sobre su rostro; y al lado el mozo, un pícaro, un gracioso, que se ha puesto para la foto. Y en primer plano, en foco, yo, con estas antiparras pop, mientras le impongo las manos a esta criatura, un esportillero, que se me lo comen los piojos, que lo tienen prácticamente dormido, porque no se despioje solo, que es lo que suele». Podrían ser una nueva formación para la Zaranda. Ya estoy oyendo su mantra: «de ‘Tersas’ venimos, a ver qué. A ver qué venimos, de ‘Tersas’…» Aquí está esta cuadrilla, medio interpelándonos, medio descojonándose. Les han abierto la ventana, el teatrito y está aprovechando, como vecinos, para comprobar cómo está el patio, que era el suyo, el de Monipodio. Les han vuelto a dejar en España y su curiosidad es inmensa desde el escaparate en el que habitan. La pena grande es que no podemos escuchar lo que dicen: su diagnóstico del panorama de Monipodio tras siglos en el extranjero, como de Erasmus. Cómo nos verán tras hacerse al paisaje de ‘Tersas’. Yo creo, lo digo por la de los quevedos, que se han quedado ojopláticos. No dan crédito. Se hacen llamar –sin más datos personales- Cuatro figuras en un escalón, y ahora mismo reciben en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Temporalmente. Merecen viaje: a mirarlos, mirarnos. Porque, en lo mejor de la pintura, ésta de Murillo y muchas otras; o de la fotografía, o del cine, allí donde haya un lienzo o una pantalla, o incluso una página (que tiene algo lienzo y de pantalla), en lo más interesante, lo que se ventila de verdad, es que no somos nosotros los que miramos, aunque nos hagamos esa ilusión, sino que somos nosotros los mirados, los observados, los peritados. Y en este caso, directamente, sin tapujos, por derecho, y haciendo como que vinieran de fuera, que vienen, y no estuvieran al tanto de los asunto del día, son estos tres paisanos los que nos miran e interrogan a nosotros, a finales de 2018, cualquiera que sea el tipo de siglo en que vivamos aquí ahora, cualquier edad de un metal de una aleación con efectos en la salud todavía imprevisibles. Las tres figuras se muestran irónicos, con sorna, preguntando qué tal y por aquí, que hasta ‘Tersas’ llegan noticias. En nada regresan al Kimbell, a volver mirar a los que pasen por la sala; sólo porque entra en el sueldo. Pero no es lo mismo. Allí en Forth Texas miran un poco por mirar. Como una atracción de feria: pasen y vean a estos seres de España, obra de un tal Murillo, que les saludan desde su barraca de freaks: el majo, la celestina, la gafotas y el niño del piojo.

Temas

Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular. Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.

Sobre el autor

Bernardo Sánchez Salas (Logroño, 1961) Escritor, Doctor en Filología Hispánica, guionista de cine y televisión y autor teatral: Premio Max en 2001 por la adaptación escénica de la película El verdugo y adaptador, también, de obras de Arthur Miller (El precio, nominado en 2003 al Max a la mejor adaptación), Tirso de Molina (La celosa de sí misma), Antonio de Solís y Rivadeneyra (Un bobo hace ciento) –ambas para la Compañía Nacional de Teatro Clásico-, Aristófanes (La asamblea de las mujeres), Edgar Neville (El baile), Howard Carter Beane (Como abejas atrapadas en la miel), Jeff Baron (Visitando al señor Green, nominado en 2007 al Max a la mejor adaptación) o Rafael Azcona (El pisito). Sus trabajos teatrales –realizados para unidades de producción públicas y privadas- han sido dirigidas por Luis Olmos, Jorge Eines, Tamzin Townsend, Juan Echanove, Sergio Renán, Esteve Ferrer, o Juan Carlos Pérez de La Fuente. Es también autor de textos teatrales originales como Donde cubre y La sonrisa del monstruo (dirigidos por Laura Ortega para la RESAD), El sillón de Sagasta (dirigido por Ricardo Romanos) y La vida inmóvil (dirigida por Frederic Roda). Ha publicado estudios sobre el dramaturgo del siglo XIX Bretón de los Herreros y editado algunas de sus obras; fue corresponsal de la revista El público. Autor del conjunto de relatos Sombras Saavedra (2001), publicado por José Luis Borau en “El Imán” y de monografías individuales y/o colectivas sobre Rafael Azcona, Bigas Luna, Luchino Visconti, Viçenc Lluch, José Luis Borau, Eduardo Ducay, Antonio Mingote, Pedro Olea, el Documental Español, la Literatura y el Cine en España o El Quijote y el Cine.


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