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Bernardo Sánchez Salas

Material escolar

53414

El Sorteo de Navidad es una fábula sobre la pobreza. Como en buena medida también lo es la Navidad. Llegado el día del sorteo –hoy, en que escribo esto-, y escuchando por cada esquina voces blancas intentando acertar las cifras afortunadas, como si se pudieran atrapar al vuelo, con un cazamariposas, siempre recuerdo Pobre, el relato de Rafael Azcona. Ahí se contaba cómo hasta un mendigo puede vivir por encima de sus posibilidades. En Logroño. Pobre era el primero de los cuentos que integraban el tríptico Pobre, paralítico y muerto. Se lo publicó en 1960 Ediciones Arión, con dibujos del gran Lorenzo Goñi. Goñi dibujó a plumilla un elenco de pobres como de Solana, una especie de capricho post-goyesco. En 2008, volvió a publicarlo Ediciones del Viento. Aún estará por librerías. Como suele suceder con la ficción más alucinante, Pobre estaba basado en hechos estrictamente reales. La realidad se basta sola para exagerar, para exagerarse. Por eso no le gustaba a Rafael que lo trataran de humorista, y alegaba en su defensa que eran las propias paradojas de la vida, autoinfligidas, las que hacían todo el trabajo tragicómico. Por eso Pobre, paralítico y muerto no resulta una humorada sino que es el Martes de Carnaval de Azcona, su versión del esperpento, que te atraviesa la risa a cuchillo. En una de esas paradojas agudas de la vida, un pobre de solemnidad había hecho saltar la Banca un 21 de diciembre de 1957. En Logroño. Pero es que además ¡acertó el Gordo! Un pleno, vaya. Sólo que el Gordo le daría al final –otra paradoja por el estilo- muy mala suerte. Sucede que hay individuos intolerantes a la buena suerte. No es humor, es así. Y ser pobre te sitúa en el grupo de riesgo, sin duda. Según informó entonces la Agencia CIFRA (no me dirán que también el nombrecito de la Agencia…) –Rafael ya lo leería en Madrid- el mendigo R. V. G. había comprado en Bilbao, donde también alternaba de pobre, dos décimos del número 53414, que va y luego tocó. Pero al tío, en un golpe de creatividad contable, se le había ocurrido distribuir por Logroño, su campo de operaciones habitual, participaciones de esos dos décimos. Claro que –y ahí estaba el bisnis– en un número superior al que correspondía. Participaciones de 5 pesetas –de las que él, para que se hagan una idea, se llevaba 25 céntimos-; y también de 10, y de 15 y hasta de 30. De resultas que cuando ‘los agraciados’ fueron a cobrar las papeletas a las entidades bancarias de la ciudad el montante que les abonaron duplicaba la cantidad cubierta por los dos décimos. En resumen, como tituló la prensa: «poseía dos décimos y vendió el importe de cuatro». Y pillaron a R. G. V. Y lo pusieron a disposición judicial. Rafael llamó a su pobre Venancio Gil Díaz. Burgalés. De 1905. Sin profesión conocida. Venancio vive en una especie de establo cuyo único ventanuco tiene por cristal una hoja de calendario. Es cojo. Le gusta la Navidad porque «así da uno más pena. Ojalá fuera Navidad todo el año», dice. Y pide en la Catedral, habitualmente, donde es conocido y mantenido por las limosnas de los parroquianos. Rafael situó la acción un 22 de diciembre, tal que ayer. El caso es que Venancio le vende participaciones incluso a sus colegas de mendicidad, como ‘el Cegama’, que es un ciego que pide con él en la puerta de la Catedral; una puerta cuyo arco está «aplastado por el Barroco» (sic). Diríase que hay un aplastamiento general en todo, un barroco aplastante. Y todo pasa -aunque no se nombre- en Logroño. Y así salen localizaciones como la Sierra del Toloño, el Cine Moderno, La Chata, y sobre todo la Plaza del Mercado, que es la Corte de Milagros de esta historia. Al final, el policía le dice a Venancio que, tal y como había ingeniado su estafa, no le hubiera hecho falta ni gastar en comprar los décimos. Venancio es pobre pero honrado. Por lo menos en lo que se refiere a la honradez del relato, en cuanto a la verosimilitud y reconoce que sí, que es verdad, pero que comprándolos, sabiéndose respaldado por ellos, neutralizaba a los desconfiados. Sabemos que tampoco a Plácido, tras echar el bofe en Nochebuena, le hubiera hecho falta saldar la maldita letra, pero que una mezcla de temor y pundonor, de honradez en definitiva, le empujaron a hacerlo. El policía le pide a Venancio que le entregue el dinero sobrante de la estafa. Pero el pobre le dice que lo que le quedaba se lo ha gastado en comer y en comprarse una bicicleta. Como en el Neorrealismo. Yo he vuelto a jugar este año al 53414. Y nada. Ha habido suerte.

Temas

Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular. Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.

Sobre el autor

Bernardo Sánchez Salas (Logroño, 1961) Escritor, Doctor en Filología Hispánica, guionista de cine y televisión y autor teatral: Premio Max en 2001 por la adaptación escénica de la película El verdugo y adaptador, también, de obras de Arthur Miller (El precio, nominado en 2003 al Max a la mejor adaptación), Tirso de Molina (La celosa de sí misma), Antonio de Solís y Rivadeneyra (Un bobo hace ciento) –ambas para la Compañía Nacional de Teatro Clásico-, Aristófanes (La asamblea de las mujeres), Edgar Neville (El baile), Howard Carter Beane (Como abejas atrapadas en la miel), Jeff Baron (Visitando al señor Green, nominado en 2007 al Max a la mejor adaptación) o Rafael Azcona (El pisito). Sus trabajos teatrales –realizados para unidades de producción públicas y privadas- han sido dirigidas por Luis Olmos, Jorge Eines, Tamzin Townsend, Juan Echanove, Sergio Renán, Esteve Ferrer, o Juan Carlos Pérez de La Fuente. Es también autor de textos teatrales originales como Donde cubre y La sonrisa del monstruo (dirigidos por Laura Ortega para la RESAD), El sillón de Sagasta (dirigido por Ricardo Romanos) y La vida inmóvil (dirigida por Frederic Roda). Ha publicado estudios sobre el dramaturgo del siglo XIX Bretón de los Herreros y editado algunas de sus obras; fue corresponsal de la revista El público. Autor del conjunto de relatos Sombras Saavedra (2001), publicado por José Luis Borau en “El Imán” y de monografías individuales y/o colectivas sobre Rafael Azcona, Bigas Luna, Luchino Visconti, Viçenc Lluch, José Luis Borau, Eduardo Ducay, Antonio Mingote, Pedro Olea, el Documental Español, la Literatura y el Cine en España o El Quijote y el Cine.


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