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Bernardo Sánchez Salas

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Un futuro inolvidable

elverdugo2000_trm_2395_bajaEstá bien saber –esta semana lo ha contado la prensa, dedicándole páginas completas- que el sol se va a apagar dentro de unos 5. 000 años. Más que nada para no hacer planes. El sol es tecnología led. Una bombilla led, ¡buah!, brutal, pero led. Puesto ahí para ir tirando siglos y siglos y siglos… luz. Con bajo consumo, porque si no, alumbrar el sistema saldría a un pico, casi a precio de nuestra factura de la luz, que desde luego se sale del mundo y más allá. Todo empezó cuando Edison dijo: «¡Hágase la luz!»; y empezó a correr el contador. Y vio Edison que la luz era buena. Y carísima. Edison, por cierto, tenía su parte en el negocio, y se lo llevaba crudo, bueno era Edison. No ha llegado nunca a ser gratis, pero con el sol se inventó una especie de tarifa plana, por lo menos para unas cuantas manzanas del universo; una incandescencia sostenible. Pero nadie da duros a cuatro pesetas en el universo y el de la electra ya le ha puesto fecha a la obsolescencia de la lámpara solar, y de todo lo que ilumina; pues nosotros somos bombillas contingentes y sólo el sol necesaria. Estas figuritas a las que en un plano cenital desde el espacio exterior -los días despejados- se les ve moviéndose, con sus afanes, su día a día, con sus citas médicas o electorales; o sea nosotros, somos cortoplacistas, pero, una vez más, todo estaba ya escrito en las estrellas, las que permanecen encendidas y las fundidas hace chiquicientos siglos, muchísimo antes de que el cucharón original saliera del agua, se fuera irguiendo a lo largo de eras y eras hasta acabar convertido en un presocrático, por ejemplo. No se habían estrenado los presocráticos y ya había enanas blancas apagándose por doquier, pero dejando escrito sobre su superficie roqueña el testamento vital del resto de lo que brilla y se mueve, incluido el rey sol. Por lo visto (por lo visto por un Telescopio de esos súper voyeur, que se meten en las intimidades del cosmos) una de estas enanas, obsoleta hace 400 años luz y de diámetro de aquí Cádiz, ya contenía en el gas que la envolvía la información sobre cuándo se va a producir el borrón y la cuenta nueva. El apagón que obligará a volver a repartir cartas. El tiempo, en grandes dosis, en dosis de caballo, es antisistema (solar). Y lo del pasado y el futuro, observado con la distancia con la que se ve una peli de anticipación (o sea, de época), no es más que un efecto especial. Un ‘efecto’ entre planetas o de lo que queda semiactivo o zombie, de ellos. Como cuando el que tiene el turno de saque en el ping-pong o en el tenis saca ‘con efecto’. Lo que se llama ‘hacer un extraño’. Y ya no sabes en qué hemisferio esta la bola. Ni puedes seguir su trayectoria. Ni recuerdas en qué instante ha salido eyectada. A eso se deben referir los que saben cuando hablan de ‘leer en las estrellas’ o leer en el cielo: una vez el big-bang lo petó, quedaron añicos de materia que reflejan entre ellos sus históricos (pasados o futuros, de no ser lo mismo) como el pabellón de los espejos de La dama de Shangai rebotaba fragmentos de los implicados en el drama, detonaciones, miradas. En la cristalografía estelar y en el gas que se liberó con su pulverización está el big data del planetarium en el que habitamos. Ésta debe ser la razón por la que siempre se ha dicho que no hay nada nuevo bajo la capa del cielo. Ya cuando a un ayudante de Edison le explotó la primera bombilla, le dijo a su jefe que era como haber visto explotar una estrella. Por cierto que Edison se lo descontaría del sueldo, seguro. Como ahora hace falta un relato para todo, ya se lo han hecho a esta estrella errante y agonizante. Y el texto, completado –como un juego literario de ‘cadáveres exquisitos- por varios institutos astronómicos de España, Reino Unido e Italia y no por Arthur C. Clarke (que hubiera pagado por inventar uno igual), podría ser la voz en off de una película que se iniciara con una pantalla en negro, y oyéndose esto: «La razón principal por la que estudiamos estas estrellas es que el Sol terminará siendo una de ellas. Cuando los planetas más cercano al Sol sean engullidos, las fuerzas de marea los acabarán desmembrando. Una vez el sol vuelva e encoger y se convierta en una enana blanca, quedará en torno a ella una nube de escombros muy similar a la que vemos ahora». De esa escombrera se pueden sacar restos que contengan incluso noticia acerca de cuál es la materia de la que está fabricado el núcleo de nuestro planeta, que es como el núcleo de una pelota para jugar a mano. Aunque una jugada ya sabemos que no elimina el azar. Como se ve, el sistema solar va con led y es reciclable. Y ya lleva incorporado el futuro en el pasado. Y viceversa. No cabe mejor plan energético.

Temas

Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular. Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.

Sobre el autor

Bernardo Sánchez Salas (Logroño, 1961) Escritor, Doctor en Filología Hispánica, guionista de cine y televisión y autor teatral: Premio Max en 2001 por la adaptación escénica de la película El verdugo y adaptador, también, de obras de Arthur Miller (El precio, nominado en 2003 al Max a la mejor adaptación), Tirso de Molina (La celosa de sí misma), Antonio de Solís y Rivadeneyra (Un bobo hace ciento) –ambas para la Compañía Nacional de Teatro Clásico-, Aristófanes (La asamblea de las mujeres), Edgar Neville (El baile), Howard Carter Beane (Como abejas atrapadas en la miel), Jeff Baron (Visitando al señor Green, nominado en 2007 al Max a la mejor adaptación) o Rafael Azcona (El pisito). Sus trabajos teatrales –realizados para unidades de producción públicas y privadas- han sido dirigidas por Luis Olmos, Jorge Eines, Tamzin Townsend, Juan Echanove, Sergio Renán, Esteve Ferrer, o Juan Carlos Pérez de La Fuente. Es también autor de textos teatrales originales como Donde cubre y La sonrisa del monstruo (dirigidos por Laura Ortega para la RESAD), El sillón de Sagasta (dirigido por Ricardo Romanos) y La vida inmóvil (dirigida por Frederic Roda). Ha publicado estudios sobre el dramaturgo del siglo XIX Bretón de los Herreros y editado algunas de sus obras; fue corresponsal de la revista El público. Autor del conjunto de relatos Sombras Saavedra (2001), publicado por José Luis Borau en “El Imán” y de monografías individuales y/o colectivas sobre Rafael Azcona, Bigas Luna, Luchino Visconti, Viçenc Lluch, José Luis Borau, Eduardo Ducay, Antonio Mingote, Pedro Olea, el Documental Español, la Literatura y el Cine en España o El Quijote y el Cine.


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