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Bernardo Sánchez Salas

Material escolar

Modo avión

Hasta ahora, había que activar el ‘modo avión’ sólo cuando te subías a un avión, por lo de no interferir con un wasup chorra en las conversaciones entre pilotos y controladores –decían-, y dejarlo así hasta después de aterrizar, en que volvías a despertarlo y a devolverlo a su modo normal, que no sé muy bien cuál es, porque los móviles ya van solos y te adivinan el pensamiento y si prefieres la leche entera o semidesnatada; vamos que muy normal no es. Pero a corto plazo, va a haber que activarlo justo cuando aterrizas y no desactivarlo ya nunca más en tu vida, para no interferir… en la rotación de la tierra, así están la cosas. La prensa ha revelado esta semana que la nueva telefonía –junto a otras formas de ‘vida inteligente’- anda a la búsqueda de su punto 5G, y que cuando lo encuentre y se implante –se calcula que en España para 2020- nuestra vida, tan rica en dispositivos, añadirá a sus ya grandes cualidades (dispositivas) de stress, absurdo, robotización, disolución y basura, la virtud de ser una nueva fuente de emisiones contaminantes; no mentales, que de esas también sabemos, sino medioambientales; que no solamente nos calentará los cascos, vaya, sino que contribuirá al calentamiento puro y duro del planeta. Y a desbordar los basureros de chatarrería obsolescente. Raúl Limón contaba el martes en El País, para que nos hagamos una idea, que cuando las interferencias sean de talla 5G, se elevará en un 2% la contaminación mundial y confundirán a los satélites que velan por la concentración de vapor en la atmósfera. Y que quien se descargue una serie gastará lo mismo que si dejara encendida una bombilla de 60 de los antiguos vatios durante 20 de las antiguas horas. Una serie normalita, de dos o tres de las viejas temporadas. Ya veo envueltos móviles y dispositivos en cajetillas alarmantes como las del tabaco: «DESCARGAR UNA SERIE AUMENTA EL CARBONO EN LA ATMÓSFERA», o «TU FACEBOOK NO ES SOSTENIBLE» (esto también se sabía ya, pero), o «USAR BLUETOOTH CAUSA UN IMPACTO AMBIENTAL» o «CADA VEZ QUE ENCIENDES TU TABLET LE QUITAS MEGAHERCIOS A LA BANDA DE LA TDT». O, directamente: «ACTIVE EL MODO AVIÓN PARA EL RESTO DE SU VIDA». Yo, de entrada, no sé muy bien en qué consiste el dichoso ‘modo avión’ que hay que activar a lomos de la aviación terrestre. Sí tengo una percepción más nítida del ‘modo aeropuerto’, que es previo y se activa sólo: controles, esperas, controles, esperas, más controles. Una vez en la nave, y ante la requisitoria de activar el ‘modo avión’ (la alternativa es apagarlo, pantalla en negro y eso es el final, adiós, da yu-yu), le doy al avioncito del móvil, y así se queda el aparato: en ‘modo avión’, que es, no sé, una especie como de aletargamiento, o de tontuna, o de medio hibernación. Ignoro, la verdad, qué le pasa a un móvil por dentro cuando se encuentra en ‘modo avión’; qué tipo de funciones se van a dormir, como dice el ordenador cuando lo apagas al final del día. El caso es que yo ya he empezado a practicar con el ‘modo avión’ en la vida diaria, por ver si así me adelanto a rebajar la fritura de la cúpula celeste. Y porque igual hasta me sienta bien para la hipertensión. Al cabo de una semana: pues hombre, yo diría que he perdido conectividad. Sí. Bien por otro lado, porque todo lo ves un poco desde arriba, ¿no? Y es cierto que parece que se hace así como un silencio. Aunque yo oigo todo el rato un zumbido, como de acúfenos, sobre todo cuando voy por la calle. Es raro, ¡eh! Lo de caminar en ‘modo avión’. Es un poco como si andaras pisando huevos. Hablas –en voz baja, siempre en voz baja- con desconocidos, interesándote por su destino y por sus profesiones. Cuando te montas en un autobús (no existe, por cierto, el ‘modo bus’ para los móviles) siempre buscas ventanilla. Sólo bebes botellitas de mini-bar, que no tienen en todos los sitios. Estás como adormilado. Me molesta bastante una almohada cervical en forma de luna, que no me la quito, claro, porque son muchas horas por ahí. La llevo en el trabajo, en el coche y me viene muy bien si voy al cine o al teatro. La gente te mira, pero yo así ni interfiero ni nada. Y hablando de dormir, ayer soñé que estaba dormido en el avión, cabeceaba un poco y el carrito del duty-free me daba un golpe en el cogote y perdía el conocimiento. No recuerdo haberme despertado. Te da, en fin, por no leer otra cosa que no sea la revista Iberia Plus; mirar al cielo siguiendo estelas de vuelos que se cruzan, adivinando sus trayectos y comer con cubiertos de plástico. Y estás todo el tiempo mirando dónde se encuentran las salidas de emergencia. O sea, lo de siempre, pero en ‘modo avión’.

Temas

Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular. Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.

Sobre el autor

Bernardo Sánchez Salas (Logroño, 1961) Escritor, Doctor en Filología Hispánica, guionista de cine y televisión y autor teatral: Premio Max en 2001 por la adaptación escénica de la película El verdugo y adaptador, también, de obras de Arthur Miller (El precio, nominado en 2003 al Max a la mejor adaptación), Tirso de Molina (La celosa de sí misma), Antonio de Solís y Rivadeneyra (Un bobo hace ciento) –ambas para la Compañía Nacional de Teatro Clásico-, Aristófanes (La asamblea de las mujeres), Edgar Neville (El baile), Howard Carter Beane (Como abejas atrapadas en la miel), Jeff Baron (Visitando al señor Green, nominado en 2007 al Max a la mejor adaptación) o Rafael Azcona (El pisito). Sus trabajos teatrales –realizados para unidades de producción públicas y privadas- han sido dirigidas por Luis Olmos, Jorge Eines, Tamzin Townsend, Juan Echanove, Sergio Renán, Esteve Ferrer, o Juan Carlos Pérez de La Fuente. Es también autor de textos teatrales originales como Donde cubre y La sonrisa del monstruo (dirigidos por Laura Ortega para la RESAD), El sillón de Sagasta (dirigido por Ricardo Romanos) y La vida inmóvil (dirigida por Frederic Roda). Ha publicado estudios sobre el dramaturgo del siglo XIX Bretón de los Herreros y editado algunas de sus obras; fue corresponsal de la revista El público. Autor del conjunto de relatos Sombras Saavedra (2001), publicado por José Luis Borau en “El Imán” y de monografías individuales y/o colectivas sobre Rafael Azcona, Bigas Luna, Luchino Visconti, Viçenc Lluch, José Luis Borau, Eduardo Ducay, Antonio Mingote, Pedro Olea, el Documental Español, la Literatura y el Cine en España o El Quijote y el Cine.


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