“From lost, to the river” | Material escolar - Blogs larioja.com

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Bernardo Sánchez Salas

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“From lost, to the river”

Los británicos, al final, se han apuntado al bombardeo. “Apuntarse a un bombardeo” es una expresión muy gráfica: venga, que total, tira oye, vamos a rematar esto, nos subimos al carro, ¿por qué no?, está hecho ya todo el trabajo. Gente, muchísima gente, que votó que no al Brexit ha ratificado ahora a Boris Johnson para que lo ejecute. ¿Cómo se come esto? ¿Qué ha cambiado en el ínterin? Nada: seguramente era en el fondo –lo acabamos de comprobar- lo que deseaba una mayoría absoluta de británicos, a los que se les había hecho creer que Europa les robaba (¿les suena, verdad, el meme?), aunque, en los primeros momentos de la opción, la de irse, ésta aún les generara algunas dudas y tribulaciones. Una resistencia vencida pronto a base de acumularse el lío, las artimañas, el desunionismo y los malos pelos. Al final, los británicos han preferido dejar de ser europeos antes que mantenerse indefinidamente, a plazos renovables, en un laberinto sin exit (un laberinto inducido, claro, amañado, como todos los que genera el nacionalismo). Laberinto que –no obstante- puede no haber hecho más que abrirse. Las reservas de muchos de los que en junio de 2016 dijeron al Brexit «de entrada, no» (o sea, «de salida, no», quiero decir) se han demostrado frágiles, precipitadas. Había –en realidad, y esto es evidente- menos anti brexiters y europeístas de los que parecía. Sólo hacía falta que alguien, un broncas, un populista punkie, les condujera hasta la puerta para decir: ¡ah!, coño, pues entonces ahora sí, ¿se puede, de verdad?, pues entonces salimos con este tío, nos apuntamos al bombardeo. Y dejarse de remilgos. Sólo cierto vértigo inicial –hecha la excepción de los que, desde un principio, conocían la escalada y alcance de las falsedades y distorsiones interesadas (pero es más que posible que hasta muchos de estos hayan cedido finalmente; si no, no salen las cuentas, calificadas de ‘abrumadoras’, y lo son)-, sólo un miedo preliminar, digo, había presentado al principio algunas pegas. Pero la estrategia de Johnson ha sido fabricar su propia máquina de miedo y de bloqueo. Su propio laberinto. Muy rentable y efectivo; haciendo creer, por supuesto, que el laberinto eran los otros; como el infierno son los otros. Haciendo creer –y así ha cundido en las calles y en la city– que la situación podría cronificarse de una forma irresoluble. Una tierra de nadie. Ante este escenario límite, de vacío, los británicos, ‘abrumadoramente’, han creído que no había opción, o que no había ninguna opción más pragmática que la de tirarse en plancha. Un europeísmo débil (equiparable, por cierto, al de muchos europeos, ¡ay!, ¡Europa!, ¡Europa!) no ha resistido la tentación –a la más mínima oportunidad que otorga el voto secreto en unas Elecciones- de entregar el mando de la nave al más irresponsable de sus tripulantes, con tal de ir a algún lado. Sin que se sepa muy bien cuál. «From lost, to the river», que se dice. Incluso al Ibex y a la libra se les ha alegrado la pajarita con lo que entienden será un desbloqueo que conducirá al cierre en casa y a estar en breve todos tan a gustito, con el te y la mascota, liberados de la Europa usurpadora. El egoísmo es una forma muy acreditada de hacer patria. Un seguro. El egoísmo hace los mapas. Y vuelve a relegar la solidaridad internacional a una quimera que las élites –generadoras de los argumentarios, agentes y estratagemas que nos han conducido a esta situación, y a otras análogas- no están dispuestas a sufragar. Sin duda, es un drama. Y una vergüenza. Reino Unido estará ahora lejos de Europa y más cerca de Rusia, de Estados Unidos o de China. Atentos a cualquier achaque que sufra la vieja dama, para sacar partido. Veo todas las mañanas en el frigorífico la pegatina con el I’M IN que nos regalaron nuestros amigos de Londres. La habían puesto en su buzón, en sus ventanas y en su coche en los días del referéndum. Y aún luego, con más razón. I’M IN: yo voto por seguir dentro, estoy dentro, soy dentro. Era su forma de decir que querían seguir estando en el mundo; no viviendo en un club.

Temas

Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular. Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.

Sobre el autor

Bernardo Sánchez Salas (Logroño, 1961) Escritor, Doctor en Filología Hispánica, guionista de cine y televisión y autor teatral: Premio Max en 2001 por la adaptación escénica de la película El verdugo y adaptador, también, de obras de Arthur Miller (El precio, nominado en 2003 al Max a la mejor adaptación), Tirso de Molina (La celosa de sí misma), Antonio de Solís y Rivadeneyra (Un bobo hace ciento) –ambas para la Compañía Nacional de Teatro Clásico-, Aristófanes (La asamblea de las mujeres), Edgar Neville (El baile), Howard Carter Beane (Como abejas atrapadas en la miel), Jeff Baron (Visitando al señor Green, nominado en 2007 al Max a la mejor adaptación) o Rafael Azcona (El pisito). Sus trabajos teatrales –realizados para unidades de producción públicas y privadas- han sido dirigidas por Luis Olmos, Jorge Eines, Tamzin Townsend, Juan Echanove, Sergio Renán, Esteve Ferrer, o Juan Carlos Pérez de La Fuente. Es también autor de textos teatrales originales como Donde cubre y La sonrisa del monstruo (dirigidos por Laura Ortega para la RESAD), El sillón de Sagasta (dirigido por Ricardo Romanos) y La vida inmóvil (dirigida por Frederic Roda). Ha publicado estudios sobre el dramaturgo del siglo XIX Bretón de los Herreros y editado algunas de sus obras; fue corresponsal de la revista El público. Autor del conjunto de relatos Sombras Saavedra (2001), publicado por José Luis Borau en “El Imán” y de monografías individuales y/o colectivas sobre Rafael Azcona, Bigas Luna, Luchino Visconti, Viçenc Lluch, José Luis Borau, Eduardo Ducay, Antonio Mingote, Pedro Olea, el Documental Español, la Literatura y el Cine en España o El Quijote y el Cine.


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