
Recientemente Subotnik, Worrell y Olzewski-Kubilius han propuesto una definición sobre giftedness que en sus términos originales, no la traduzco a propósito, dice (el énfasis es mío):
“Giftedness is the manifestation of performance or production that is clearly at the upper end of the distribution in a talent domain even relative to that of other high-functioning individuals in that domain. Further, giftedness can be viewed as developmental, in the beginning stages, potential is the key variable; in later stages, achievement is the measure of giftedness; and in fully developed talents, eminence is the basis on which this label is granted. Psychosocial variables play an essential role in the manifestation of giftedness at every developmental stage. Both cognitive and psychosocial variables are malleable and need to be deliberately cultivated”.
De aquí se derivan algunas cosas importantes para las personas más capaces, la escuela y la familia. Lo diré en tono jocoso: “el hombre (y la mujer, claro) no nace entero, se van enterando poco a poco”.
Dicho en serio, la capacidad es potencial y el fenómeno del que estamos hablando no corresponde a un atributo físico (es ridículo decir que unos ‘son superdotados’ y otros ‘no lo son’; y más ridículo todavía decir que lo son si tienen un CI de 130 (o superior) y no lo serán si es de ¿128?). Que la capacidad es potencial, significa que hablamos de capacidades naturales que han de convertirse en capacidades sistemáticamente desarrolladas, es decir en competencias, que es su grado máximo y después de miles de horas de trabajo duro y práctica deliberada es posible, solo posible, que se conviertan en excelencia o que se desarrollen incluso en grado eminente. Esto se aplica a cualquier ámbito de la actividad humana, ya sea intelectual, artística, física, etc.
Ya hace años Sternberg escribió sobre “Giftedness as Developing Expertise”. El título no puede ser más claro. De ese artículo ahora, dije que sería breve, rescato solo esta frase (no dejes de leerlo entero si verdaderamente te interesa este asunto):
“Gifted individuals, then, are those who develop expertise at a more rapid rate, or to a higher level, or to a qualitatively different kind of level than do non-gifted individuals”.
Luego la pericia se desarrolla, se adquiere, “no viene de serie”. En este sentido suelo decir que nadie nace nada, todos nacemos con capacidad para ser, o todos estamos en proceso de ser, que esto es la educación, un proceso de gradual desarrollo de lo que en principio no son más que dudosas potencialidades. Pero, no todos podemos lograr lo mismo porque nuestros “mimbres” no son iguales. La clave está en que cada uno sea todo lo que puede llegar a ser. Dicho de otra manera, el éxito de la educación se da cuando el rendimiento de las personas (en sentido amplio) se equipara a su potencial. Más claro aún, “el que pueda ser sabio que lo sea, el que pueda ganar el tour de Francia que lo gane…”.
No todos podemos llegar a ser eminentes, es evidente, pero tampoco los que tengan condiciones para serlo lo serán si no reciben las ayudas precisas. Lamentablemente en este país parece que se aplica el criterio de que “como no todos pueden ser, que no lo sea nadie”. ¡Muy inteligente postura!
Es, por ello, crucial comprender que para llegar a resultados excelentes, eminentes, sobresalientes o destacados, es preciso poner en juego no solo las capacidades intelectuales (o de otro tipo según el ámbito del que hablemos), también lo es el concurso de un buen número de variables de carácter psicosocial.
Así, Steven Pfeiffer señalaba, en una de las entradas citadas más arriba, que: “Además de la capacidad intelectual general, las capacidades específicas y un buen número de factores no intelectivos contribuyen de manera decisiva a configurar una trayectoria de éxito en los jóvenes más capaces. Por ejemplo, se ha encontrado que la práctica deliberada contribuye a predecir el rendimiento experto en muy diversos dominios. (…) La propia experiencia confirma que el trabajo duro, la recompensa diferida, y la autodisciplina también son críticamente importantes, incluso entre los estudiantes más capaces”.
De aquí derivo, ahora, dos consecuencias de extrema importancia, a mi modesto entender, para el sistema educativo en general y las escuelas en particular:
Os dejo con un vídeo de un reportaje de Informe Semanal del pasado sábado 4 de octubre, que ilustra muy bien lo que he querido señalar aquí. Si en lugar del deporte hablamos de la Física, la Pintura, la Literatura, la Filosofía, la Danza o cualquiera de las artes escénicas, por señalar algunos campos, se aplicarían los mismos principios.
Y claro, también se cumple aquí lo obvio, que: “Quod natura non dat, Salmantica non præstat”.
Pero esto no importa mucho porque el éxito de la educación está en que cada uno desarrolle su potencial de modo óptimo e integral, es decir, como persona. Lo que le llevará a ser feliz, fin último de la educación. Yo no me siento frustrado por no haber ganado nunca el Roland Garros, o porque no me hayan dado el premio Nobel, ¿y tú? Sí que me sentiría un poco frustrado si pudiendo ser pianista en mi escuela me lo prohibieran de manera sistemática, con el único argumento de que mis compañeros no tienen condiciones para tocar el piano.
¡Si ya veo yo que esto de la igualdad y la equidad no acaba de entenderse correctamente!