La Rioja
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Categoría: OTRAS DIFICULTADES
Pistas clave para cuidarme (7 de abril, Día Mundial de la Salud)

Llevar una vida sana es complicado hoy en día (la teoría nos a solemos saber pero la práctica es otro cantar). Los motivos, en mi opinión, se pueden reducir a dos grupos: por una parte, los entornos en los que vivimos son estresantes (prisas, jefes, polución…); y por otra, la mayoría vivimos desconectados de nosotros mismos. Me centrare hoy en este segundo punto.

Las pautas de expertos están bien. Lo que pasa es que nos encontramos con dos obstáculos: Primero, que a cada uno nos va bien una cosa diferente, con lo que o aprendes a sentir lo que a ti te va bien, o te vuelves loco entre tanto consejo científico y pseudo-científico. Y segundo, que me propongo andar un rato todos los días, por ejemplo, pero luego no lo consigo hacer -no siendo esto una cuestión de falta de voluntad porque observaréis que hay gente que tiene muchísima para otras cosas y no consigue cuidarse.

Es un tema muy complejo esto de la desconexión de uno mismo. Y no sólo afecta al hecho de comer más verdura sino también al resto de ámbitos de nuestra vida como puede ser decidir romper con una pareja o dejar un trabajo. Salud es saber escuchar lo que uno realmente necesita. Y esto incluye estar en la realidad, es decir, no hacerse el ciego sobre las posibles consecuencias de tus actos.

Os voy a dejar entonces un ejercicio que nos puede ayudar en todo esto, una pregunta guía para empezar a aprender a escucharte y a cuidarte:

¿Qué me sienta bien? No, qué me apetece  (comerme una napolitana)  o qué se supone que debo hacer (elegir una manzana)… sino qué necesita mi cuerpo y mi alma.

Y digo pregunta guía porque lo importante es empezar a hacerse la pregunta, no encontrar la respuesta. Es decir, esta pregunta ayuda a observar lo que surge en mi cuerpo, y a ir aprendiendo a escuchar lo profundo (lo que ocurre bajo los ‘debes’ y los ‘me apetece’).

¿“Lo profundo”? Qué es eso, diréis muchos. Es esa calma íntima que a veces siento cuando estoy relajado, o en la naturaleza, o escuchando música, o pintando, nadando…

A ver, a veces también es saludable pegarse un exceso. Quizá no para mi hígado;  pero sí para esa parte de mí que, si no se desfoga por lo dionisiaco, puede reventar de otra manera más peligrosa. La mayoría de nosotros no estamos “iluminados” con lo que es mejor desfasar con consciencia que reprimir. Y “con consciencia” me refiero a ver las posibles consecuencias y a asumirlas.

Otra cosa importante es que además si uno se escucha, no es ningún sacrificio cuidarse. Al revés, lo disfruta. Por eso me gusta tanto la palabra cuidarse… ¡porque es cui.darse!

Tampoco es egoísmo ya que sólo si uno está centrado puede abrirse de verdad a los demás. Y, por supuesto, no hay que confundir el cuidarse (como si uno fuera su propio hijo) con la obsesión actual con la imagen: lo primero es desde la ternura hacia uno mismo y lo segundo es desde un exigirme tener un determinado aspecto para sentirme válido.

También es cierto que a menudo no sabemos cuidarnos. No es que no queramos, es que por nuestra historia no lo hemos aprendido, no nos han enseñado (en global o en algún aspecto concreto). En este caso, lo que toca es crearnos nosotros mismos ese sostén sabio interior, que nos acoge incondicionalmente y nos guía con ternura. Esta bonita ilustración de Duy Huynh lo ejemplifica.

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Para acabar con algo concreto os propongo que penséis cómo regáis actualmente estas 5 áreas, de las que, para mí, depende la salud: -Alimentación; -Ejercicio; -Descanso; -Relaciones positivas; -Cosas que me miman el alma (naturaleza, creatividad…)

Hasta la próxima, navegantes!

(Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño, autora del libro Minimapas para TormentasFBTw Ln)

(lestoilesdaz.deviantart.com)

(lestoilesdaz.deviantart.com)

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A propósito del Día Mundial Contra el Cáncer

El 4 de febrero es el Día Mundial Contra el Cáncer y yo como de costumbre quiero ir un poco contra corriente porque está genial eso de luchar, no rendirse, ser fuerte, ser positivo… pero ni es el ideal ni mucho menos la obligación.

Claro que es más guay, más agradable, tanto para la persona ¡como para el entorno! que ésta no se asiente, se perpetúe, por ejemplo, en la queja… pero, joe, recordemos que cada uno reacciona como puede. Eso sí, esto no quita que asuma su parte de responsabilidad en las reacciones de los otros, por supuesto.

Y es que no hay una manera ideal de afrontar la enfermedad, como se nos trata de imponer. A algunos, por su personalidad  previa, les sirve la palabra lucha. Pero a otros, este “tener que ser fuerte” les añade, al sufrimiento que ya tienen, el sentimiento de culpa por no ser capaces de tener esa actitud  que supuestamente depende de su voluntad.

Además, la actitud hacia la enfermedad influye sí (en cuanto a que va asociada a hábitos más saludables y a tener más ayuda de la gente) pero lo determinante para curarse es la calidad del sistema público de salud, la investigación que se realiza y el apoyo instrumental y emocional del entorno y la comunidad (ejemplo: el proyecto “Vivir con luz propia” busca, según tengo entendido, recuperar el apoyo mutuo de antaño entre vecinos). Lo que pasa es que en esta cultura hacemos depender todo de lo individual para escurrir el bulto así de nuestra responsabilidad como comunidad. Copio a este respecto un párrafo de Javi Vega que incluí en el post “Cuando lo real de la vida nos sacude el alma”:

“Me revienta el concepto de enfermo luchador. Me revienta porque no concibo que nadie que se muera haya perdido ninguna lucha ni porque haya ningún mérito o demérito en sobrevivir o sucumbir a un cáncer. // Pero sobre todo me revienta porque ese término, luchador, lo inventó alguna persona sana para hacer más cómoda una verdad que incomoda a la que luego se añadieron otras como carrera o ejemplo de lucha. // Por cierto, mientras se nos llenan la boca con estas cosas tan cuquis, se recorta como nunca en investigación y hay una enfermera para 22 pacientes en el turno de noche en la planta de oncología”.

Por último, cada persona vive su proceso de una manera distinta según sus características personales, las de su momento y las de su entorno. Algunas crecen, otras no. Unas lo afrontan como un maratón, otras se centran en sufrir lo menos posible, otras lo viven como un viaje de auto-conocimiento y/o espiritual (ejemplo “Mientras despierto”). Unos luchan hasta el final. Otros abandonan como la maravillosa Suzi Stroke. Y cada uno de estos tan diferentes caminos pueden ser igual de adecuados y respetables.

Actualmente la supervivencia del cáncer es, por fortuna, alta. Sin embargo sigue siendo la palabra que más nos asusta escuchar de boca de un médico. La asociamos inmediatamente a “muerte” y a ésta le tenemos demasiado miedo. Y este “demasiado” nunca ayuda. Pero de esto os hablaré en otro post. Hoy “sólo” os recomiendo escuchar a Enric Benito. Hasta la próxima, navegantes.

(Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño, autora del libro Minimapas para TormentasFBTw Ln)

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Micro-reflexión para el 3 de diciembre (Día Internacional de las Personas con Discapacidad)

El 3 de diciembre es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Y hoy os dejo estas 170 palabras, que escribí hace tres años,  para que os hagan pensar un poquillo;)

Como trataba de simbolizar la frase de mi primer logo “con mi silla y mis alas”, todo el mundo tenemos nuestras limitaciones y potencialidades; y son el conjunto de todas ellas lo que nos hace maravillosamente únicos. Sin embargo, tanto unas como otras dependen del entorno donde vivamos. Y si yo no contara, por ejemplo, con mi querida silla de ruedas eléctrica, no podría desarrollar muchas de mis alas.

Esto, como veis, se nos puede aplicar a todos, tengamos o no discapacidad. Al igual que el tema de los prejuicios, que son las gafas que no nos permiten ver al individuo más allá de la etiqueta.

Por eso no me gusta cuando se iguala tener una discapacidad a ser inspirador: son prejuicios, aunque sean aparentemente positivos. Y tampoco la frase “la única discapacidad es una mala actitud”… porque, por mucho que sonría, las escaleras para acceder a ese determinado edificio no van a desaparecer.

Ah, y recuerda que una enfermedad, un accidente o la vejez te pueden colocar al otro lado.

P.D.: Os dejo también esta provocadora entrevista a Raúl Gay de este septiembre  para los que queráis seguir cuestionándoos cosas;)

(Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño, autora del libro Minimapas para Tormentas, 2ª edición, FBTw Ln)

Imagen para el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

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Mi historia en 850 palabras (Día Mundial de la Parálisis Cerebral)

El primer miércoles de octubre es el Día Mundial de la Parálisis Cerebral (#DMPC) y en 2015, por esta fecha, os dejaba una breve pero intensa reflexión general sobre este tipo de discapacidad (ver minimapa 600 palabras para cuando te encuentres con la parálisis cerebral). Hoy, sin embargo, he decidido hablaros un poco de mí. Pienso sobre todo en los padres, familia, entorno y profesionales de niños con parálisis cerebral. Pero también en cualquier persona que caiga por casualidad en este post… pues mis dificultades motoras las puedes extrapolar a esas a las que, a ti lector, te toca enfrentarte en tu vida. Todos tenemos dificultades (algunos más que otros, eso sí) y las mías (bueno, parte de las mías) sólo son más visibles.

Este minimapa va a ser brevito. A lo mejor cuando sea viejecilla me anime a contaros mis aventuras y desventuras, que han sido de lo más variopintas, la verdad.

Tengo parálisis cerebral desde el nacimiento (1975). Utilizo habitualmente una silla de ruedas eléctrica y tengo dificultades para manejar las manos, hablar y, en general, controlar los músculos de mi cuerpo.

Al cumplir el año comencé la fisioterapia, poco después la logopedia y a los cinco el cole (primero en un aula especial y en 1º de EGB ya en una “normal”). Combinar todo esto ahora veo que debió de ser duro pero, como suele pasar (y basta pensar, por ejemplo, en los niños de las calles de la India), lo vivía con ligereza y alegría (tanto lo físico del sobre esfuerzo, como lo emocional del rechazo y otras cuestiones). Luego llegaron las operaciones de espalda junto a la adolescencia, y con ellas un retraimiento social total. Por fortuna me fui a estudiar fuera (Farmacia a Pamplona) y a partir de ahí comencé, poco a poco, a retomar las riendas de mi vida.

No tengo duda de que he llegado a donde he llegado gracias a mis hermanos, mi padre y, fundamentalmente, mi madre (aunque, claro, como todo ser humano tenga sus “cositas”, jeje; además de que en mi proceso interior ha sido el vínculo más importante a trabajar). Lo han hecho requetebién, la verdad. Ejemplos: tan importante es la fisio como el jugar; si te caes, te levantas y ya está, como tus hermanos; y, como ellos, primero los deberes y luego la tele; e ir a un cole normalizado me permitió desarrollar habilidades sociales y de empatía, que considero esenciales. Fuera de familia y amigos he de decir que, en vez de apoyos, he recibido obstáculos (ah, y muchísimas palabras bonitas y de admiración, que, claro, se las lleva el viento). Pero esto lo dejo para comentar, quizá, en otra ocasión.

Durante farmacia, me fui un verano con una familia a EEUU, me saqué el carnet de conducir (otra de las cosas de las que me sentía incapaz), y también tuve muchísimos problemas físicos por el sobre esfuerzo. Acabe entre los cinco mejores expedientes de mi promoción y comenzó una época oscura de búsqueda de trabajo.

En esta temporada seguía con mi automático de “hacer-hacer-hacer y no escucharme”, que tan lejos me había llevado. Sin embargo, por suerte, la Vida me fue conduciendo a estar más sensible a mi voz interior y así dejé un trabajillo que tenia y, con la oposición de casi todo el mundo, me fui a Salamanca a estudiar psicología, manteniéndome con mis ahorros. No sabía a dónde me llevaría aquello pero me lancé a la piscina de mi deseo. Acabé en poco más de tres años, preparé el PIR (equivalente al MIR de medicina) y obtuve el número uno.

Realicé la residencia en Zaragoza y Barcelona. Luego trabajé en centro de salud. Y posteriormente para asociaciones y en consulta privada, donde continúo actualmente acompañando a todo tipo de personas. La psicoterapia es claramente mi pasión y lo que se me da bien hacer (me suelen decir que mi hablar es diferente; mi escucha en consulta, transformadora), y me siento realmente afortunada por haber encontrado mi deseo, mi río, y dejarme llevar por él, a pesar de remolinos y demás dificultades (externas e internas).

En Zaragoza también comenzó definitivamente mi viaje interior. Desde entonces he cambiado muchísimo y me ha pasado de todo. He vivido mucho tiempo sola y me encanta. Ahora vivo con mi pareja y también me encanta. Me gusta viajar sola; reírme con mis amigos; meditar; desfasar; sentir lo que siento por mi chico… Y alcanzar todo esto no ha sido nada nada fácil.

Todos somos diferentes y cada cual a de des-cubrir (construir) su propio y singular camino. O sea que nada de ejemplos ni inspiraciones. Yo a veces me siento una cabra que intentó ser oveja y acabo el post con esta cita, que me encontré el otro día y me resuena muy profundo:

“Todo lo que nos sucede entendido adecuadamente, nos conduce a nosotros mismos.” Carl Gustav Jung.

(Mercedes García-Laso, psicóloga clínica en Logroño. Texto incluido en su libro Minimapas para Tormentas, 2ª edición, FBTw Ln)

Paralisis cerebral

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¿Y si necesitabas haberte equivocado? (breve clave sobre el sentido de culpa y errores en Alma Salvaje)

Hace año y medio, o así, vi una película que me impactó y que me viene mucho a la cabeza cuando trabajo. Hoy quiero hablaros de ella, no como análisis (ya que no la veo desde entonces), sino  porque expresa muy bien un mensaje que considero fundamental. Se trata de Alma Salvaje  de Jean-Marc Vallée, protagonizada por Reese Witherspoon (que interpreta a Cheryl) y basada en una historia real (Nota: evidentemente este post es spoirler pero, en mi opinión, en esta peli esto no tiene  mucha importancia).

En la escena final Cheryl dice: “Si pudiera volver atrás en el tiempo, no haría nada de forma distinta… ¿Y si todas las cosas que hice fueron las que me trajeron aquí?”. Y con ‘todas las cosas que hice’ incluye la escalada autodestructiva que comienza tras la muerte de su madre (engañar a su pareja, dejarse usar sexualmente, heroína…). Y es que la vida es definitivamente un misterio, al igual que los extrañísimos recorridos que a veces necesita recorrer el alma.

A mí esta idea me llega mucho. No como un destino o una excusa para no asumir mi responsabilidad. Sino como un no saber lo que es bueno para el alma (ni para la mía ni para la del otro). Es decir, este mensaje me coloca en la humildad de que la vida sabe mucho más que yo.

Una persona herida hace lo que puede para salir adelante. A veces este ‘hacer’ le lleva a la muerte, como le podía haber ocurrido perfectamente a Cheryl. Otras veces, sin embargo, si conseguimos ir elaborando lo que nos sucede, acabamos el camino habiendo subido de octava. Y esto es lo que le pasa a Cheryl recorriendo a pie los mil kilómetros de la Pacific Crest Trail, que inicia, sin saber por qué, cuando casi ha tocado fondo en su espiral hacia la muerte (pues logra elaborar caminando el duelo patológico y la culpa que la aplastaban) .

Esta durísima ruta que ella hace, casi desde Méjico a Canadá, es una magnífica metáfora de un proceso de psicoterapia (a lo bruto, claro, pues la labor del terapeuta es cuidar y facilitar). A la vez que muestra que la terapia no es, para nada, la única vía para elaborar heridas. Pero hoy no quiero entrar en esto. Y tampoco en otras geniales metáforas que plagan esta película. Quiero sólo incidir en la idea del 2º párrafo:

Si transitamos la culpa y todo lo que ella oculta, encontramos el sentido profundo y nuestra mente se abre a las preguntas sin respuesta. Quizá es que mi alma necesitaba pasar por esos infiernos para llegar a conocerse, evolucionar e integrarse y para que en la vida me apareciesen otras posibilidades. O quizá no.

En todo caso, os recomiendo muy mucho esta película ;)

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas, 2ª edición)

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Enfermedad, muerte… pistas para cuando lo real de la vida nos sacude el alma

En general, conforme nos hacemos mayores los problemas se tornan más reales. Es lo que yo, al menos, estoy viviendo los últimos tiempos, al encontrarme, casi día tras día, con enfermedades y muertes cercanas.

De crío te agobias por el trabajo, el novio… aunque las muertes y enfermedades que tocan alrededor te duelen mogollón, te dejan como el poso de que son algo puntual, un duelo que has de pasar para seguir con los interesantes proyectos que te esperan en el futuro. Hablo –repito e insisto– en general (es decir, lo que creo que ocurre, más o menos, a muchos jóvenes en nuestro entorno).

Sin embargo, llega un día en que lo anecdótico comienza a transformarse en habitual, además de que tú mismo ya vas sintiendo en el cuerpo el paso del tiempo. A gente de tu edad, y más jóvenes, les aparece un tumor chungo; tus padres envejecen; amigos de ellos fallecen; amigas tuyas se convierten en enfermeras a full-time… Y no sé, cada uno esto lo vive de una manera diferente pero creo que a muchos nos hace sentir que ya somos “adultos”.

Además, como el ser humano es tan egocéntrico, todo esto nos suele confrontar (la mayoría de las veces de forma inconsciente) con nuestra propia muerte, nuestra propia vulnerabilidad. Y también, como es mi caso, con asuntillos antiguos que aun tenemos sin elaborar.

Escribo todo esto empujada por lo que sucede a mi alrededor, por lo que se me mueve dentro y por ciertos post que, como extrañas sincronías, van apareciendo en mi camino y que quiero compartir en este minimapa con todos vosotros. Es mi manera de ampliar perspectivas, que es lo que siempre busco en mi trabajo y para mí misma. Rescato dos, uno pivotado en lo individual y otro en lo social:

1. Mientras despierto de Ana Baza: Blog de una terapeuta gestalt a la que diagnosticaron un cáncer de pulmón este enero. Es un diario para ella, para estar presente, para redescubrirse mientras dura el viaje y a la vuelta. Os lo comparto tanto para los que estáis en estas mega tormentas, como para los que acompañáis a estos viajeros, y para todos los que queremos caminar por la vida de una forma más auténtica y real. (Escribe desde su particular personalidad y es sólo su particular viaje ¡no olvidéis esto nunca!).

2. Los enfermos no son luchadores. Post que coincidió en el tiempo con la siguiente publicación en FB de Javi Vega: “Me revienta el concepto de enfermo luchador. Me revienta porque no concibo que nadie que se muera haya perdido ninguna lucha ni porque haya ningún mérito o demérito en sobrevivir o sucumbir a un cáncer.

Pero sobre todo me revienta porque ese término, luchador, lo inventó alguna persona sana para hacer más cómoda una verdad que incomoda a la que luego se añadieron otras como carrera o ejemplo de lucha.

Por cierto, mientras se nos llenan la boca con estas cosas tan cuquis, se recorta como nunca en investigación y hay una enfermera para 22 pacientes en el turno de noche en la planta de oncología”.

El cáncer no se trata de ser valientes, ni de luchar, ni de vencer. Porque donde hay valientes hay cobardes, donde hay vencedores hay vencidos, y donde alguien lucha alguien pierde. Así que poned atención a esos “tienes que ser fuerte”, ”tienes que luchar”, “sé valiente”, “no te rindas”. Y tengamos presente que en una enfermedad lo más influyente es la calidad del sistema público de salud, la investigación que se realiza y el apoyo instrumental y emocional del entorno y la comunidad.

Complejo esto del enfermar y del envejecer ¡y del vivir en general! (otro texto interesante a este respeto es esta reflexión sobre historia del Santo Job de M.Cruz Estada, que además aporta un diferente significado a lo que para mí es Aceptación).

Sin embargo, quiero acabar hoy con un párrafo de Ana Baza, que me retumba en las entrañas y resume lo que un día escribí sobre la insignificancia. Es para mí un faro esencial que intento, cada día, tener presente:

“Y así es nuestra vida, igual que aquella maravillosa, y creo que aún insuperable, escena en Blade Runner donde el replicante, interpretado por Rutger Hauer, habla de nuestra insignificancia y la búsqueda del sentido de la vida.. “y desapareceremos como lágrimas en la lluvia“. Siempre me ha estremecido esta escena y ahora se me cuela entre los huesos como la humedad en invierno. La vida continuará, sin alterarse un ápice, en el mismo milisegundo en que yo desaparezca, entonces para qué tanto esfuerzo en ser algo, en decir, en hacer, en buscar un sitio que en realidad ya ocupo por el mismo hecho de existir. Para qué tanta pelea, tanto disgusto, tanto pensar y planificar. Para qué poner la energía en mostrarme en el mundo, en vez de en el mismo acto de existir y estar en él por derecho propio. “

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas).

Replicante Blade Runner pistas ante la muerte, enfermedad y lo real de la vida

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Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.