La Rioja
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Día de la Mujer, compartiendo experiencias y reflexiones muy personales
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Mercedes Garcia-Laso | 08-03-2016 | 06:36

Tal día como hoy hace dos años, escribí el siguiente artículo para la edición impresa del periódico La Rioja. No es estrictamente un mini-mapa pero lo recupero como tal para este blog, hoy Día de la Mujer, esperando que os sea de utilidad. Hasta la próxima, navegantes!

*** Diario La Rioja, 8 de marzo de 2014, página 20:

Me llamo Mercedes, soy mujer y tengo una parálisis cerebral de nacimiento que me hace ir habitualmente en silla de ruedas y tener dificultades en manos, habla y respiración. “A pesar” de estas dos características y de que tengo épocas mejores y peores, me va la “escalada”, jeje, y soy licenciada en psicología y farmacia; obtuve el número uno en el PIR (equivalente al MIR de medicina) entre 2000 aspirantes; he trabajado en Logroño, Zaragoza y Barcelona; conduzco; y vivo sola. Por todo ello, desde el periódico La Rioja me han invitado a compartiros experiencias y reflexiones hoy 8 de marzo, día de la mujer.

Actualmente trabajo, entre otras cosas, en un programa de atención a la mujer con discapacidad. Éste nace a partir de la doble discriminación (no es simplemente una suma) que sufrimos este colectivo, avalada por numerosos estudios. Aunque cada situación es diferente, en general, y por citar sólo un ejemplo, mientras que al hombre con discapacidad  se le anima a trabajar, ser independiente, tener pareja, hijos; a nosotras se nos relega a tareas dentro de la familia de origen.

Hoy, sin embargo, mi enfoque quiero que sea otro.  Todo el mundo tenemos limitaciones, y quizás al ser las mías tan evidentes, puede ayudar a hacer más visibles cuestiones que, a mi parecer, afectan a las mujeres en general: Simplemente por nacer con vagina, nos van construyendo más y más obstáculos que nos ponen la vida mucho más difícil. Obstáculos que son tanto externos –desigualdades, maltratos…–; como internos, en nuestra propia identidad como mujer, lastrada por siglos de dolor, sometida a rígidas plantillas sociales y sin contacto auténtico con nuestro cuerpo, con nuestra naturaleza.

Como tantas y tantas mujeres, he tenido que luchar día a día por salir adelante: En mi caso, de niña, fisioterapia diaria, cuadernos embadurnados de sudor por intentar escribir, momentos de rechazo en el parvulario…; Negra soledad en la adolescencia; Luchas por vencer mi extrema timidez en mi juventud; Y siempre siempre la exigencia, el esfuerzo… el esfuerzo para vestirme cada mañana… para no rendirme ante las continuas dificultades extras que desde afuera me colocan… para demostrar que valgo, que soy capaz… para ser aceptada…

Por suerte conté siempre con el apoyo esencial de mis padres y hermanos, y posteriormente de otras personas mágicas que la vida me ha ido regalando. Gracias a ellos, una pizca salvaje en mi pecho nunca calló del todo, y no sólo continué bregando con las adversidades sino que pude ir ganando libertad en la elección de mis pasos. Y así llegó mi pasión –la psicoterapia–; comenzar a trabajar profesionalmente en ello; y un nuevo camino interior de mano del descubrimiento en mí de la espiritualidad, sostén que ha hecho posible que se abran puertas desconocidas hasta entonces o aparentemente selladas para siempre.

Una de ellas –y que me centro en ella por el día en que estamos– fue que… mi cuerpo ya no es mi cuerpo, sino que yo soy mi cuerpo, cuerpo de mujer… ese cuerpo de mujer tantas veces silenciado en la historia, y en mí agazapado, ignorado, para no sentir el abismo que me separaba de aquellas bellísimas modelos… de esa jovencita que paseaba de la mano con su chico por el parque… de los tacones que descendían las escaleras de la discoteca.

Hoy me siento, por tanto, cada vez más mujer, con mis cualidades masculinas y femeninas; a la vez que tomo distancia de todo lo que se supone que es, o no es, una mujer… pues no hay ideales: ni el éxito como competitividad y eficiencia, que nos obliga a las mujeres a valorarnos con patrones masculinos; ni la mujer  como objeto, que nos somete a cánones de belleza imposibles; ni el rol de cuidadora que también se nos impone; ni ningún otro “tienes que ser así” que hemos asumido desde niñas, o ante el cual nos hemos revelado sin la necesaria introspección  y reflexión previa.

Cada una ha de encontrar su forma de ser mujer, sintiéndola sólo como una entre las posibles. Y este es, según mi perspectiva, el camino hacia dentro…. Íntimamente vinculado, sin embargo, al camino hacia afuera (como ocurre con cualquier etiquetación), que es precisamente lo que pretende dar sentido a la celebración de este día.

No voy a entrar ahora en la necesaria lucha contra la discriminación que sufrimos las mujeres, sino que voy a concluir este pequeño escrito con un sentir mío particular que lanzo al viento:

He caminado mucho y duro…  y me queda por delante más de lo que podré recorrer… aunque en realidad, el camino es el destino. Y es que la vida es una incierta travesía de rosas y espinas… pero en la que yo cada día recojo frutos que jamás soñé.

Por eso os animo, mujeres, mujeres y hombres, a seguir para delante a pesar de los pesares… y a aplicar consciencia para que los círculos se conviertan en espirales.

Para mí la consciencia es fundamental, fundamental para que nos cuestionemos este mundo donde los valores masculinos rigen hegemónicamente la forma de pensar y sentirnos tanto de hombres como de mujeres, donde se aplaude sólo al “ganador” y se menosprecia la humildad del anonimato; fundamental para que  hombres y mujeres seamos auténticos compañeros de viaje; y fundamental para que hagamos real el principio ético de que cada ser humano en su irrepetible particularidad, es igual de válido que los demás.

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.