La Rioja
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Emociones
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Mercedes Garcia-Laso | 24-03-2015 | 20:07

Antes de ayer me encontré con el tráiler de Inside Out, película de Disney-Pixer que llegará en verano, cuyos personajes principales son las cinco emociones básicas que viven en la cabeza de una niña de 11 años. Así que se me ocurrió dedicar el minimapa de esta semana a dejaros unos apuntes fundamentales y esenciales para la cartografía de cualquiera, independientemente de su edad, sobre el mundo emocional, continuando, por otra parte, lo iniciado en el post “¿Cómo controlar pensamientos y emociones?”.

Me pisan en el autobús y me dice la mujerica “ay, disculpe”. Contesto “no se preocupe, no pasa nada”. Y sigo con mi día con el pie dolorido y una tensión en el cuello que atribuyo a la almohada.

Esto nos pasa a muchos en nuestra cultura. Tenemos la creencia implícita de que sentir “enfado no justificado” es de mala gente. No nos permitimos el flujo natural de la experiencia: me pisan → siento el dolor físico → emerge rabia → la noto y la observo (si es necesario la respiro para no actuarla) → y sólo después de sentir, reflexiono que ha sido un accidente, y actúo en consecuencia. Esto, por supuesto, es el ideal, pero como tal nos sirve de guía;)

Hablo de emociones, no de sentimientos o estados de ánimo, y básicamente son: rabia, tristeza, miedo, alegría, ternura, asco, erotismo, poder, sorpresa. Las cuatro primeras las incluyen todos los autores, en el resto hay cierta discrepancia.

Aprender a identificarlas y observar cómo cada uno, y en cada momento, las vive en el cuerpo es fundamental para la salud física y mental: ni evitarlas ni bloquearlas (por ejemplo, racionalizando), ni tampoco engancharse a ellas azuzándolas con pensamientos; sí, estar atento a qué te dice y dejarla fluir.

Para acabar hoy, vamos a ver las luces y las sombras de las cinco primeras que he nombrado, pues creo que os sorprenderá;)

La alegría nos impulsa a salir al mundo pero tiene el peligro de servirnos para conductas de evitación (“eternos peter-panes”, “cigarras en exceso”…) y en experimentos se observa que los sujetos contentos detectan menos el engaño, son menos escépticos y su estilo de conocimiento es más estereotipado (menos atento a los detalles y la novedad).

La ternura nos permite conectar con el otro sin juicio, y el “dar y recibir” esencial para la vida; sin embargo, puede llevar a la dependencia y el proteccionismo.

Por otra parte, las otras tres emociones que tanto detestamos también son imprescindibles. Sentimos rabia cuando algo nos llega como injusto, y nos lleva a la acción, a protegernos, a poner límites; su sombra es claramente los peligros de la agresividad (que comentaré otro día porque tenemos mucho lío con este tabú).

Si nos falta algo o lo perdemos, sentimos tristeza… y ésta nos conduce a la introspección tan necesaria para parar, replantearnos cosas y crecer (es decir, vivir más auténticamente y no sólo dejarnos llevar por la maquinaria en la que estamos engullidos en el día a día). Además permite la creación y el reconocimiento de lo bueno que hubo (valoramos poco el echar de menos)). La cruz es evidente: la depresión.

Por último, el miedo nos protege y nos señala peligros y límites (¡y deseo! pero esto os lo explico otro día). Sin embargo, también nos puede bloquear o llevarnos a la soledad.

Naturalmente las cosas son mucho más complicadas y, por ejemplo, la rabia muchas veces oculta tristeza, y viceversa. Además cada uno tenemos adicción a alguna de ellas, o adición a no-sentir, y como toda adicción, nos hace daño (directa o indirectamente). Y por otra parte, contamos con otra adicción extra que se nos impone desde el sistema en el que vivimos: la adicción a la alegría, pues se nos exige ¡hay que estar alegres y haz lo que sea para ello! (os dejo enlace y la pregunta: ¿por qué tanto interés en que sólo vivamos la alegría sin ningún reparo?). Lo dicho, muy complejo… y eso que no hemos entrado en las emociones llamadas secundarias (que aparecen a partir de las comentadas hasta ahora… ejemplo: la envidia es rabia y deseo, siendo la luz de esta sombría emoción el reconocimiento de éste último).

En fin… emoción viene del latín emotĭo, que significa “movimiento o impulso”… son aquello que nos mueve… y como dice Humberto Maturana “los seres humanos somos seres emocionales que usamos la razón para justificar u ocultar nuestras emociones”. Aprender a escucharlas y responsabilizarnos de ellas da color, profundidad y guía a la vida.

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.