La Rioja

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Mini-mapa para hijos con padres ancianos, dependientes (en 6 puntos)
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Mercedes Garcia-Laso | 24-11-2016 | 06:45

Cuidar a los padres cuando éstos envejecen, enferman, cuando pasan a ser dependientes, es en general una de las situaciones vitales más estresantes. Cada caso es particular, diferente al resto, pero hoy voy a intentar dejaros ciertos puntos importantes con la intención de que os sirvan de recordatorio para no perder el rumbo ante tan incierta travesía.

1. Lo primero, y antes de todo, insisto en lo señalado en el párrafo anterior: el proceso que viven los hijos cuando los padres pasan a ser dependientes de ellos es complejo y requiere mucho esfuerzo psíquico continuo de elaboración y re-elaboración internas.

Los padres están acostumbrados a dar “ordenes”, con lo que el recibirlas no lo suelen llevar muy bien (lo entrecomillo porque, como podéis entender, es una simplificación gráfica, metonímica). Los hijos, por su parte, tampoco saben cómo hacerlo. Nadie les ha enseñado, ni preparado, a ninguno de los dos lados para este cambio de roles.

Además suelen emerger en estos momentos de reajuste, asuntos inconclusos personales y familiares (de ahí que por ejemplo, surjan conflictos entre los hermanos). Y toca también bregar con emociones complicadas como la culpa o la rabia. Es por todo esto por lo que suele ser más fácil cuidar a otros que a los propios padres.

2. La clave está en ir continuamente buscando el equilibrio, particular de cada uno, entre honrar la vida y honrar a los padres. Lo primero tira hacia el futuro (mis propios hijos, mis proyectos, mis ilusiones); y lo segundo alude al respeto que les debo a mis padres por haberme dado la vida.

3. Para esto (es decir, el punto 2), es fundamental tener siempre presente que lo importante no es tanto lo que hago sino desde dónde lo hago.

Por ejemplo, antes existía el mandato, la imposición social, de “debes cuidar a los padres” para la mujer de la familia a la que le “tocaba”. Ahora parece que lo que se nos impone es “si cuidas a tus padres eres una pringada”. Con lo cual nos movemos entre dos aguas sintiéndonos culpables o mal hagamos lo que hagamos.

Por eso es fundamental que nos paremos a ver desde dónde decido algo: lo hago por evitar la culpa u otro malestar, o lo hago desde un espacio de cierta libertad y calma?

4. Importantísimo, señoras y señores, recordarnos a fuego eso de “cuidar al cuidador” (si no te cuidas, no puedes cuidar). Y para ello os dejo cuatro esenciales:

4.1. Charlas con buenos amigos y/o grupos-talleres de apoyo o acompañamiento de un profesional (pues imprescindible contar con cierta visión externa sobre la situación que uno está viviendo; al igual que un espacio de comprensión y desahogo). 4.2. Momentos para recargar pilas y desconectar (desde un vermú torero hasta un paseo con el monte). 4.3. Espacios de reflexión y elaboración de lo que uno está viviendo y de lo que necesita (puede ser incluso a través del dibujo). 4.4. Ayuda externa y bajar exigencias ¡fundamental dejar de intentar ser superwoman o superman y de, por ejemplo, pretender que las cosas se hagan como yo considero que han de hacerse!

5. En estos temas familiares a veces nos liamos con lo justo y lo no justo… y yo defiendo la compatibilidad del “comprender” con el “pedir responsabilidades”.

Por ejemplo, juzgamos a los que no van a ver a los padres sin saber los motivos, sin haber recorrido su historia con sus zapatos. Pero otras veces se nos olvida que esto no les exime de su responsabilidad sobre sus actos actuales.

En mi opinión, la ética es un concepto que alude a uno mismo y comienza por comprenderse. El concepto de justo es más complejo: por una parte, he de poner límites (es decir, que las actuaciones del otro tengan consecuencias), y por otra, asumir la situación (ejemplo, los hermanos que me han tocado; dejar de darme cabezazos contra la pared) y desde ahí actuar con lo mío.

6. Estas situaciones nos confrontan con mucho (intensidad emocional, rabias, angustias…) y la consciencia al transitarlas lo convierten en un profundo proceso de aprendizaje… más, mucho más, potente que dar la vuelta al mundo con mochila al hombro.

Pero no es estar todo el rato consciente sino… prestar más atención al sentir, al cuerpo, al “aquí y ahora”; encontrar momentos para parar; y permitir el tiempo para que las cosas asienten por si solas, aguantándome en el “no entender”.

Descubrimos entonces partes desconocidas de nuestros padres y de nosotros mismos; la belleza de lo cotidiano y también de los momentos críticos; y otros tesoros y herramientas para nuestro viaje… que quizá, y probablemente, también nos lleve a ser ancianitos dependientes de los demás.

Anoche, ante el cielo estrellado, pensaba… en un ínfimo destello del espacio-tiempo, nacemos y morimos ¡y mira que armamos alboroto mientras!

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

(Película Nebraska, 2013, Alexander Payne)

Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica especializada en psicoterapia para pequeñas y grandes dificultades (garcialaso.com).