Había una vez un árbol que se sentía inútil.
Sus ramas ya no daban frutos como antes, y el viento le susurraba que su tiempo había pasado.
Un día, un viajero cansado se detuvo bajo su sombra.
No buscaba frutos… solo descanso.
Y allí, entre el silencio y las hojas, encontró paz.
El árbol comprendió que su valor no dependía de lo que producía , sino de lo que ofrecía sin darse cuenta: refugio, calma, vida.
“A veces, no necesitas dar más, solo estar presente”