En matemáticas ecuaciones equivalentes dan resultados iguales. En agricultura ni siquiera años similares garantizan cosechas parecidas. Esto sumado a la gran variedad de situaciones que pueden presentarse y que marcarán en mayor o menor medida el curso de los acontecimientos y, consiguientemente, el resultado, hacen que sea muy difícil predecir, ni siquiera en fechas próximas a la vendimia la cantidad y calidad de la cosecha. Es por eso que hasta que la uva no está en la bodega ni nada se puede dar por perdido ni nada se puede celebrar jubilosamente. Siempre se tiene “la mosca detrás de la oreja”.
La pasada campaña, la de 2017- 2018, fue de las más complicadas que se recuerdan, todo hacía presagiar el desastre, sin embargo, un mes de septiembre y octubre seco y con temperaturas altas durante el día y frías durante la noche, permitieron una vendimia en condiciones óptimas con uva sana. La actual campaña, la de 2018-2019, ha finalizado también felizmente aunque no faltaran momentos de suspense. Una añada que desde julio se anunciaba como memorable se podía haber ido al traste solo con que las condiciones tormentosas con las que se terminó agosto hubieran persistido en septiembre, dando ocasión a el desarrollo de botrytis sin haberse completado la maduración.
Campaña vitícola 2018-2019
Daremos un repaso rápido a la evolución de la campaña para terminar conjeturando con aquellas circunstancias que, bajo nuestro punto de vista, han determinado la excepcionalidad de la misma.
Las precipitaciones desde el otoño de 2018 hasta la primavera de 2019 lo fueron en volumen reducido, quedándose en toda la Denominación muy por debajo de las habituales. No obstante, durante el verano se produjeron tormentas con mucha asiduidad que mantuvieron en todo momento la vegetación con aspecto impecable. En contra, dejaron pedrisco en áreas puntuales. Los daños por granizo se hicieron sentir ya a principios de abril en el occidente riojano.
En cuanto a temperaturas, pasó de largo el invierno, sin manifestarse como tal, con la salvedad de unos pocos días en enero que llovió y nevó como corresponde a la época. La primavera fue también cálida pese a que se produjeran heladas tanto en abril como ya entrado mayo. En parajes concretos de Rioja Alta y Rioja Alavesa estos fríos tardíos redujeron la cosecha significativamente.
Durante el mes de junio se producen variaciones muy acusadas de temperaturas con episodios de lluvias y calores extremos hasta los primeros días de julio, condiciones no favorables para el cuajado del fruto. En julio fenómenos tormentosos frecuentes alivian el déficit de agua que se venía arrastrando. Las tormentas dejan un agua necesaria pero también en algunos lugares de Rioja Alta y Rioja Alavesa granizo, con los perjuicios consiguientes.
A últimos de julio y principios de agosto el calor vuelve de nuevo, lo cual ralentiza el desarrollo vegetativo. Hasta su final, el mes de agosto trascurre sin sobresaltos, cesando los calores extremos y la racha de tormentas, lo que permite que el envero (cambio de color de la baya), aunque un poco retrasado, se complete con normalidad. El día 26 de agosto una fuerte tormenta con hasta 35 litros por metro cuadrado de agua, acompañada en algunos puntos de granizo, hace temer por la cosecha. Finalmente al realizar la evaluación de daños se comprueba como estos quedaron restringidos a parajes muy concretos. De nuevo los mayores perjuicios afectan a Rioja Alavesa y Rioja Alta.
La fase de maduración comenzó bien, con temperaturas moderadas de día y frescas durante la noche y ausencia de lluvia. A mediados de septiembre una fase de tormentas y condiciones favorables para el desarrollo de hongos ponen de nuevo en alerta al sector. Afortunadamente las lluvias cesan y permiten una vendimia tranquila: las bodegas se lo toman con calma y van posponiendo la recogida habida cuenta de los mínimos riesgos y de las perspectivas posibles de mejora al presentar la uva una sanidad extraordinaria. No son, sin embargo, los días últimos de septiembre y octubre los más propicios para la correcta sazón, por excesivo calor y apenas amplitud térmica entre el día y la noche. Aun así, se coge la uva en condiciones de calidad sobresaliente. Solo algunos viñedos en los que se demoró en exceso la recogida superaron los niveles de azúcar deseados, con principios incluso de pasificación.
El 15 de octubre se cerró oficialmente la vendimia en la D.O. Ca Rioja. Una cosecha corta, sobre 385 millones de kilos de uvas que se queda con 100 millones menos que la de 2018 y muy por debajo del mínimo amparable para esta campaña, fijado en el 101% de los rendimientos establecidos (6500 kg/ha uva tinta, y 9.500 kg/ha uva blanca).
El porqué de la reducida y extraordinaria calidad de la cosecha 2019
Son el incompleto cuajado, con racimos pequeños y muy sueltos, junto con los accidentes meteorológicos, heladas primaverales y granizo, fenómenos antaño muy ocasionales pero a los que ya nos estamos acostumbrando, las causas de la disminución de cosecha. En 2019 pocos viñedos han precisado aclareo de racimos, la reducción de cosecha ha sido un fenómeno que se ha producido de forma natural. Una reducción de cosecha que si bien produce una merma de ingresos directos para el viticultor tiene su efecto positivo en cuanto a la mejora de la calidad de la uva (desafortunadamente de momento en Rioja y salvo honrosas excepciones no recompensada). La relación inversa entre cantidad y calidad de uva es un principio mundialmente admitido: los viñedos con menores rendimientos son los que generalmente brindan la mejor calidad.
La disminución de cosecha en 2019 hay que atribuirla al deficiente cuajado, a los accidentes meteorológicos: heladas tempranas de primavera y pedrisco que localmente han afectado a determinados viñedos y, por último aunque en orden natural sea lo primero, a la vecería natural del viñedo.
Desde antiguo se sabe que a la viña, como cultivo vecero, alterna un año bueno con otro menos bueno: a un año productivo le sigue otro con rendimiento moderado. Es esta una forma que tiene la planta de recuperarse del gran esfuerzo que supone agotar las reservas al límite. Si el 2018 fue un año con altos rendimientos al siguiente, el 2019, le tocaba dar poco fruto.
Vemos, que por la naturaleza del viñedo, el número de inflorescencias está determinado desde el año anterior en las yemas formadas entonces y, por ende, el potencial de carga. Pero una cosa es el potencial o capacidad, dado por el número de estructuras reproductivas con posibilidades de convertirse en uvas sanas, y otra lo que ocurra hasta la vendimia.
En el transcurso del mes de junio ocurren en Rioja dos fases especialmente críticas para la viña: la floración y el cuajado. A primeros de junio, en plena floración, se aprecian las inflorescencias o agrupación de flores en forma de racimos, flores que por ser muy pequeñas son poco llamativas. A esas alturas ya se ha podido hacer una previsión de cosecha contando número de racimos y flores por racimo, la cual, si bien nos aporta información, no es definitiva; nos queda saber cuántas flores se convertirán en fruto viable, cuántas flores cuajaran. Queda, por consiguiente, saber como prospera la polinización y a continuación la fecundación.
Particularmente durante los quince días que dura la polinización cualquier alteración de las condiciones de lluvia y temperatura, y no digamos tratamientos, que se suspenden durante un tiempo, afectan al cuajado de la uva. Durante todo el mes de junio en 2019 la meteorología ha estado especialmente revuelta: tormentas, vientos, lluvias, calores extremos con caídas bruscas de temperaturas… Todo ello ha tenido lógicamente su repercusión en el cuajado de las bayas. Ya en julio se apreciaba como el número de granos cuajados esta campaña era muy inferior al de un año normal con racimos de poco tamaño, escasez de bayas y sin apenas hombros.
Podíamos aventurar en julio que la cosecha sería corta y, si no se torcía, de calidad. Con los granos sueltos el aire corre mejor entre ellos, con lo que la incidencia de enfermedades producidas por hongos se reduce. Además crece la relación superficie de hollejo/peso de baya y con ello la concentración de taninos. Decimos aventurar porque realmente el hecho de que el número de racimos y bayas por racimo que se muestran después del cuajado sean escasos no significa a priori bajos rendimientos ni granos sueltos. Cuantas menos bayas hay más posibilidades tienen de crecer, pudiendo alcanzar tamaños tan gruesos que formen un racimo totalmente compacto. Este no ha sido el caso en 2019. La limitada disponibilidad de agua durante todo el ciclo y en especial durante el periodo de crecimiento de las bayas restringió su desarrollo.
Así mismo hay que atribuir en parte a los fríos de primavera la magnífica sanidad de la uva esta campaña. Las heladas tempranas, aunque causaron algunos daños en viñedos concretos, contribuyeron a mermar la población de determinadas plagas sensibles a temperaturas bajo cero. Elementos coadyuvantes para la calidad esta campaña han sido, por consiguiente, la baja incidencia de plagas y enfermedades durante todo el ciclo, sin resquicio alguno de podredumbre de uva, lo cual ha posibilitado una mínima intervención y reducción del uso de fitosanitarios.
Del mismo modo, el moderado estrés, paliado por lluvias intermitentes durante todo el periodo vegetativo y la parca demanda del fruto al ser reducidos los rendimientos, ha permitido el mantenimiento de la hoja hasta la misma vendimia pero sin crecimiento vegetativo. Todo, en conjunto ha facilitado a su vez una óptima maduración.
Qué vamos aprendiendo:
Podemos concluir que la disposición y fisonomía del racimo, así como el número de estos, han determinado los rendimientos, sanidad del fruto y la correcta maduración de la cosecha 2019.
Trabajar con y en el viñedo con sistemas que procuren rendimientos moderados por cepa (localización del viñedo solo en terrenos con alta vocación vitícola, elevadas densidades de plantación, clones poco productivos, podas restrictivas, uso del agua y de fertilizantes en su justa medida, …), e, incluso, actuar sobre el cuajado limitando la polinización, o, a su vez, utilizando patrones (Rupestris de Lot, 140 Ruggeri, etc.) y variedades de relativo fácil corrimiento, la garnacha por ejemplo, que se está mostrando como excepcional también en relación a las alteraciones provocadas por el calentamiento global, son algunos de los aspectos a tener presentes, tanto en el diseño de las plantaciones como en la técnica agronómica, si queremos repetir cosechas como la 2019; posiblemente la que será una de las grandes añadas de Rioja bajo el punto de vista de calidad.