La Rioja
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Etiqueta: pueblo
Empresa imposible
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Teri Sáenz | 11-10-2017 | 15:21 |0

vaca

Cuando el yayo Tasio era chaval y aún correteaba en pantalón corto por las cuestas del pueblo, aprendía escuchando a sus mayores como yo ahora hago con él. A veces se arrimaba al poyo ubicado en lo alto de la era donde cuatro viejos echaban la tarde sentados con las manos posadas sobre sus respectivas cachavas. Se inventaba cualquier excusa y pegaba la oreja con discreción. Aquellos abuelos apenas hablaban. Se conocían tan bien, habían pasado tanto tiempo juntos entre tan poca gente, que parecía que lo tenían ya todo dicho entre sí. Desde aquella atalaya se limitaban a mirar al frente dejándose acariciar por el sol. Ante sus ojos, casas cada vez más huecas. El tejado de la iglesia hundido, el ganado menguante, las calles vacías de niños y el último colmado que quedaba abierto con la verja echada para siempre. De pronto, uno de los abuelos suspirara:«Si viniera una empresa…» Los demás asentían sin abrir la boca. Y de nuevo, silencio. En esas cuatro palabras se condensaba un deseo que contenía otros muchos. Un estímulo para que los pocos vecinos que iban quedando no se fueran a la capital; para que los que marcharon retornaran; para los que nunca había

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Nada que hacer
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Teri Sáenz | 14-08-2017 | 09:36 |0

DOCU_RIOJA

E l que fuéramos unos ‘sinpueblo’ le tenía preocupado al yayo Tasio. Como no disponíamos de una casa propia ni prestada en el campo donde pasar el verano escuchando el cencerro de las vacas y el trino de los pájaros, el abuelo creía que yo corría el riesgo de convertirme en un repelente niño de ciudad de esos que creen que los yogures brotan en los supermercados y las lentejas se cosechan en botes al vacío. Para superar esa carencia, Tasio me montaba en su destartalado R4 cada fin de semana que salía el sol y visitábamos un pueblo al azar para inyectarme esa dosis de ruralismo que según él debía incluir mi crianza. Cuando recalábamos en el destino para echar el día no hacíamos nada en particular. Tasio echaba a andar en silencio por las cuestas empedradas y yo le seguía sin abrir tampoco la boca. Al llegar a las eras solía detenerse con las manos apoyadas sobre la cachaba y, simplemente, respiraba. En un momento dado sus piernas se dirigían hacia la chopera más próxima. Acomodados sobre un par de piedras, abría el zurrón y almorzábamos unos cachos de pan, queso y chorizo que él regaba con un trago de vino. Luego se recostaba bajo la copa más

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Viva el pueblo
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Teri Sáenz | 08-08-2017 | 08:54 |0

avemaria

Un día de estos empaquetará las maletas y pondrá rumbo al pueblo. Su propio pueblo, el de sus ancestros, un pueblo ajeno. Lo mismo da. Nada más llegar al destino estirará los brazos y exhalará la bocanada de aire más puro que recuerda. Y de pronto, percibirá que falta algo: el ruido. Además del oxígeno y el silencio, se reconciliará con la amabilidad. Por las callejuelas se cruzará con vecinos que le saludarán sin miedo, como si fuera uno de ellos. Empezará a convivir también con el mugido lejano del ganado, las campanadas puntuales de la iglesia, el camión que trae el pan de mañana, un zumbido de moscas a la hora de la siesta. Musgo, geranios y piedra labrada. Con tanta calma las horas se le estirarán como días y los días como semanas. Y se preguntará qué coño hace instalado en la ciudad. Por qué no rompe con todo y se viene aquí a vivir. Echar un par de vacas y aprender a hacer queso, trabajar ese huerto comido ahora por la maleza. Hace falta bien poco. Pero el verano caducará. Y cuando reingrese en la polución, la rutina y el agua con sabor a hiel, algún día de invierno se escapará un rato a ese idílico paraíso en el que durante unos

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El relato vacío
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Teri Sáenz | 28-03-2017 | 08:21 |0

vaca

Sergio del Molino acumula un doble mérito. El primero es haber alumbrado una envolvente novela a medio camino entre el ensayo y la etnografía donde dibuja el sombrío panorama de la despoblación rural y el otro, bautizar el libro con una etiqueta que se ha incrustado ya en el vocabulario social: La España vacía. El éxito de Del Molino ha propiciado en unos casos editar y otros redescrubir un buen puñado de trabajos que maman del mismo espíritu. Algunos con un enfoque más localista, un puñado en un tono decidamente literario y todos con el telón de fondo de ese mundo que se debate entre la ruina y el olvido mientras se agranda la brecha con el mostruo urbano. El fenómeno de la España vacía no sólo se ha impuesto sobre el resto de aspirantes a verbalizar el mismo proceso (demotanasia, el gran trauma, la Laponía española…) sino que ha calado hasta en el discurso político. Dirigentes de todos los colores apelan a la vertebración territorial, fijar población, revitalizar la sierra, dignificar los pueblos. Lo hacen, claro, desde ciudades enmoquetadas. Y agitan la bandera como si el silencio que habita en las casas de abobe desmembradas hubiera aterrizado ayer.

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Fantasmas de barro
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Teri Sáenz | 24-10-2016 | 10:13 |0

mansilla

Al yayo Tasio no le sacas de casa ni a tiros. A sus años, pasear más allá de los límites de su barrio es agotador y montar en coche, una heroicidad. No me quedó así otra que engañarle. A regañadientes aceptó llegarnos conduciendo un poquito más allá de la ciudad y parar a almorzar en algún hayedo donde las hojas ya están pintadas de otoño. Tuve que darle palique para que no percibiera que hacíamos más kilómetros de los prometidos devorando curvas y sorteando baches. Para cuando se quiso dar cuenta, ya habíamos arribado a Mansilla. Fue bajar del vehículo y ver cómo su cara mutaba en un espejo de la desolación que tenía delante. El pueblo que una vez fue fértil y populoso asomaba el esqueleto húmedo que durante años permanece oculto bajo las aguas. Aunque no abrió la boca para decirlo, el abuelo estaba viendo en aquellas ruinas las de su propia aldea y otras tantas que las riadas del tiempo han enterrado no en un embalse, sino en el sótano de la memoria. Me rogó que le dejara solo. Apenas había otro puñado de curiosos. Bajó torpemente hasta la vaguada y vagabundeó entre calles que aún dibujan su trazado sobre la tierra cuarteada, unas pocas

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Canción triste
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Teri Sáenz | 24-08-2016 | 08:39 |0

verbena

Conocí al hombre más triste del mundo en un océano de alegría. Los amigos habíamos acudido a las fiestas de uno de esos pueblos minúsculos en invierno que en verano se llenan a reventar. Como para reivindicarse, cada agosto el ayuntamiento tiraba la casa por la ventana con guirnaldas en los balcones, churrería móvil y una verbena que torturaba el habitual silencio de la sierra hasta entrada la madrugada. Todo el mundo se arremolinaba en la plaza a medianoche en cuanto la orquesta daba el primer acorde. Como no éramos de bailar, nos acomodábamos en un banco al lado del escenario para otear el panorama y esperar la hora de coger el autobús de vuelta. Y allí lo vi, elevado con su guitarra sobre decenas de chavales haciendo la conga y abuelos que bailaban agarrados al ritmo de pasodoble. Mientras el cantante arengaba al público como si no hubiera mañana, la corista luchaba porque el sudor no le derritiera el maquillaje y el batería castigaba el bombo, su compañero tocaba sin inmutarse. No es que atacase cada tema con rutina sin saber dónde estaba ni qué día era, sino que en su mirada perdida había una pena contagiosa. La gente gritaba, saltaba, vibraba y él,

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Saber aburrirse
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Teri Sáenz | 12-08-2016 | 10:15 |0

vagancia

Cuando se avecinaba el verano no había nada que pensar. Nadie se devanaba la cabeza buscando la mejor oferta para alquilar un apartamento en la playa porque no había playa a la que acudir. Ni valle. Ni bosques. A los ‘sinpueblo’ tampoco nos quedaba intercambiar por unas semanas el paisaje urbano por otro rural, de modo que las vacaciones consistían esencialmente en no hacer nada. Sólo dejar discurrir el tiempo. Verlo pasar por delante con un plus de abulia. Una gimnasia de la inacción envuelta en vaharadas de calor tórrido y el zumbido de las moscas a través de las persianas echadas. Porque las calles eran un páramo irrespirable y la piscina, una boca de metro en hora punta con el agua a 30 grados. Sin afanes ni obligaciones, el sopor se colaba en la habitación como un ladrón discreto. Y tú, concentrado en permanecer quieto y aspirar el aire justo para activar los pulmones, te dejabas robar las horas mirando el giro imperfecto de un ventilador. El sudor se pegaba a la almohada y las arrugas de las sábanas cincelaban cicatrices en la piel desnuda. La pasividad adquiría tal grado de perfección que nadie se atrevía a profanarla. Y de pronto, en el duermevela de

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Viaje al prejuicio
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Teri Sáenz | 27-08-2014 | 14:52 |0

maleta

Le presumo a estas alturas del año disfrutando de unas merecidas vacaciones. Si no se encuentra en el catálogo de las presas que se ha cobrado la crisis, puede que haya tomado rumbo a Salou para disputarse un metro cuadrado en la quintar línea de playa donde extender la toalla, si es que no ha optado por las costas de nubosidad invariable del norte. Tal vez su presupuesto no le dé más que para volver al pueblo. Reconquistar la casa del yayo y tumbarse a la fresca oyendo el trino de los mirlos o sufriendo el picor de los tábanos. Todo lo contrario al entusiasta que se ha empaquetado en un tour para recorrer ocho países en cuatro días o visitar alguna de esas míticas capitales que descubre que ya conoce de tanto verlas en las películas que pasan los fines de semana por la tele. En todos los casos tendrá la tentación de practicar esa gimnasia tan recurrente cada vez que uno sale de casa consistente en criticar lo que le rodea y rebozarse en el prejuicio. Lamentar lo mal que se come allí, censurar la incultura del prójimo, protestar por costumbres prehistóricas, mofarse del vecino, mirar más al rincón sucio que a la calle luminosa. Cuando así sea, tómese un

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Chicos de barrio
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Teri Sáenz | 25-08-2014 | 10:00 |0

colajet

Los que en verano no teníamos pueblo nos conformábamos con ocupar el barrio. El resto de los chavales no iban de vacaciones, pasaban unas semanas o visitaban el pueblo en el que quizás residían sus abuelos o los tíos aún conservaban alguna casa vieja: ‘Tenían’ un pueblo. Además de la absurda sensación de pobreza infantil por estar fuera de ese catálogo de latifundistas, quienes lo único que poseíamos registrado a nuestro nombre era un tramo del Iregua o el hueco que medía la toalla en el césped de Cantabria nos vengábamos de los propietarios de un pueblo conquistando los espacios del barrio que quedaban vacantes. Vivir lejos del centro no era entonces una anhelo precrisis con piscina comunitaria y una plaza doble de garaje, sino el destino natural en un Logroño en expansión. Los barrios tampoco aspiraban a elevarse como esas celdas de lujo exclusivo que ahora proyectan algunos. Sólo eran el prólogo gris sin que el no se podía leer el resto de una novela juvenil. En las calles vacías hacía un calor incandescente mientras la tele echaba un culebrón. Los que no teníamos pueblo recorríamos las aceras paladeando ese placer nunca bien valorado que es no

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Roberto Varona: "Es hora de despolitizar el debate y pensar sólo en la gestión de los ayuntamientos"
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Teri Sáenz | 08-04-2013 | 10:00 |0

Epicentro del debate municipalista, el anteproyecto de Ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local ha movilizado a la Federación Riojana de Municipios. El ente presidido por Roberto Varona (Grañón, 1965) ha consensuado una gavilla de alegaciones que, según el también alcalde Huércanos, buscan mejorar el texto y el servicio a los ciudadanos.

roberto varona
-¿Es buena esta Reforma Local para los municipios riojanos?
-En términos generales, sí. Aún se encuentra en una fase muy inicial, pero va a definir las competencias propias, la eficacia, la trasparencia, el ahorro y la calidad de los servicios. En definitiva, va a quedar marcado ese terreno de juego de los ayuntamientos y, luego, tendrán que dotarnos económicamente de forma suficiente para que desarrollemos esas competencias con la calidad del coste estándar que se nos pide. Tiene además que ser una reforma necesariamente buena, porque la llevamos exigiéndola hace más de 20 años y este Gobierno ha tenido al fin la valentía de acometerla abriéndola a la participación de los implicados, lo cual demuestra la voluntad de consenso.
-El PSOE ha llegado a definir esta reforma como una regresión, la

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