La Rioja
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Etiqueta: yayo
Nada que hacer
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Teri Sáenz | 14-08-2017 | 09:36 |0

DOCU_RIOJA

E l que fuéramos unos ‘sinpueblo’ le tenía preocupado al yayo Tasio. Como no disponíamos de una casa propia ni prestada en el campo donde pasar el verano escuchando el cencerro de las vacas y el trino de los pájaros, el abuelo creía que yo corría el riesgo de convertirme en un repelente niño de ciudad de esos que creen que los yogures brotan en los supermercados y las lentejas se cosechan en botes al vacío. Para superar esa carencia, Tasio me montaba en su destartalado R4 cada fin de semana que salía el sol y visitábamos un pueblo al azar para inyectarme esa dosis de ruralismo que según él debía incluir mi crianza. Cuando recalábamos en el destino para echar el día no hacíamos nada en particular. Tasio echaba a andar en silencio por las cuestas empedradas y yo le seguía sin abrir tampoco la boca. Al llegar a las eras solía detenerse con las manos apoyadas sobre la cachaba y, simplemente, respiraba. En un momento dado sus piernas se dirigían hacia la chopera más próxima. Acomodados sobre un par de piedras, abría el zurrón y almorzábamos unos cachos de pan, queso y chorizo que él regaba con un trago de vino. Luego se recostaba bajo la copa más

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Un mullido colchón
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Teri Sáenz | 12-06-2017 | 09:23 |0

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El yayo Tasio lee que Félix Revuelta ha perdido de un plumazo 45 millones en la venta del Banco Popular y se acuerda de cuando a él se le extraviaron los mil duros que le habían prestado para comprar un par de cabritos. Revuelta declara sin despeinarse que ha dormido como un reloj. Al abuelo aún se le ponen los pelos de punta porque no pegó ni ojo una semana entera. Un vecino le fió para comprar los animales que pensaba revender casi por el doble, pero cuando llegó el día convenido para abonar la deuda se echó mano a la cartera y no encontró los billetes que le había costado juntar para cumplir el trato. El yayo se palpaba todos los bolsillos y el cuerpo se le empapaba de sudor en pleno invierno. A diferencia de Revuelta, Tasio no era (ni es) rico y jamás ha tenido (ni tendrá) el aplomo para observar un fajo de billetes con desapego. Los 45 millones de euros del presidente de Kiluva son en realidad mucho menos que aquellas 5.000 pesetas del abuelo, pero lo que realmente difiere es la relación que mantiene con el dinero quien no está acostumbrado a él. Revuelta es inversor.  «He perdido y ganado mucho; ya estoy vacunado», declara. En sus palabras intuye que

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A por uvas
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Teri Sáenz | 03-10-2016 | 10:56 |0

temporeros

El yayo Tasio se topa con él cada mañana que cruza por la estación de autobuses. Es negro como el tizón, va abrigado hasta el cuello y en su mirada ha llegado ya el otoño. En una mano lleva una bolsa de rafia arrugada con el logotipo de un supermercado cercano. En la otra, un manojo de cartones que dobla meticulosamente después de lavarse en la fuente junto a la que duerme cada noche a la intemperie. En el capazo que le hace las veces de maleta asoma lo que parece que un día fue una manta recia. Por el ruido que hace al posarla en el banco donde se sienta a pasar el día, dentro debe guardar un vaso metálico, algún plato abollado. Tal vez una sartén rescatada de no se sabe dónde. Sobre la madera extiende una servilleta que hace también las veces de mantel. Extrae de la bolsa media barra de pan y empieza a comerla con parsimonia, pizcando las escasas migas que se escapan al hambre. No está solo. A su alrededor hay otros como él. Decenas. Comparten color de piel, manos curtidas en vendimiar a destajo y ganas de ganarse un jornal. Tasio supera la tentación de observarles como hacen el resto de los transeúntes, que cada vez que llegan estas fechas les confunden con

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Diálogo súbito
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Teri Sáenz | 08-06-2015 | 09:32 |0

manos

El taciturno y arisco yayo Tasio salió de casa para darse el garbeo de rutina y aislarse de paso de tanta matraca electoral cuando, de pronto, experimentó una sensación extraña. Una opresión repentina le atrapó la garganta y en nada se le extendió hasta el ombligo. El abuelo se puso en lo peor. Tuvo que agarrarse con fuerza a la cachaba, comió uno de esos caramelitos de menta que guarda en el bolsillo para cuando se le dispara el azúcar y contuvo la respiración. Al instante reconoció en las señales enviadas por su metabolismo que no era nada grave. Se trataba, simplemente, de una fiebre dialogante. Pero no una cualquiera. Un diálogo honesto, sin dobleces ni líneas rojas. Un afán conversador cara a cara desde la sinceridad más brutal, con el programa sobre la mesa y en busca no supo bien si de una obligada estabilidad o un cambio imperativo con el afán siempre del interés general. Tasio tuvo de repente ganas de estrechar una multitud de manos, hablar con todo el mundo. Con el vecino que nunca ha querido poner la derrama para arreglar el portal, ese primo carnal que le retiró la palabra hace un siglo por unas fincas. El acceso de diálogo venía, además,

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Seres únicos
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Teri Sáenz | 24-03-2014 | 10:28 |0

El yayo Tasio se pone mesiánico para pontificar que la crisis no tiene su origen en la codicia. Ni en una flagrante falta de previsión. Tampoco en la carencia de escrúpulos de los pocos que mandan a tantos. Lejos, muy lejos también, de un liberalismo sobrexcitado y voraz. En el tuétano del monstruo que nos devora con la tozudez de un rumiante está la bipolaridad que se extendió sin antídoto hasta convertirse en epidemia. Una dualidad patológica por la que uno se creía otro. O mejor dicho: los dos que caben en uno mismo empezaron a mezclarse, entreverarse, solaparse y confundirse. A tal intensidad llegó la duplicidad personal, que pocos acabaron reconociendo cuál era el original o su doble contaminado. El tesorero se creyó cartero; los banqueros, prestidigitadores; el político, arribista; el concejal, empresario; el trabajador, militante de un partido; y el gobernante… El gobernante se trasvistió a ratos del dios omnímodo que llevaba dentro. Cuando se impuso el realismo, todos se excusaron. Los dos que convivían en cada cual se replegaron en uno solo, pero la borrachera de impunidad había sido tan prolongada que ninguno sabía ya exactamente si el dinero era

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Sonría al pajarito
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Teri Sáenz | 06-02-2012 | 08:59 |0

yayo, abuelo, crisis, risaLa última adquisición del yayo Tasio es un bola roja de plástico con una tirita de goma que se parece mucho a una nariz de payaso. Se ha tatuado una sonrisa en la cara, y al menos una vez al día se pasa por la planta de los pies una pluma de ganso que guarda en la cómoda para hacerse cosquillas. En vez de quejarse del llanto del bebé de la familia ecuatoriana que vive en el quinto, abre la puerta para escuchar al mocete cuando le entra un ataque de risa, y si con el cambio de astro le duele algún hueso, piensa en todos los que todavía no le crujen. Los días grises baja todas las persianas. Se echa una toquilla para entrar en calor sin necesidad de salir  ni ver los nubarrones, e incluso ha tomado por costumbre dejar unos céntimos de propina del dinero que no tiene al camarero que cada domingo de mañana le sirve un café con leche casi hirviendo.

En su compromiso personal con el optimismo, ha dejado de ver la televisión. Sólo la enciende para ver algún programa estúpido de esos que escupen escenas de gente resbalándose, niños vomitando el desayuno en la cara de sus padres y perros tontos intentando sin éxito atrapar a gatos listos.  No le hacen gracia, pero

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Una ayuda, por favor
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Teri Sáenz | 17-10-2011 | 08:40 |0

Iba a casa del yayo a visitarle cuando fue Tasio el que se topó conmigo. No me lo pude creer cuando, paseando por Portales, di con el abuelo a la puerta de La Redonda. Estaba encorvado, exhibía cara de lástima y se abrigaba con la chaqueta más raída de su armario.
Asía un cestillo roñoso y a los pies había escrito con letra temblorosa en un cartón: “Una ayuda, por favor”. Me acerqué con urgencia para que nadie le creyera un pedigüeño y, un poco avergonzado, le reproché que qué hacía él ahí reclamando unos céntimos a los parroquianos cuando sabía que no tenía más que llamarme para echarle una mano si ese mes no le alcanzaba para pagar luz o comprar las ofertas del Carrefour. “Que no es para mí”, se justificó mientras contabilizaba el puñado de monedillas que ya había acumulado para esas horas. Me dijo que ese gesto que nunca hubiera hecho para beneficiarse él mismo lo había adoptado a su edad para colaborar con la frágil economía de los concejales y altos cargos que estos días tienen el arrojo de dejar entrever sus cuentas. Tanta lástima le habían dado sus saldos quebradijos, tantos créditos impagados, que hasta le dolía verlos sufrir
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El gran agujero
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Teri Sáenz | 10-07-2011 | 23:39 |0

Cada vez que una administración cambia de color político, los nuevos gestores suelen toparse con lo más inusitado. Basura debajo de las alfombras, cargos por renombrar, recuerdos personales olvidados en los cajones por los antiguos inquilinos del despacho, geranios sin regar. Pero lo que todos encuentran indefectiblemente es un agujero. María Dolores de Cospedal se ha dado de bruces, al parecer, con uno de proporciones descomunales en las cuentas de Castilla-La Mancha . También el P P ha descubierto al minuto después de tomar posesión en el Ayuntamiento de Logroño otro de cinco millones de euros en el gasto corriente. La cuestión no pasaría de una denuncia económica-política si no fuera porque hace cuatro años, y según el PSOE , cuando ellos arribaron al Consistorio hallaron entre legajos y facturas uno de 5,3 millones (eso sí, con remanentes para cubrirlo) junto a otro de 20 millones por los reformados de otros grandiosos agujeros: los que se cavaron para construir varios de los aparcamientos con que los populares horadaban entonces la ciudad aquí y allá.

El yayo Tasio se pregunta si ese agujero que siempre surge como por ensalmo cada vez que se airean las

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Yayo Becas
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Teri Sáenz | 04-07-2011 | 12:33 |0

Al yayo Tasio no le dan más de sí las neuronas. No lo digo yo, lo asegura él cuando relee todo lo que se escribe sobre las ‘chiquibecas’ y sigue sin entrarle en la cabeza cómo lo que está concebido como una ayuda económica acaba siempre convertido en objeto de disputa. Ahora el problema ya no es que, como pasaba estos años, se vaya a tardar meses en cobrarlas, sino que el nuevo Gobierno municipal quiere darlas a todo el que las pida. La eliminación del límite de renta es una manera, según dice el PP, de que las personas que se quedaban fuera puedan a partir de ahora disfrutar ellas y democratizarlas. Sin embargo, garantizan que seguirán recibiendo el dinero para llevar a sus hijos a la guardería quien más lo necesita aunque la partida no ha crecido. ¿Para qué modificar entonces el criterio si supuestamente no van a cambiar los destinatarios?

Al yayo siempre le ha olido mal la palabra igualdad, porque a veces se parece poco a equidad y mucho a barra libre. Y es que, Tasio no entiende que una ‘chiquibeca’ pueda sufragar igual al que lleva al mocete a una modesta guardería de barrio porque no tiene con quién dejarlo que a quien lo encaja en esas otras de

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EL YAYO HA MUERTO
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Teri Sáenz | 29-03-2011 | 19:01 |0

El yayo Tasio ha dejado de ser el yayo Tasio. Se ha mirado en el espejo, y mientras se palpaba la boina y se ajustaba la pelliza roída de siempre para dar su paseo matinal ha descubierto que ya no es un viejo cascarrabias, algo descreído y cada día uno poco más giboso que vive en un vetusto piso sin pista de pádel comunitaria pero con cocina de butano. Ha muerto como persona. Ahora es, simplemente, un potencial votante. Un ciudadano al que han alienado anticipadamente su capacidad de decisión y todos los candidatos le gritan desde los carteles detrás de una sonrisa forzada ‘dame tu papeleta’ cuando no le ametrallan con fotografías visitando unos juegos infantiles por aquí o inaugurando unas estaciones meteorológicas por allí.

Aunque el abuelo no tiene nada claro qué le ofrece cada cual a cambio de su voluntad. En un lado sólo ve a una chica con un mensaje raro que, por mucho que lo relee, sólo entiende algo de ‘iamgüizyu’ que le suena a marca de ungüento para la reuma. En el otro está el alcalde que, será cosa de la crisis, sostiene un felpudo barato para decir que Logroño es la mejor ciudad para vivir. Yo trato de explicarle que aquello del ‘Vota

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