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Cataluña

La niebla
María Antonia San Felipe 07-11-2015 | 10:06 | 0

Cuando estás entre la niebla es tan difícil atraparla con las manos como ver con claridad más allá de tus narices. El otoño trae nieblas y las elecciones también. Nos quedan, por tanto, algo más de cuarenta días de nebulosas. Algunos son verdaderos expertos en la producción de neblinas con el único objetivo, no confesado, de confundirnos. Ahora estamos envueltos por la niebla catalana. Los independentistas están afectados por un ataque de prisa como si la independencia fuera un problema de velocidad y no de normas internacionales. Forzando la maquinaria y sobre todo la legalidad no llega antes la madrugada, al contrario, vulnerando las reglas del juego pueden perder lo que quieren ganar, es decir, apoyo internacional. Hasta el lehendakari Urkullu ve un desatino la declaración unilateral de independencia. La presidenta del recién constituido parlamento catalán violentando el Reglamento de la Cámara no consigue sino deslegitimar su propia autoridad. Por otro lado, Artur Mas y Convergencia están atrapados en sus propias mentiras, además de enfangados hasta el cuello de corrupción. Tiene gracia que en esta materia han conseguido parecerse, como dos gotas de agua, al estado del que quieren separarse. ¡Qué cosas tiene la vida! Cataluña y España han producido tanto corruptos que necesitan además de una limpieza general unos líderes políticos con más altura moral que la mediocridad actual.

En realidad tanto Mas como Rajoy tienen los armarios llenos de vergonzosas renuncias al interés general y de grandiosos altares a sus egos personales y a su instinto de supervivencia. Por eso esta niebla densa de la independencia resulta vital para a un Mas necesitado de algún triunfo de tanta dimensión que pueda ocultar, a un tiempo, la basura que le rodea y su incapacidad como gestor público. Mas ha convertido el nacionalismo moderado de la burguesía catalana al independentismo radical que asusta ya a sus propios correligionarios antes de haberse materializado la declaración unilateral de soberanía que puede convertirse en el anuncio de su funeral político. Por otro lado a Rajoy, como se dice vulgarmente, le ha venido Dios a ver en la antesala electoral y va a sacar jugo de este dislate a poco que se lo proponga. No podemos olvidar que la negligencia de Rajoy respecto de Cataluña ha sido mano de santo para los secesionistas, su inacción ha sido una fábrica de independentistas. Además de invocar a la ley hay una vertiente política que él y su partido se han negado a abordar porque les daba votos en el resto de España. Los secesionistas rezan para que Rajoy utilice el artículo 155 de la Constitución, es decir, la suspensión de la autonomía, para envalentonar a los suyos. Es por tanto la hora de la inteligencia y de la unidad, pero también de la grandeza.

En las conversaciones con los líderes del resto de partidos Rajoy  ha obtenido un respaldo mayoritario de quienes aspiran a sustituirle, aunque no pueden otorgarle un cheque en blanco. El reto de los independentistas es el mayor problema institucional de los últimos lustros. El presidente sólo ha reaccionado in extremis, por eso Rajoy es parte del problema pero no de la solución. Sonando los clarines de la campaña va a ser difícil concretar un plan de acción en estos meses de interinidad gubernamental. Todos han declarado que este asunto quedará al margen de la batalla electoral, pero no es cierto. Una vez que la economía se ha visto languidecer en el segundo semestre y que la legislatura concluye conun paro desbocado y un empleo de baja calidad, el PP precisa recurrir a las nieblas intensas para atolondrarnos. A fecha de hoy, a Rajoy como a Mas, ya solo les quedan las banderas. Veremos a ver si alguno de los dos sobrevive al desafío de sus propios errores, aunque lo importante es que cuando despeje la niebla luzca el sol en toda España.

 

 

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La hora de la verdad
María Antonia San Felipe 31-10-2015 | 10:40 | 0

La hora de la verdad, ese momento clave en el que irremediablemente debes afrontar una situación, siempre llega y cuando lo hace suele ser de forma inoportuna. Lleva Mariano Rajoy varios años escondiendo la cabeza bajo el ala y de pronto, aunque se veía venir porque lo recogían sus programas electorales, los secesionistas catalanes han evidenciado que el presidente del gobierno no tiene ningún plan porque su única estrategia en estos cuatro años ha sido confiar en que el tiempo solucionara el gran problema político e institucional de España. El lunes Mariano Rajoy disolvió las cámaras y convocó elecciones, veinticuatro horas más tarde los independentistas catalanes han abierto en el parlamento de Cataluña un proceso que más que una provocación, como dice Rajoy, es un órdago evidente, no contra el gobierno interino sino contra el Estado.

Esta situación, quiera o no reconocerlo un Rajoy, que ha declarado en TVE que su máximo rival es él mismo, se convierte en una nueva torpeza suya en el suma y sigue. El secesionismo es ya uno de los grandes problemas de este país que él no ha querido afrontar y que tiene una gravedad máxima. El presidente parece vivir en un país distinto al nuestro, es ajeno a lo que pasa en la realidad española y catalana. Puede afirmarse que Rajoy emigró del país el día en que se convirtió en el lugarteniente de Merkel y tuvo que tragar con las ruedas de molino impuestas por Bruselas y el BCE. Se convenció a sí mismo de que el control del déficit y la estabilización de la prima de riesgo eran el antídoto contra todos los males de España. El balance no puede ser más demoledor: se han deteriorado los servicios públicos, se han perdido derechos laborales, ha crecido la desigualdad social, el pesimismo ante el futuro campa a sus anchas y la brecha con Cataluña amenaza con convertirse en frontera.

El presidente ha confiado su futuro a la economía, es la única carta que ha jugado. La ciudadanía no acaba de percibir la mejoría pero él se afana en mostrar imágenes de un mundo que no vemos. Sin embargo hay cosas que sí debía haber hecho y ha eludido. La primera no costaba dinero, sólo precisaba coraje para reconocer que su partido está envuelto en un gran escándalo de corrupción que no sólo lo debilita sino que perjudica la calidad de la democracia. La otra cuestión, que no ha querido abordar, es el problema de Cataluña. Aparentando ser más español que nadie, Rajoy ha jugado a tensar su relación con un Artur Mas, que ya estaba desnortado hace tiempo, y ambos se han hecho fuertes en su pública desavenencia. Ahora se aproxima el momento en que Rajoy debe salir del escondite, porque Artur Mas y sus socios ya lo han hecho. Los independentistas, incapaces de apoyar un gobierno propio, han optado por ahondar en la única pretensión que les une: la desconexión con España. Rajoy, con su torpeza habitual, repite lo de siempre: la ley está para cumplirse. De acuerdo, pero qué más hará que quizá ya debió hacer antes. Ahora que el problema es de todos, pide unidad y, es evidente que hay que  secundar medidas de emergencia unánimes. Pero no es un detalle menor que fuera el líder del PSOE, Pedro Sánchez, quien rompiera la primera lanza hacia el consenso telefoneando el primero a Rajoy en una situación tan grave.

Yo empiezo a pensar que Rajoy, además de vivir ausente de la realidad española y catalana, probablemente también es un cenizo porque sólo así se explica que este desafío le haya explotado entre las manos. En un momento tan complicado sigue, sin embargo, haciendo campaña electoral y se presenta ante los españoles afirmando que, mientras él sea presidente, España no se romperá (¡menuda garantía!), cuando es la primera vez que objetivamente puede ocurrir. Los secesionistas sólo pueden mantener su unidad con el desafío al Estado, porque es lo único en lo que están de acuerdo y no hay duda de que prefieren en España un presidente como Rajoy que saca pecho, se hace el valiente para conseguir voto españolista, pero que no tiene más plan que salvarse a sí mismo. Este reto es el exitoso broche final que nos ofrece para cerrar tan aciaga legislatura. En fin, que ahora tenemos un problema bastante más grave que el déficit pero no tan lacerante como la pobreza.

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Cenicienta
María Antonia San Felipe 03-10-2015 | 9:11 | 0

Rodeados de seguidores, entre música, aplausos y cava festejaron su triunfo Artur Mas y sus socios. Grandes sonrisas adornaban los rostros aunque, en realidad, el escenario se movía bajo sus pies. Mientras Oriol Junqueras miraba hacia el horizonte en el que resplandecía una superluna y Romeva hablaba a la multitud, Artur Mas tuvo un pálpito que le hizo mostrar una sonrisa gélida con el regusto amargo de quien se sabe atrapado. Lo suyo es mucho peor que lo del cuento de Cenicienta, todavía no habían sonado las doce campanadas del baile cuando el encantamiento se deshizo. Los diputados de la CUP, cuyos votos son necesarios para conducir la carroza que le podría trasladar de nuevo al palacio de la plaza de san Jaume, anunciaron que no votarían a Artur Mas para presidente, con lo cual, antes de amanecer, se produjo el eclipse y él se descubrió abrazado a una gigantesca calabaza.

Los de la CUP son, según dicen, radicales antieuropeístas y anticapitalistas, pero se han mostrado más coherentes que Mas y sus socios. Según sus propias palabras, no piensan votar a un corrupto y recortador de derechos ni sumarse a una declaración unilateral de independencia simplemente porque no han superado el 50% de los votos del supuesto plebiscito. Así que ya vemos cómo las urnas han conseguido que las quimeras se conviertan en incertidumbres y los éxitos en derrotas. Dentro de nada y, si no, al tiempo, en las filas de Juntos por el Sí comenzará el fraccionamiento de las diversas tendencias y los diputados, que no pertenecen a un único partido, veremos a ver por dónde salen a la hora de elegir presidente.

Es evidente que Artur Mas apostó fuerte y a una carta y no parece que, pese al indiscutible triunfo electoral, el objetivo secesionista, el plebiscito que plantearon, se haya visto culminado por el éxito. Ante un órdago de estas características y tras esconderse en una lista electoral “ciudadana” como si no tuviera pasado político ni estuviera rodeado por episodios de corrupción, la coherencia personal debiera imponerse. Políticamente está muerto, aunque él no lo sepa. Mas ha perdido la apuesta y punto. Además ni ha sido el presidente de todos los catalanes ni está capacitado para unir la fractura social que sus políticas han propiciado. El problema es que ni en España ni en Cataluña, ni en Cataluña ni en España se practica la dimisión, lo único que podría redimir tan ampulosos errores. Parece que dimitir estuviera prohibido por la ley y ello es así porque imperan los caraduras y los vividores. Es buen ejemplo de lo contrario lo que, con singular elegancia, hizo el líder secesionista escocés Alex Salmond que dimitió inmediatamente de conocer el resultado negativo del referéndum por la independencia de Escocia y eso que él no cargaba a la espalda con tantas vergüenzas públicas.

Por su parte, Rajoy, que dirige un programa de humor desde la Moncloa, sigue empeñado en ilustrarnos de la complejidad del problema con la sesuda afirmación de que “un vaso es un vaso y un plato es un plato”, como si fuéramos idiotas y no supiéramos distinguir entre un elefante y un pollo o entre un tonto y un líder. En fin, que ahí sigue impertérrito, como si no hubiera pasado nada y aunque ya sabemos que un 48% no es un 50, ni mucho menos un 52%, sí sabemos que son más de 2 millones de personas y que a lo mejor ha llegado el momento de convencer, al menos a una parte importante, de que queremos que se queden en España antes que, tratando de conseguir votos en las elecciones generales, se propicie un incremento mayor del independentismo. Creo que Rajoy, criminalizando a Mas, es decir, victimizándolo y escondiéndose, negando su estruendoso fracaso en Cataluña, no va a mejorar su imagen  ni a reflotar su partido. Ya sabemos todos que un líder es un líder y un ciego es un ciego, aunque de momento, sumando al de España y al de Cataluña hemos conseguido tener dos invidentes.

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El reto
María Antonia San Felipe 25-07-2015 | 8:48 | 0

En el esplendor de la noche, cuando la luna está llena, tienes la impresión de poder tocarla con la mano aunque se encuentre a 384.000 kilómetros. Una tontería de distancia si pensamos que mucho más lejos se encuentran los gobiernos de Barcelona y Madrid estando mucho más cerca. Ellos hablan pero no se escuchan, sólo se vigilan. Parece que se han retado a un duelo, dándose las espaldas avanzan diez pasos con los revólveres cargados para dispararse. Quizás sólo uno de ellos gane pero también pudiera ser que se destruyan mutuamente. Lo único seguro es que seremos todos nosotros, catalanes y españoles de a pie, los que saldremos perdiendo.

El supuesto líder catalán, Artur Mas, lleva tanto tiempo dando vueltas a la rotonda de sus delirios que en el mareo del pánico ha conseguido una muleta para no desplomarse. Así que Oriol Junqueras actúa de lazarillo y juegan a repartirse las uvas trampeando como en el cuento. Dado que el padre primigenio de la independencia catalana, el exhonorable Jordi Pujol no puede actuar de padrino, por encontrarse malherido y expuesto al insulto en el centro de la plaza de Cataluña, Artur Mas y su lazarillo han tenido que recurrir a lo que denominan la sociedad civil para presentarse en público con cierta pulcritud. Deben considerar que, tras el saqueo pujolista y de sus élites, los profesionales de la política están tan desprovistos de credibilidad que precisan de savia nueva. Han recurrido a un expolítico de la izquierda ecologista, Raúl Romeva y al antiguo entrenador del Barça, Pep Guardiola y se han reunido, vestidos de fiesta, en el Museo de la Historia, tratando de pasar a ella como los forjadores de una patria catalana independiente de España. Han cuidado todos los detalles, como en una boda. La proclama no deja lugar a error, “vamos a por todas”, “lo haremos, aunque España no quiera. Cuando tengamos todo el plan de desconexión con España hecho, declararemos la independencia”. De Europa no dicen nada, porque Europa no nació para levantar fronteras sino para ignorarlas.

Al otro lado del escenario encontramos al supuesto líder del gobierno español. Rajoy como siempre ni se inmuta. Aquí nunca pasa nada hasta que el incendio llega a las puertas de Moncloa, como con Bárcenas. Según el presidente nadie debe preocuparse porque su gobierno “está preparado para cualquier problema que pueda surgir en el futuro”. No sabemos si se refiere a que al final de la película siempre llega el séptimo de caballería o está ensayando algún truco de magia. Lo cierto es que este serial comienza a ser un despropósito, hay una crisis del modelo de estado y por eso hace tiempo que debiera haberse cogido el toro por los cuernos. No se soluciona un problema diciendo que no existe, la desidia puede terminar en gangrena y ambos están jugando con fuego. Rajoy cree que haciéndose el duro ante Mas gana terreno ante sus votantes y el catalán tras haberse echado al monte piensa lo mismo respecto a los suyos. Lo cierto es que ambos sacan beneficio de este desastre. Ambos creen que aludiendo a los sentimientos podrán ocultar el fracaso de sus gobiernos en materia económica y social, en eso ambos han aplicado iguales fórmulas propiciando una enorme quiebra social. Nadie dice toda la verdad, en realidad ningún partido lo hace. Estamos en un baile de máscaras y al final del mismo veremos qué rostro nos muestra cada uno.

Los catalanes en las urnas van a tener, no sé si la última palabra, pero si una voz importante. Si triunfan los partidos secesionistas, tendrán un arma de difícil desactivación y si ganan el resto de partidos, algunos respirarán aliviados pero no habrá terminado ahí la batalla porque la sociedad catalana seguirá dividida y probablemente la del resto de España también. Hace tiempo que pienso que en vez de odios es mejor impulsar reencuentros. Es malo gobernar desde las vísceras. No olvidemos que, salvo las élites económicas, en Cataluña y en el resto de España el problema más común entre la gente es conseguir llegar a fin de mes.

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Goteras
María Antonia San Felipe 14-09-2013 | 9:34 | 0

          

          Dicen que en el Congreso de los Diputados se han detectado unas tremendas goteras. Está claro que la vida a veces decide regalarnos metáforas porque, bien pensado, lo que hace aguas es nuestro sistema de representación política y todas nuestras instituciones ya que del Rey abajo, no se salva ninguna. Pensándolo bien, un poco de agua en las cabezas de algunos, a lo mejor, hubiera ayudado a facilitar el posterior brote de alguna idea brillante de las que no andan muy sobrados hoy en día. He imaginado que aparecían en el corazón del hemiciclo Pepe Gotera y Otilio con la escalera y la caldereta como en el Club de las chapuzas. Mientras Otilio taponaba la vía de agua del techo, Pepe Gotera aprovechaba para explicar a sus señorías que, por supuesto, el trabajito lo hacían sin IVA y que el importe lo pagaran, discretamente, en un sobrecito marrón. Mientras Otilio desparramaba salpicaduras de yeso por todo el hemiciclo, Pepe Gotera le explicaba al presidente del Congreso lo achuchada que anda la vida en el trabajo clandestino que, a este paso, va a ser mayoritario. En ese momento hacían su entrada, para supervisar y averiguar las causas de lo sucedido, Mortadelo y Filemón. Mientras Mortadelo interrogaba a Otilio sobre la posibilidad de que hubiera sido él mismo el causante del desaguisado, con el fin de obtener un sobresueldo para pagar la renta del piso, Filemón, sin perder ripio, departía con la ministra de Trabajo para que colocara de asesor a un sobrino de un cuñado que, además de ser admirador de Doña Fátima, está en paro desde hace tres años cuando se empezaron a ver brotes verdes.

            Vale, no estamos para chirigotas, pero de algo hay que reírse. Esto que les he contado es una broma pero ¿qué me dicen de la magnífica actuación de la alcaldesa de Madrid en Buenos Aires? A la Sra. Botella, cuyo mayor mérito radica en ser la esposa de D. José María Aznar, después de visionar reiteradamente el vídeo de su parlamento en inglés solo me queda decirle, con el mayor respeto: Manolete, ¡si no sabes torear, pa que te metes! La derrota de la candidatura de Madrid es Olímpica, porque es la tercera, pero su humorada en el acontecimiento pasará a la historia, la de los ridículos más espantosos de la historia de España, con prueba documental indiscutible.

            Vayamos a Cataluña y disfrutemos del espectáculo. El pueblo catalán se manifiesta porque está en su derecho y porque quiere, que para eso estamos en una democracia, pero el honorable presidente Artur Mas también haría buena pareja con Mortadelo. En su afán de revestirse con los ropajes de un líder de características épicas y libertador de su pueblo, ha tenido la osadía de compararse con un verdadero líder, con Martin Luther King. Creo sinceramente y sin pizca de acritud, que envolverse en la bandera del lugar donde se ha nacido y usarla como parapeto y pretexto para engrandecer un trabajo político muy cuestionable no es comparable, ni de lejos, con la lucha por la igualdad de los derechos de los negros en Norteamérica. Yo prefiero que todos seamos iguales, tengamos garantizado el acceso a la educación, a la sanidad, al trabajo y a las libertades civiles en cualquier lugar del mundo que sólo en el trocito donde he tenido la casualidad de nacer. No quiero tener más para que otros tengan menos y por eso, los argumentos de que Cataluña sería más rica fuera de una España que la expolia, me molestan y me hieren. Creo que los nacionalismos son tan excluyentes como dañinos para la solidaridad, pero también me sorprende la ineptitud de Rajoy, que envuelto en la bandera de España, la que no supo defender ante el Comité Olímpico Internacional, es incapaz de hacer frente a una crisis que de tanto tirar de la cuerda por ambas partes, puede llegar a romperse. Todos los citados van a pasar a la historia, no lo duden, a la del saqueo de España y de Cataluña. Yo también, como Mas, he tenido un sueño: nos gobiernan Otilio y Filemón.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.