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déficit público

¡Heredarás las deudas!
María Antonia San Felipe 25-05-2012 | 2:48 | 0

A estas alturas la única verdad que resplandece en esta España nuestra es que todo lo que nos cuentan es mentira y lo que parece que no, a los pocos días también lo es. De este modo, de sobresalto en sobresalto y de sorpresa en sorpresa vamos descubriendo la escasa solidez de nuestro espejismo. Ahora sabemos que no vivíamos en el cielo, aunque nos lo parecía, sino que simplemente estábamos en el recreo del infierno y cuando nos han puesto de rodillas hemos visto con meridiana claridad la inmensa ciénaga en la que nos habíamos instalado. Por si fuera poco hoy la política se ha convertido en el refinado arte de mentir sin sonrojarse y cuanto mayor es la mentira más garantía hay de éxito.

Nos mienten a diario para no perder la costumbre y si son descubiertos nos vuelven a mentir. Por ejemplo, según las autoridades gubernativas nuestro sistema financiero era el más saneado del mundo. Pues bien, hoy estamos implorando a la emperadora Angela Merkel que nos eche una manita por si hubiera que rescatar a nuestros bancos. Hoy nadie duda que las cajas de ahorro, muchas de ellas centenarias y de notable arraigo popular han sido saqueadas por directivos incompetentes, muy bien retribuidos y fichados por los gobiernos autonómicos de todos los colores políticos. Descubierto el pastel se van, nos dejan la quiebra, es decir el muerto y cobran indemnizaciones de infarto sin que ninguno de ellos pida perdón, vaya al trullo o por lo menos lo pongan en la plaza mayor del pueblo para ser públicamente increpado. ¿Se acuerdan ustedes de aquellos test de estrés que habían hecho a la banca? Pues sus resultados también eran mentira, ya que se obtuvieron con artificios contables realizados con asesorías externas que, si nos descuidamos, serán las mismas que ahora han sido contratadas por el gobierno como verificadoras de nuestra realidad bancaria. Para colmo todas ellas no sólo tienen intereses económicos sino que han ayudado a mentir a otros para burlar las normas. Ahí está el caso de Goldman Sachs que va a auditar a Bankia, nuestra principal entidad repleta de activos tóxicos. Me pregunto ¿se puede confiar en una entidad que ayudó a mentir a Grecia o en otra que dio por bueno el sistema bancario irlandés antes de entrar en barrena? A mí me parece que es como poner a la zorra a cuidar las gallinas. Sabiendo que ahora los bancos se roban desde dentro, El Lute, me parece un santo, no lo duden.

La otra gran mentira descubierta estos días es la cifra real del déficit público. Cada día nos dan una y siempre al alza, lo que alimenta las dudas de los sacrosantos mercados mientras disminuye la credibilidad de los gobiernos autonómicos a ojos de los españoles y del mundo entero. No se sorprenda, en España las matemáticas no son una ciencia exacta. Recuerden a Esperanza Aguirre, que se autoproclamaba como la heroína antidéficit cuando en realidad había escondido cientos de facturas en los cajones. Hoy sabemos que todo era propaganda a beneficio de inventario, no sólo mentira, sino un gran fraude. En Valencia ni les cuento, pues lo peor del “ejemplar” presidente Camps no es que se dejara regalar trajes, sino la quiebra en que ha dejado las arcas públicas, encubierta por el gobierno central, para no dejar al aire las partes pudendas de un gobierno ineficaz y posiblemente corrupto. Pues bien en este país como nos gusta más buscar culpables de las desgracias que soluciones a las mismas ahí tenemos a nuestra clase política entretenida en tirarse los trastos a la cabeza pero sin asumir responsabilidad alguna. Todavía no han entendido que lo importante no es el tamaño de la mentira sino que mentir es también una intolerable forma de corrupción moral.

Pronto será una verdad irrefutable que a nuestros hijos, en el supuesto de que sobrevivan a esta crisis tormentosa, lo único que podemos asegurarles es que no sólo heredarán nuestras deudas sino también la triste cosecha de la perpetua mentira.

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El tamaño de la estupidez
María Antonia San Felipe 13-01-2012 | 11:06 | 0

     ¡Que el pan atonta!, me decían de pequeña. Es cierto que yo entonces no entendía la razón por la que comiendo pan uno entonteciera, pero pronto aprendí que mi padre no se refería a eso sino a algo tan sencillo como que la abundancia nubla la inteligencia. Esto es lo que cabe concluir tras revisar con atención la gestión que del estado autonómico han hecho sus responsables en los últimos años de expansión económica. No creo, sinceramente, que la organización territorial del Estado que recoge nuestra Constitución sea la culpable de los excesos y desmanes cometidos sino más bien la dimensión que los virreyes autonómicos le han ido dando.

     El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acaba de reconocer que tres cuartas partes de la desviación del déficit público previsto en un 6% y que ha alcanzado el 8%, es decir, 20.000 millones de euros más, corresponde a las autonomías. Se dice pronto pero ahí es nada. Echar las culpas a otros es lo más fácil pero hay lugares como la Comunidad Valenciana, la más endeudada de todas, donde eximirse de responsabilidades resulta imposible. La reciente noticia de que el Estado ha tenido que acudir a su rescate para responder de un pago de 123 millones de euros al Deutsche Bank o la drástica reducción de personal que va a aplicarse a la insostenible televisión valenciana son buenos ejemplos. Sin olvidar el espectáculo surrealista del aeropuerto de Castellón que, tras costar más 150 millonetis, no ha recibido ningún avión pero sí una estatua (300.000 euritos del ala) del inefable presidente de la Diputación, Carlos Fabra y  un aterrizaje masivo de conejos que están deteriorando las instalaciones, aunque para combatirlos ya se han inventado un programa de “control de fauna” que cuesta 100.000 euros y que consiste en desplegar hurones y halcones para combatir la plaga conejil. ¡Ojalá fuera broma!, pero no lo es. Claro que no es de extrañar que esto ocurriera ya que el presidente Camps, inaugurador del aeropuerto junto a Fabra, andaba el hombre preocupado por elegir trajes, con ceñidor central, en las boutiques caras y no tenía tiempo para ocuparse del desvío del gasto corriente ni del exceso de soberbia que adorna a quienes se consideran imprescindibles.

 

     Pero no nos engañemos, las exageraciones de estos años han sido patrimonio de todos los territorios porque sus dirigentes han jugado la baza de ser más autonomistas o nacionalistas que nadie y se hacían fuertes reivindicando más y más a un Estado que cada vez administraba menos y menos. Mientras el Estado se veía en la obligación de realizar ajustes fiscales para recaudar más, los presidentes autonómicos aprobaban deducciones en el tramo autonómico del IRPF o por vivienda. Es decir, el Estado hacía de malo y el presidente autonómico de turno hacía de bueno e incrementaba el gasto aún reduciendo sus posibles ingresos. Las primeras medidas de Rajoy han estado impregnadas de esa necesidad de aliviar la tesorería de Comunidades y Ayuntamientos, ya que el 50% del IRPF está cedido a las primeras y la subida del IBI (contribución urbana) va a los segundos y ambos impuestos son de ágil recaudación. No obstante, parece que las Comunidades todavía no han asumido la gravedad de la situación, algunas como La Rioja se han apuntado al lema de “hacer más con menos”, lo que significa lisa y llanamente que hasta ahora han hecho “menos con más”. Llegados a este punto hay que replantear la situación, hay que prescindir con diligencia y rapidez de todo lo superfluo que se ha creado sin visión de futuro y con un coste desmedido. Hay que optimizar los recursos limitados de que disponemos no creando, si todos somos españoles, fronteras ridículas entre regiones, como en el caso de la sanidad para atender a los ciudadanos que precisan del servicio público de salud. Como la escasez agudiza el ingenio es la hora de redimensionar el estado autonómico procurando el beneficio de todos en detrimento de tanta estupidez.

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