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Europa en el laberinto
María Antonia San Felipe 18-07-2015 | 12:25 | 0

Europa se encuentra perdida, girando a toda velocidad sobre sus propias contradicciones. Hasta ahora parecía que el sueño común de una Europa de los ciudadanos, protegidos por una red de derechos, era la fuerza centrípeta más potente para mantenerla unida. Todo ha quedado en una quimera, la crisis económica ha mostrado las grietas del proyecto y, en especial, la fragilidad del Eurogrupo por los errores en la concepción del euro. La desigualdad entre el Norte y el Sur se ha acentuado, igual que la de ricos y pobres en cada país, pero también es evidente la ausencia de contrapeso al poder de Alemania. Durante años el eje franco-alemán consensuó puntos de vista tratando de equilibrar las diferentes visiones del espacio común construido con las porciones de soberanía que iban cediendo los países que la integraban. La democracia era un valor primordial que amalgamaba a todos los países miembros en un proyecto social. Hoy tenemos la impresión de que la democracia vive secuestrada por la burocracia europea del pensamiento único ultraliberal.

La crisis griega va a tener consecuencias para todos. La primera es que los ciudadanos europeos vemos, sin resquicio de duda, quien manda de verdad en Europa. La fuerza de Merkel y de Alemania ha quedado patente por la sumisión del resto. Nadie ha tenido, salvo matices, capacidad para articular políticas distintas. Es este superpoder real, movido por sus propios intereses, el que está resquebrajando el proyecto europeo y el que ha impuesto las políticas de austeridad salvaje a los países más débiles y con mayor índice de paro. España, Portugal e Italia no han sido capaces de buscar una alianza con Francia para tratar de moderar los errores cometidos, que son muchos y que han empobrecido a los ciudadanos del total de la Unión.

Denostamos, con razón, los excesos de liderazgo, por el pernicioso peligro de que deriven en autocracias, pero también sabemos que, en los momentos más difíciles, los pueblos necesitan líderes y las naciones también. Parece que Alemania los tiene (Merkel y Shäuble), pero el resto no. Tanto Rajoy, Hollande o Renzi están a lo suyo, a preservar sus cuotas de poder interno. Son simples peones de una Alemania convertida en el gendarme de la ortodoxia de una austeridad suicida que está esclavizando a todos los trabajadores europeos, incluidos los alemanes, al yugo del subempleo precario, mal remunerado y sin derechos o simplemente al paro, como en España.

Por eso cuando no hay esperanza es bueno que alguien pelee por encontrarla. Éste parecía ser el caso de Alexis Tsipras que había reunido en torno a él muchas ilusiones de ciudadanos cansados de mentiras. Ya sabemos que una vez David venció a Goliat, pero fue una sola vez y no está claro que el cuento fuera verdad. Esta vez David/Tsipras no sólo ha sido vencido sino humillado ante los ojos atónitos de sus compatriotas y de un elevado porcentaje de europeos críticos con las políticas de la plutocracia europea. David contó con dos aliados, la piedra y la honda, pero Tsipras, ni contaba con armas ni con aliados. El referéndum lo dotó de orgullo pero lo debilitó en la negociación. Los monaguillos de Merkel, que ya se habían rendido sin condiciones hace tiempo, lo consideraron una afrenta, no podían quedar en ridículo ante sus naciones, por eso ha sido destruido. Tsipras ha fracasado ante su pueblo, es un semihéroe que agoniza en la plaza Sintagma. Lo peor es que nadie ha ganado esta batalla. Merkel también está herida, la soberbia mostrada no la cura el dudoso éxito obtenido. Hasta el propio Fondo Monetario Internacional anticipa que el acuerdo puede ser un fracaso en el corto plazo, lo que vuelve a poner en entredicho la estabilidad del euro. A veces lo que parece un triunfo es una tremenda derrota, porque en el fondo estamos ante un enorme fracaso que deja a Europa perdida en el laberinto y a sus ciudadanos en la incertidumbre.

 

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Negro zaino
María Antonia San Felipe 11-07-2015 | 8:15 | 0

Los toros atraviesan la calle Estafeta, el negro zaino deja la manada y trata de empitonar    a varios mozos que corren delante, puede que huyan de su destino o teman encontrarlo de pronto. En el punto en el que estamos no sabemos si Grecia es el toro que trata de arrollar a Europa o el cuento es al revés. El toro es como la sombra que te sigue sin que tú lo pretendas, es la eterna alegoría de la vida, siempre hay un imprevisto que puede fulminar sueños, arrollar  planes, destruir esperanzas. Algunos dicen que Europa está preparada para una salida de Grecia del euro sin que sea una catástrofe para el resto, pero en 2008 también nos dijeron que la caída de Lehman Brothers estaba controlada y todavía no nos hemos repuesto de la bofetada. Dos y dos no siempre son cuatro, ni en la vida ni en la economía.

El pasado domingo los griegos dieron un enorme respaldo a su gobierno, nadie esperaba un resultado tan contundente. Los ciudadanos consultados decidieron elevarse por encima del miedo, a sabiendas de que habían de elegir entre lo malo y lo peor. Seguramente los griegos sabían, cuando acudían a las urnas, que entre la pobreza y la miseria se alzaba la dignidad. Quienes argumentaban que convocar el referéndum era una cobardía y un gran error, al pasar la responsabilidad de la decisión a los ciudadanos, también sabían que no es lo mismo decir “no” a un gobierno, probablemente débil, que a su pueblo y mucho menos a un pueblo que está sufriendo la irresponsabilidad continuada de sus anteriores dirigentes y de quienes, desde la Unión Europea (tecnócratas y políticos), aceptaron mentiras contables para admitirlos en el club del euro, una moneda que fue gestada sin garantías, con economías muy diversas y que está en el origen de nuestros desequilibrios actuales, entre el norte y el sur, mucho más acentuados que antes de su entrada en vigor.

Tras el referéndum, Grecia ofreció de inmediato a Europa la cabeza de Varoufakis, como Judith entregó la de Holofernes para salvar a su pueblo, un gesto rápido e inteligente pero insuficiente para calmar los orgullos heridos de los dirigentes europeos que, sin excepción, aunque unos más que otros, habían apostado por el “Si”, convencidos de que triunfarían sólo con amenazas. Ninguno quiere moverse de su posición, es lógico, pero finalmente será el miedo a que les pille el toro del contagio, ante la debilidad de la recuperación económica de sus fracasadas recetas, el que produzca un acuerdo que debió alumbrarse hace tiempo. Al tablero de intereses económicos, políticos y geoestratégicos no es ajeno el gobierno de los EEUU, Obama teme la influencia de Rusia y de China (con intereses económicos en el puerto del Pireo) y por eso aconseja llegar a un acuerdo.

El problema hoy por hoy, no sólo es económico sino político. Europa no puede como tal hacer caso omiso del referéndum griego, el valor intrínseco de la idea trascendental de la Unión Europea se basaba sobre todo en la democracia, esa fue la base de su fortaleza. Nació con la intención de crear un espacio de libertades, derechos y bienestar para los países que cedieron parte de su soberanía en pro de un proyecto común. Esta genial idea no puede tirarse a la basura pero, desde el inicio de la crisis, todo se ha puesto en tela de juicio. La plutocracia dirigente de Europa va por un lado y los pueblos que la integran por otro. España es un buen ejemplo. Huele a elecciones y Rajoy teme que un acuerdo rápido con Grecia fortalezca a Podemos y debilite tanto al PP como al PSOE, que han mantenido parecidas posiciones. Como en el resto de la Unión se tiene pánico a que la democracia participativa sea reivindicada con fuerza por ciudadanos indignados, decepcionados y cansados del secuestro del mayor valor hasta ahora de Europa: la democracia.

El mundo no se ha hundido todavía y no lo desplomará la crisis griega, esperemos que no lo haga Europa como proyecto común. Sería de tontos pelear para que el otro se quede ciego aunque uno se quede tuerto. Es la hora de que el mundo entero compruebe si el conjunto de los denominados líderes de los países que integran Europa y sus instituciones son estadistas a la altura de este momento histórico y de los pueblos a los que representan o simplemente son esclavos de su propia incompetencia y de su falta de ambición para construir un futuro, que no es suyo sino nuestro. Veremos.

 

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El espejo griego
María Antonia San Felipe 27-06-2015 | 8:28 | 0

El poder establecido, incluso en democracia, tiene como fin último tratar de mantenerse en el tiempo e igual que los poderes económicos, que nunca pasaron por las urnas, prefieren siempre tener un pueblo espectador que un pueblo involucrado en la realidad social y política. El ciudadano espectador siempre es más fácilmente manipulable que el ciudadano activista cuyo compromiso le obliga a averiguar si es verdad lo que le cuentan. Ya nos dijo Chomsky que “la propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”, así la propaganda puede utilizarse para fabricar consensos generalizados en la población sobre asuntos en los que existía una gran disparidad de opiniones. Es decir, nos pastorean para que no se altere el rebaño y la mejor manera es metiéndonos el miedo en el cuerpo. Digamos que en esta vieja técnica, en este juego de controles están instalados desde hace meses los dirigentes europeos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

Las políticas de recortes sociales impuestas a países como España o Portugal con unas economías intervenidas y tuteladas han tenido un coste social tan evidente que se temía una explosión de la ciudadanía por la dimensión de los sacrificios impuestos. El triunfo de Syriza en Grecia inquietó especialmente a los miembros del Eurogrupo que más recortes habían padecido en esta prolongada crisis. Si el nuevo gobierno griego conseguía renegociar su deuda y frenar las reformas podía producirse un mimetismo en el resto de países. En España, donde el malestar por la corrupción y los recortes se estaba disparando, una nueva fuerza política, similar a Syriza, en las elecciones europeas disparó las alarmas de los poderes económicos y políticos. Al nuevo presidente griego, Alexis Tsipras le han querido dar  una lección para evitar el contagio. Tras el calvario, la posibilidad de acuerdo se ha ido incrementando ya que, en el fondo, nadie sabe cuáles serán las consecuencias para el resto de los países de la Unión Europea si Grecia abandona el euro, porque las guerras sabemos cuando empiezan pero nunca cómo concluyen.

De cara a la opinión pública europea lo que ha triunfado hasta ahora es el discurso de que las deudas hay que pagarlas y que los griegos han sido unos manirrotos viviendo por encima de sus posibilidades. Este es el relato que se han encargado de difundir desde los poderes económicos, mediáticos y políticos. Da igual explicar que en Grecia la inmensa deuda del país no fue generada sólo por el gasto público sino por el rescate de los bancos trasladando los riesgos de impago de éstos al Estado y poniendo a los griegos una soga al cuello. Tampoco es suficiente decir que las trampas contables de Grecia y las mentiras a la Unión Europea fueron pilotadas por el banco Goldman Sachs cuyo representante para Europa, entre 2002 y 2006, era Mario Draghi. Quizás por eso, en desagravio, ha estado echando una mano a la banca griega estos últimos días para evitar su colapso.

Ahora que el acuerdo está más cerca van a tratar de presentarlo ante la opinión pública como una rendición de Tsipras para desanimar a los griegos y para tranquilizar a los ciudadanos, sobre todo alemanes, contrarios a hacer concesiones. En el caso español, en puertas de elecciones, el éxito de Syriza sacaría los colores a Rajoy ya que la débil recuperación económica no cura las sangrantes heridas del paro y los recortes sociales. Europa, aplicó recetas muy distintas a las de EEUU y su crecimiento es mucho menor.  Grecia está acorralada pero Europa también. Aunque su principal fracaso, hoy por hoy, es que la democracia se ha convertido en un estorbo para la hegemonía del poder económico. Si los europeos miramos al espejo griego descubriremos que el mayor peligro no es el impago de la deuda helena, lo que de verdad está en juego es la democracia, por eso en el cielo de Europa hace tiempo que sólo se ven cuervos.

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Europa y la dignidad
María Antonia San Felipe 10-05-2014 | 10:36 | 0

 

Es fácil comprobar que toda Europa padece de malestar general aunque la gravedad de las dolencias depende de la situación en el mapa de la Unión Europea. Nosotros estamos en el sur, situados por debajo de la media y transitando en el pelotón de cola en casi todo, salvo en paro, desigualdad y corrupción en los que vamos escapados, luciendo el maillot amarillo y a mucha distancia del siguiente competidor.

            Las próximas elecciones europeas van a poner a prueba la confianza en las instituciones de la Unión y todo indica que en España la abstención puede rozar parámetros históricos. Durante la larga dictadura los españoles miramos a Europa con esperanza porque el ingreso en la Comunidad Económica exigía como requisito indispensable que el país fuera una auténtica democracia. Lo conseguimos hace 29 años y desde nuestra integración hemos recibido muchas cosas de Europa, entre ellas, el sueño de profundizar en la igualdad de los ciudadanos de la Unión porque íbamos a sustituir la Europa de los mercaderes por la Europa de las personas. Los hachazos a los derechos básicos de los trabajadores han convertido el objetivo en una utopía. La realidad es justo la contraria, la hegemonía de los especuladores que controlan los mercados financieros es tal que también dominan el poder político habiendo convertido la influencia real de la ciudadanía en residual. Se vota un parlamento, pero el verdadero poder no nace de la soberanía popular.

            Va a ser la primera vez que se elija al presidente de la Comisión Europea y, para ello, hay dos candidatos con posibilidades, designados por las élites de sus partidos, seguramente tras un pacto con la verdadera autoridad competente: el poder económico que nunca toleró la democracia. No es de extrañar que el desánimo sea general. Las alternativas que nos ofrecen para superar la crisis no parecen diferenciarse pese a que lo intentan. Por un lado, el candidato Jean-Claude Juncker, desde el Partido Popular europeo, no ofrece otra cosa que continuar por la senda de la austeridad en materia social, el retroceso en derechos y la generosidad con el sector financiero que ya han impuesto para salir de la crisis sin que hasta el momento hayamos percibido resultados tangibles. Sin olvidar que Juncker ha sido no sólo presidente del Eurogrupo sino de Luxemburgo, un paraíso fiscal en el corazón de una Europa cada vez más alejada de sus ciudadanos. Al otro lado, tenemos al alemán Martín Schulz como candidato de la socialdemocracia, cuyo partido gobierna con Angela Merkel en una gran coalición. Éste precisamente es el tipo de gobierno que algunos sectores influyentes de la economía y de la prensa están intentando propiciar en España para frenar la crisis del bipartidismo y ante la ausencia de una alternativa política clara que sustituya a las opciones tradicionales que están cavando sus propias fosas por no querer escuchar el clamor de la calle.

            A mi entender, el mismo retroceso democrático que percibimos en España también se está produciendo en Europa. El panorama no sólo es descorazonador sino alarmante, por la ausencia de respuestas contundentes para evitar el estrangulamiento de la democracia imponiendo límites legales a la voracidad del poder económico y dando satisfacción a las exigencias de los ciudadanos. Que el mal esté extendido por Europa no es un consuelo para los españoles. En los países vecinos además de estar objetivamente mejor en el plano económico, los políticos tienen la decencia de dimitir cuando su comportamiento ético es censurable y no se esconden detrás de interminables procesos judiciales que acaben absolviéndolos por prescripción del delito. Espero que al votar nuestra memoria no resulte tan endeble como la dignidad de tanto oportunista metido a político.

 

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El tamaño importa
María Antonia San Felipe 02-11-2013 | 11:33 | 0

           Este país es muy proclive a preocuparse de lo accesorio y a olvidarse de lo importante, cualquier señuelo nos despista. Nos tenían entretenidos con los presuntos brotes verdes y como comenzaban a dolernos los ojos, enrojecidos de tanto frotarlos para tratar de verlos, nos han brindando un nuevo pasatiempo. Ahora lo importante es saber si hemos sido suficientemente espiados o no por los Estados Unidos. Sería una decepción averiguar que los americanos espiaban a Angela Kerkel, incluso en la oposición, y no han investigado a Mariano Rajoy ni antes ni ahora. Claro que teniendo en cuenta que ni siquiera comparece ante la opinión pública para dar su punto de vista en temas de extrema crudeza no es de extrañar que le pinchen el teléfono y le intercepten los mensajes para saber qué narices opina del paro, del desmantelamiento de la sanidad, de incremento del soberanismo en Cataluña o de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo. Son tantos sus silencios que los españoles debiéramos contratar un espía que nos informe de lo que Rajoy opina de España en la intimidad. Es de chiste constatar que los agentes secretos españoles nos espían a nosotros mismos para pasar la información a los Estados Unidos, con la disculpa de que hay que colaborar conjuntamente para aniquilar al Imperio del Mal y a estas alturas no sabemos si los agentes son dobles o son sólo de ellos, a cambio de sobresueldos en negro para que no se entere Montoro, que como no para de hablar puede contarlo en el Parlamento sin darse cuenta.

           Porque no nos engañemos, en este país el tipo de agentes secretos que nos fascinan no son los de las novelas de Ian Fleming o John Le Carré, que también fueron espías. A nosotros los que nos gustan son Mortadelo y Filemón y si hay que investigar con más intensidad y eficacia ya avisaremos al inspector Clouseau, encarnado por Peter Sellers. Por lo que parece, el papel de España en este asunto es de risa porque trabajamos para los servicios secretos estadounidenses con más impericia que acierto y por eso nuestra protesta va a tono de tanta estupidez. Nos quejamos pero poco. Aparentamos que nos enfadamos pero por los bajines le decimos al embajador de los Estados Unidos que pelillos a la mar,  no vaya a ser que si nos ponemos chulos nos salga cara la heroicidad. En este asunto no se defiende la patria, en cuya bandera se envuelven algunos cuando conviene, sino la subordinación al poderoso y la mentira como instrumento de dominación.

           De todo este asunto sólo podemos extraer una conclusión: nuestras democracias languidecen porque cada día son más vulnerables y porque los que nos espían los correos electrónicos y las conversaciones telefónicas con el pretexto de combatir el terrorismo y salvaguardar la seguridad de nuestros hogares, en realidad ni sabemos para quién trabajan aunque todo indica que sirven al poder económico que siempre ha dirigido el mundo. Que se están vulnerando leyes internacionales es evidente, pero en España esto ni siquiera sorprende porque nos hemos acostumbrado a ver que quienes más incumplen la legislación mejor vida se pegan. En España lo importante es el tamaño, si eres un timador de poca monta vas al trullo seguro, pero si estafas a miles de ahorradores no te preocupes porque puedes acabar de directivo de un gran banco, como Rato. Si olvidas declarar 300 euros a Hacienda, prepárate, pero si defraudas millones no hay motivos para la alarma, si no te incluyen en una amnistía fiscal acudes a los tribunales y con suerte, al ritmo que va la presunta justicia, el delito prescribe y tú de vacaciones en Hawai. Como dijo Muñoz Molina en Oviedo, vivimos “en un país asolado por una crisis cuyos responsables quedan impunes mientras sus víctimas no reciben justicia, donde la rectitud y la tarea bien hecha tantas veces cuentan menos que la trampa o la conexión clientelar”. Este es nuestro drama nacional, pero nada, aquí no pasa nada. Como cantaba Manolo Escobar: ¡Qué viva España!

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.