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democracia

Europa y la dignidad
María Antonia San Felipe 10-05-2014 | 10:36 | 0

 

Es fácil comprobar que toda Europa padece de malestar general aunque la gravedad de las dolencias depende de la situación en el mapa de la Unión Europea. Nosotros estamos en el sur, situados por debajo de la media y transitando en el pelotón de cola en casi todo, salvo en paro, desigualdad y corrupción en los que vamos escapados, luciendo el maillot amarillo y a mucha distancia del siguiente competidor.

            Las próximas elecciones europeas van a poner a prueba la confianza en las instituciones de la Unión y todo indica que en España la abstención puede rozar parámetros históricos. Durante la larga dictadura los españoles miramos a Europa con esperanza porque el ingreso en la Comunidad Económica exigía como requisito indispensable que el país fuera una auténtica democracia. Lo conseguimos hace 29 años y desde nuestra integración hemos recibido muchas cosas de Europa, entre ellas, el sueño de profundizar en la igualdad de los ciudadanos de la Unión porque íbamos a sustituir la Europa de los mercaderes por la Europa de las personas. Los hachazos a los derechos básicos de los trabajadores han convertido el objetivo en una utopía. La realidad es justo la contraria, la hegemonía de los especuladores que controlan los mercados financieros es tal que también dominan el poder político habiendo convertido la influencia real de la ciudadanía en residual. Se vota un parlamento, pero el verdadero poder no nace de la soberanía popular.

            Va a ser la primera vez que se elija al presidente de la Comisión Europea y, para ello, hay dos candidatos con posibilidades, designados por las élites de sus partidos, seguramente tras un pacto con la verdadera autoridad competente: el poder económico que nunca toleró la democracia. No es de extrañar que el desánimo sea general. Las alternativas que nos ofrecen para superar la crisis no parecen diferenciarse pese a que lo intentan. Por un lado, el candidato Jean-Claude Juncker, desde el Partido Popular europeo, no ofrece otra cosa que continuar por la senda de la austeridad en materia social, el retroceso en derechos y la generosidad con el sector financiero que ya han impuesto para salir de la crisis sin que hasta el momento hayamos percibido resultados tangibles. Sin olvidar que Juncker ha sido no sólo presidente del Eurogrupo sino de Luxemburgo, un paraíso fiscal en el corazón de una Europa cada vez más alejada de sus ciudadanos. Al otro lado, tenemos al alemán Martín Schulz como candidato de la socialdemocracia, cuyo partido gobierna con Angela Merkel en una gran coalición. Éste precisamente es el tipo de gobierno que algunos sectores influyentes de la economía y de la prensa están intentando propiciar en España para frenar la crisis del bipartidismo y ante la ausencia de una alternativa política clara que sustituya a las opciones tradicionales que están cavando sus propias fosas por no querer escuchar el clamor de la calle.

            A mi entender, el mismo retroceso democrático que percibimos en España también se está produciendo en Europa. El panorama no sólo es descorazonador sino alarmante, por la ausencia de respuestas contundentes para evitar el estrangulamiento de la democracia imponiendo límites legales a la voracidad del poder económico y dando satisfacción a las exigencias de los ciudadanos. Que el mal esté extendido por Europa no es un consuelo para los españoles. En los países vecinos además de estar objetivamente mejor en el plano económico, los políticos tienen la decencia de dimitir cuando su comportamiento ético es censurable y no se esconden detrás de interminables procesos judiciales que acaben absolviéndolos por prescripción del delito. Espero que al votar nuestra memoria no resulte tan endeble como la dignidad de tanto oportunista metido a político.

 

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El tamaño importa
María Antonia San Felipe 02-11-2013 | 11:33 | 0

           Este país es muy proclive a preocuparse de lo accesorio y a olvidarse de lo importante, cualquier señuelo nos despista. Nos tenían entretenidos con los presuntos brotes verdes y como comenzaban a dolernos los ojos, enrojecidos de tanto frotarlos para tratar de verlos, nos han brindando un nuevo pasatiempo. Ahora lo importante es saber si hemos sido suficientemente espiados o no por los Estados Unidos. Sería una decepción averiguar que los americanos espiaban a Angela Kerkel, incluso en la oposición, y no han investigado a Mariano Rajoy ni antes ni ahora. Claro que teniendo en cuenta que ni siquiera comparece ante la opinión pública para dar su punto de vista en temas de extrema crudeza no es de extrañar que le pinchen el teléfono y le intercepten los mensajes para saber qué narices opina del paro, del desmantelamiento de la sanidad, de incremento del soberanismo en Cataluña o de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo. Son tantos sus silencios que los españoles debiéramos contratar un espía que nos informe de lo que Rajoy opina de España en la intimidad. Es de chiste constatar que los agentes secretos españoles nos espían a nosotros mismos para pasar la información a los Estados Unidos, con la disculpa de que hay que colaborar conjuntamente para aniquilar al Imperio del Mal y a estas alturas no sabemos si los agentes son dobles o son sólo de ellos, a cambio de sobresueldos en negro para que no se entere Montoro, que como no para de hablar puede contarlo en el Parlamento sin darse cuenta.

           Porque no nos engañemos, en este país el tipo de agentes secretos que nos fascinan no son los de las novelas de Ian Fleming o John Le Carré, que también fueron espías. A nosotros los que nos gustan son Mortadelo y Filemón y si hay que investigar con más intensidad y eficacia ya avisaremos al inspector Clouseau, encarnado por Peter Sellers. Por lo que parece, el papel de España en este asunto es de risa porque trabajamos para los servicios secretos estadounidenses con más impericia que acierto y por eso nuestra protesta va a tono de tanta estupidez. Nos quejamos pero poco. Aparentamos que nos enfadamos pero por los bajines le decimos al embajador de los Estados Unidos que pelillos a la mar,  no vaya a ser que si nos ponemos chulos nos salga cara la heroicidad. En este asunto no se defiende la patria, en cuya bandera se envuelven algunos cuando conviene, sino la subordinación al poderoso y la mentira como instrumento de dominación.

           De todo este asunto sólo podemos extraer una conclusión: nuestras democracias languidecen porque cada día son más vulnerables y porque los que nos espían los correos electrónicos y las conversaciones telefónicas con el pretexto de combatir el terrorismo y salvaguardar la seguridad de nuestros hogares, en realidad ni sabemos para quién trabajan aunque todo indica que sirven al poder económico que siempre ha dirigido el mundo. Que se están vulnerando leyes internacionales es evidente, pero en España esto ni siquiera sorprende porque nos hemos acostumbrado a ver que quienes más incumplen la legislación mejor vida se pegan. En España lo importante es el tamaño, si eres un timador de poca monta vas al trullo seguro, pero si estafas a miles de ahorradores no te preocupes porque puedes acabar de directivo de un gran banco, como Rato. Si olvidas declarar 300 euros a Hacienda, prepárate, pero si defraudas millones no hay motivos para la alarma, si no te incluyen en una amnistía fiscal acudes a los tribunales y con suerte, al ritmo que va la presunta justicia, el delito prescribe y tú de vacaciones en Hawai. Como dijo Muñoz Molina en Oviedo, vivimos “en un país asolado por una crisis cuyos responsables quedan impunes mientras sus víctimas no reciben justicia, donde la rectitud y la tarea bien hecha tantas veces cuentan menos que la trampa o la conexión clientelar”. Este es nuestro drama nacional, pero nada, aquí no pasa nada. Como cantaba Manolo Escobar: ¡Qué viva España!

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La democracia ya no estaba allí
María Antonia San Felipe 15-06-2013 | 10:03 | 0

         

          El período nacido de la Constitución de 1978 es para los españoles una etapa de progreso y de consecución de derechos individuales y colectivos sin parangón anterior. Igualmente, el ingreso de España en la Unión Europea pareció convertirse en la garantía de nuestra estabilidad democrática. Hoy es el día en que debemos comenzar a preguntarnos qué está ocurriendo en Europa para que una pandilla de incompetentes y desalmados, estén sirviendo a los intereses económicos de una casta de especuladores que han decidido, sin consultarnos, construirnos el futuro a su manera sirviéndose precisamente de los mecanismos, aparentemente democráticos, de los que nos habíamos dotado. Europa ya no es una esperanza sino una maldición. Sólo como incompetentes puede denominarse a quienes dicen ahora, en un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), que se habían subestimado las consecuencias negativas del rescate a Grecia. Que se lo digan a la gente que se ha quedado en la calle, se encuentra pidiendo limosna o sin poder comprar los fármacos que necesita. Cierto que la economía no son matemáticas, pero una comienza a preguntarse si a esta institución acceden las personas más cualificadas para el desempeño de la función o los cazatalentos del FMI también cobran pagas extras en sobrecitos de color marrón. Lo digo por los inestimables fichajes de Dominique Strauss-Kahn que sustituyó al español Rodrigo Rato, que se marchó sin explicar por qué, quebró Bankia y ahora asesora a Telefónica. ¡Ojo, al dato! Que los componentes de la denominada Troika y sus mariachis son unos desalmados lo demuestra la persistente aplicación de recetas que se ha demostrado que no sirven para impulsar el crecimiento sino para crear pelotones de parados que sobreviven sin esperanza de encontrar empleo. A ninguno de estos señores, cuya inteligencia todavía no ha quedado demostrada, no sólo no los hemos votado sino que empezamos a pensar si no será acabar con nuestro sistema lo que pretenden.

          Si la sanidad pública está siendo transformada en negocietes privados, si miles de jóvenes hijos de trabajadores (muchos de ellos en paro) no van tener becas de estudio, si otros tanto miles deben emigrar con sus títulos bajo el brazo, si las pensiones de miseria se van a generalizar, si se penaliza al asalariado y se premia al defraudador (aplausos para Messi y otros genios del balón), si los autónomos no pueden acceder al crédito, si las familias están teniendo dificultades para alimentar a sus hijos, si los comedores comienzan a parecer los del Auxilio Social de la posguerra,… me pregunto, ¿es tolerable democráticamente que se esté gobernando contra la opinión generalizada de la población? Yo creo que no. Y mucho menos cuando se están detrayendo la mayor parte de los recursos públicos precisamente de sanidad, educación y dependencia que son los ámbitos que mayor consenso despiertan entre los españoles para su protección. Mientras tanto los ciudadanos viven contemplando como campa a sus anchas la corrupción política y el chanchullo, que siempre queda impune, mientras sigue sin tocarse lo que yo denomino “el cortijo” o parodiando a Esperanza Aguirre, “la mamandurria”, es decir, esa inmensa red clientelar de enchufados políticos a mansalva que pueblan las nóminas de Ayuntamientos, Diputaciones, Gobiernos autonómicos y empresas públicas.

           Tras observar quién decide la política en Europa y analizar lo que está pasando en España debemos comenzar a preguntarnos si vivimos realmente en democracia. No puedo dejar de contarles una reflexión del dibujante El Roto esta semana en El País: “Cuando despertaron –dice- la democracia ya no estaba allí”. Mi opinión es que ha llegado el momento de despertar, es hora de practicar una serena rebeldía contra el poder porque a través de la asfixia económica simplemente tratan de privarnos de la libertad.

 

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La democracia bajo el ciprés
María Antonia San Felipe 13-04-2012 | 11:45 | 2

Dimitri Christulas, decidió el pasado 4 de abril no contribuir a las preocupaciones que el Fondo Monetario Internacional y los gurús de los mercados que lo inspiran tienen en estos momentos. La última recomendación consiste en pedir que se recorten las prestaciones y se retrase la edad de jubilación ante “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”. Anticipándose a estas inquietudes de tan altos organismos y para evitar causarles más desazones a sus dirigentes, un desconocido anciano griego, a sus 77 años, decidió quitarse de en medio pegándose un tiro, bajo un ciprés, en la emblemática plaza Sintagma de Atenas. Fue su forma de contribuir a la salida de una crisis que este humilde farmacéutico no había provocado. Así el Estado se ahorra el pago de su modesta pensión, que él había obtenido durante varias décadas de cotizaciones, y que ha sido progresivamente reducida tras el estallido de esta decadencia del mundo occidental que llamamos crisis.

Es difícil eludir lo que este terrible suceso simboliza para el resto de compatriotas y de ciudadanos del mundo. El gesto de este anciano es una intencionada y desesperada denuncia de la forma en que se están haciendo las cosas en Europa. En su carta de despedida Dimitri, “el rebelde”, ha dejado claro que prefiere la muerte a la indignidad de verse obligado a rebuscar comida en la basura, pese a haber trabajado toda su vida, a la vez que desea íntimamente que los jóvenes griegos sin futuro decidan un día, no lejano, empuñar las armas y colgar a los traidores a la patria como un día los italianos colgaron a Mussolini. Dos alusiones evidentes a dos presidentes no elegidos por el pueblo e impuestos por los sacrosantos mercados, el de Italia y el de Grecia, presidido por Lukas Papademos, antiguo vicepresidente del Banco Central Europeo al que él ha comparado con Georgios Tsolakoglu, que también en abril, aunque de 1941, se abrió paso hacia la presidencia del país heleno tras entregar su patria a los nazis.

El dedo en la llaga lo ha puesto el anciano al recordar precisamente la Segunda Guerra Mundial ya que la vieja Europa, de la que tan orgullosos nos hemos sentido durante años, es precisamente el resultado de una lucha sin cuartel de la democracia contra los totalitarismos. Entonces se luchó por la libertad y se combatió la ausencia de ella. La Unión Europea era, hasta ahora, una institución cuya esencia estaba basada en la democracia representativa y en la protección de los derechos individuales. En la actualidad, el déficit democrático de Europa es un lastre todavía mayor que el déficit de nuestras cuentas públicas: se imponen gobiernos, nos mangonean Merkel y Sarkozy, nos asustan con la intervención, esclavizan las relaciones laborales y todo ello para que la resignación sea la norma básica de nuestro comportamiento. Por si esto fuera poco, se premia a los que han saqueado nuestras arcas y la corrupción y la ausencia de ética en los comportamientos públicos aparecen como un mal crónico. Yo creo que de esta dolencia grave no se sale sólo con docilidad y obediencia a todo lo que nos impongan como ha denunciado el anciano Dimitri. Yo sólo albergo un enorme temor al futuro porque presiento que, al final de esta crisis, además de al funeral de Dimitri puede que, junto al mismo ciprés, asistamos al entierro no sólo la Europa del bienestar sino de una Europa democrática y libre.

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Votar o no votar
María Antonia San Felipe 18-11-2011 | 9:05 | 4

 

                 

En este país, durante años, hubo dos sueños colectivos que impulsaron la acción ciudadana y política desde los albores de la dictadura: conseguir la democracia y entrar en Europa. La pertinaz sequía democrática que vivió España alimentó durante décadas el deseo de articular la participación política a través del sufragio universal, un derecho que parecía inalcanzable y que se hizo realidad tras multitudinarias manifestaciones. Al grito de la canción de Jarcha: “Habla pueblo habla, habla pueblo sí, no dejes que nadie decida por ti”, conseguimos el primero de esos sueños y la democracia llegó a todos los rincones de España de igual modo que la primavera, con naturalidad. El segundo sueño, entrar en Europa, se alcanzó en 1985. Franco había solicitado el ingreso en 1962, pero ser un régimen democrático era un requisito indispensable que España estaba todavía muy lejos de cumplir.
          Ya ven lo que cambian las cosas. Mientras las calles del mundo se llenan de ciudadanos pidiendo progresos democráticos, aquí, en la vieja Europa, la cláusula contractual del “habla pueblo, habla” ha quedado en suspenso y la hibernación del derecho al voto ha comenzado precisamente en Grecia, cuna del concepto de democracia. Italia le ha seguido en la implantación de sendos gobiernos integrados por supuestos técnicos que, sin pasar por las urnas, van a gobernar ambos países. No lamento el relevo de Berlusconi que, elegido reiteradamente por el voto mayoritario de los italianos, ha utilizado la democracia en beneficio propio y para eludir la acción de la justicia. Pero, pese a todo, no deja de removerme el hígado que sean los mercados, Merkel y Sarkozy quienes hayan precipitado su caída en aras de una supuesta salvación nacional. La tecnocracia y la injerencia exterior han sustituido a la democracia. Y ello, pese a que son los propios partidos políticos los que se han puesto de acuerdo para no vulnerar sus constituciones, ni perder su capacidad de influencia en los resortes del poder. Ellos mismos han querido dar un aire democrático a la elección de sus dos nuevos primeros ministros, Papademus y Monti, pactando en la oscuridad de la noche. Al amanecer del siguiente día, no tuvimos la sensación de que tanta renuncia democrática hubiera servido de mucho. Los susodichos mercados han seguido atacando a la deuda italiana con los tanques y con el resto de la artillería pesada.
El tiempo dirá lo que este experimento da de sí. El hecho es que las conquistas de años pueden desaparecer si prevalecen nuestra apatía y nuestra resignación. Sólo el miedo y la incertidumbre han podido conseguir nuestro silencio cómplice. Únicamente desde ese prisma puede comprenderse la condescendencia con la que han sido aceptados, por los ciudadanos de sus respectivos países, unos presidentes que ellos jamás hubieran elegido porque nunca ambos se hubieran presentado para tal fin.


          Cabe también preguntarse, cómo estará el nivel entre la clase política para que los mismos políticos hayan decidido recurrir a alguien fuera de sus propias filas. Quizá los partidos políticos, que articulan el sistema, deban comenzar a replantearse en serio la situación. Deben evitar que la mediocridad de los políticos acabe con la grandeza de la política, la que debe ejercerse por representación y en beneficio exclusivo del pueblo soberano y que no se fragua lejos de las inquietudes del ciudadano. Es cierto que estamos en una nueva etapa de la que no sabemos qué nuevo mundo va a nacer, confiemos en que no sea una era de simulación democrática y esperemos que alguien sea capaz de administrar un poco de “valium” a los mercados, en nuestro nombre y en el de nuestra creciente indignación. Mientras tanto, el domingo, los españoles podemos ejercer nuestro derecho al voto. Yo recomiendo que votemos. Ya hay bastantes cosas en la vida en las que otros deciden por nosotros. ¡Qué no sea ésta nuestra última vez!

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