La Rioja

img
25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
img
Mercedes Garcia-Laso | 23-11-2016 | 22:11

Hoy os quiero proponer unas breves pinceladas que nos puedan invitar a pensar sobre nuestro particular posicionamiento ante el 25N, es decir, ante la violencia de género.

PRIMERO, en mi opinión el atajar esta lacra que parece no cesar, pasa por un cambio social de raíz, pues en nuestras sociedades patriarcales y falocéntricas la mujer lleva siglos considerada como inferior al hombre… y aunque en nuestra cultura ha habido importantes avances (sólo hace falta recordar la situación de la mujer en España hace 40 años) persiste la devaluación… aunque ahora sea bajo nuevas formas… bueno, y bajo otras, no tan nuevas.

Así las campañas de prevención del maltrato dirigidas a niños y púberes tienen una eficacia bastante limitada frente a lo que nuestros críos ven en los medios de comunicación e internet, donde se presentan modelos muy poco “adecuados”, por decirlo finamente… modelos que, por otra parte, no son otra cosa que la explicitación del imaginario que impera en nuestra sociedad, y del que, la mayoría de las veces, no somos ni conscientes.

No obstante, es cierto que las campañas de prevención de violencia e intervenciones sociales del estilo pueden tener su papel, ya que a todos en un momento dado, un vídeo, una lectura, un algo, nos puede ayudar a un “darnos cuenta” importante  (ejemplo: vídeo “Doble Check de notodofilmfest”, o imagen que adjunto). Aunque también he de reconocer que algunas de las campañas con las que me encuentro me gustan bien poco (pero hoy no entraré en ello).

He comenzado, como veis, por el nivel social y cultural, que es lo que hace que varíe los porcentajes de violencia entre unos países y otros, aunque en todos, quiero enfatizar, se requeriría una transformación profunda y una recuperación los valores femeninos, entre otras cosas, como explicaba en el #minimapa “Hombres y mujeres”.

EN SEGUNDO LUGAR, nos encontramos con nivel individual, es decir, la persona, su entorno y los avatares de su vida. Aquí, lo que más marca la probabilidad que tiene una mujer de ser maltratada es cómo vive sus primeros años de vida… si bien es cierto, que cualquier mujer podemos encontrarnos atrapadas por un perverso que destroza nuestro cerebro y amenaza a nuestros hijos (de ahí que haya utilizado la palabra “probabilidad”). Por otra parte, lo que más protege en un momento dado es, según mi parecer, contar con buenos amigos.

En este segundo punto hay que remarcar también el deber ético del entorno, del que tantas veces nos escaqueamos… y es que todos debemos asumir nuestra responsabilidad: ¿hasta cuándo mirar hacia otro lado para evitarme problemas? Como decía Martin Luther King “lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.”

A este respecto, a los hombres en particular os dejo un vídeo (Jackson Katz: La violencia contra las mujeres, un asunto de hombres) subrayando que ningún ser humano es un objeto y que es vuestra responsabilidad no apoyar con el silencio cuando entre los colegas alguien hace un comentario ofensivo hacia una mujer. Esto es por supuesto también aplicable a las mujeres, que a veces somos mucho más machistas que ellos, y encima sin darnos cuenta.

POR ÚLTIMO, encontraríamos en nivel de intervención con la mujer maltratada. Y voy a acabar este mini-mapa con un resumen de una parte de un artículo de María Cruz Estada, donde se reflexiona acerca de por qué tantas intervenciones en temas de violencia contra las mujeres fracasan… siendo mi interés que nos sirva a todos de pequeño esbozo para seguir pensando y haciéndome preguntas sobre mi particular mapa mental (mis creencias, mi posicionamiento) ante esta cruda realidad. Hasta la próxima semana, navegantes! 

***

Según Estada los tratamientos se suelen convertir en fallidos por TRES tipos de errores del profesional… que son consecuencia de lo que los programas sanitarios le aconsejan o le enseñan, y también de dejarse llevar en el tratamiento por la ideología personal y por los ideales compartidos con el grupo social al que pertenece (los ideales pueden ser absolutamente legítimos pero en el trabajo con pacientes hay que poder dejarlos de lado para poder verdaderamente escuchar).

1. El primer error consiste en ACONSEJAR a la mujer maltratada algo del tipo: “No deberías soportar más esta situación”.

Este error no sólo la toman muchos terapeutas, sino también las amigas, madres, hermanas de la mujer maltratada. Lo que sabemos, o deberíamos saber los profesionales que tratamos a personas con este problema, es que cualquier intento de ayuda que venga por ese lado, NO SÓLO NO sirve para ayudar a las mujeres, sino que suele culpabilizarlas aún más, porque ellas tampoco entienden realmente por qué aguantan tanto, ni tampoco tienen las fuerzas para separarse.

Y esta culpa las lleva a angustiarse más y, con ello, a distanciarse de la amiga, hermana, madre o psicoterapeuta que así la aconsejan (angustiadas —también ellas— por el miedo de que las cosas tomen un giro dramático). Queda entonces, aparte de maltratada, sola; y quienes querían ayudarla, frustrados.

2. Otro error —error de matiz, pero fundamental— es que hace ya unos diez o doce años, cuando se empezó a considerar la posibilidad de tratar a mujeres víctimas de maltrato como tales, era bastante general que se intentara QUE ASUMIERAN SU RESPONSABILIDAD en lo que les ocurría, sobre todo cuando se comprobaba que, a pesar del tratamiento, seguían con su maltratador, o que era altísimo el índice de mujeres que, una vez alejadas, volvían al domicilio familiar. Se repetía así hasta la saciedad, y se sigue haciendo, frases como: “la mujer no es culpable, pero sí responsable”, o “hay que distinguir entre culpabilidad y responsabilidad”.

Por ello, dada la dificultad de hacer esta sutilísima distinción, eran muchas las mujeres que abandonaban el tratamiento.  Y no es que sea falso del todo, pero para que estas frases cobren todo su peso, necesitamos poder distinguir QUIÉN es el agente de la responsabilidad y sobre QUÉ se es responsable. Por esa misma razón, responsabilizar en exclusiva al maltratador, deja a la mujer maltratada la posición pasiva, es decir el lugar del objeto, lugar que es justamente del que habrá de poder salir para no ser maltratada.

3. Tampoco le parece interesante a Estada la vertiente que toman muchos tratamientos que consisten en DAR EL ESTATUTO DE VÍCTIMA a las mujeres que sufren maltrato por parte de su compañero. Y esto lo argumenta con DOS razones:

3.1. Que a partir de que se colectiviza a alguien, ya no se le puede escuchar como sujeto.

Es decir, sólo se escuchará lo que ya “sabemos” de la víctima de maltrato (decir que la maltratada actúa así, o asá, antes de escucharla), no a la persona que tienen delante, y aun menos lo singular, lo subjetivo, lo que se dice entre líneas acerca de las razones por las que esa persona —no otra, ni un colectivo— no puede salir de su situación de maltrato.

Cualquier aplicación protocolaria de una terapia (salvo la medicamentosa), cualquier tratamiento estereotipado desde la teoría, NO DEJARÁ ESCUCHAR lo que cada mujer formule a propósito de sus problemas para salir de la situación en que se encuentra.

3.2. Que a partir de serle incorporado ese nuevo nombre, el de víctima, éste se convierte así en algo del orden de una identidad: algo así como que lo que es del orden de un estar, se convierte en algo del orden del ser. De esta manera se dificulta el desprendimiento de esa nueva identidad gracias a la cual ha empezado a existir socialmente pues que por fin pertenece a un colectivo… pero a un colectivo en el que no figurará como sujeto, sino en tanto objeto nombrado por una instancia superior.

*** (artículo completo en: psicoanalisiscotidiano.wordpress.com)

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica especializada en psicoterapia para pequeñas y grandes dificultades (garcialaso.com).