Una oleada de populismo xenófobo trata de quebrar la sociedad y puede engullir los principios básicos sobre los que se construyó la Europa democrática después de la Segunda Guerra mundial. El discurso se abre camino, también en la América de Trump, y avanza sostenido sobe el cinismo político sin que un discurso ideológico alternativo le haga frente dibujando un horizonte que induzca a la esperanza.
¡Aznar ha vuelto! ¡Viva el espectáculo! Qué quieren que les diga, ¡me encanta! Por fin en el teatro parlamentario aparece alguien que domina la escena. En el hemiciclo de la post-verdad es lógico que brille el rey de la mentira. Dicen los nuevos dirigentes del PP, que José María Aznar, “Es un crack, un maestro, les ha dado un baño” a toda esa pandilla de aficionados que pueblan el parlamento español.
Dimitir sigue siendo un verbo difícil de conjugar en España, pero ya hay quien ha comenzado a practicarlo aunque sea forzado por las circunstancia, porque también existe el verbo cesar y la experiencia demuestra que es mejor irse al menos un minuto antes de que te echen, como le pasó a Cifuentes.
Los discursos son iguales, el nacionalismo extremo, el antieuropeismo y el relato anti-inmigración alimenta a la serpiente, aquella que en los años treinta del pasado siglo condujo al ascenso del nazismo. El discurso es sencillo y comprensible: nos invaden, nos quitan el trabajo, las subvenciones, tienen más hijos que nosotros, pronto serán más…
Que el papa Francisco, inste a reconocer “con vergüenza y arrepentimiento”, que no actuaron “a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando”, es un gesto importante pero además de pedir perdón la Iglesia deberá afrontar la realidad para que la historia no se repita. El único camino pasa por impulsar reformas de calado, precisamente las que no quieren quienes lo atacan desde dentro.
Creo que aquel día en la comisaría de Cornellá dos seres humanos quedaron atrapados en conflictos vitales divergentes. La víctima de la intolerancia buscó la muerte y al conseguirla nació otra víctima que vivirá en su propia angustia. El ser humano es más frágil que su destino.
En este tiempo, en todos los tiempos, en este lugar próximo y en el más lejano siempre hubo y habrá un flautista de Hamelín dispuesto a seducir con música celestial. La historia se repite cíclicamente y el asombro siempre llega al final del cuento.
En medio de este tórrido verano leo que va a estrenarse la nueva película de Winnie the Pooh, el osito de Walt Disney, aunque su nueva aventura no se verá en los cines de China porque desde que los internautas lo compararon con el presidente Xi Jinping, los censores han hecho su trabajo prohibiendo al oso de ficción. ¡Pobre Winnie the Pooh, menos mal que siendo una fantasía no pueden destruirte! Querido osito, no desees ser real porque si se cumple tu sueño advertirás que la Tierra está llena de locos con dispositivo de autodestrucción. Bueno, Winnie si te empeñas a lo mejor, puedes venir a salvarnos. ¡Vaya calor!
El caso es que ambos líderes, Rivera y Casado, como un par de gemelos, se han presentado Ceuta tratando de competir en la rotundidad de los mensajes como si el problema migratorio hubiera surgido ese mismo día. Para ello no han ahorrado ni obviedades ni, en el caso de Casado, tampoco mentiras. Ni vienen millones, ni hay papeles para todos, ni el problema es solo de España. Allí donde aparece Rivera, llega después Casado a predicar el apocalipsis que ha traído Pedro Sánchez. Exagerar los problemas no ayuda a erradicarlos pero consigue votos y aplausos por eso los gemelos están de gira, como las orquestas del verano. La demagogia es la canción del verano. Nada nuevo bajo el sol, está visto y comprobado
De lo ocurrido en estos dos meses hay dos hombres especialmente sorprendidos. El primero es Rajoy, al que la corrupción echó del gobierno y al que han despedido los suyos con iguales aplausos que él despidió a Cristina Cifuentes en Sevilla para después olvidarla. El otro, es Albert Rivera que se había creído el cuento de la lechera y que ahora tendrá que competir con Casado, su propio gemelo, en el campo de la derecha.
Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.