La Rioja

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Tim Atkin: “Rioja y España son como un ‘león dormido’; es necesario despertarlo»
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Alberto Gil | hace 16 horas| 0

Tim Atkin, en la jornada de viticulturas de Remelluri, en una imagen de Iker BasterretxeaMetatesiofobia. Miedo al cambio. Con este sugerente título, el master of wine y prescriptor británico Tim Atkin se presentó el pasado lunes en el Primer Encuentro de Viticulturas organizado por el bodeguero Telmo Rodríguez en la Granja de Nuestra Señora de Remelluri (Labastida), donde reunió a viticultores, bodegueros, restauradores, sumilleres y periodistas de todo el país con un objetivo: la recuperación del viñedo español y el prestigio del entorno rural.

Atkin fue invitado el año pasado por el Consejo Regulador a conocer la región vitícola en profundidad y publicó una clasificación personal, la primera de bodegas de Rioja con notables sorpresas, y polémica, al colocar en la cúspide a pequeños proyectos de viticultores comprometidos con su entorno y ajenos en gran medida al concepto del Rioja ‘único’. El pasado lunes fue rotundo en sus conclusiones: «Rioja, y España, son como un ‘león dormido’ [en referencia a la peña por todos los riojanos conocida]; hay que despertarlo». El prescriptor británico apeló a viticultores y bodegueros a «perder el miedo» y aseguró no entender cómo se ha renunciado hasta ahora a mostrar la «extraordinaria variabilidad de una región vitícola». «Los políticos y los tecnócratas –afirmó– no hacen los grandes vinos, sino los productores».

Atkin repasó el cambio sustancial que está sufriendo el mundo del vino en los últimos años: «Hemos pasado la fase científica extrema; ya no sirve la opinión de un gurú, los periodistas somos menos importantes, y el origen es cada vez más exigido por el consumidor». El prescriptor británico señaló que «en Rioja las marcas son mucho más importantes que los viñedos y advirtió de que el 70% del vino de Rioja no tiene un terruño reconocido». «Es increíble –añadió– que únicamente exista una imagen genérica del vino de Rioja, con vinos que van de dos euros hasta 200».

El periodista planteó también un debate sobre tradición y modernidad y aclaró que «hay cosas buenas y malas en cada concepto». «El brett, la oxidación, la falta de higiene… estaban en la tradición y evidentemente no son buenas, pero sí lo son la transmisión del conocimiento de padres a hijos, la empatía con el territorio, la limitación de productos químicos…» En cuanto a la modernidad, apuntó que la ciencia sirve, y mucho, pero que también ha habido un problema con «la excesiva industrialización del vino». «El término ‘cosechero’ se ha empleado de forma despectiva, pero ahora vuelve a ser un orgullo; hay que dejar de dar la espalda al terruño y una región, un país, no puede permitirse padecer esa fobia a los cambios».

Atkin animó a los productores a mirar a Borgoña, Italia o Alemania, para comenzar a zonificar y clasificar sus viñedos y dejó bien claro que, pese a que Reino Unido es el mejor mercado exterior de Rioja, no es oro todo lo que reluce: «Rioja es un vino de confianza, con un sabor dulce y agradable a roble americano, pero con un precio de 5 libras para reservas, cuando la mitad son impuestos». «Rioja debe aspirar a más, simplemente porque los grandes vinos de esta región vienen de un viñedo; es la realidad y por ello hay que convencer a los que ‘mandan’ que es necesario un cambio legislativo».

En este sentido, el prescriptor señaló que quizás para comenzar un modelo como el de Chianti pueda ser válido: «¿Por qué no un Rioja genérico y otro clásico?», se preguntó: «Lo que es ridículo es que las personas, los productores de vino, no puedan indicar los nombres de sus pueblos y sus viñedos en las etiquetas».

Atkin fue muy crítico también con la política de promoción seguida por el Consejo: «Cómo es posible que omita los mejores vinos». Se mostró en cualquier caso confiando en el futuro: «Rioja reaccionó al oídio y al mildiu en el siglo XIX, a la filoxera…, siempre resurge ante la catástrofe, pero seguir pensando y argumentando que esta región un ‘gran único terroir’ o un único paraguas es una solemne tontería». El prescriptor concluyó animando a perder el miedo al cambio, tal y como comenzó su intervención. Lo hizo con dos citas expresas, una del expresidente norteamericano Roosevelt [–«sólo hay que tener miedo del miedo»–] y otra de Samuel Beckett: «¿Has probado y has fracasado?; fracasa de nuevo y fracasa mejor».

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Álvaro Palacios: “Si Rioja no permite llamar a los grandes vinos por su nombre acabarán yéndose de la DOC”
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Alberto Gil | 10-05-2016 | 07:56| 0

El bodeguero, en una imagen de mi compañero Justo Rodríguez

Hombre del año para Decanter en el 2015 y para el Instituto de Master of Wine en el 2016. Probablemente, no haya bodeguero español que conozca mejor los mercados internacionales que Álvaro Palacios. Desde la bodega de Alfaro, Palacios Remondo, irrumpe en el debate de Rioja sobre la diferenciación de vinos y viñedos y lanza el capote a los viticultores: «Este asunto no es sólo de las bodegas; el reconocimiento de los mejores viñedos, el desarrollo de los vinos de cada pueblo, es lo mejor que les puede pasar a los viticultores». Palacios ve con escepticismo las propuestas para desarrollar los vinos de paraje que han llegado al Consejo Regulador:«Nada se puede hacer sin contar con las personas, con la tradición y la historia y todo ello está en los municipios». «Si Rioja no permite llamar a los grandes vinos por su nombre acabarán fuera de la denominación».
– ¿Qué pasa con el vino en España?
– Que existe un interés emergente por descubrir, por mostrar al mundo, los grandes viñedos, la historia, la tradición y la cultura del país vitícola. España ha emprendido un camino para localizar y clasificar estos viñedos, como sucede en la mayor parte de los países del Viejo Mundo porque es nuestro hecho diferencial. En España no nos hemos creído que existen auténticos tesoros vitícolas y ahora lo estamos haciendo. Las denominaciones de origen regionales mantienen las grandes economías vitícolas , pero también han ocultado viñedos maravillosos.
– ¿Qué papel juegan las denominaciones de origen?
– Deben dejar de pensar que las clasificaciones van en su contra. De hecho, deben ser ellas, con la acreditación de la administración, las que identifiquen los viñedos singulares.
–¿Por qué, como dice, se han ocultado hasta ahora?
– Por la propia historia de España. Rioja era como Borgoña, arrastramos siglos de tradición, de cultura y de oficio. Los cosecheros vendían vinos de su pueblo, con orgullo, y cultivaban sus microparcelas. Cada pueblo tenía su nombre. Siempre nos faltó comercio, pero más que por no saber vender como los franceses, porque España era un imperio en decadencia. Luego vino la industrialización del vino, con la influencia de la aristocracia francesa del Medoc y de la burguesía empresarial vasca e interesó más vender vinos de grandes mezclas. Con la guerra y la postguerra, el campo sufrió un duro golpe con el éxodo rural y aparecieron las cooperativas, lo que terminó por acabar con la tradición y mayor sensibilidad de los vinos locales.
– ¿Los vinos de pueblo?
– Sí. No podemos pretender construir una casa sin sus cimientos.
–¿A qué se refiere?
– A que las principales propuestas que he visto hasta ahora van demasiado rápido y parece que pretenden saltar el escalón de los municipios para poner en el mercado vinos de finca o de paraje. En Priorat se cometió un error y aún estamos rectificando. Desarrollamos primero los vinos de finca en el año 2005 y únicamente hay dos. Sin embargo, hay 55 vinos de villa. No se puede correr tanto como pretende Rioja. Yo aspiro, en mi ciclo vital, a que se localicen los grandes viñedos y a su reconocimiento administrativo, pero la clasificación debería hacerla quizás una próxima generación. Es en los pueblos donde viven los viticultores; ellos son la tradición en sí misma y los que transmiten el conocimiento de generación en generación.
– ¿Por qué no directamente los vinos de parcela o paraje?
– Porque debemos recuperar primero el orgullo de la gente, el orgullo de los pueblos. No podemos saltarnos a las personas ni a los viticultores que históricamente se han partido la espalda en el viñedo. Hay todavía quien duda de lo que sabían nuestros abuelos o bisabuelos, pero yo no he conocido mejor lugar para criar el vino que los viejos calados o mejores plantaciones que los antiguos vasos de marco bien estrecho… Una vez desarrollados los vinos de pueblo, los propios viticultores se preocuparan de cultivar y mimar las mejores fincas. Hay que ir paso a paso. A la gente le da igual de donde procede una barrica, que por cierto ni su roble es español… Hay interés por la cultura, la tradición de siglos de oficio, la magia de la naturaleza y eso sólo lo puede ofrecer el Viejo Mundo.
– Parece una discusión de bodegas, pero ¿qué puede significar para el viticultor?
– Es lo mejor que puede pasar. Es una posibilidad para cultivar y recibir un reconocimiento económico si tus viñas, tus uvas, son buenas. Es una opción también para que un viticultor, o sus hijos, puedan empezar a comercializar directamente. Son las personas que viven en el pueblo las que conocen la tierra y solo hay que abrir la posibilidad de indicar la procedencia de sus uvas en las etiquetas.
– ¿Pueden convivir estos pequeños viticultores con los grandes operadores?
– Por supuesto. El consumidor de un vino de 4 euros nada tiene que ver con uno de 35. Son planetas diferentes. De hecho, yo siempre he dicho que es mucho más difícil elaborar un millón de botellas que 3.000. El sistema francés ha demostrado ser bueno para todos y vende bien tanto el de alta cotización como el de mayor volumen, pero eso sí, hay que hacer la mejor calidad en cada segmento.
– Artadi se fue, supuestamente, al entender incompatible ambos modelos. ¿Hay riesgo de escisión?
– Sí. Rioja se juega mucho en esto y, si no sale bien, habrá consecuencias. Otras denominaciones, como Priorat, Ribera, Bierzo, zonas de Galicia… están marcando una tendencia y, si Rioja queda al margen, surgirán otras alternativas para vincular los vinos al auténtico origen, a la cultura y a la tradición. Si no se pueden llamar a los vinos por su nombre cuando proceden de lugares concretos, los vinos con estas aspiraciones acabarán yénose de la DOC Rioja en el futuro.
– ¿Como encajan los vinos históricos en este modelo?
– Es una particularidad de Rioja que hay que respetar y mucho. Puede haber reservas y grandes reservas con su denominación más localizada si la uva procede de un municipio concreto o seguir como hasta ahora si la uva procede de varios municipios o diferentes zonas. Pero esta diferenciación geográfica no perjudica a nadie. Sólo es cuestión de permitir poner en la etiqueta el nombre del municipio con mayor notoriedad que la palabra Rioja y, por supuesto, controlar ese origen de las uvas. No podemos olvidar que una región vitivinícola se compone de la propia región, de sus municipios y los parajes de estos pueblos, que será de donde saldrán los vinos de finca. Un vino de finca sin pasar por el rigor y la experiencia previa del vino de municipio nunca tendrá consistencia ni credibilidad en los mercados elitistas.

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Talento joven y viejos viñedos
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Alberto Gil | 04-05-2016 | 08:44| 0

Bodegas Valcuerna presenta un joven proyecto basado en históricos viñedos de una de las zonas más frescas de Rioja, con 50 plazas para los primeros inscritos en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com el próximo miércoles 11 de mayo

Un joven proyecto, cuatro jóvenes viticultores y unos vinos que reflejan el carácter de una de las zonas más frescas de Rioja: Cordovín. Bodegas Valcuerna protagoniza el próximo día 11 (20.30 horas en el hotel Gran Vía de Logroño) una nueva cita con el club de catas de lomejordelvinoderioja.com con la presentación de una completa gama de vinos basada en la autenticidad de viejos viñedos de la zona y en la selección de fincas, parcelas y terruños. Adrián,Arturo, José Miguel y Sergio Benés decidieron a partir del año 2011, tras los malos precios de la uva y el vino, comenzar a elaborar sus propios vinos procedentes de sus viñas familiares y bautizar el nuevo proyecto como Valcuerna, el viñedo en el que han pasado la mayor parte de su vida:«Es una plantación de tempranillo que hincamos con nuestras manos y que ha ido creciendo con nosotros», explica Adrián Benés. La familia, dos primos y dos hermanos, se reparten las tareas desde la viticultura, a la enología y a la comercialización de los vinos, con una selección de las mejores uvas (son propietarios de entre 40 y 50 hectáreas) para elaborar con las marcas Valcuerna y Relevo. Los Benés comenzarán el próximo día 11 con la presentación de los testigos de la última añada 2015.

Arturo, Adrián, José Miguel y Sergio Benés, los cuatro de Valcuerna en una imagen de mi compañero Díaz Uriel

La propuesta
Valcuerna Blanco 2015 es un vino elaborado de viejas parcelas de viura (50%), garnacha blanca (35%) y malvasía (15%), las tres uvas blancas tradicionales de la comarca. «Es un vino fresco, redondo y con estructura; el blanco es importante en este zona y tradicionalmente buscado por su frescura y acidez». Más típico si cabe el es Valcuerna Clarete 2015, la auténtica especialidad histórica de la comarca y que, en este caso, selecciona las garnachas tintas y las viuras más viejas. «Hacemos lo de siempre en Cordovín, pero con una selección de uvas de viñedos de entre 80 y 90 años para obtener un vino superfresco, con acidez y muy agradable», describe Adrián Benés.

Valcuerna Maceración Carbónica 2015 procede de dos o tres parcelas seleccionadas de tempranillo, una técnica más habitual en la Sonsierra, pero que las jóvenes viticultores utilizan también para su tempranillo: «El cambio climático a nuestra comarca nos viene fenomenal; recuerdo que cuando nuestros abuelos alcanzaban los 12 grados el vino era capitán general;ahora ya no tenemos ese problema». En cualquier caso, la frescura y acidez del vino precisa unos meses más de reposo: «Nosotros sacamos al mercado el maceración carbónica en Semana Santa, cuando en la Sonsierra está ya listo para Navidades».

Valcuerna Crianza 2012 es también 100% tempranillo y precisa una crianza larga en madera (14/16 meses) y afinamiento en botella:«Muchas bodegas ya están con crianzas del 2013 y nosotros empezamos con la 2012». El vino pasó por un largo periodo de experimentación: «La primera vinificación la hicimos en 2006 y esperamos hasta el 2011 para salir al mercado; no tenemos prisas ni agobios financieros y queríamos estar seguros de que el vino era consistente».

El Relevo
El Relevo es la gama de vinos de autor, de ‘autores’ en este caso, cuya iconografía refleja el ‘traspaso de poderes’ de la generación anterior a la actual. El Relevo tinto 2011 es una producción limitada de entre 1.500 y 2.000 botellas, un vino de parcela con una fuerte exposición al sol criado 21 meses en roble francés, mientras que el Relevo Blanco 2012, apenas 1.000 botellas, es un vino de finca con uvas viejas de viura, malvasía y garnacha blanca:«En este caso hacemos una selección de los viñedos más viejos, trabajamos con las lías y criamos el vino en tinos de 500 litros con el resultado de una gran carga frutal», avanza Adrián Benés.

Vinos de la cata: Valcuerna Blanco 2015; Valcuerna Clarete 2015; Valcuerna Tinto Maceración Carbónica 2015; Valcuerna Crianza 2012; El Relevo Tinto 2011, El Relevo Blanco 2012.
Miércoles 11 de mayo: A las 20.30 horas en el hotel Gran Vía.
50 plazas: Para los primeros inscritos en www.lomejordelvinoderioja.com, a un precio de seis euros por persona.

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Examen a la añada 2001
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Alberto Gil | 02-05-2016 | 11:59| 0

In vino veritas. Vinorum Think, la gran apuesta de Alimentaria 2016 que en su primera edición ha logrado reunir a los mejores expertos nacionales e internacionales sobre vino español, apostó por una cata horizontal de Riojas de la añada 2001. Una prueba de fuego para una de las cosechas míticas de una de las escasas zonas vitícolas españolas que puede enfrentarse a un reto de dichas características y salir airosa como sucedió esta semana en la feria internacional de Barcelona. Una selección de nueve vinos, agrupados por diferentes comarcas geográficas y con una mezcla de estilos de elaboración (tradicionales, clásicos actuales y vinos ‘modernos’), que forma parte de la propia idiosincrasia de la región vitícola fue el menú que se puso encima de la mesa con resultados, cuando menos, a la altura de lo esperado: «Una añada fantástica, sin discusión, que sólo el tiempo dirá si roza la eternidad como la de 1964», explica Guillermo Cruz, sumiller de Mugaritz.

Cruz destaca la diversidad de los vinos seleccionados para la cata, tanto por la procedencia geográfica como por los métodos de elaboración: «Pudimos disfrutar de vinos con diferentes perfiles de suelos, altitudes y climas y también de distintas elaboraciones, más clásicas y más modernas». «Los vinos modernos –continúa– seducen antes y el clásico necesita más tiempo, pero luego alarga más su vida». El sumiller de Mugaritz recordó también el momento de la añada 2001 y la tremenda influencia que entonces Robert Parker tenía en todo el mundo:«Más importante que las opiniones de los prescriptores es mantener la personalidad y Rioja forma parte de la cultura y las raíces de todos aquellos que amamos el vino, con un estilo reconocido a nivel mundial».

Una personalidad que se puso de manifiesto en la cata: de la tipicidad más atlántica del Cerrado del Castillo a la entereza y delicadeza del Valenciso o el empuje del Pujanza Norte, un vino procedente de viñedos que entonces apenas tenían once años y que pone de manifiesto que, más allá de la edad del vid, el carácter de un gran vino lo proporciona el suelo, la altitud y, también, la mano del autor.

La cata comenzó en la zona más noroccidental de Rioja, atravesó la Sonsierra y pasó también por el extremo suroriental, en la cara sur del Monte Yerga, con el Valsacro [ahora Vinsacro por un problema de registros], un vino de viejas garnachas de la zona y que se mostró especialmente agradable y entero:«Una de las sorpresas –señala Guillermo Cruz–; yo soy de tierra de garnachas [aragonés] y me gustó muchísimo». «Es un vino –continúa– que no sólo ha sobrevivido los quince años desde que se vendimió hasta la cata, sino que también ha subsistido a los arranques de viejas garnachas que, desde luego para mí, son los auténticos tesoros que todavía pueden encontrarse en algunos vinos de La Rioja Baja». Roda I, 890 y Viña Tondonia Reserva Blanco, diferentes elaboraciones de bodegas del barrio de la Estación de Haro, cerraron la propuesta con muy alta nota:desde el perfil más clásico del 890, a la elegancia y delicadeza del Roda I o la originalidad del blanco de ViñaTondonia.

Cruz entra también en el debate actual de Rioja sobre la vinculación de los vinos a los terruños, a los orígenes geográficos:«Las regiones históricas también evolucionan y creo que el consumidor, especialmente internacional, quiere saber más».«Rioja –continúa– debería mirar otros modelos internacionales y adaptar el que mejor le venga, pero diferenciando zonas y pueblos y mostrando la diversidad que existe sin tapujos ni maquillajes».

El debate ‘histórico’
El momento actual que atraviesa Rioja con cambios de modelo en el horizonte, precipitados a raíz del abandono de Artadi de la Denominación de Origen, motivó el debate durante la cata. Una discusión que, no obstante, era muy similar a la que se produjo en el año 2001, como se puso de manifiesto en una selección de noticias de la hemeroteca de Diario LA RIOJA que se proyectaron en la presentación. El control de rendimientos y la diferenciación de vinos y viñedos por calidades protagonizaba, como hoy, el debate en aquellos años, pero, finalmente, no hubo cambios. Con la calidad de la añada 2001, Rioja recuperó mercado y crecimiento y el éxito acabó ‘acallando’ las voces críticas. ¿Sucederá ahora en el 2015 lo mismo o Rioja adaptará su realidad a las propuestas de diferenciación y valoración de los terruños?

La presentación recogió también las impresiones del veterano investigador Manuel Ruiz Hernández, quien comparó con sus notas las añada 2001 con la del 64: la conclusión, mientras que la gran añada del siglo XX está viendo ya su final (tras 50 años) la mejor del XXI puede superarla en longevidad. En su contra, el pH más elevado, pero, a favor, las técnicas de extracción de taninos y polifenoles, inexistentes en el 64 y una realidad a partir de los 90 en Rioja.

 

Cerrado del Castillo 2001 (Castillo de Cuzcurrita). Un vino de finca para comenzar, de una zona atlántica y fresca (Obarenes/Tirón) y con personalidad propia de la comarca. Entero e intenso.

Valenciso 2001 (Valenciso). Cambio de zona (Ollauri), en una prolongación de la Sonsierra aunque en el lado sur del Ebro. Acidez, frescura y con largo recorrido todavía. Uno de los mejores de la cata.

Barón de Chirel 2001 (Marqués de Riscal). Uno de los vinos que renovó Rioja a finales de los años 80 con su lanzamiento por parte de una bodega histórica. Intenso, concentrado y especiado, pero que empieza a estar agotado

Pujanza Norte 2001 (Bodegas y Viñedos Pujanza). Vino de finca, de elevad altitud y suelo pobre. Pleno en este momento y una gran sorpresa que rompe tópicos. La viña tiene hoy 26 años, sólo 11 cuando se elaboró el vino.

Marqués de Vargas ReservaPrivada 2001 (Marqués de Vargas). Cambio de zona con este vino en las inmediaciones de Logroño. Vino también de finca, con fuerte extracción y madera intensa. Un perfil moderno y de vida limitada.

Valsacro 2001 (Familia Escudero-Vinsacro). Giro al extremo suroriental de Rioja (Monte Yerga) con la garnacha protagonista. Espectacular por su frescura, equilibrio e integración. Una muy agradable sorpresa.

Roda I 2001 (Bodegas Roda). Elaborado con 17 vinificaciones diferentes de toda la DOC. Elegante, sedoso…, muestra de cómo un vino en su día moderno acaba siendo un gran clásico de larga vida.

890 Gran Reserva 2001 (La Rioja Alta, SA). El único gran reserva con sólo dos años en el mercado. Un gran clásico. Un vino para beber ya, pero también para guardar muchos años.

Viña Tondonia Blanco Reserva 2001 (López de Heredia). Otro gran vino fino de Haro y blanco para cerrar la cata tras ocho tintos. Especial, único (nadie elabora blancos de tan larga crianza) y sorprendente. Un gran cierre.

 

 

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¿Y si la diferenciación fuera más sencilla de lo que parece?
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Alberto Gil | 27-04-2016 | 19:40| 0

En pleno debate institucional sobre cómo articular un sistema de diferenciación de vinos, sobre cómo revalorizar los terruños, ‘Rioja ‘N’ Roll’ mostró que es posible hacerlo en Barcelona con apenas media docena de mesas y carteles: Vinos de Rioja (con uvas de varias subzonas); vinos de pueblo; vinos de finca y vinos de parcela… Todos juntos, pero perfectamente separados por categorías y sin pirámides ni mayores pretensiones protagonistas. Vinos hechos con uvas de toda la región vitícola conviviendo en perfecta armonía y con la garantía de origen de la honestidad de sus elaboradores.

Antes de la fiesta

Un lugar céntrico, la antigua cervecera Moritz de Barcelona, viticultores con camisetas rojas –con el nombre de cada bodega grabado a la espalda–, jamón, buena música en directo y, sobre todo, vinos personales, auténticos y artesanales de Rioja fueron los ingredientes de la presentación de ‘Rioja ‘N’ Roll’ en Barcelona el pasado domingo, víspera de Alimentaria.

La convocatoria superó con creces las previsiones más optimistas y de un aforo inicial previsto para 200 personas se amplió hasta duplicarse y, aún con todo, resultó corto para el tirón de este movimiento que reivindica la autenticidad en el cultivo y la elaboración de vino. El éxito de la presentación demuestra el interés histórico que Cataluña (la región española con más cultura internacional y nacional de vinos) ha tenido, y tiene, por el Rioja.

Con los últimos de la fiesta

Nombres como Luis Gutiérrez, el catador de ‘The Wine Advocate’ (Parker) para España, José Peñín o Ferrán Centelles (jancisrobinson.com), junto con importantes figuras de la restauración barcelonesa como Monvinic, se dejaron ver por Moritz en la puesta de largo de este pequeño colectivo.

Elaboradores en bodegas de ‘alquiler’ en su mayoría, pequeños propietarios de viñas familiares y algunos arrendatarios de fincas de cultivo, los Rioja ‘N’ Roll comparten un espíritu reivindicativo de la extraordinaria diversidad de terruños de Rioja y de las personas que hacen las cosas de forma diferente y rebuscan en lo más hondo de la propia tradición vitícola. De la misma forma que una pequeña, e irreductible, aldea de la Galia resistió al imperio romano, la voz de Rioja ‘N’ Roll reclama un espacio propio ante la industrialización del vino.

Lo hizo desde la sencillez. Apenas una decena de mesas, con botellas de vinos clasificados por su origen, sin precios ni distinción alguna de mayor o menor prestigio, todos ellos al alcance de 400 copas sin manteles ni fichas de cata:«Prueba los vinos y, si te interesa, coméntanos lo que quieras», explicaba Óscar Alegre (Alegre&Valgañón), «pero hazlo a tu bola».

Vinos de finca, de parcela, de pueblo y de Rioja, algunos de ellos ‘top’ de las listas de la crítica internacional, junto con otros más ‘modestos’ o nuevos lanzamientos. Pero todos ellos elaborados con dedicación, ilusión y con las diferentes personalidades de las viñas y de los propios viticultores como elemento común. Este Rioja sí que interesa.

Los ‘Rioja’N’ Roll’

Arturo y Kike de Miguel
Artuke: Elaboran vinos pegados al origen, con 32 parcelas en Baños de Ebro, Ábalos y San Vicente.

Bárbara Palacios
Barbarot Wines: Elabora, hoy por hoy, un único vino de siete hectáreas en los Riscos de Bilibio de Haro.

Bryan MacRobert
Laventura Wines: Trabaja viñedos en la Sierra Cantabria con dos vinos, un blanco y un tinto.

Olivier Rivière
Olivier Rivière Vinos: Elabora en Rioja, con 1,5 hectáreas propias, y se abastece de uvas viñas que controla en toda la DOC.También hace vino en Arlanza y Navarra.

Óscar Alegre y Eva Valgañón
Alegre&Valgañón: Cultivan 15 hectáreas y 17 parcelas en Fonzaleche, pueble límite noroccidental de la DOC Rioja (Obarenes).

SandraBravo
Sierra de Toloño: Con experiencia por todo el mundo, se instaló en Villabuena para trabajar 8,5 hectáreas en Labastida y Rivas de Tereso y elaborar vinos artesanales.

Tom Puyaubert
Exopto: Elabora de alquiler en Laguardia y es propietario de viñedo en Ábalos. Controla además parcelas en Yerga (Rioja Baja).

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Domingo Rodrigo: “Si todo el mundo pretende hacer ahora vinos de finca, Rioja fracasará”
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Alberto Gil | 19-04-2016 | 09:07| 0
Domingo Rodrigo

En la imagen de Sonia Tercero, Rodrigo sostiene un ejemplar de Diario LA RIOJA de 1977, con la crónica de una añada desastrosa

Casi 40 vendimias, primero como veedor (1997), y desde 1988 como jefe de los Servicios Técnicos, ha vivido Domingo Rodrigo desde el Consejo Regulador hasta su jubilación en noviembre del año pasado. Ha sido testigo de cambios tan trascendentes como la supresión de graneles, la consecución de la Calificada, la creación de la Interprofesional o el éxito productivo y comercial de Rioja del nuevo siglo. Ha trabajado con seis presidentes de la institución y asegura que nunca tuvo que soportar injerencias: «Todos fueron importantes, unos por poner las bases y otros por desarrollar la denominación». «Estoy orgulloso de la evolución de Rioja; el agricultor ha vivido bien, del viñedo y de su trabajo; los últimos 30 años, aunque con alguna sombra, han sido muy buenos».
– Se estrenó usted con una cosecha ‘horrorosa’…
– Así es (risas). Hubo un grave problema con el mildiu o el oídio y, de hecho, aquel fue el primer año en que se empezaron a tomar muestras de vinos para analizar porque fue un auténtico desastre de cosecha.
– Poco que ver aquellos tiempos con aquellos…
– Nada que ver. No había registro de viñedo y los veedores no teníamos ni una máquina de escribir. Todo se hacía a mano. Cuando yo entré se duplicó la plantilla de veedores, de tres a seis, y comenzó a crearse el órgano de control que hoy conocemos.
– Enseguida se metió mano al control de añadas…
– Sí. Cuando entramos en 1977 sólo se diferenciaba el vino genérico del crianza y luego, con Santiago Coello, establecimos la etiqueta diferenciada para las cuatro categorías y a controlar la añada. Hasta entonces, teníamos cosechas que, cuando eran excelentes, eran interminables. Fue una decisión importantísima y en 1985 se empezó a exigir un control de calidad con la recogida de muestras. Muchísimos viticultores tuvieron que dejar de elaborar al no disponer de medios, lo que impulsó las cooperativas, pero sobre todo se mejoró mucho la calidad de los vinos.
– Y en estas se llegó a la Calificada
– Entonces se planteó como una diferenciación sobre el resto de denominaciones de origen. Cuando entré se vendían 67 millones de litros, de los que 27 se exportaban, 14 de ellos en graneles. Había mucha falsificación de Rioja y eso hacía mucho daño. Finalmente se aprobó el embotellado en origen tras una batalla muy dura, sobre todo con las instituciones comunitarias.
– Hábleme de errores...
– El mayor, para mí, ha sido con el tema del blanco. Se perdió un tiempo precioso y varias bodegas se hartaron y decidieron poner los huevos en otras cestas. Con el tinto, el sector aguantó la fuerte presión del ‘cabernitis’ de los noventa y no se autorizó la variedad porque con el graciano, y luego con la maturana, había opciones propias. Aquél fue un gran acierto pero la viura sí necesitaba uvas mejorantes. La promoción, que tardó mucho en empezarse, y la escasa investigación son otros de los errores históricos de Rioja.
– ¿Debería aspirar Rioja a ser algo más que el mejor vino de precio/calidad?
– Sí. Somos los mejores al precio que vendemos, pero también hacemos algunos de los mejores vinos del mundo y no somos capaces de venderlos a la mitad de precio que otras grandes DDOOs internacionales con vinos similares, incluso con medias peores. El futuro va por ahí. Hace falta valor añadido. La liberalización es un error y Rioja debe defender su modelo de control de producción y para ello tiene vender más caro.
– ¿Me habla de diferenciación de vinos?
– Sí. El debate no es nuevo.Surgió hace muchos años pero entonces había que consolidar otras cosas. Me gusta el modelo de los vinos de finca, valorando suelos, menores producciones, analíticas más rigurosas… Ahora bien, si todo el mundo hace vino de finca fracasaremos. Viñas de regadío no pueden hacer vinos de finca. En ese sentido, el caso de Artadi, más allá de que no es buena noticia, creo que puede ser beneficioso para Rioja. Juan Carlos López de Lacalle ha sido valiente. Fuera de Rioja hace mucho frío y veremos cómo le va, pero, al final, para el sector creo que puede ser ‘positivo’ porque ya se está trabajando en la diferenciación.
– ¿Hay espacio de futuro por tanto para los viñedos singulares?
– Sí. Hemos perdido mucho viñedo viejo y, en mi zona, Tudelilla, garnachas sensacionales. La ‘trempranitis’ se las llevó por delante pero el problema es que no se pagaba la diferencia de producir 3.000 kilos. Ahora se está empezando a hacerlo y hay que seguir valorando esos viñedos. Todavía nos queda bastante viña vieja y hay que potenciarla para que sea rentable. Creo que ahora el sector está maduro para estas cosas y son necesarias para Rioja.
– ¿Cómo encajan las subzonas tradicionales en este modelo?
– Perfectamente. Desde 1998 se puede poner en la etiqueta la subzona correspondiente. Todo el que ha querido lo ha hecho, aunque muchas veces se ha falseado la realidad. Rioja Alavesa es la que más la ha desarrollado pero la gran bodega y mediana no han visto ese valor diferencial pretendido y tampoco se puede obviar que no menos del 40% del vino que se trabaja en Rioja Alavesa no es de allí. La realidad es que la subzona no ha aportado una diferenciación sustancial y, por el mismo motivo, tengo mis dudas de que funcionen los vinos de pueblo. Sí creo que pueden hacerlo los de finca, pero estas otras delimitaciones tan genéricas no sé si aportan el valor añadido pretendido.
– ¿Justifica la diferenciación de vinos y viñedos los fuertes movimientos de concentración de grandes y bodegas vivimos en Rioja?
– Está claro que la tendencia mundial son grandes compañías y el resto está en serio riesgos de desaparecer. La diferenciación de viñas y vinos es clave para que los pequeños puedan subsistir. Especialmente crudo lo va a tener el agricultor pequeño si se rompe el modelo de Rioja.

“Los rendimientos de 10.000 kilos en Rioja deben desaparecer”

Pese a haber puesto medios y voluntad para controlar los excesos de rendimiento, Domingo Rodrigo asume este tema como «mi fracaso personal». «No puede haber viñedos que producen 10.000 kilos por hectárea en Rioja;intenté tomar medidas pero me vi desbordado por la falta de amparo legal». Rodrigo recuerda que desde el 2003 hasta hace poco «el Consejo tenía una inseguridad jurídica brutal y, de hecho, es lo que más ha desmoralizado a los servicios técnicos». «Ahora se pueden tomar estas decisiones y hay que llevarlas hasta el final». Rodrigo muestra no obstante su preocupación por el nuevo sistema de control. «Los veedores, afortunadamente, siguen ahí, pero no se puede caer en la burocracia de los sistemas ISO y contentarse con realizar 20 inspecciones al año perfectamente documentadas». «El exigente nivel de control de Rioja –continúa– es necesario porque las puertas del campo están abiertas y hay más de 1.000 bodegas».

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Telmo Rodríguez: «El productor excepcional no es enemigo del de volumen»
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Alberto Gil | 07-04-2016 | 06:49| 0

Telmo Rodríguez en una imagen del Diario Vasco con su vino Las BeatasParalelamente al fuerte proceso de concentración que vive el sector del vino español, y de Rioja, con la apuesta de grandes compañías como García Carrión (con la compra de Bodegas Lacort, antigua Patermina) y otras medianas (Marqués del Atrio en su alianza con el gigante chino Changyu por ejemplo), un movimiento de viticultores que reclaman un espacio propio intentan recuperar la identidad y autenticidad de los terruños. Un ‘grande’ Telmo Rodríguez nos da su visión sobre estos temas.

Desde que hace cinco años Telmo Rodríguez regresó a la bodega familiar Granja de Remelluri (Labastida), Rioja ha vuelto a ser el centro principal de actividad de este bodeguero y viticultor que con su Compañía de Vinos ha explorado y recuperado terruños, incluso mini parcelas, por toda la geografía nacional. Es además el promotor del ‘Manifiesto del Club Matador’, que reivindica la personalidad de los viñedos de excepción y reclama a las denominaciones de origen la diferenciación de suelos y paisajes.

– ¿Se ha convertido Rioja en un territorio para grandes bodegas?
– Rioja se ha convertido en una marca que no diferencia lo excepcional, lo bueno, lo regular y lo malo. Es un gran error trabajar una marca que no diferencia, pero no tengo nada en contra de las grandes empresas. En Burdeos hay un 1% o un 2% de viñedos excepcionales y se vende mucho más vino que en Rioja. Si se trabaja bien es bueno para todos, para García Carrión y para López de Heredia, por ejemplo, pero es evidente que tiene que haber una diferenciación. El productor excepcional no es enemigo del productor de volumen.

– ¿A qué nos llevaría esa diferenciación de terruños y suelos?
– A mostrar que hay una ‘gran’ Rioja. Lo está haciendo Ribera del Duero con talentos como Peter Sisseck, o Priorato, y falta Rioja por dar el paso. En Rioja hay talento y algunos de los mejores viñedos del mundo, pero como en Borgoña o Burdeos no más del 1%. Debemos asumir que hay cosas muy buenas y otras regulares.

– ¿Este problema de falta de sensibilidad existe en toda España?
– España históricamente ha dado la espalda al viñedo, pero ahora hay una nueva generación de viticultores productores, en Canarias, en El Bierzo, en Baleares, en Ribeira Sacra…, en Rioja…, que han abierto una puerta muy interesante, que defienden la historia, el paisaje, las variedades autóctonas. Los ‘héroes’ del viñedo están ahí y este tren, el de la calidad, ya no hay quien lo pare.

– ¿Hay riesgo de que tome una vía distinta a la de las denominaciones de origen como ha hecho Artadi?
– Lo de Artadi ha sido una muy mala noticia para Rioja. El tema se ha llevado muy mal y lo lamento porque Viña El Pisón era uno de esos vinos excepcionales. Si la gente no se siente amparada por el Consejo y no se valora el trabajo del que sacrifica el volumen acabará tomando otro camino, pero soy optimista.

– ¿Por qué?
– Porque la convivencia es buena para todos. El Consejo Regulador está dominado por el volumen, pero si miramos a Burdeos, Borgoña o Priorato, los ‘buenos’, los grandes vinos, están en sus consejos reguladores. Necesitamos a los vinos excepcionales y para ello es necesario un cambio en el timón del barco del vino porque, también a los grandes, les irá mejor. Es como tener a Gasol y dejarlo en el banquillo. Yo creo en Rioja y, de hecho, he sido uno de sus embajadores por todo el mundo. Ferrán Adriá, atendiendo a grupos muy reducidos, ha hecho más por la gastronomía española que nadie.

– ¿Está la liberalización del sector detrás de esta demanda de revalorización de los terruños?
– Es más una cuestión de la nueva generación de viticultores. En cinco o diez años habrá un cambio radical del vino en España. La gente que paga por una botella quiere cosas especiales, no genéricas. Lo que está pasando es por la madurez que hemos alcanzado en España. Sólo hay que preguntarse por qué hay vinos más caros de zonas españolas más desconocidas que muchos buenos vinos de Rioja.

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El viticultor que escucha
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Alberto Gil | 07-04-2016 | 06:48| 0

Miguel Martínez, en las colgaderas con una botella del supurao en una imagen de Justo Rodríguez

Pura ilusión la de Miguel, nuestro siguiente protagonista del club de catas. Las plazas se acabarán rápido pero os lo recomiendo. Para inscribirse puedes pinchar aquí. A continuación, la crónica con los vinos que probaremos:

«Las viñas están llenas de historias». Una memoria que se han ido perdiendo y contra lo que se ha rebelado Miguel Martínez, un joven viticultor de Sojuela (Ojuel Wines) que hereda de sus abuelos la pasión y la tradición por el cultivo de la vid en una de las zonas más frías y difíciles de Rioja: «Mi padre vivió el éxodo rural de los años 60 y trabaja en el sector bancario, mientras que yo aprendí de las viñas con mi abuelo, de aquella generación para las que las uvas eran tan vitales para la subsistencia como los cerdos, las gallinas o la huerta». El viticultor rompió en el año 2010 con el statu quo y, con medios modestos (en la actualidad busca una bodega de alquiler para ampliar sus limitadísimas elaboraciones), decidió comenzar a circular en ‘sentido contrario’:«Lo que te enseñan académicamente es agricultura moderna, concentraciones parcelarias, métodos casi intensivos, pero mi entorno, Sojuela, es muy distinto, con minifundios trabajados a mano…». «Preferí ‘perder’ el tiempo y escuchar a los abuelos, a quienes conocían los viñedos para hacer algo diferente, mis vinos, ni los mejores ni los peores, pero míos». Miguel Martínez, Ojuel Wines, cultiva 10 hectáreas de viña que ha clasificado en 34 parcelas. Por supuesto, todo en ecológico, pese a que Sojuela no es una de las zonas más sencillas para dicho cometido:«No entiendo la viticultura de otra forma, pero tampoco es para tanto;el tema ecológico es como un móvil nuevo, la primera semana estás perdido y luego aprendes», argumenta. La cata El joven viticultor presentará el próximo día 6 de abril (a las 20.30 horas, con cincuenta plazas para los primeros inscritos a un precio de seis euros por persona) cinco de sus vinos para los aficionados del club de catas de lomejordelvinoderioja.com: un blanco, dos tintos de diferentes añadas y dos extraordinarios tintos dulces de uvas pasas que Miguel Martínez ha rescatado del olvido a base de mucho esfuerzo (el ‘supurao’). Ojuel Blanco Fuente León 2015 es una elaboración en la que el joven viticultor mezcla uvas de tempranillo blanco y garnacha blanca con una fermentación en barrica y que acaba de embotellar de la última cosecha:«En Sojuela tenemos viuras de 60/70 años que están en plenitud, con las que ya estoy trabajando algún vino, pero en este caso son uvas de cepas hincadas hace 5 años en un carasol de una zona muy fresca, muy apta para blancos». Ojuel Tinto 2013 y Ojuel Tinto 2014 son las primeras elaboración «con tecnología en condiciones» de Miguel Martínez. «La verdad es que me ‘cubrí de gloria’; son dos añadas muy difíciles pero me siento muy a gusto con la mezcla varietal [tempranillo, garnacha y maturana tinta],con una fermentación y crianza durante un año en barrica»:«Son uvas históricas de Rioja y que, con nuestro clima, ofrecen un vino diferente, nada ‘típico’ de Rioja, con una acidez marcada, pero, al menos mi juicio, nada agresiva». Ambos vinos muestra perfectamente la idea que Miguel Martínez tiene en la cabeza:fruta, escasa madera, con una acidez característica y vida por delante. El supurao El supurao es una elaboración tradicional de Rioja. Quien no recuerda haber visto en alguna ocasión en el pajar o el ‘alto’ de la casa racimos de uva pendiendo de las colgaderas para su pasificación. Las abuelas procuraban las pasas de Nochevieja y los abuelos elaboraban aquel vino dulce auténtico desecado de forma 100% natural. Miguel Martínez ha recuperado las colgaderas y el ‘supurao’ e incluso, después de una dura batalla burocrática, ha logrado el amparo de la DOC Rioja. El viticultor presentará en la cata las añadas 2013 y 2015 de su Ojuel Supurao, un vino estrictamente artesanal (un 20% de rendimiento) que, entre otros premios, sorprendió al ganar el máximo galardón del concurso Only Wine del Basque Culinary Center. «Es el vino al que más cariño le tengo porque intento recuperar una tradición olvidada», confiesa Martínez. Y, cuidado, porque en la cata sorprenderá: dulce, natural, pero con una acidez y frescura que le diferencia de otras producciones similares más comunes del sur de España: «La tradición dice que los padres elaboraban un ‘supurao’ cuando nacía una hija y lo bebían el día de su boda». «Es decir –continúa–, creo que son vinos de larga guarda y con un extraordinario potencial de envejecimiento, pero no hemos hecho más que empezar; no puedo correr el tiempo para comprobarlo». En este sentido, Miguel Martínez explica que «especialmente con este vino trabajo por intuición, es un mundo nuevo de prueba, ensayo y ‘error’, sin protocolo de elaboración». De momento, los aficionados de lomejordelvino de Rioja podrán probrar las añadas 2013 y 2015 del Ojuel Supurao, una producción de apenas 1.800 botellas de 50 centilitros.

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Para entender mejor lo de Artadi…
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Alberto Gil | 21-03-2016 | 09:17| 3

Quizá los últimos acuerdos de concentración de grandes compañías que se están produciendo en Rioja sirvan para entender por qué el movimiento hacia la diferenciación de vinos (finca, municipio…) y otras medidas, incluso sobre rendimientos, que se están tomando en el Consejo Regulador. De hecho, quizá estas noticias permitan incluso comprender por qué Artadi decidió emprender el camino por su cuenta:«El que ‘más chifle capador’», pensaría en su momento Juan Carlos López de Lacalle.

El acuerdo entre García Carrión, la primera bodega de Europa en volumen y cuarta del mundo, y la familia Eguizábal, con la venta de las instalaciones de bodegas Lacort (antigua Paternina) convertirá al grupo murciano también en la primera bodega en volumen de Rioja.

Salvando las distancias, el movimiento es una replica, una toma de posiciones, ante la reciente compra de Marqués del Atrio (26 millones de euros por el 75% del accionado) por parte del gigante chino Changyu Pioneer Wines.

Marqués del Atrio, con bodegas también en Valencia, facturó 36 millones de euros en el 2015 y la familia riojana Rivero Ulecia, que sigue gestionando el ‘negocio de los chinos’ en España, no dudó en anunciar públicamente que, tras dicho acuerdo, aspiraba los 100 millones de euros en el 2020 o incluso los 200 (con Rioja como centro fundamental de valor añadido).

United Wineries (Berberana) adquirió la marca Paternina, que llevó a sus instalaciones de Rioja Santiago en la estación de Haro, con la pretensión de aumentar el volumen de producción en Rioja.

Félix Solís, el segundo gigante tras García Carrión en el sector del vino español, amplió hace unos años con un acuerdo con la cooperativa de Murillo y, al parecer, sigue buscando nuevas instalaciones de ‘alquiler’ para aumentar su de nuevo producción. Los ‘grandes’ del vino, históricamente ajenos a Rioja por el alto coste que implicaban las inversiones (especialmente en viñedo propio), comenzaron a desembarcar a partir del año 2005 y ya no falta ni uno: Torres (tercero en facturación); Freixenet (cuarto); González Byass (quinto); Pernod Ricard (sexto)… son Rioja.

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Y ahora: a por los rendimientos
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Alberto Gil | 07-03-2016 | 18:43| 0

Carta contra el exceso de rendimientos

Las cosas están cambiando en Rioja. Los continuos giros hacia la liberalización del sector por parte de la Comisión Europea, los acuerdos de comercio internacional, las nuevas normativas y también la propia presión y concienciación interna están provocando cambios importantes en el devenir de la denominación de origen que pretender prevenir, si no extinguir, determinadas prácticas que van más allá de lo que dicta el pliego de condiciones de la denominación.

Los servicios técnicos del Consejo Regulador han detectado un importante grupo de viticultores de Rioja con antecedentes por producciones excesivas al que están remitiendo cartas personalizadas en las que se advierte del peligro de descalificación íntegra de la cosecha en caso de detectar parcelas excesivamente cargadas de producción antes de la vendimia.

El tema se debatió en una mesa redonda el pasado jueves en San Vicente de la Sonsierra, en la que el director general del Consejo Regulador, José Luis Lapuente, advirtió de que las cosas están cambiando rápidamente: «La normativa de control es diferente y, si bien son los veedores del Consejo Regulador los que inspeccionan, es la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC) la que tiene que certificar que hacen bien su trabajo». «Es decir –añadió–, el Consejo asume un papel simplemente de auditor y el responsable de cumplir con la normativa es cada uno de los titulares de viñedo».

Lapuente aclaró que «siempre ha habido un control sobre las producciones excesivas, que además hemos intensificado en los últimos años, pero en este caso nos ha parecido oportuno avisar de esa responsabilidad individual que tienen los titulares o cultivadores de las explotaciones ante la adaptación al nuevo sistema de control, que emana de la normativa comunitaria y nacional».

Las cartas
En este sentido, los servicios técnicos del Consejo Regulador han detectado un importante grupo de viticultores considerados de «riesgo» que son titulares de explotaciones con antecedentes por expectativas de producción elevada y sobre ellos se va a intensificar «notablemente» el control de producción antes de vendimia. En caso de detectarse una previsión clara de cosecha superior a los rendimientos marcados por el pliego de condiciones, la uva de dichas explotaciones, de forma íntegra, podría perder el amparo de la Denominación sin ni tan siquiera comenzar la recogida.

José Luis Lapuente insistió en que «con la nueva legislación el papel del Consejo Regulador es certificar que el operador, el inscrito, hace bien las cosas y, si se da la circunstancia de que no las hace, pues no puede certificarlo». En este sentido, el director general avanzó que «el Consejo debe ser lo más transparente posible ante ENAC y poner de manifiesto que existe un grupo de riesgo y que se está encima para velar por el cumplimiento del pliego de condiciones».

Lapuente señaló que del grupo de riesgo de «se entra y se sale» en función del comportamiento histórico de las explotaciones sobre las que se tiene constancia de producciones excesivas y restó trascendencia a las posibles consecuencias:«Hemos preferido no actuar a ‘traición’, o que se nos pueda acusar de ello en vísperas de vendimia y advertir con antelación, con cartas personalizadas a quienes forman parte de ese grupo de riesgo porque, evidentemente, todas estas situaciones se pueden controlar en el campo para que no haya consecuencias».

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