La Rioja

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Nueve catas, nueve vinos (2016)
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Alberto Gil | 30-12-2016 | 10:35| 0

Nueve bodegas han vuelto a pasar por la sala de catas del Hotel Gran Vía para explicar sus proyectos en esta nueva temporada recién concluida del club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Son ya diez años cumpliendo los objetivos iniciales: acercar la cultura del vino, poner cara a los bodegueros que se lo curran día a día -es curioso que cuando empezamos ninguno de los grandes nombres había hecho una cata abierta el público en Rioja- y, sobre todo, mostrar la diversidad de la denominación de origen, para quien escribe, el gran diamante en bruto todavía por pulir y por explotar de Rioja. Ésta es una recomendación de nueve vinos que son una selección de las propuestas de las bodegas que en este 2016 han pasado por nuestro club de catas:

1 Exopto 2012 (32 euros):

Comenzamos el año haciendo ‘ruido’ con Tom Puyaubert (Bodegas Exopto), en pleno momento de efervescencia de los ‘Rioja and Roll’. Tom presentó la añada 2012 de Exopto, un vino del ‘copón y con dos cojones’ –así podrá leerlo en la sopa de letras de la etiqueta, en referencia al reto que supuso su apuesta por el graciano en el año 2005–. Esta uva (60%), de viñas viejas de Ábalos, es la protagonista de este vino singular y muy trabajado por el autor.

2 Ojuel Supurao (15 euros):

Presentar la ilusión de Miguel Martínez (Ojuel Wines) ha sido para el que escribe una de las satisfacciones del año. Viticultura ecológica, compromiso personal con el medio ambiente y con la tradición de la comarca (Sojuela), sin apenas medios para elaborar, distinguen a este chaval. Si hay un vino que recomendar de Miguel es el Ojuel Supurao, una tradición histórica perdida y rescatada por empeño personal. Ahora bien, el viticultor elabora también otros vinos, como el Tinto Fuente de León 2014, que procede de plantaciones jóvenes de maturana tinta y viejas parcelas de mazuelo. Como curiosidad, se despalilló grano a grano por un sencillo motivo: se le fastidió en la vendimia la despalilladora y tuvo que llamar a la cuadrilla de amigos para hacerlo a mano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3 Inspiración Edición Limitada 2011 (26 euros):

Encajando clasicismo y modernidad, Valdemar presentó vinos de ensamblaje con una colección de parcelarios (Inspiración), que dará lugar a varios vinos singulares en un futuro cercano. Por no repetir graciano (muy bueno el Seis Alhajas), nos quedamos con Inspiración Edición Limitada 2011 (con variedades tempranillo, maturana y graciano).

4 La Condenada 2014 (35 euros):

Vinos de pueblo, Baños de Ebro y Ábalos, y vinos de parcela con uno de los grandes proyectos de Rioja de la actualidad:Bodegas y Viñedos Artuke, la Sonsierra en su máxima expresión. Arturo De Miguel presentó una colección de grandes vinos, desde el ‘básico’ maceración carbónica a La Condenada 2014, un vinazo de una parcela de viejos viñedos de Baños que estaba ‘condenada’ al arranque por su bajo rendimiento.

5 El Relevo 2011 (11 euros):

Cambio de Sierra, de la de Cantabria a La Demanda, en busca de la tipicidad de Cordovín. Los hermanos y primos Benés presentaron Bodegas y Viñedos Valcuerna, con un clarete típico sensacional de la comarca (el ‘Valcuernazo’) y un tinto, Relevo 2011, con tempranillo de un suelo atípico de la zona y la frescura de una de las zonas más frías de Rioja.

6 Inédito S 2011 (13 euros):

El primer semestre concluyó con la primera incursión en La Rioja Baja, con Luis Arnedo (Bodegas Lacus). Un viticultor concienzudo, un ‘currante’ en la viña, con diversos materiales en la bodegas y un soplo de aire fresco en Rioja. El Inédito S, graciano (60%) y garnacha (40%), es pura tipicidad histórica de la comarca. Y, como destacamos pocos blancos, una recomendación también para su espectacular Inédito Garnacha Blanca (17 euros).

7 Don Quintín Ortega Tinto Especial 2010 (15,2 euros):

El segundo semestre se reanudó con otra de las grandes e históricas localidades de Rioja Baja como protagonista: Tudelilla. David Bastida defendió la identidad de la comarca con los vinos de Bodegas Ortega Ezquerro, con las viejas garnachas, combinadas con tempranillos más jóvenes como protagonistas. Una gran sorpresa, con un gran maceración carbónica y un estupendo Don Quintín Ortega (tempranillo y garnacha), potente y elegante.

8 La Taconera 2014 (18,5 euros):

De extremo a extremo, en este caso norte, con los vinos de pueblo y parcela de Javier Sampedro Ortega de Laguardia (Rioja Alavesa). Sampedro es un joven viticultor ‘puro nervio’ como la mayoría de sus vinos. La Taconera procede de un viñedo casi centenario de apenas media hectárea muy trabajado en campo y bodega. Un vinazo, con la frescura y viveza que caracteriza todo lo que hace este viticultor.

9 Urbina Gran Reserva 1994 (21 euros):

Bodegas Urbina cerró la temporada, con un proyecto extremo a la sombra de los Obarenes, en Cuzcurrita. Vinos con tipicidad y la personalidad de una bodega clásica que sigue sacando los vinos al mercado tras muchos años en bodega. Pedro Benito presentó la gama actual y tradicional, con dos grandes clásicos: el Urbina Reserva Especial 2001 y el Urbina Gran Reserva 1994, atípicos hoy en día por cuanto son las añadas actuales en venta. Vinazos que, para después del café y la tertulia navideña, son sensacionales. Para viajar en el tiempo.

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Viaje en el tiempo con Bodegas Urbina
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Alberto Gil | 15-12-2016 | 16:40| 0

Pedro Benito enfrenta la elaboración más clásica con la moderna en una cata con discurso y la personalidad del viñedo de una de las zonas más frías de Rioja

«Los vinos de Rioja por naturaleza son finos, con una maduración lenta que, en la zona noroccidental es más patente; ésa es la regla principal que seguimos en Urbina». Así definió Pedro Benito la filosofía de una bodega que mantiene una personalidad y una identidad propia y que, a la contra de los sucedido en las últimas dos décadas en el sector, sigue sacando sus vinos al mercado después de muchos años de estancia en bodega.

Pedro Benito cerró el miércoles por la noche la temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja, que ha permitido a los aficionados viajar por distintas comarcas con pequeños proyectos que recuperan la identidad de los vinos de pueblo, de finca y parcela y que, con el broche propuesto por Bodegas Urbina, permitió también a los asistentes viajar también a través del tiempo.

En este sentido, el bodeguero de Cuzcurrita enfrentó la elaboración clásica de la marca Urbina en una cata de vinos por parejas frente a la nueva gama Salva [que hace referencia al bisabuelo de la saga de viticultores}, en la que la fruta primaria y la intensidad son las notas dominantes: «Prácticamente, estamos hablando de los mismos vinos, que salen ahora al mercado como Salva pero que volverán a lanzarse como Urbina dentro de unos cuantos años después de un largo tiempo de estancia en botella y en depósitos», avanzó Benito. «Es como cuando vas a un restaurante y pides el solomillo: la mejor materia prima, poco, al punto o muy hecha».

Pedro Benito, en la cata en una imagen de Díaz Uriel

Bodegas Urbina elabora únicamente uvas de sus 60 hectáreas de viñedo, unas 200.000 botellas anuales y en un 95% del entorno de Cuzcurrita. Vinos de pueblo, de una de las zonas más frías de Rioja y con una personalidad clara que responde también al carácter del propio autor: vinos pausados, tranquilos para tomar relajados, como las propias explicaciones de uno de los mejores comunicadores con que cuenta actualmente el vino de Rioja.

La cata
Urbina Crianza 2009 y Salva Crianza 2011 fueron la primera pareja de cata. Prácticamente el mismo vino, con un poco más de roble francés aunque también mayoritariamente americano para el segundo, pero con diferentes tiempos de ‘cocción’: «Ambos estuvieron un año en barrica, pero el Salva sólo un año en botella mientras que el Urbina ha estado tres». En ambos casos, los vinos, como toda la gama, pasan largas temporadas en depósito de acero inoxidable: «No hemos inventado nada, pero, de la misma forma que un vino en mágnum envejece mejor que en una botella convencional porque evoluciona menos, cuanto mayor es el depósito que contiene el vino mejor se conserva», explicó Pedro Benito. «Es lo que hace Vega Sicilia, con su Único, que pasa diez años en una tina grande antes de ser embotellado, y a nosotros nos permite estabilizar los vinos y eliminar los sedimentos sin clarificados ni filtrados, siguiendo la filosofía Urbina de intervenir lo menos posible en campo y en bodega». Sobre los gustos, pues eso, como el solomillo: hay quien optó por el carácter más joven y frutal y quienes, incluido el cronista, se inclinaron por la finura del Urbina 2009.

La siguiente pareja ahonda en las diferencias: Salva Reserva 2010 y Urbina Reserva Especial 1997. «Estamos para ofrecer felicidad y tenemos por un lado un vino fresco, en su primera etapa de vida y un vino mucho más delicado, con ese bouquet que ha caracterizado los históricos de Rioja hasta finales de los años 70 del siglo pasado». De nuevo en el auditorio, división de opiniones: «El Salva será dentro de 13 años el Urbina Reserva Especial 2010, pero de momento, el que quiera ya lo puede disfrutar en su juventud». La acidez natural de la comarca sujeta a la perfección ambos vinos que, evidentemente, muestran perfiles casi opuestos, pero con elegancia y finura, primaria en el primer caso y terciaria en el segundo.

Urbina Reserva Especial 2001 es un exponente de la magia de aquella cosecha. Redondo, equlibrado, elegante, muy rico aromáticamente y delicado y Urbina Gran Reserva 1994 es una nueva vuelta de tuerca hacia esos grandes vinos que explica por qué Rioja es una de las grandes regiones vitícolas del mundo [el mejor de la cata para el que escribe]: «En España se hacen grandes vinos en muchas zonas, pero sólo Rioja ha sido capaz de garantizar un buen envejecimiento, como sucede en Borgoña, Burdeos o Barolo, y por eso son las regiones históricas porque antes, sin carreteras ni transporte, únicamente los vinos que se podían guardar servían para comerciar».

Y, finalmente, los precios: entre 8 y 9 euros para los crianzas, 17 para los reservas y 21 para el gran reserva que, después de 22 de guarda en la bodega, apenas supone un euro al año por el ‘garaje’: «Evidentemente, si no tienes una historia y los vinos en bodega para este tipo de elaboraciones, sería imposible plantear un negocio así con una nueva empresa», concluye Pedro Benito.

Salva Crianza 2011 8€
Urbina Crianza 2009 9€
Salva Reserva 2010 16 €
Urbina Rva. Especial 1997 17 €
Urbina Rva. Especial 2001 17 €
Urbina Gran Reserva 1994 21 €

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“Los pequeños somos tan importantes o más que los grandes para Rioja”
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Alberto Gil | 12-12-2016 | 11:04| 0

El nuevo presidente de Bodegas Familiares de Rioja advierte del estancamiento del modelo del ‘Rioja único’ y recuerda que «los grandes vinos del mundo son de pequeñas bodegas»

Eduardo Hernáiz en Finca La Emperatriz

Eduardo Hernáiz (Bodegas Finca la Emperatriz) reclama un espacio diferencial para la pequeña bodega, para ‘las familias de Rioja’, a las que considera las «auténticas propietarias, junto con generaciones de viticultores, de una ‘marca colectiva’ que gracias al trabajo y la dedicación de estas pequeñas y medianas empresas es hoy conocida en el mundo». Hernáiz, que acaba de asumir la presidencia de la Asociación de Bodegas Familiares de Rioja, lo hace con un discurso reivindicativo que quiere hacer llegar también a las instituciones: «Lo único que pedimos es que entiendan que los ‘pequeños’ somos tan importantes para la marca Rioja como lo son los ‘grandes’».

–Bodegas Familiares de Rioja es abiertamente partidaria de la diferenciación geográfica de vinos de Rioja. ¿Por qué?
–Hace muchos años que venimos reclamando un nivel de calidad superior para vinos procedentes de viñedos diferentes, con diferentes costes de producción y con una calidad contrastada. Esto sucede en todo el mundo. Rioja mantiene hoy un potencial comercial muy fuerte, pero hasta determinado nivel de precios. El modelo de ‘Rioja único’, con la única distinción de vinos en función del tiempo de estancia en barrica, ha tocado techo. El vino ‘moderno’, de hace 150 o 200 años, lo inventaron los franceses y desde el primer momento distinguieron zonas geográficas y la calidad de sus viñedos, hasta el detalle incluso de las parcelas. Es la asignatura pendiente en Rioja, y en España.

–¿Cómo están las negociaciones en ese sentido en el Consejo Regulador?
–Se lleva prácticamente un año trabajando y hay un consenso bastante amplio sobre crear una nueva categoría de viñedos singulares, que implicará mayores costes para el elaborador, menores rendimientos de producción, una edad mínima del viñedo y, en definitiva, una diferenciación necesaria para empezar a valorar nuestros mejores viñedos. Pero no la hay, por ejemplo, de momento en cuanto a los vinos de pueblo.

–¿Por qué?
–Es algo que no entiendo. Personalmente, sería incluso partidario de limitar también las condiciones de cultivo sobre la marca genérica para poder elaborar vinos municipales, pero lo que se plantea es simplemente poder indicar en la etiqueta la procedencia de tu vino siempre que sea verdad. El viticultor, y hablo mucho con ellos, entiende perfectamente esta idea, ya que hasta no hace muchos años le gustaba tomar el vino de su pueblo. Cuando vas fuera a vender vino la gente quiere conocer la procedencia y creo que todo el mundo está orgulloso de su viñedo y de su pueblo. Todos queremos hacer un vino mejor y ése es el camino.

–¿Dichos cambios implicarían, o empezarían al menos, a diferenciar los pagos de la uva por calidades?
–Así debería ser. Etiquetar un vino como ‘viñedo singular’ implica más costes y unas uvas de viñedos de más de 35 años, con rendimientos de 5.000 kilos por hectárea y una viticultura sostenible, serán de mayor calidad. Estoy seguro de que eso se pagará y, si no es así, habremos fracasado y el propio sistema se caerá por su propio peso. Hemos visto arrancar viñedos extraordinarios, viejas cepas, porque al viticultor no le era rentable cultivarlos y deberíamos ser muy autocríticos y luchar para no seguir perdiendo patrimonio e identidad.

–Reclama apoyo institucional para las bodegas familiares. ¿A qué se refiere?
–El Consejo Regulador ha diluido nuestra voz a simplemente cinco votos del sector comercial. Entiendo que no es justo que los votos se cuenten por botellas, con una pequeña ponderación que no responde realmente al precio, sino a la categoría crianza;es decir, da igual cuáles son las botellas que suman a la marca Rioja y cuáles son las que ‘tiran’ de ella. Lo hemos visto recientemente también con la autorización para elaborar varietales foráneos de blanco cambiando un acuerdo mayoritario del año 2007 por un pacto entre los grandes grupos del sector. Hay bodegas en Rioja, con un gran altavoz internacional, que llevan muchos años reclamando una segmentación geográfica, una identificación de los mejores viñedos y la gente, el consumidor, se pregunta por qué no se hace. Los grandes vinos del mundo son de pequeñas bodegas y, en Rioja, los pequeños somos tan importantes como los grandes, aunque no se refleje en la representatividad del Consejo. Creamos empleo, estamos en el medio rural, hacemos investigación, somos una pieza fundamental en el sostenimiento de Rioja como región y sumamos tanto o más a que cualquier otro; de hecho pagamos aquí nuestros impuestos y eso no sucede en muchos casos. El vino es quizá el único sector en que siendo pequeño incluso puedes ser más fuerte. Hay una tendencia global hacia la concentración empresarial, pero me niego a que nos hagan creer que esto debe pasar también en Rioja.

–Sin embargo, la concentración se está produciendo y los grandes grupos vitivinícolas españoles e internacionales ya tomaron posición en Rioja hace años
–Es cierto y no digo que sea malo. En Rioja no sobra nadie, pero insisto en que la cultura del vino y la economía de esta región la hemos hecho las familias. Los grupos llegados de fuera, y no digo ni mejor ni peor, tienen otra cultura que no es la nuestra y por ahí iba cuando decía que necesitamos apoyo institucional. Por ejemplo, las pequeñas bodegas tenemos muchos problemas en el día a día con la burocracia. Ha habido grandes subvenciones de la OCM que en muchos casos sólo van a grandes compañías con personal especializado en burocracia. Existen multitud de trámites, incluso ridículos, como presentar la misma información de forma diferente a cuatro organismos (Consejo Regulador, Consejería de Agricultura, Hacienda e Impuestos Especiales). El día a día de una pequeña bodega cada vez es más complicado y ése es el apoyo institucional que necesitamos.

–En Rioja Alavesa ha nacido un movimiento de escisión. ¿Cómo está el ánimo a ‘este lado del Ebro’?
–Más calmado. En nuestro caso, las bodegas familiares, de mi asociación y otras por supuesto, somos las que hemos hecho Rioja, las que creamos empleo y fijamos población rural. Sentimos Rioja como propia y aspiramos a cambiarla para mejor. Ahora bien, no entendemos lo que está pasando: por qué no puedo indicar en las etiquetas de mis vinos de qué pueblo es o de qué finca si es verdad. Lo que no puede ser es que se discutan las medidas que benefician a la calidad, como ha pasado por ejemplo esta última vendimia. Rioja debe empezar a dejar de funcionar por ‘números’, tanto en la viticultura como en la bodega, y a mostrar la realidad: que no todos los viñedos ni las bodegas son iguales. Esto no es rupturista, hay espacio para todo el mundo, pero no es lo mismo quien tiene una bodega, un viñedo propio, una familia y una tradición que quien hoy está aquí y ¿mañana? Puede estar en otra parte del mundo porque encuentra un negocio más rentable y porque tiene ligero equipaje.

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Cata en el extremo occidental de Rioja: Bodegas Urbina
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Alberto Gil | 07-12-2016 | 11:00| 2

Pedro BenitoPedro Benito presenta el 14 de diciembre (20.30 horas en el Hotel Gran Vía) el carácter más clásico de los históricos Urbina de larga guarda con la nueva colección de vinos más frescos y afrutados de la bodega de Cuzcurrita. Inscríbete aquí (seis euros por persona)

¿Qué aporta la crianza a los vinos? Pedro Benito Sáez, miembro de la actual generación de Bodegas Urbina (Cuzcurrita) pretende resolver el interrogante con una interensatísima cata sobre los vinos más clásicos, finos de larga guarda en bodega antes de salir al mercado, y la nueva colección de la casa, vinos más actuales y afrutados en los que la gran diferencia está en el momento de consumo:««Nuestros vinos se hacen a ‘fuego lento’, con una maduración muy pausada y una larga estancia en bodega, pero también podemos sacarlos antes al mercado; al fin y al cabo, estamos para vender felicidad…», explica.

La cita, el próximo miércoles 14 de diciembre con 50 plazas para los primeros inscritos en www.lomejorelvinoderioja.com a un precio de seis euros por persona (inscríbete aquí). Bodegas Urbina es una bodega familiar del extremo occidental de Rioja, una de las zonas más frescas de la denominación:«Somos de los últimos en vendimiar en toda Europa; este año nos hemos ido a avanzado noviembre y el hecho de estar protegidos por un valle nos libera de las heladas tempranas y tardías», detalla el viticultor.

Pedro Benito, licenciado en Empresariales en EEUU y también con formación vitivinícola, lleva, junto con sus dos hermanos, ambos ingenieros agrónomos, y la colaboración de sus padres, la bodega familiar: «Somos la quinta generación de viticultores, aunque fue mi padre quien comenzó a elaborar, primero en una cochera, luego en depósitos de hormigón en el barrio de las bodegas y, finalmente, en las actuales instalaciones». La familia elabora exclusivamente con uvas de viñedo propio, el 95% en el entorno de Cuzcurrita y un 5% de una plantación de Uruñuela de su familia materna.

La cata
El ejercicio que propone Pedro Benito no dejará a nadie indiferente. En primer lugar, presentará Salva Crianza 2011, un tinto criado un año en barrica y otro en botella, y a continuación Urbina Crianza 2009, que supone el 50% de las ventas de la bodega:«La diferencia fundamental esté en los tres años más de edad de este último, con el mismo tiempo casi en barrica, pero más depósito y botella con la idea de trabajar el ‘bouquet’ que caracteriza nuestra gama clásica».

Unas diferencias que serán aún más notables en el Salva Reserva 2010 y el Urbina Reserva Especial 1997, que el viticultor propondrá como siguiente pareja de cata:«Son añadas que están en la actualidad en el mercado, lógicamente con un perfil frutal más primario en el primer vino y uno mucho más evolucionado hacia las compotas y la complejidad de la larga crianza en el segundo».

Los vinos clásicos de Urbina son excepcionales puesto que salen al mercado después de mucho tiempo en botella y depósito: «Nos gusta la estabilización natural con estas largas estancias en depósito, no los filtramos ni clarificamos, de la misma forma que no trabajamos con levaduras añadidas ni usamos pesticidas en campo salvo casos irremediables». «Nos gusta –continúa– intervenir lo más mínimo y las características de nuestra zona nos permite trabajar estos vinos tan longevos».

Como cierre, Pedro Benito guarda otra nueva pareja de excepción. El Urbina Reserva Especial 2001, un vinazo que ha encontrado el reconocimiento unánime de la crítica y que salió al mercado con casi quince años en bodega: «Es muy redondo, consecuencia de la gran añada y un vino que suele gustar a todo el mundo». Su hermano mayor, el Urbina Gran Reserva 1994 es una referencia también actual de la bodega en el mercado: «Estuvo dos años en barrica y 18 o 19 en botella, es un vino muy delicado y elegante, como los grandes vinos finos históricos de Rioja que se elaboraron hasta finales de los años 70».

El bodeguero tiene claro que Rioja marca la diferencia respecto a otras zonas españolas y del mundo, precisamente, por las posibilidades de guarda de sus vinos:«En España siempre se ha hecho vino y la gran diferencia de Rioja con el resto de regiones vitícolas es la capacidad de envejecimiento; sucede lo mismo en Burdeos, Borgoña o Piamonte… antes no había coches y sólo los vinos que envejecían bien tenían posibilidad de exportarse», explica Pedro Benito.

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De cata con Javier San Pedro
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Alberto Gil | 24-11-2016 | 17:07| 0

Puro ‘nervio’. Así es Javier San Pedro y así se muestran sus vinos, que reflejan no sólo la tipicidad de antaño de su pueblo, Laguardia, sino la propia personalidad del autor. El joven viticultor presentó el pasado miércoles por la noche en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com su colección de vinos parcelarios, un proyecto personal (Bodegas Javier San Pedro) que inició en el año 2013 y que en el 2017 culminará en una primera fase con la puesta en funcionamiento de una instalación propia en Laguardia.
Javier San Pedro pertenece a una quinta generación de viticultores y, aunque en la actualidad ha tomado los mandos de Vallobera, la bodega familiar, sigue desarrollando su propio camino: «Cuando empecé en Vallobera, con 17 años, hice un vino de alta gama y yo pensaba que era un enólogo muy bueno, pero me di cuenta de que no era yo, sino el viñedo; que con la mejor parcela de viñas viejas era muy sencillo hacer el mejor vino, así que decidí explorar por mi cuenta».

El viticultor y bodeguero, en una imagen de mi compañero Díaz Uriel

El viticultor elabora dos gamas de vinos, Cueva de Lobos, con los viñedos más jóvenes que controla (de menos de 20 años) y con perfil más alegre y juvenil. A la cata acudió, sin embargo, con toda la ‘artillería’, la colección Viuda Negra de vinos parcelarios, con la que muestra las extraordinarias posibilidades de un único pueblo de Rioja, Laguardia, y con la que, además de su concepto de tipicidad municipal –vinos frescos y largos, pero no excesivamente voluptusos–, pone de manifiesto su sello personal: el nervio, la viveza y la raza.

La cata
Javier San Pedro comenzó con el Crianza Viuda Negra, un vino procedente de una selección de uvas de seis parcelas distribuidas por diferentes zonas del municipio de Laguardia, en todos los casos cepas de más de 20 años. No responde a los cánones de un ‘crianza’ convencional y, pese a los 14 meses de envejecimiento en roble francés, la madera queda totalmente relegada a una segunda función: aterciopelar en la boca los taninos pero dejando rienda suelta a la expresión primaria de un vino muy frutal.
Después del vino de pueblo, el viticultor comenzó con los parcelarios. En primer lugar, con el Viuda Negra Prado de las Almas, un rosado (tempranillo 100%) de una finca cuyas uvas iban anteriormente a la gama Cueva de los Lobos y a las que ahora Javier San Pedro ha encontrado un nuevo acomodo. Es un rosado muy fresco, una curiosa experimentación que el enólogo fermenta en barricas de roble francés y cría con sus lías en robles de 500 litros: «Los vinos de Prado de las Almas eran muy aromáticos, pero muy ligeros para un tinto, así que, tras probar un rosado ‘convencional’ en el bar de mi pueblo, pensé que podía hacer otra cosa diferente pensando más en un vino de guarda». De momento, el vino es pura chispa muy bien encajado con las tenues notas de madera y, como sospecha el propio autor, ganará con unos cuantos meses de estancia en botella.
Lo mismo sucede con el Viuda Negra Nunca Jamás, toda una declaración de intenciones de Javier San Pedro: Como Peter Pan, el viticultor no quiere que su vino ‘crezca’. Tiene una gran potencia aromática y unos taninos, incluso afilados, que se irán domando poco a poco con el reposo, pero que San Pedro lo deja a criterio del consumidor: «El que quiera guardarlo un poco más, perfecto, pero a mí me gusta así; es un vino que vendemos en el mismo año, pero que ha sido elaborado y criado en barricas francesas nuevas, aunque mantiene la idea de fruta fresca, para beber a ‘trago’ y a diario».
La Taconera es la viña de los ojos de Javier San Pedro. Apenas media hectárea plantada en 1921 que Javier San Pedro compró hace seis años, con retorcidas cepas de dos metros de altura que tardó cuatro vendimias en recuperar, incluso después de convertir en leña viejos brazos con la motosierra: «Nos daba 2.500 botellas cuando empezamos, pero ahora la hemos dejado en 900». Es un gran vino, muy trabajado también en la crianza como todos, largo, con potencia pero sin abusar y con la frescura que caracteriza a todos los del bodeguero. Un vino que no cansa y de los que siempre se acaban antes de terminar la comida o la cena.

Los blancos
Javier San Pedro cerró la cata con dos blancos. Viuda Negra Villahuercos es su apuesta por el tempranillo blanco, un vino de una parcela (la primera que plantó en su vida) de 0,9 hectáreas: «Lo del tempranillo blanco fue un flechazo cuando estudiaba enología en La Laboral; lo vinificamos experimentalmente y me encantó». San Pedro asegura haber encontrado en este variedad un potencial extraordinario: «Su volumen en boca, su capacidad de guarda, su regularidad, su acidez…». «Para mí –continúa– es una bomba».
Para terminar, Viuda Negra Vendimia Tardía, un semidulce (viura 100%) de una parcela al norte del municipio que la familia que Javier San Pedro deja vendimiar hasta, casi, la podredumbre por botrytis: «En Vallobera veíamos que ese blanco nunca llegaba a madurar y no la vendimiábamos porque ya había entrada el tinto y era un incordio». «Ahora –agrega–, la estamos cultivando expresamente para este semidulce y recogemos las uvas cuando empieza a salir un ligero velo de botrytis».
El resultado es espectacular: un blanco maduro, como comer granos de uva dulce, con ligeras notas de la barrica francesa donde se cría 6 meses pero con una frescura y acidez que le augura larga vida: «Llevo cinco añadas y, según avanza el tiempo, cada vez está mejor». Más opciones para la viura, tan denostada en Rioja, pero que si se cultiva con un fin demuestra su versatilidad.

Vinos y precios

Viuda Negra Crianza 2013 8,5 €
Prado de las Almas Rosado 2015 16 €
Nunca Jamás 2015 17€
La Taconera 2014 18,5 €
Finca Villahuercos 2015 16,5 €
Viuda Negra Vendimia Tardía 25 €

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Juan Carlos Sancha: “El acuerdo del blanco de Rioja se incumple sistemáticamente”
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Alberto Gil | 14-11-2016 | 18:17| 0

Juan Carlos Sancha, uno de los responsables de la investigación que permitió recuperar una decena de variedades minoritarias de vid tintas y blancas de Rioja, fue el más crítico con el acuerdo del Consejo Regulador del pasado viernes que permitirá elaborar vinos monovarietales de uvas foráneas en los blancos de Rioja -chardonnay, sauvignon blanc y verdejo-: «Vamos de chapuza en chapuza con el blanco, no se respetan los acuerdos y nos hacemos además un flaco favor de imagen».

Juan Carlos Sancha, en una imagen de Díaz Uriel

El nuevo acuerdo revisa parcialmente en del año 2007 para la renovación varietal, que incluyó también la autorización de uvas autóctonas minoritarias –turruntés, maturana y tempranillo blanco– y que se hizo entonces bajo la premisa de que las uvas foráneas tuvieran la condición de complementarias, no de protagonistas, y, por lo tanto, no podían superar en porcentaje a una base de uva autóctona: es decir, no podían llevar más 49% con la idea de garantizar al menos parte de la tipicidad riojana.

Sancha explica que «estamos tratando de recuperar credibilidad con la singularidad de nuestras viñas y apostar por lo que no es nuestro es un error histórico». El vocal de las Bodegas Familiares de Rioja denuncia que «aquel acuerdo inicial del blanco se ha incumplido sistemáticamente». En este sentido, el vocal de las Bodegas Familiares recuerda que «se paralizaron las nuevas plantaciones durante años en un despacho ajeno al Consejo Regulador, se permitió hincar viura cuando inicialmente no se contemplaba también por decisiones tomadas fuera del sector, luego se eliminaron las precintas específicas que impedían que la uva blanca fuera a parar a tinto y, ahora, se vuelve a incumplir el compromiso de que las variedadas de fuera no pudieran ser más que complementarias». «Todo está siendo un auténtico despropósito y la verdad es que dan ganas de no suscribir ningún acuerdo más porque nada tiene que ver lo del 2007 con lo que hay ahora».

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Balance de vendimia: producir más costará más
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Alberto Gil | 11-11-2016 | 17:45| 0

La segunda vendimia más copiosa de la historia de Rioja ha puesto ya sobre la mesa reflexiones interesantes. El viticultor, con unas buenas perspectivas de precios y de cantidad de uva, ha intentado garantizarse llegar al 118% de producción en su cartilla –el máximo permitido, aunque el rendimiento amparado no podía superar el 107%–, lo cual es absolutamente legítimo y respetable, pero la madre naturaleza decidió echar unas gotas en el momento crítico y los números se dispararon. Hay quien se ha sentido acosado por los precintados del Consejo Regulador pero convendría preguntarnos qué hubiera sucedido sin esa política de control porque el excedente oficial suma 20 millones de kilos de uva, pero el extraoficial es imposible de contabilizar.

Como es imposible también poner puertas al campo, se han escapado millones de kilos por la gatera, con lo que algunos avispados continúan haciendo el agosto en octubre, pero lo que hay que empezar a tener claro es que producir más también puede costar más. En Ribera del Duero ha habido igualmente problemas de excesos de rendimientos y, según mis noticias, cientos de parcelas han sido descalificadas sin previo aviso por el Consejo Regulador: si antes de vendimiar te inspeccionaban los viñedos y había exceso se dejaba fuera la parcela íntegramente.

Uvas en el suelo en una imagen de mi compañera Sonia Tercero

En Rioja ha habido también descalificaciones pero, por mucho ruido que hacen los precintados, se ha avisado con antelación e incluso se ha permitido corregir excesos tras las inspecciones en campo. Ahora bien, por cumplimiento de la normativa europea pero también por credibilidad, la denominación se ha dado un plazo de tres vendimias (sólo ha pasado la primera) para que el control de las producciones deje de ser por cartilla (tarjeta de viticultor) y pase a ser por parcela. Es decir, si una finca tiene exceso flagrante de producción no podrá compensar a otra del mismo viticultor que se haya quedado escasa.

Así las cosas, aprovechando que se ha abierto el melón de la diferenciación de vinos, a lo mejor es conveniente no cerrarlo y, además de con una distinción de vinos por arriba, que está muy bien, conviene además acometer una por abajo. A nadie se le escapa que hay tierras, clones y conducciones preparadas para producir 15.000 kilos. Y, a nadie se le escapa tampoco, que si no llegamos a tener este tiempo en octubre muchas de esas uvas no hubieran llegado a madurar.

En este sentido, quizá ha llegado el momento de diferenciar vinos de Rioja por rendimientos y calidades y dejar al viticultor, y a las bodegas, elegir si quieren operar en un nivel superior con unas normas o, en otro más genérico, con otras prerrogativas, entre ellas diferente carga de kilos. La peor imagen de esta vendimia son los millones de kilos de uvas, alimento al fin y al cabo, que, sobre todo quienes no saben que el vino es cosa de números, han visto perplejos cómo se pudrían en el suelo.

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Fernando Gómez: “Rioja está fallando si el viñedo viejo no es rentable para los viticultores”
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Alberto Gil | 30-10-2016 | 19:38| 0

Fernando Gómez, con 43 vendimias a cuestas, recuerda que las bodegas arriesgan y hacen cambios y que también debe hacerlo la denominación

El enólogo con una elaboración especial de la añada 2016, en una imagen de mi compañero Justo Rodríguez.

Cuarenta y tres vendimias en Rioja. Fernando Gómez Sáez es, probablemente, el enólogo en activo con mayor trayectoria y siempre en el mismo sitio: Marqués de Cáceres. Autodidacta, participó en la ‘revolución’ enológica que Enrique Forner –fundador de Marqués de Cáceres fallecido en el 2011– trajo a Rioja a principios de los setenta y ha asistido a pie de viña y depósito a los trascendentales cambios de las últimas décadas:«La denominación ha dado un salto tremendo; en las bodegas hemos vivido una revolución industrial; profesionalmente la preparación ahora es extraordinaria y hemos pasado de 20.000 a 65.000 hectáreas». «El cambio es radical –continúa–, si bien es cierto que ahora Rioja también tiene que hacer ajustes porque, aunque lo vendemos todo, no lo hacemos a unos precios acordes a nuestro prestigio».

– Cuando dice cambios…¿se refiere a los viñedos singulares?
– Las bodegas cambiamos continuamente renovando vinos y Rioja, la denominación, no puede quedarse atrás. Una distinción de vinos, como hace 20 o 30 años, por tiempos de envejecimiento no es suficiente. Por qué un viñedo singular, con una uva excepcional y una elaboración especial, tiene que estar más durante años en barrica para poder acceder a una categoría, a priori, superior como la crianza, la reserva o la gran reserva. Hay que reflexionar sobre lo que hemos hecho con el viñedo viejo: se ha subvencionado el arranque cuando debería ser patrimonio intocable. Rioja falla si el viejo viñedo no es rentable para el viticultor. Si una nueva categoría de viñedos singulares sirve para paliar ese defecto, bienvenida sea. Si el viñedo pasa a pocas manos de grandes empresas, la personalidad de Rioja se perdería. Es cierto que antes se vivía con 1.000 cántaras y hoy es imposible, pero también lo es que el 80% de la maquinaria agrícola sobra porque cada uno quiere tener la suya. Se puede hacer más rentable el cultivo y tenemos que hacer un esfuerzo porque los grandes latifundios no son un buen modelo.

– Usted comenzó en 1973. ¿Cómo se elaboraba aquellos años?
– En 1973, cuando se estaba montando la bodega, Enrique Forner me citó en agosto y me preguntó que sabía hacer: «¿Yo…?, de todo», le dije. «Si sabes hacer de todo empieza a trabajar». Me incorporé en septiembre a una empresa en construcción e hice, efectivamente, de todo: trasegar barricas, embotellar, analizar… Tuve mucha suerte porque Forner tenía las ideas claras y contaba con el asesoramiento de Emile Peynaud: un mes trabajando con ese hombre era mejor que un master. Todo lo he aprendido aquí.

– ¿Marqués de Cáceres revolucionó en los 70 la elaboración en Rioja?
– Sí. Enrique Forner pertenecía a una tercera generación dedicada al vino, con ideas de Burdeos. Entendía que aquí en Cenicero había grandes uvas, pero que faltaba profesionalidad. Cambió el estilo de vinos de Rioja: con más tiempo en barrica, pero nueva y francesa, y más tiempo en botella, además de conseguir una mayor extracción de la uva. Entonces en Rioja se vinificaba en depósitos de hormigón, no se remontaba, no se controlaban las temperaturas… Nadie daba importancia a la fermentación maloláctica, pero nosotros seguíamos las directrices de Forner y Peynaud. Hacíamos remontados y en la cooperativa de Cenicero, donde elaboramos hasta que hicimos bodega, se preguntaban qué hacía esta gente dándole vueltas al vino. Después vino el acero inoxidable y la revolución industrial de las bodegas.

– Y ahora se está volviendo atrás...
– Sí, especialmente en el viñedo. Mi padre, que era un viticultor de Cenicero, decía que las mejores viñas le traían a «diez cántaras por obrada», es decir, 4.600 kilos por hectárea. Esas viñas que antes ya eran las mejores son las que ahora utilizamos ahora para hacer los vinos top. Gracias a esos viñedos había grandes vinos también hace 50 o 60 años.

– ¿A qué atribuye el éxito internacional de Marqués de Cáceres?
– A la personalidad. Hubo unos años en que, con la nueva tecnología, muchos vinos eran iguales. Nosotros empezamos, y seguimos hoy en día, con los mismos proveedores y hacemos un estilo de vino propio. Enrique Forner aprovechó que él y su familia eran propietarios de dos chateaux en Francia con red comercial. Él sabía que había uvas fabulosas en Rioja pero que se podían hacer mejores vinos con un estilo propio. En el mercado nacional, sin embargo, no conocía a nadie y al principio el 90% del vino iba a exportación. Luego vino Antonio Mareca y montó la red nacional. Ofrecíamos un vino diferente de Rioja. A la gente le gustaba la finura y la elegancia y que de una añada a otra no había grandes diferencias.

– A finales de los ochenta y noventa se vuelve a mirar más a la viña y aparecen vinos más modernos, también de Marqués de Cáceres…
– En aquellos años a Rioja le vino muy bien el empuje de Ribera del Duero. Nos puso las pilas y aquí, en Marqués de Cáceres, no fue fácil. Cristina Forner, la hija de Enrique y actual presidenta, ya estaba en la bodega pero el fundador era un clásico y le gustaban los vinos finos y elegantes. Cuando sacamos Gaudium, en 1994, llevábamos un montón de tiempo dándole la ‘paliza’: «Nuestros clientes quieren vinos fáciles de beber, nos insistía…, elegantes y alegres». Finalmente, le convencimos. Más difícil fue aún con el MC en la añada 2001. Cuando venían los prescriptores, Cristina me pedía que sacara una botella y yo le decía que la pusiera ella porque su padre me echaría la bronca. Una vez, comiendo con Rafael García Santos, pusimos el MC. García Santos le dijo a Enrique Forner que no «iba a tener cojones para sacarlo al mercado». Yo creo que aquel reto le picó… (risas).

– ¿No es fácil sacar nuevos vinos?
– En una bodega como Marqués de Cáceres cuando apuestas por un estilo diferente arriesgas. Es lo que decía antes de Rioja:las bodegas cambiamos y la denominación no se puede quedar parada. En nuestro caso, los vinos clásicos tienen mucho éxito. Cristina, la siguiente generación, tiene una visión más abierta. Ahora, hemos sacado la gama Excellens, rosado y tintos, y siempre trabajo, cuando la añada da la cara, con selecciones especiales como la que estoy haciendo ahora para la familia.

– ¿Su ‘regalo’ de despedida?
– No lo sé (risas). Marqués de Cáceres es una empresa familiar y mi relación con la presidenta es de gran amistad. Tenemos un gran equipo, incluso contamos con el asesoramiento de Michel Rolland, y yo soy ahora para mi equipo el apoyo que era Enrique Forner en su día para mí. Creo que ya llevo suficientes años…, pero, de momento, Cristina Forner no me ha ‘dejado’ irme a casa.

Fernando Gómez está encantado con la calidad de la última añada, aunque, como casi todos, sorprendido por la cantidad: «La viña no la entiende nadie; casi nunca son dos y dos cuatro; los viticultores han descargado uva pero la naturaleza es así». En este sentido, defiende que el viticultor aspire a cubrir su cartilla. «Nadie está a favor de rendimientos de 15.000 kilos por hectárea, pero en la segunda quincena de agosto y la primera quincena de septiembre la sequía presumía que el fruto se vería resentido». «Lo más importante –continúa– es que puede ser una añada para recordar». De sus 43 vendimias tiene claro con la que se queda: «La 2001, aquellas uvas eran todas, todas, buenísimas…»

 

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Pablo Franco: “Protegemos el negocio y los ingresos de mucha gente”
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Alberto Gil | 21-10-2016 | 16:18| 0

Pablo Franco es el jefe de los Servicios Técnicos del Consejo Regulador y ésta es su primera vendimia. Es consciente del ‘lío’ montado a finales de vendimia por las uvas tiradas en el suelo, pero aclara que «no es cosa del ‘gallego’ [nació en Galicia] que ha venido aquí a poner todo patas arriba, sino de defender la marca Rioja y cumplir con el pliego de condiciones».

¿Es consciente del malestar y la imagen del campo en determinadas zonas?

Soy consciente de que Rioja tiene un planteamiento exigente, que somos una marca con valor, respeto y reconocimiento y que tenemos que cumplir con un pliego de condiciones. Hemos tomado medidas para el control de excedentes, pero no lo hemos hecho a ‘traición’. Llevo todo el año yendo a pueblos y reuniéndome con viticultores y bodegas para explicar que los excesos de producción no caben en Rioja y estamos aplicando lo que ya anunciamos.

¿Quizá nadie esperaba el ‘cosechón’ que estamos teniendo?

Por San Mateo presentamos un informe en el Consejo Regulador en el que decíamos que la cosecha se había regulado por la sequía y estimábamos una producción media del 113% pero ya advertíamos de que si llovía podría dispararse. Es lo que ha pasado y afecta fundamentalmente a la zona de La Rioja Alta, aunque no es culpa de nadie. Soy consciente de que el viticultor ha descargado uvas en el envero más que nunca, que ha entendido los mensajes, pero las normas siguen siendo las mismas y hay que cumplirlas.

¿Ha habido además un cambio legislativo del que quizá no todos son conscientes?

Es posible, pero el pliego de condiciones se aprobó en 2012 y la Ley de Denominaciones Suprautonómicoas en junio del 2015. Esta norma hace independiente jerárquica y funcionalmente al órgano de control, a los veedores, del Consejo Regulador. El Ministerio audita con carácter anual nuestra labor y además debemos cumplir con los requisitos que exige la Empresa Nacional de Acreditación (ENAC) para 2018.

Pablo Franco, jefe del servicios técnicos del Consejo Regulador en una imagen de EFE

¿Quiere decir que los controles han venido para quedarse?

Sí. Hubo un acuerdo del pleno que establecía una implantación gradual de medidas de control de excedentes, entre otras, hasta 2018. Esta campaña se ha actuado con los famosos ‘precintos’, que lo único que persiguen es garantizar el origen. Es decir, que las uvas proceden de viñas sin exceso de producción. Han sido nuevos, pero son necesarios y, respecto al bulo que se ha creado sobre la supuesta advertencia del Consejo Regulador a los titulares de viñedos que no hayan vendimiado parcelas para tirar las uvas, no es del todo cierto.

¿Y cómo es entonces?

El Consejo no obliga a tirar las uvas. El sector decidió en las normas de vendimia limitar al 107% la producción amparada y al 118% la total. Cuando la tarjeta de un viticultor llega al 118% se bloquea. Si alguien se pasa es un productor excedentario y en estos casos se actúa si se detecta el exceso. Nosotros no ordenamos tirar las uvas, sino simplemente velamos porque la producción máxima sea, precisamente, máxima.

¿Son necesarias estas medidas?

Absolutamente. Estamos protegiendo el negocio y la forma de vida de mucha gente. No se puede tener a la suegra borracha y la cuba llena. Hay buenos precios y lo mejor que le puede pasar al viticultor es que se mantengan o mejoren. 15.000 ó 20.000 kilos por hectárea no dan uvas de calidad y toda la uva no da para pagarse a 90 céntimos. Estamos trabajando en distinguir nuestros viñedos singulares y eso significa seguir apostando por la calidad y por el control de producciones.

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Cata con Ortega Ezquerro: vinos de Tudelilla
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Alberto Gil | 20-10-2016 | 08:27| 0

Bodegas Ortega Ezquerro relanza su proyecto con la apuesta por los vinos y viñedos de Tudelilla , una de las históricos municipios vitícolas de Rioja.El próximo 3 de noviembre (Hotel Gran Vía, 20.30 horas) en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Pincha para comprar entradas (seis euros por persona). 

Tudelilla ha sido uno de los municipios ‘despensa’ para la elaboración de Riojas históricos. Sus garnachas, cultivadas en suelo pedregoso muy característico y un microclima propio debido a la cercanía de la sierra de Carbonera, siguen siendo muy buscadas por los elaboradores de vino. Sin embargo, la etiqueta de ‘cenicienta’ –precisa más cuidados en la elaboración y el cultivo– que en los ochenta se colocó a esta variedad provocó rápidas e importantes sustituciones por tempranillo, que, si bien ofrece también vinos de calidad, pierde parte de la autenticidad original en la zona.

La garnacha, con las tecnologías actuales, vive hoy, sin embargo, un buen momento, incluso como varietal, y Bodegas Ortega Ezquerro participa de este renacimiento con el relanzamiento de un proyecto que, con la colaboración del enólogo David Bastida, presenta el próximo día 3 de noviembre a los aficionados en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Ortega Ezquerro es una pequeña bodega familiar, propietaria de 16 hectáreas de viñedo enTudelilla –también se aprovisiona de viticultores de la comarca–, a cuyo frente se encuentra Carmelo Ortega, biznieto del fundador Quintín Ortega, en 1896. Carmelo pasó de cosechero a criador y, desde hace cinco años, se lanzó a revitalizar un proyecto basado en los vinos de pueblo y en la identidad de Tudelilla. «No somos un grupo bodeguero­ –explica David Bastida–, sino un proyecto familiar cuya razón de ser es la autenticidad de unos viñedos y de una zona privilegiada». El enólogo, con amplia experiencia en Rioja y otras zonas españolas –la última en Viña Herminia– lleva años colaborando con Carmelo Ortega para poner en el mercado una gama de vinos de pueblo de Tudelilla: «Aún nos quedan un par de cosechas para completarla, pero ya estamos en el mercado con unos vinos que responden a nuestras expectativas», asegura.

Carmelo Ortega y David Bastida en los viñedos de La Pedriza

La propuesta de David Bastida y Carmelo Ortega comenzará con el blanco y el tinto joven de la casa de la añada 2015: «El primero son viuras y malvasías de plantaciones de antaño, mezcladas entre cepas tintas, y el segundo –tempranillo, garnacha y viura– una muestra del vino histórico de la localidad, de maceración carbónica». David Bastida presentará a continuación los Ortega Ezquerro Crianza 2013 y Reserva 2010: «Es nuestra gama clásica de dos vinos elaborados con tempranillo y garnacha y, en algunas ocasiones con un pequeño aporte de graciano, de viñedos viejos, de unos 70 años, a 650 metros de altitud».

Don Quintín –en referencia al bisabuelo de Carmelo y fundador de la dinastía de viticultores– es la línea alta de Bodegas Ortega Ezquerro. Bastida expondrá en la cata la versión de blanco (añada 2015) y de tinto (2010): «El blanco es un fermentado en barrica, que trabajos mucho con sus lías para obtener el perfil y la complejidad de los blancos típicos de Rioja, mientras que el tinto, de tempranillo y garnacha, es un vino moderno, que elaboramos y criamos con plena libertad en función de lo que entendemos que nos demanda el vino cada añada».

El enólogo tiene claro que La Rioja Baja es de por sí complicada en los mercados: «Tudelilla es espectacular, con prácticamente el 100% del viñedo en secano, con garnachas históricas que van escalando por el suelo pedregoso hacia la sierra, pero el propio apelativo de la subzona nos hace tener que explicar más las cosas». «Es curioso –continúa–, que la mayoría de nuestros viñedos supera los 650 metros de altitud, más que en Haro, y nos llamamos Rioja Baja». En este sentido, David Bastida confía en romper tópicos también en la cata: «Las garnachas están espectaculares este año y todavía no hemos empezado ni a vendimiarlas cuando todo el mundo piensa que está la cosecha en las bodegas de La Rioja Baja».

Bodegas Ortega Ezquerro reabre así la temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja.com, el próximo día 3 a las 20.30 horas, como siempre, con 50 plazas para los primeros inscritos en www.lomejordelvinoderioja.com.

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