La Rioja
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Rioja 2018… by Tim Atkin
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Alberto Gil | 09-02-2018 | 10:26| 0
RIO09022018 : La Rioja : GENERAL : P06

El prescriptor británico y master of wine Tim Atkin actualizó ayer en su página web su reportaje anual sobre la región vitícola de Rioja (2018) con una nueva clasificación de bodegas al estilo de los grand cru bordeleses y con su personal podio de elaboradores, vinos y descubrimientos del año (además de las puntuaciones completas de vinos). Bodegas Muga, con la elección de su director técnico, Jorge Muga, como elaborador del año y de Aro 2010 como vino del 2018, despunta en el nuevo informe, que presta también especial atención a Jesús Madrazo, a quien concede el título de ‘leyenda’, después de su histórico paso por Viñedos del Contino, bodega a la que deja en el primer escalón de la clasificación Atkin.

Madrazo, que acaba de iniciar una nueva andadura profesional con proyectos propios, está también detrás, junto con Etienne Cordonnier, de Viñas Leizaola, cuyo vino, El Sacramento, ya fue destacado como revelación por Atkin en su ‘Report 2017’. Por cierto, Madrazo y Cordonnier presentarán en mayo para lomejordelvinoderioja.com una espectacular cata vertical del Sacramento. Miguel Martínez (Bodegas Ojuel) es otro de los grandes triunfadores del año, tras haber sido elegido por Atkin como joven revelación por su trabajo con el dulce supurao, pero también por su colección de vinos parcelarios de viejos viñedos de Sojuela.

El Gran Reserva Viña Tondonia 1996 se hace con el primer puesto de los blancos en la lista, mientras que Ramón Bilbao, con su Lalomba 2016, repite (ya lo fue el año pasado) como rosado del año y Vinícola Real, por su 200 Monjes 2011 vendimia de invierno, logra el premio al mejor dulce/semidulce y sube al segundo peldaño de la clasificación de bodegas.

La mejor bodega del año pasado, Artuke, repite en la primera categoría –junto con Abel Mendoza, Lanzaga, Contador, Contino, Juan Carlos Sancha, Finca Allende, La Rioja Alta, López de Heredia, Murrieta, Muga, Remélluri, Roda, Sierra Cantabria y Viñedos de Páganos– y su último vino, Cerro Las Mulas, logra el galardón de tinto revelación. Destaca también el ascenso a primer cru de Bodegas Juan Carlos Sancha, quien ha encandilado a Atkin con su colección de garnachas centenarias, varias de las cuales sitúa entre los mejores vinos de Rioja.

Bodegas Bhilar (David Sampedro) asciende al segundo escalón y sitúa su nuevo vino Finca La Revilla como descubrimiento blanco. Bodegas Hermanos Peciña, con su Señorío de Peciña, como mejor Rioja calidad precio, y Dominio de Berzal, mejor ‘value’ blanco, son otros de los destacados. Atkin menciona también a José Gil (Bodegas Olmaza), que con una nueva colección de vinos parcelarios, logra magníficas puntuaciones. Olmaza visitará el club de catas de lomejordelvinoderioja en junio.

Los cambios legislativos
El prescriptor ha seguido durante este año muy de cerca los cambios legislativos de Rioja, con las nuevas categorías y menciones de Viñedos Singulares, Municipio y Zona y, pese a hacerse eco de algunas críticas –«satisfacer los muy diferentes intereses de los productores, las cooperativas y las pequeñas y grandes bodegas de Rioja es como intentar mantener unidas las facciones del Partido Conservador [británico]», bromea–, deja claro que «las nuevas clasificaciones son una gran noticia para los bebedores de vino, para quienes intentan probar diferentes estilos de Rioja y entender qué, quién y cómo se hacen». Atkin concluye que «nunca he estado más excitado por la calidad de los vinos de la región y por su potencial para hacer cosas aún mayores».

Bodegas Familiares de Rioja se hacía eco ayer en una nota de prensa del nuevo informe de Atkin, del que subraya que siete de sus asociados figuran entre las bodegas destacadas por el master of wine. Bodegas Familiares alude también al reconocimiento del «protagonismo» de las pequeñas y medianas bodegas, en lo que Atkin denomina el «redescubrimiento del lado humano de Rioja»: «Rioja necesita grandes marcas –explica el master of wine–, pero también necesita su creciente número de bodegas más pequeñas, con grupos como Bodegas Familiares de Rioja, Rioja&Roll o ABRA, que están ayudando a promover el lado humano de la región y permitiendo a los consumidores poner una cara y una cultura en una etiqueta».

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Castillo de Sajazarra: raíces profundas
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Alberto Gil | 07-02-2018 | 16:54| 0
El enólogo en una imagen de mi compañero Juan Marín en el salón de catas

El enólogo en una imagen de mi compañero Juan Marín en el salón de catas

Jabier Marquínez expone el compromiso de la bodega con la tipicidad de la zona, pero también con las elaboraciones clásicas e históricas de Rioja

Viñedo propio, tipicidad de zona, respeto al ‘Rioja’ y atrevimiento son los pilares sobre los que Jabier Marquínez, enólogo de Castillo de Sajazarra, sujeta el proyecto bodeguero de la familia Líbano. Castillo cultiva 46 hectáreas de viñedo en Sajazarra (85%), Galbárruli y Fonzaleche y elabora vinos de zona, de pueblo, marcados por la climatología de la comarca más atlántica y fría de Rioja y con un perfil tradicional de Rioja Alta: vinos de largas crianza, trago largo y amable y, al mismo tiempo, una viticultura casi salvaje, en las mismas faldas de los Montes Obarenes, con un fuerte viento perpetuo y una fauna que se ‘aprovisiona’ a su antojo del fruto de los viñedos.
Marquínez abrió el martes por la noche la nueva temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja.com con un blanco, In Vita 2016, de la DOP Alella (norte de Barcelona), zona por la que apostaron en el 2006 cuando en Rioja todavía estaba prohibido plantar blanco: «Muchos se fueron a Rueda, otros a Rías Baixas, pero la propiedad de Castillo de Sajazarra tenía vinculación familiar con Alella, que, además, es una comarca histórica cuyos vinos, layetanos, eran ya muy apreciados por los romanos hace 2000 años». El In Vita, un blanco fresco de xarello (pansa blanca) y sauvignon blanc, poco tiene que ver con la calidez supuesta a priori a una comarca mediterránea y es que, tal y como recordó el enólogo, acumula una media de 800 milímetros de agua al año (por 600 de Rioja). El vino destaca por una mineralidad salina que combina a la perfección con las notas florales, aunque siempre en segundo plano, del sauvignon. El In Vita es un vino kosher, como lo es también el Herenza 2016 (Rioja). Castillo de Sajazarra es una de las escasas bodegas que elaboran regularmente para la comunidad judía. «El vino es el mismo, con un coste de producción más alto por el ‘lío’ que supone para la bodega, pero nos compensa porque nos ha ayudado a estar presentes en más de cien países», explicó Marquínez.
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 La aventura kosher es ejemplo de ese atrevimiento que citaba el enólogo –como lo es también la apuesta por el cultivo ecológico hasta que el oídio lo permite–: «Elaboramos con unos protocolos de hace 4.000 años». Ahora bien, la vendimia es igual –«de hecho tenemos algunos musulmanes en las cuadrillas de recogida», aclaró Marquínez– ya que el protocolo se ciñe exclusivamente en la bodega: «Sólo un rabino o judío practicante puede ver o manipular el vino; es la gran diferencia». El Herenza, a diferencia del In Vita (ambos kosher), fue pasteurizado –sometido a una temperatura de 85 grados durante unos segundos–: «La razón no es otra que el vino no pasteurizado sólo puede ser servido por judíos, pero hay muchos restaurantes en todo el mundo que ofrecen kosher aun no siendo judíos». El Herenza es un vino de semicrianza que, cada añada estrena barrica –así lo exige el protocolo hebreo–: «Lo aprovechamos para ‘limpiar’ las barricas nuevas tres meses y luego las usamos para nuestros otros vinos». En la cata el vino muestra el perfil del tempranillo de la zona: amable de trago largo y elegante.
Solar de Líbano Reserva 2013 y Castillo de Sajazarra Reserva 2012 protagonizaron el siguiente bloque de la cata. El primero es un clásico de Rioja Alta, de larga crianza en roble americano, elegante y de paso amable y el segundo aporta un poco más de estructura con parte de la crianza en roble francés: «Cuando los prescriptores comenzaron a ‘darnos’ a los clásicos de Rioja decidimos que, por respeto a nuestros clientes y la propia región vitícola, no íbamos a dejar de elaborar Solar de Líbano de siempre». «Sacamos el Castillo –añadió Marquínez–, con un poco más de potencia pero sin abusar de la sobremadurez ni la estructura, porque creo que Rioja no puede renunciar a sus principios y su historia». En ambos vinos está presente el graciano, una apuesta de la casa desde el 2006: «Estamos en la zona más fría de Rioja y el graciano es corrector natural de pH y de acidez y ha estado presente de siempre en los grandes vinos de Rioja». «Apostamos por él, aunque alguno pensaría que estábamos locos, pero estamos muy contentos porque es una gran uva de cupaje».
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Los varietales
Castillo de Sajazarra elabora también dos producciones muy limitadas, Digma y Digma Graciano, vinos más modernos y potentes y, aunque el primero tiene un poquito de graciano, es casi un varietal de tempranillo: «Aquí seleccionamos las uvas de las fincas que nos dan la fruta más negra, la mayor potencia, en aquellas añadas en las que llegamos a obtener el perfil que buscamos, que no son todas ni mucho menos». Pese a que son vinos que se pueden calificar de ‘modernos’ se etiquetan también como reserva tras una larga crianza. El Digma Graciano sale al mercado aproximadamente una de cada tres cosechas: «Estamos teniendo suerte y el cambio climático, que ya veíamos venir en el 2006, nos ayuda en este sentido», explicó el enólogo. En la cata los Digma fueron los preferidos del público en la votación con la aplicación móvil especial que estrenó JIG para el club de catas, especialmente el último –con una nariz espectacular–.
Los vinos y sus precios
In Vita 2016: Blanco (DOP Alella). Kosher. PVP: 6,5 euros.
Herenza 2016: Semicrianza Rioja. Kosher. PVP:6,5 euros
Solar del Líbano Reserva 2013: 11,5 euros.
Castillo de Sajazarra Reserva 2013: 16 euros.
Digma 2012: 36 euros.
Digma Graciano 2012: 36 euros.
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Barco: «Rioja optó en su día por ser una DOP grande y ya no es posible volver atrás»
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Alberto Gil | 01-02-2018 | 09:26| 0
El profesor Emilio Barco, en una imagen de Sonia Tercero

El profesor Emilio Barco, en una imagen de Sonia Tercero

Emilio Barco Royo, doctor en Economía –y, como bien dijo ayer el consejero de Agricultura, Íñigo Nagore, en la presentación del libro ‘Análisis de un sector. Rioja 4.0’, el mayor experto del sector desde el punto de vista jurídico, económico y social– presentó ayer la última actualización de la monografía más detallada y analítica del principal sector económico de la Comunidad. Un trabajo que comenzó en 1985, con la primera ‘radiografía’ del vino de Rioja –«hecha a lapicero»– y que se actualiza ahora por quinta vez con los últimos datos del 2017. Su trascendencia, en todo caso, abarca hasta el horizonte 2030, con el reto de la liberalización del viñedo sobre la mesa y con varias decisiones que debe tomar el sector, algunas ya en marcha, para intentar mantener un modelo cuyo éxito se basa en el reparto social de viñedos, vino y beneficios.
– Dice que será su última actualización. ¿Por qué?
– En el 2030 tendré 72 años y ya estoy mayor para un trabajo tan exhaustivo como éste.
– Por primera vez se permite el ‘lujo’ de plasmar su opinión…
– Así es. Lo hago al final del libro, en un capítulo de ‘Adiós’, precisamente porque será mi última actualización.
– Intuyo en dicha despedida cierta añoranza del campesino viticultor. ¿Es posible una vuelta al pasado?
– De manera global no, y por eso hay una añoranza. Rioja tiene hoy 65.000 hectáreas, es decir, es demasiado grande para volver atrás, lo que no quiere decir que en términos individuales, como ya hace gente, se puedan hacer cosas diferentes. Hay otro modelo de cultivo, con menor dependencia de fitosanitarios, con respeto absoluto al medio. Es posible, pero no lo es de forma global, aunque sí debería apoyarse y fomentarse.
– Cita una frase en su libro, del expresidente Ángel de Jaime Baró, cuando dijo aquello de que Rioja era una ‘gran denominación grande’. Fueron esos años, el final de los 90, el punto de ‘no retorno’?
– Sí. Esa frase significaba que íbamos a seguir creciendo en hectáreas, en volumen, que los grandes grupos nacionales iban a invertir aquí… y así ha sido. ¿Se podía haber optado por una DOC pequeña de menos de 40.000 hectáreas? Entonces quizá sí, pero ahora ya no es posible.
– Alude también a la tensión territorial, entre municipios que no pueden crecer y otros que sí. ¿Hay riesgo de ruptura del Rioja actual?
– Efectivamente hay realidades productivas muy diferentes, con pueblos donde no se puede crecer en viñedo y otros en los que sí. Ahora bien, eso necesariamente no debe ser una ruptura. Soy partidario del consenso. Crecer en volumen y/o en valor no debe ser excluyente. Las DOP en su día tuvieron los retos históricos de controlar el fraude, garantizar el origen al consumidor, vincular la actividad al territorio y ahora tienen el nuevo reto de generar valor. Ahora bien, para mí no es suficiente. No me interesa una DOP que genere valor si no lo distribuye en la cadena: desde el campo hasta la mesa de mi casa. Ése es el verdadero reto.
– ¿Es necesario diferenciar claramente producciones y vinos?
– El modelo tradicional segmentaba oferta, demanda y precios con los vinos jóvenes, crianza y reserva. Ahora se propone una nueva categorización complementaria con viñedos singulares, de pueblo y zona. Para mí es bueno.
– ¿Debe acostumbrarse Rioja a pagar diferentes precios por las uvas?
– Eso ya lo decíamos en el libro anterior. ¿Por qué en Rioja nunca ha sido posible producir para tres mercados diferentes, con tres calidades distintas, con 4.000, 6.000 ú 8.000 kilos por hectárea?. Obviamente debe ser así y no vale el café para todos.
– Horizonte 2030: liberalización de plantaciones. ¿Puede Rioja autorregularse para entonces?
– Lo que está claro es que hay que trabajar en estos años ante este posible escenario. Yo expongo el modelo de champagna, que ya se ha autorregulado limitando la superficie con cartografía. Ahora bien, eso es muy duro porque significa que una parcela vale y otra no en un mismo municipio. De todas formas, yo tengo confianza. Si Rioja no hubiera limitado las plantaciones ya tendríamos la liberalización desde hace dos años. El sector supo pactar y no era fácil.
– ¿Subsistirían pequeñas bodegas y viticultores en un escenario de libertad total?
– La premonición de hace tiempo de que Rioja se iba a concentrar en unas pocas bodegas no se ha cumplido y creo que no se cumplirá. Ahora bien, ante la libertad de plantaciones el que se ‘librará’ es el que tenga vinculación con el comercio, vendiendo vino directamente o vía cooperativa o cosechero o vía contractual con una bodega.

«El disparate del AVE no quiero ni comentarlo»

Una de los ‘heridas’ que deja clara Emilio Barco en su epílogo del ‘Análisis de un sector. Rioja 4.0’ es el daño causado al paisaje en estos años de expansión de Rioja. «A medio plazo quienes gestionan la DOC deberían trabajar en dos cuestiones de enorme importancia para el futuro del sector: la necesidad de proteger un paisaje y una cultura vitivinícola tradicional, que ya es marginal en la región, y reducir el uso de productos químicos», reflexiona.
– ¿Demasiado tarde para el paisaje o aún queda margen?
– Desgraciadamente, ya llegamos tarde. Hemos perdido muchas oportunidades. Lo último del AVE me parece tal disparate que no quiero ni comentarlo. Hace año y medio le hubiera contestado con más ilusión, pero ya apenas la tengo. La protección del paisaje es urgente pero sigue sin entenderse.
– Tampoco, como riojabajeño de Alcanadre, le veo muy convencido con el cambio de nombre de la subzona Rioja Baja…
– Yo soy de la ribera. Tengo una huerta y todos los sábados mando un foto a mis amigos de mi huerta de la ribera y no veo nada peyorativo en La Rioja Baja. Pero yo no sé de marketing… y mucho menos de neuromarketing.

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Todo listo para un nuevo viaje por Rioja
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Alberto Gil | 24-01-2018 | 16:27| 0

La duodécima temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja.com arranca el próximo 6 de febrero con la presentación de los vinos de Castillo de Sajazarra -las inscripciones por Internet se abrirán la semana próxima-. Vinos de la comarca más occidental y extrema de Rioja, al abrigo de los montes Obarenes, de un proyecto familiar gestado por la familia Líbano en los años 70 del siglo pasado, que acometió la restauración del espectacular castillo de la localidad y de su entorno, y que elabora exclusivamente de sus propios viñedos de la comarca.

Jabier Marquínez, enólogo de la casa, abrirá el próximo día 6 el primer semestre de la nueva temporada de catas del club de catas, en la que, de nuevo, se propondrá un viaje geográfico por las diferentes comarcas de la región vitícola para mostrar la diversidad, semioculta durante décadas, de Rioja.

A finales de mes será el turno de Bodegas Tierra, propiedad de la familia Fernández Gómez, un proyecto que nació en 1992 con los viejos viñedos de Labastida como seña de identidad y con una amplia gama de vinos resultado de la parcelación y selección de las mejores viñas que cultivan los Fernández Gómez.

El viaje continuará por La Rioja Baja, en concreto en Aldeanueva de Ebro, con el nuevo proyecto de Mateo Ruiz, Bodegas D Mateos, que relanzó sus vinos hace un par de años con nuevas colecciones, entre ellas La Mateo, con la que ha conseguido el reconocimiento de las principales guías y concursos nacionales. D Mateos cultiva unas 100 hectáreas de viñedo propio en La Rioja Baja y los nuevos vinos son consecuencia de la selección y clasificación de sus propios viñedos, con tempranillos, pero también con proporciones importantes de las variedades garnacha y graciano.

El club de catas propondrá en abril una nueva cita con destino hacia la comarca del bajo Najerilla, en Uruñuela, con el proyecto de Bodegas Martínez Corta, con la marca Soros (tempranillos) como referencia principal pero también con una variedad colección de varietales etiquetada como Tentación.

Primicia

Como suele ser habitual, la temporada contará también con primicias de primer nivel como la presentación, de principio a fin -de la primera añada 2011 a la última 2017- de Bodegas Viña Leizaola. La pequeña bodega de Laguardia elabora un único vino, El Sacramento, que en estos pocos años se ha convertido en una de las grandes referencias de calidad de Rioja en un proyecto que comparten Etienne Cordonnier y el enólogo Jesús Madrazo, que será precisamente quien presentará los Sacramento a los aficionados.

El primer semestre concluirá con una singular cata de dos pequeñas bodegas de San Vicente de la Sonsierra. José Gil Varela y Miguel Eguíluz, dos jóvenes hijos de viticultores de familias con varias generaciones anteriores dedicadas al cultivo, presentarán las nuevas elaboraciones de Bodegas Olmaza y Heredad San Andrés (Cupani). Viejos tempranillos de la Sonsierra con la visión de la nueva generación.

LAS BODEGAS

– 6 de febrero: Castillo de Sajazarra (Sajazarra).
– Finales de febrero: Bodegas Tierra (Labastida).
– Marzo: Bodegas DMateos (Aldeanueva de Ebro).
– Abril: Bodegas Martínez Corta (Uruñuela).
– Mayo: Bodegas Leizaola (Laguardia).
– Junio: Vinos de San Vicente con Bodegas Olmaza y Heredad San Andrés (Cupani).
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El ‘terroirista’ de la garnacha
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Alberto Gil | 13-12-2017 | 09:25| 0

Juan Carlos Sancha cierra el día 19 con una propuesta inédita la décima temporada del club de catas

El bodeguero presentará en primicia su colección de garnachas centenarias de Baños de Río Tobía, miniparcelas en un radio de apenas tres kilómetros (pincha para inscribirte)

El club de catas de lomejordelvinoderioja.com nació hace diez años para mostrar la extraordinaria diversidad del vino de Rioja: la tierra de los mil vinos. Fiel a aquel original espíritu, no podía haber mejor cierre para esta décima temporada que la propuesta de Juan Carlos Sancha para el próximo martes 19 de diciembre. Investigador, profesor, asesor vitivinícola y bodeguero, Sancha propone una lección magistral (masterclass si quiere) del concepto de terruño, del ‘terroir’ elevado a su máxima expresión: seis vinos de otras tantas parcelas, que apenas distan tres kilómetros en Baños de Río Tobía, de una misma variedad e idéntica viticultura, elaboración y crianza. «Nunca he hecho esta cata en público y no creo que sea fácil hacer algo similar en ninguna otra parte del mundo», avanza el bodeguero.

Serán siete vinos de seis pequeñas parcelas, inferiores a una hectárea, todas ellas con viejos vasos de garnachas más que centenarias, hincadas por cuartas y terceras generaciones ancestrales, en suelos similares aunque con distintas profundidades y exposiciones, que marcan las diferncias: «En mis clases –explica Sancha–, hemos definido muchas veces el ‘terroir’ pero, en esta ocasión, va a ser la más fácil de todas ellas».

Sancha, en Peña El Gato en una imagen de Justo Rodríguez

Sancha, en Peña El Gato en una imagen de Justo Rodríguez

Después de dos décadas en Viña Ijalba, Juan Carlos Sancha decidió levantar en su pueblo, Baños de Río Tobía, una pequeña bodega (apenas 40.000 botellas), que distinguió del resto con una apuesta por las variedades autóctonas rescatadas por el profesor Fernando Martínez de Toda y por él mismo y, sobre todo, por la recuperación de viejas garnachas: «La ‘tiranía’ de Rioja y del tempranillo se llevó por delante esta extraordinaria uva –en 1973 el 39% de la superficie era de garnacha y ahora es sólo del 8%– y tampoco dejó espacio para las zonas geográficas donde no estaban implantadas las bodegas».

Vino de subsistencia
«Mi pueblo –continúa– es conocido por los chorizos y los jamones pero existen también estas viejas laderas donde nuestros abuelos y bisabuelos plantaron garnachas con las que hacían el vino para sus casas». Así se hincó en 1917 Peña El Gato, la media hectárea que el bisabuelo de Juan Carlos regaló a su abuelo por su boda: «Eran pobres de solemnidad, como todos los agricultores entonces, y con aquella media hectárea intentaba garantizar una parte de la dieta y de los ingresos para la nueva familia». Cien años después, su bisnieto ha ido comprando pequeñas parcelas a viejos viticultores del pueblo que, por imposibilidad física de trabajarlos, se veían obligados a abandonarlos: «El orgullo no me lo quita nadie cuando se enteran de que cada garnacha lleva su nombre–explica Sancha– y, mucho más, cuando en el vermú les cuento que tal o cual revista americana les ha dado no sé cuantos puntos». «Ninguno de ellos –continúa– plantó las viñas, sino sus abuelos, pero las cultivaron hasta que pudieron y evitaron caer en la tentación productivista del valle».

Los vinos de la cata
En este sentido, la colección Peña El Gato que presentará el próximo martes el bodeguero distingue los vinos por los nombres de los viticultores propietarios originales: Manolo López, Jacinto López, Fernando Martínez de Toda (la única de Badarán, limítrofe con Baños), José Luis Martínez y, por supuesto, Juan Carlos Sancha, forman el menú principal de la cata. Además, un sexto vino, Peña el Gato Natural, sin sulfitos, y demostración de que los vinos naturales de máxima calidad también son posibles. Para concluir, como gran primicia, un séptimo vino, que todavía no ha salido al mercado y del que sólo hay una barrica, sobre el que Sancha no avanza detalles: «En la cata, en la cata…; sólo te diré que es de cepas de garnachas ‘corridas’ y que han colaborado mucho mis alumnos».

Baños, y la comarca del Alto Najerilla, emergen gracias a esta histórica variedad y al empeño y trabajo de Juan Carlos Sancha de recuperar la memoria colectiva de la comarca. De hecho, son varias bodegas las que han apostado ya por la garnacha y la zona:«Estamos en deuda con nuestros abuelos;si la nueva categoría de ‘Viñedos Singulares’ que ha aprobado Rioja sirve para que no se arranquen estos viñedos históricos habrá merecido formar parte del Consejo Regulador durante tantos años».

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Luis Gutiérrez: “El cambio en Rioja es difícil, pero de alguna manera hay que empezar”
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Alberto Gil | 01-12-2017 | 10:14| 0
Luis Gutiérrez, en una imagen de Gabriel Villamil (El Norte de Castilla)

Luis Gutiérrez, en una imagen de Gabriel Villamil (El Norte de Castilla)

El pasado es el futuro. Es la principal conclusión que el lector puede extraer de ‘Los nuevos viñadores’, la reciente publicación de Luis Gutiérrez, el prescriptor más importante para el vino español que cada año actualiza la ‘lista Parker’. En su nuevo libro, obviando las puntuaciones y la crítica de vinos, profundiza en los perfiles humanos de catorce ‘viñadores’ multigeneracionales que, a juicio del autor, protagonizan un movimiento imparable de recuperación de la autenticidad del viñedo español. Entre ellos, el bodeguero ‘riojano’ Telmo Rodríguez.

– Sugiere en su libro que estamos ante una ‘revolución’ del vino español con 14 perfiles de ‘viñadores’. ¿Habrá un ‘antes y un después’?
– Más que una revolución yo hablaría de una evolución. No creo que haya un punto de ruptura, sino una transformación gradual a la que poco a poco se van uniendo más viñadores.
– ¿Hay una nueva generación comprometida con estos principios del terruño, del viñedo auténtico, del paisaje y la supervivencia de los pueblos que garantiza esta ‘revolución’?
– Creo que sí. Estas cosas siempre empiezan desde un grupo limitado y poco a poco va creciendo. Pienso además que es el camino al futuro, no una moda. Se está llegando a la esencia de los lugares y los vinos que producen.
– Me imagino que no es fácil elegir catorce perfiles. ¿Qué le ha guiado para la elección?
– Claro, han sido estos catorce, pero podrían haber sido otros. Siempre hay una limitación de espacio y tiempo, y luego una de las cosas importantes que quería era cubrir la mayor parte de la geografía vitivinícola de España, por lo que he descartado otra gente que trabaja de forma similar pero en las mismas zonas que los que aparecen en el libro.
– El hombre más ‘influyente de los puntos’ decide no hablar de puntos y contar historias más personales. ¿Por qué?
– Yo me considero un escritor de vinos más que un catador;me interesa el contexto de los vinos, las historias personales, la cultura, el paisaje, todo aquello que ayuda a comprender lo que hay dentro de una botella. Tengo unos requerimientos de trabajo, catar y puntuar, pero que complemento escribiendo de todo lo demás. Lo que pasa es que mucha gente se queda en las puntuaciones, que para mí no son lo mas importante.
– Sus puntos significan ventas (y muchas). ¿Cómo lleva esa responsabilidad?
– Yo creo que los grandes vinos se venden solos y el mercado termina poniendo a cada uno en su lugar. Pero si yo puedo llamar la atención sobre lo que considero que es bueno y eso ayuda a que más gente vaya en esa dirección, me parece positivo.
– ¿El futuro es el pasado? ¿Qué significa?
– Significa que es necesario valorar lo que tenemos, nuestras tradiciones, regiones, uvas, etc. Significa desnudar a los vinos de los excesos recientes y volver a la esencia de los lugares, recuperando esas tradiciones, regiones y variedades de uvas. Muchas veces no es necesario reinventar la rueda.
– ¿Cómo ve el momento actual del vino español?
– Apasionante. Estamos en un cambio continuo, en búsqueda de la identidad de muchas zonas, en un momento de recuperación en el que empezamos a creer en lo que tenemos, y ver que puede ser de clase mundial.
– ¿Hay marcados ya claramente dos modelos en el vino español: uno industrializado y otro ‘emocionante’ y comprometido?
– Sí, aunque la frontera a veces es borrosa, no es todo blanco o negro. La calidad del vino es una pirámide, lo quieran o no.
– ¿Son compatibles, incluso son necesarios, estos dos tipos de modelo de negocio del vino?
– Sí, son compatibles y necesarios para cubrir distintas necesidades y distintos tipos de mercados. Pero siempre se puede subir el listón medio.
– ¿Cuál es el error histórico? ¿Por qué España ha tardado tanto en empezar a mirar a sus viñedos?
– Creo que por la historia del país. Veo cierto paralelismo con Chile o Argentina, donde también están a la búsqueda de la identidad de los lugares, a pesar de que lleven siglos produciendo vino. En España la cultura incipiente de Rioja y Jerez se interrumpió y no regresó hasta los años 80 del siglo pasado, pero luego nos sumergimos en una década de excesos de maduración, extracción, madera o precios de la que estamos saliendo con esa búsqueda de la identidad.
– Hay, evidentemente, un movimiento que mira en la actualidad hacia el terruño, hacia la autenticidad y la originalidad. ¿Cómo ve Rioja en este sentido?
– Como en todos los sitios, el ser humano es el último eslabón en la cadena. Los sitios tienen el potencial, que no se verá realizado si no hay una persona que tenga esa idea en la cabeza. Todo depende de cuanta gente con esas ideas haya en cada zona. En Rioja, por su potencial y su tamaño, debería haber más personas trabajando en esa dirección.
– Rioja ha tomado decisiones, en algunos casos tímidas, para potenciar el origen de los vinos, los viñedos, como los viñedos singulares o los vinos de pueblo ¿Cómo ve este cambio en una denominación que históricamente se ha distinguido por elaborar vinos de mezcla, de zonas y variedades?
– Es un cambio difícil, pero de alguna manera hay que empezar. Pero no olvidemos que el primer cambio tiene que estar en los vinos en sí, que son más importantes que las normas. Pero también está claro que las normas pueden ayudar o entorpecer el desarrollo y la comunicación de todo ello.
– Las bodegas históricas siguen sin ver con buenos ojos la nueva categoría de ‘viñedos singulares’. ¿Cree que es compatible y una apuesta acertada en una región como Rioja?
– No lo tengo tan claro; muchos de los nombres históricos son nombres de viñedos, así que no hay más que mirar hacia atrás… En una región tan grande y diversa como Rioja hay espacio y necesidad para diferentes categorías y negocios.
– ¿Cree que la diversidad de Rioja es el gran diamante en bruto por explotar?
– Por supuesto que la diversidad es una gran ventaja competitiva. Pero de nuevo, ese potencial lo tiene que realizar personas.
– Me dicen bodegas de La Rioja Baja que echan en falta una mayor atención por parte de los grandes prescriptores. ¿Cómo ve el futuro de esta comarca? ¿El futuro es el pasado (la garnacha)?
– Como decía, cuando hay grandes vinos se presta atención. Pero hay que hacerlos. Potencial, desde luego, hay y mucho.
– Decía usted en algunos de sus reportajes sobre Rioja que echaba de menos gente joven que se decidiera a dar el paso hacia la comercialización. ¿Sigue pensando lo mismo o está ya saliendo gente dispuesta a embarcarse en la aventura de la elaboración y comercialización?
– Creo que siguen siendo pocos, aunque es cierto cada vez son más. El tema es que no solo hay que embarcarse en una aventura, sino tener clara una idea de calidad y pasión por el viñedo, el paisaje, las tradiciones y los grandes vinos del mundo.
– ¿Cómo va con su próximo Reportaje sobre Rioja? ¿Tendremos sorpresas significativas?
– Todavía no logro adivinar el futuro, así que, como no he empezado todavía a trabajar en mi próximo artículo de Rioja, que se publicará a final de febrero, todavía no te puedo decir nada concreto…

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Una vendimia histórica
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Alberto Gil | 24-11-2017 | 11:41| 0

La cosecha del 2017 dará a luz a los primeros Riojas de viñedos singulares, de municipio y los nuevos espumosos

Este domingo, gratis con Diario LA RIOJA, presentamos en primicia los primeros inscritos en las nuevas categorías de vinos de la DOC

VINOS 26112017 : VINOS RIOJA : VINOS RIOJA : P01 PortadaLa vendimia del 2017 marcará un hecho histórico como es la elaboración de los primeros nuevos vinos de Rioja procedentes de viñedo singular, de municipio, de zona y espumosos de calidad como consecuencia de los acuerdos adoptados este pasado verano por el Consejo Regulador.

Serán los primeros vinos que concretarán, más allá de la subzona (Rioja Alta, Alavesa o Baja), el origen de los viñedos de los que proceden y así lo indicarán en las etiquetas y, en su caso, contraetiquetas cuando vayan saliendo paulatinamente al mercado.

Las dificultades de la vendimia –adelantada y marcada por la fuerte helada– y la falta prácticamente de tiempo material desde la aprobación de las nuevas categorías e indicaciones hacía difícil que bodegas y viticultores se animaran a solicitar ya al Consejo Regulador la trazabalidad precisa de sus viñedos y uvas para su control específico.

Sin embargo, las cifras ahí están: 44 bodegas, con 111 parcelas de viñedo, que suman 172 hectáreas, se han inscrito para solicitar su entrada en la nueva categoría de viñedo singular, de la misma forma que 37 han solicitado ya la indicación de vino municipal con 17 localidades referenciadas que se podrán mencionar desde ya con la salida de los vinos al mercado de los vinos y que completará la información general de Rioja y/o zona (subzona) que se acreditaba hasta ahora.

Los primeros vinos de viñedos singulares, sin embargo, se demorarán hasta primeros del 2019 –se está tramitando la modificación del pliego– y lo mismo sucede con los espumosos de calidad, que, por normativa, precisan una estancia en bodega mínima de 15 meses antes de salir al mercado

Se trata de la primera diferenciación de vinos en los casi cien años de historia de la Denominación de Origen y el consumidor debería ir poco a poco acostumbrándose a las nuevas etiquetas. De momento, Diario LA RIOJA pone cara, y parcela, a los que desde el primer momento está apostando por las nuevas categorías de vinos, de las que desvelamos además todos sus secretos y compromisos que deben asumir los productores.
La conocida frase, «un crianza, por favor», que históricamente se ha utilizado para pedir un Rioja en la barra, empieza a quedarse corta con la oferta de los nuevos Riojas del siglo XXI.

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Viaje al ¿origen? de Rioja
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Alberto Gil | 08-11-2017 | 15:48| 0

Rioja aprobó este verano la primera diferenciación de vinos de su historia: los Riojas de ‘Viñedos Singulares’ que implican una nueva categoría con exigencias de producción, calidad y costes superiores al resto. Un pretendido viaje hacia el origen, hacia los viñedos, que aspira a completar las menciones tradicionales de crianza, reserva y gran reserva, hasta ahora la única distinción de vinos (por el tiempo en madera) existente la DOCa. Aunque, como se puso ayer de manifiesto en el Foro Internacional del Vino de Club de Marketing, Rioja tendrá que hacer ‘ejercicios de pedagogía’ para explicar en qué consiste una apuesta que Priorat, desde ya hace años, sí ha tenido clara.

En este sentido, el Foro reunió a representantes de las tres principales organizaciones bodegueras de la región y, tal y como pusieron de manifiesto sus portavoces, el consenso alcanzado para la nueva normativa ha sido más bien ‘justito’. Íñigo Torres, gerente del Grupo Rioja, la asociación dominante, y Begoña Jiménez, coordinadora de ABC, que agrupa a firmas históricas que elaboran vinos de coupage y de largas crianzas, dejaron claro que, a su juicio, los ‘nuevos Riojas’ de Viñedos Singulares, de municipio y de zona «no deben ser entendidos como categorías superiores», sino simplemente como «menciones geográficas». «Las únicas categorías, verticales de Rioja, seguirán siendo las de crianza, reserva y gran reserva», insistió Torres.

Enfrente, Eduardo Hernáiz, presidente de Bodegas Familiares de Rioja (BFR), quien, pese a insistir en que ambas categorizaciones deben ser compatibles, abogó por «empezar a diferenciar viñedos y producciones para recuperar credibilidad». «Los vinos de viñedos singulares son el primer paso hacia una diferenciación; tenemos clima, suelos y conocimiento para intentar competir con los grandes vinos del mundo y hay que apostar por esta línea».

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Quedó claro el compromiso de Bodegas Familiares por las nuevas figuras, incluso con su promoción por parte del Consejo, pero no tanto la de Grupo Rioja ni la de ABC: «Las figuras están recién aprobadas, incluso aún pendientes de aprobación administrativa, por lo que no tiene sentido promocionar algo que todavía no tienes», advirtió Torres.

Hernáiz recordó, sin embargo, que la modificación del pliego ya ha sido publicada en el BOE (pendiente de alegaciones) y que ya hay bodegas que están siguiendo una trazabilidad desde la vendimia pasada, con lo que los primeros vinos de Viñedos Singulares podría estar en el mercado a principios del 2019: «El año próximo habría que hacer un importante esfuerzo de promoción y otro mayor en el 2019 porque hemos generado atención entre la crítica después de mucho tiempo». «Para mí -añadió-, la diferenciación está en la uva; tenemos grandes vinos de reserva pero también otros a poco más de tres euros y ese sistema tradicional necesita complementarse».

Torres y Jiménez coincidieron en que la mejora en valor es un reto para Rioja: «Puede haber demanda creciente por los vinos más ligados al ‘terruño’ pero sigue siendo la Rioja de los ‘coupages’ la que nos ha dado el prestigio», apostilló la representante de ABC. En esta línea, el gerente del Grupo Rioja apostó por un modelo propio: «Rioja no es Borgoña y no conviene imitar a nadie sino desarrollarnos con nuestra propia personalidad».

Y, de nuevo, Bodegas Familiares dejó claro que maneja otras ‘claves’: «Mirar y valorar nuestros viñedos no es inventar nada; hemos dado un primer paso que, aunque con defectos, debe animarnos a seguir». Por último, Hernáiz lanzó un mensaje para algunos de los productores de los vinos ‘top’ de Rioja que, de momento, han optado por no acreditar Viñedos Singulares: «La diferenciación ha sido lo que han demandado durante años, así que no entiendo que algunos ahora prefieran quedarse de perfil».

Un interesante debate, de momento interno pero al que están atentos prescriptores y crítica, y, visto lo visto, Rioja debería empezar a explicar bien hasta dónde aspira realmente a llegar con su ‘viaje al origen’.

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«El romanticismo seguirá existiendo pero la ciencia mejora la calidad de los vinos»
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Alberto Gil | 11-10-2017 | 09:16| 0

A1-1401708538.jpgUna investigación de la científica riojana Elvira Zaldívar explica el misterio de la ‘mineralidad’, un atributo sensorial que Parker asoció por primera vez a determinados vinos ‘caros’

Si es usted aficionado al vino habrá oído en ocasiones a un enólogo, a un prescriptor o simplemente a un amigo describir los aromas o el perfil mineral que tiene un determinado vino. Se trata de una característica, una ‘acepción’ que acuñó el gurú internacional Robert Parker a finales de los años 80 y que se ha convertido en un elemento diferencial para determinados vinos de calidad, a veces muy caros. La investigación llevada a cabo por Elvira Zaldívar, nueva doctora cum laude por la Universidad de La Rioja (UR) y financiada por las empresas Laboratorios Excell Ibérica SL y Outlook Wines, acredita la existencia científica del concepto que Mr. Parker bautizó como ‘mineralidad’, aunque al mismo tiempo pone en entredicho que el origen del mismo tenga que ver con la composición mineral de los suelos y de las piedras de las que se supone que la uva absorbe ese perfil ‘mineral’.
– ¿Qué es la ‘mineralidad’?
– Es un descriptor acuñado en los 80 que se extendió rápidamente cono un atributo sensorial de determinados vinos, casi todos ellos de alto valor añadido. Parker lo definió como ‘olor a piedra mojada’ (smell wet stones) y se pensaba que se encontraba en vinos provenientes de suelos especiales con unas características propias. Son impactos sensoriales en forma de aromas y sabores que recuerdan en unos casos a esa piedra mojada, a pedernal, sílex y a determinados gustos salinos…
– ¿Y se encuentra en los suelos de los viñedos?
– Es un tema relativamente nuevo y hasta el 2010 no aparecen los primeros estudios científicos al respecto. Algunos de ellos empiezan a poner en duda que este concepto deba estar asociado necesariamente a los suelos pedregosos, es decir, a que la ‘mineralidad’ de un vino sea un atributo que proceda realmente de la absorción de minerales del suelo. En nuestro caso, hemos visto que determinados métodos de elaboración del vino son más determinantes de cara a revelar el carácter mineral. Por ejemplo, el empleo de determinadas levaduras seleccionadas, la crianza sobre lías, vinificaciones reductivas, el empleo de uvas más pequeñas, con alta acidez, la limitación de las fermentaciones maloláticas…
– ¿Es decir, que no influye tanto el terruño?
– La calidad de la uva es un factor fundamental, al igual que ciertas condiciones climáticas y la propia textura del suelo, la disponibilidad de agua y el estrés hídrico, pero también influyen las técnicas empleadas en bodega como hemos comentado antes. Es decir, son también determinantes en el carácter mineral del vino.
– ¿Va a ‘tumbar’ el mito de conocidas etiquetas de vinos caros?
– No necesariamente, ni siquiera de forma imprudente (risas). No es para nada el objetivo del estudio. Hemos visto que la mineralidad habitualmente se asocia más, por ejemplo, con viñedos situados en altura, en determinados suelos, en regiones específicas con climas fríos, en algunas variedades de uva, como el riesling. El asunto es que la asociación directa con el terruño de acuerdo únicamente con la composición mineral de los suelos, no queda demostrado. Lo que si hemos conseguido demostrar y relacionar a nivel del análisis sensorial es la ‘mineralidad’ con la composición química del vino, pero no precisamente a nivel de minerales, sino con familias muy heterogéneas y provenientes de diferentes orígenes. Algo muy curioso es que en los paneles de cata profesionales que se han utilizado en la tesis doctoral para identificar los compuestos químicos que causaban esa sensación de ‘mineralidad’ no pudimos ‘condicionar’ su dictamen pese a que cambiábamos las etiquetas e incluso los precios de los vinos. Es decir, se demostró que sí existe una relación entre el carácter químico con el atributo mineral. El asunto principal es que estamos más cerca de saber científicamente cuál es la causa y lo que es más importante, como manejar vitícola y enológicamente su aparición o no dependiendo del consumidor y del mercado al que nos vamos a dirigir.
– ¿Quiere decir que se podrán elaborar vinos más minerales en bodega, en cualquier lugar del mundo?
– La investigación abre la puerta a nuevos estudios y al menos se podría intentar a partir de la tecnología disponible. Está claro que a día de hoy se pueden hacer vinos más a la ‘carta’ gracias al conocimiento que facilita la ciencia.
– Me está usted tirando por tierra el romanticismo…
– El romanticismo existe y seguirá existiendo. Incluso el amor, si es verdadero, es aún más romántico todavía (risas). Nuestra única pretensión es precisamente dar luz y conocimiento desde el punto de visto científico para que la mineralidad del vino sea una realidad y no un mito indemostrable. La ciencia es un beneficio claro para aumentar la calidad de los vinos.

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Guillermo Aranzábal: «Que un vino esté más o menos tiempo en bodega no implica por sí más calidad»
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Alberto Gil | 28-09-2017 | 18:30| 0

75 años. Viña Ardanza, la marca más emblemática de Bodegas La Rioja Alta, SA, tiene el mérito de compartir el paladar y el gusto de varias generaciones. En la actualidad, la referencia supone el 30% de los ingresos de la compañía vitivinícola -con bodegas, además de la matriz de Haro, en Labastida (Torre de Oña), Rías Baixas (Lagar de Cervera) y Ribera del Duero (Aster)-: «Es la etiqueta que nos ha dado a conocer en el mundo», explica Guillermo de Aranzábal, presidente de la compañía. Viña Ardanza cumple, hoy precisamente, 75 años desde el registro comercial de la marca y la bodega, La Rioja Alta, SA, que fue fundada 52 años antes (en 1890), se está volcando en presentaciones y catas, además de lanzar una colección privada de este vino de Rioja con estilo propio.

-¿Qué significa Viña Ardanza para el grupo La Rioja Alta?

-Es, desde luego, nuestro buque insignia. Nos ha abierto puertas en todo el mundo, hasta el punto de que un tercio de toda la facturación del grupo procede de ese vino. Mucha gente sigue pensando que la bodega, La Rioja Alta, se llama Viña Ardanza.

-Desde su origen, el vino permanece fiel al ‘coupage’ de tempranillo de La Rioja Alta y Alavesa con garnacha de La Rioja Baja. ¿Por qué la garnacha?

– En aquellos tiempos en Haro las bodegas elaborábamos clarete con tintos de tempranillo de La Rioja Alta. La garnacha es una variedad más complicada de cultivo, pero nos aportaba fruta, color y estructura y una conjunción perfecta con los tempranillos. Para nosotros es fundamental y, en este sentido, hace unos años compramos unos viñedos en La Pedriza, en Tudelilla, de donde creemos que podemos obtener las mejores garnachas de Rioja para garantizarnos el aprovisionamiento.

-¿Qué ha pasado con la garnacha? ¿Por qué históricamente la hemos denostado?

-Es una variedad que no es fácil cultivar y que muchos años liga mal en floración, por lo que muchas cepas terminaron arrancándose. Para nosotros es básica para el Viña Ardanza como variedad de ‘coupage’. Es una pena porque es una uva de Rioja de siempre, incluso fue mayoritaria, pero afortunadamente ahora se la está volviendo a valorar. El mundo del vino va por ciclos y, por ejemplo, La Rioja Alta pasó también años difíciles cuando buena parte de la crítica no apreciaba nuestros estilo de vinos elegantes y complejos.

-Pero también evolucionan sus vinos…

-Por supuesto. A nosotros nos gusta denominarnos nuevos clásicos. Nuestros vinos no son los únicos que podemos hacer, pero sí los que queremos hacer. Por supuesto, ahora, y también en el Viña Ardanza, tenemos vinos más frescos que hace unas décadas, pero el final sigue siendo muy clásico, en el sentido de elegancia y sedosidad.

-¿Qué es más difícil hacer vinos ‘clásicos’ o ‘modernos’?

-Es más difícil hacer buenos vinos clásicos. Están mucho más tiempo en bodega, con crianzas y trasiegos y, por tanto, tienen mucho más tiempo para ‘estropearse’. Los vinos ‘modernos’, si pueden llamarse así, se basan casi en exclusiva en la calidad de la uva y del terruño en sí. En nuestro caso, además hay que sumar la crianza.

– Parker nos redescubrió la garnacha hace unos años y, en su caso al menos, EEUU redescubrió también los buenos clásicos de Rioja…

– Para nosotros EEUU es nuestro primer mercado. Vendemos más vino en Nueva York que en Bilbao, para que se haga una idea. Creo que el consumidor americano aprecia nuestro estilo y nuestra trayectoria.

-¿Cómo ve Rioja?

-Rioja sigue teniendo un prestigio internacional grande, único entre la enología española. Pero sí estoy de acuerdo en que no es lo mismo San Adrián que Laguardia ni Ausejo que Haro. Entiendo que hay consumidores que quieren conocer más y eso hasta ahora Rioja no lo ha ofrecido y debería comenzar a hacerlo. De todas formas, creo que sigue siendo una marca con un potencial tremendo.

-¿Es partidario entonces de la diferenciación de vinos?

-Sí, aunque no sé si el origen o la elaboración es más importante. Tampoco creo que las nuevas figuras, como viñedos singulares, tengan por qué tener más calidad que vinos que mezclan varias parcelas o incluso zonas. Son vinos diferentes que no tienen por qué ser mejores y llevamos tiempo demostrándolo. El vino de pago existe desde hace tiempo y no ha demostrado tener más calidad.

-¿Necesita Rioja ‘tocar’ también las categorías reserva y gran reserva?

-Sí. El mero hecho de estar menos o más tiempo en bodega no implica calidad. Si un vino no tenía calidad en su origen tampoco la tendrá luego. En nuestro caso, nos avalan nuestras marcas y nuestra trayectoria por lo que ver reservas y grandes reservas a tan bajo precio no nos afecta realmente, pero sí que afecta a la mayoría de Rioja y habría que hacer cambios en ese sentido. Deberían ser realmente vinos de más imagen y calidad que lo que son generalmente.

-¿Cómo cuadraría el círculo de la diferenciación en Rioja entre los vinos de viñedos singulares y los grandes clásicos?

-Entiendo que es complicado. Hay grandes vinos de paraje y hay grandes vinos de coupage como el Viña Ardanza. Al final están las marcas. De la misma forma que en 1855 en Francia la clasificación de bodegas se hizo por precio, por reconocimiento del mercado, deberíamos buscar una fórmula que reconozca la trayectoria y el prestigio de las marcas.

-¿Y la ‘vendimia helada’ qué tal?

-De calidad, muy buena, mejor de lo esperado, pero de cantidad, muy mala. Nosotros estamos cogiendo un 50% menos de un año normal, no digo respecto al año pasado que fue muy bueno en cantidad, sino sobre un año normal.

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