La Rioja

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De cata con Javier San Pedro
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Alberto Gil | 24-11-2016 | 17:07| 0

Puro ‘nervio’. Así es Javier San Pedro y así se muestran sus vinos, que reflejan no sólo la tipicidad de antaño de su pueblo, Laguardia, sino la propia personalidad del autor. El joven viticultor presentó el pasado miércoles por la noche en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com su colección de vinos parcelarios, un proyecto personal (Bodegas Javier San Pedro) que inició en el año 2013 y que en el 2017 culminará en una primera fase con la puesta en funcionamiento de una instalación propia en Laguardia.
Javier San Pedro pertenece a una quinta generación de viticultores y, aunque en la actualidad ha tomado los mandos de Vallobera, la bodega familiar, sigue desarrollando su propio camino: «Cuando empecé en Vallobera, con 17 años, hice un vino de alta gama y yo pensaba que era un enólogo muy bueno, pero me di cuenta de que no era yo, sino el viñedo; que con la mejor parcela de viñas viejas era muy sencillo hacer el mejor vino, así que decidí explorar por mi cuenta».

El viticultor y bodeguero, en una imagen de mi compañero Díaz Uriel

El viticultor elabora dos gamas de vinos, Cueva de Lobos, con los viñedos más jóvenes que controla (de menos de 20 años) y con perfil más alegre y juvenil. A la cata acudió, sin embargo, con toda la ‘artillería’, la colección Viuda Negra de vinos parcelarios, con la que muestra las extraordinarias posibilidades de un único pueblo de Rioja, Laguardia, y con la que, además de su concepto de tipicidad municipal –vinos frescos y largos, pero no excesivamente voluptusos–, pone de manifiesto su sello personal: el nervio, la viveza y la raza.

La cata
Javier San Pedro comenzó con el Crianza Viuda Negra, un vino procedente de una selección de uvas de seis parcelas distribuidas por diferentes zonas del municipio de Laguardia, en todos los casos cepas de más de 20 años. No responde a los cánones de un ‘crianza’ convencional y, pese a los 14 meses de envejecimiento en roble francés, la madera queda totalmente relegada a una segunda función: aterciopelar en la boca los taninos pero dejando rienda suelta a la expresión primaria de un vino muy frutal.
Después del vino de pueblo, el viticultor comenzó con los parcelarios. En primer lugar, con el Viuda Negra Prado de las Almas, un rosado (tempranillo 100%) de una finca cuyas uvas iban anteriormente a la gama Cueva de los Lobos y a las que ahora Javier San Pedro ha encontrado un nuevo acomodo. Es un rosado muy fresco, una curiosa experimentación que el enólogo fermenta en barricas de roble francés y cría con sus lías en robles de 500 litros: «Los vinos de Prado de las Almas eran muy aromáticos, pero muy ligeros para un tinto, así que, tras probar un rosado ‘convencional’ en el bar de mi pueblo, pensé que podía hacer otra cosa diferente pensando más en un vino de guarda». De momento, el vino es pura chispa muy bien encajado con las tenues notas de madera y, como sospecha el propio autor, ganará con unos cuantos meses de estancia en botella.
Lo mismo sucede con el Viuda Negra Nunca Jamás, toda una declaración de intenciones de Javier San Pedro: Como Peter Pan, el viticultor no quiere que su vino ‘crezca’. Tiene una gran potencia aromática y unos taninos, incluso afilados, que se irán domando poco a poco con el reposo, pero que San Pedro lo deja a criterio del consumidor: «El que quiera guardarlo un poco más, perfecto, pero a mí me gusta así; es un vino que vendemos en el mismo año, pero que ha sido elaborado y criado en barricas francesas nuevas, aunque mantiene la idea de fruta fresca, para beber a ‘trago’ y a diario».
La Taconera es la viña de los ojos de Javier San Pedro. Apenas media hectárea plantada en 1921 que Javier San Pedro compró hace seis años, con retorcidas cepas de dos metros de altura que tardó cuatro vendimias en recuperar, incluso después de convertir en leña viejos brazos con la motosierra: «Nos daba 2.500 botellas cuando empezamos, pero ahora la hemos dejado en 900». Es un gran vino, muy trabajado también en la crianza como todos, largo, con potencia pero sin abusar y con la frescura que caracteriza a todos los del bodeguero. Un vino que no cansa y de los que siempre se acaban antes de terminar la comida o la cena.

Los blancos
Javier San Pedro cerró la cata con dos blancos. Viuda Negra Villahuercos es su apuesta por el tempranillo blanco, un vino de una parcela (la primera que plantó en su vida) de 0,9 hectáreas: «Lo del tempranillo blanco fue un flechazo cuando estudiaba enología en La Laboral; lo vinificamos experimentalmente y me encantó». San Pedro asegura haber encontrado en este variedad un potencial extraordinario: «Su volumen en boca, su capacidad de guarda, su regularidad, su acidez…». «Para mí –continúa– es una bomba».
Para terminar, Viuda Negra Vendimia Tardía, un semidulce (viura 100%) de una parcela al norte del municipio que la familia que Javier San Pedro deja vendimiar hasta, casi, la podredumbre por botrytis: «En Vallobera veíamos que ese blanco nunca llegaba a madurar y no la vendimiábamos porque ya había entrada el tinto y era un incordio». «Ahora –agrega–, la estamos cultivando expresamente para este semidulce y recogemos las uvas cuando empieza a salir un ligero velo de botrytis».
El resultado es espectacular: un blanco maduro, como comer granos de uva dulce, con ligeras notas de la barrica francesa donde se cría 6 meses pero con una frescura y acidez que le augura larga vida: «Llevo cinco añadas y, según avanza el tiempo, cada vez está mejor». Más opciones para la viura, tan denostada en Rioja, pero que si se cultiva con un fin demuestra su versatilidad.

Vinos y precios

Viuda Negra Crianza 2013 8,5 €
Prado de las Almas Rosado 2015 16 €
Nunca Jamás 2015 17€
La Taconera 2014 18,5 €
Finca Villahuercos 2015 16,5 €
Viuda Negra Vendimia Tardía 25 €

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Juan Carlos Sancha: “El acuerdo del blanco de Rioja se incumple sistemáticamente”
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Alberto Gil | 14-11-2016 | 18:17| 0

Juan Carlos Sancha, uno de los responsables de la investigación que permitió recuperar una decena de variedades minoritarias de vid tintas y blancas de Rioja, fue el más crítico con el acuerdo del Consejo Regulador del pasado viernes que permitirá elaborar vinos monovarietales de uvas foráneas en los blancos de Rioja -chardonnay, sauvignon blanc y verdejo-: «Vamos de chapuza en chapuza con el blanco, no se respetan los acuerdos y nos hacemos además un flaco favor de imagen».

Juan Carlos Sancha, en una imagen de Díaz Uriel

El nuevo acuerdo revisa parcialmente en del año 2007 para la renovación varietal, que incluyó también la autorización de uvas autóctonas minoritarias –turruntés, maturana y tempranillo blanco– y que se hizo entonces bajo la premisa de que las uvas foráneas tuvieran la condición de complementarias, no de protagonistas, y, por lo tanto, no podían superar en porcentaje a una base de uva autóctona: es decir, no podían llevar más 49% con la idea de garantizar al menos parte de la tipicidad riojana.

Sancha explica que «estamos tratando de recuperar credibilidad con la singularidad de nuestras viñas y apostar por lo que no es nuestro es un error histórico». El vocal de las Bodegas Familiares de Rioja denuncia que «aquel acuerdo inicial del blanco se ha incumplido sistemáticamente». En este sentido, el vocal de las Bodegas Familiares recuerda que «se paralizaron las nuevas plantaciones durante años en un despacho ajeno al Consejo Regulador, se permitió hincar viura cuando inicialmente no se contemplaba también por decisiones tomadas fuera del sector, luego se eliminaron las precintas específicas que impedían que la uva blanca fuera a parar a tinto y, ahora, se vuelve a incumplir el compromiso de que las variedadas de fuera no pudieran ser más que complementarias». «Todo está siendo un auténtico despropósito y la verdad es que dan ganas de no suscribir ningún acuerdo más porque nada tiene que ver lo del 2007 con lo que hay ahora».

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Balance de vendimia: producir más costará más
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Alberto Gil | 11-11-2016 | 17:45| 0

La segunda vendimia más copiosa de la historia de Rioja ha puesto ya sobre la mesa reflexiones interesantes. El viticultor, con unas buenas perspectivas de precios y de cantidad de uva, ha intentado garantizarse llegar al 118% de producción en su cartilla –el máximo permitido, aunque el rendimiento amparado no podía superar el 107%–, lo cual es absolutamente legítimo y respetable, pero la madre naturaleza decidió echar unas gotas en el momento crítico y los números se dispararon. Hay quien se ha sentido acosado por los precintados del Consejo Regulador pero convendría preguntarnos qué hubiera sucedido sin esa política de control porque el excedente oficial suma 20 millones de kilos de uva, pero el extraoficial es imposible de contabilizar.

Como es imposible también poner puertas al campo, se han escapado millones de kilos por la gatera, con lo que algunos avispados continúan haciendo el agosto en octubre, pero lo que hay que empezar a tener claro es que producir más también puede costar más. En Ribera del Duero ha habido igualmente problemas de excesos de rendimientos y, según mis noticias, cientos de parcelas han sido descalificadas sin previo aviso por el Consejo Regulador: si antes de vendimiar te inspeccionaban los viñedos y había exceso se dejaba fuera la parcela íntegramente.

Uvas en el suelo en una imagen de mi compañera Sonia Tercero

En Rioja ha habido también descalificaciones pero, por mucho ruido que hacen los precintados, se ha avisado con antelación e incluso se ha permitido corregir excesos tras las inspecciones en campo. Ahora bien, por cumplimiento de la normativa europea pero también por credibilidad, la denominación se ha dado un plazo de tres vendimias (sólo ha pasado la primera) para que el control de las producciones deje de ser por cartilla (tarjeta de viticultor) y pase a ser por parcela. Es decir, si una finca tiene exceso flagrante de producción no podrá compensar a otra del mismo viticultor que se haya quedado escasa.

Así las cosas, aprovechando que se ha abierto el melón de la diferenciación de vinos, a lo mejor es conveniente no cerrarlo y, además de con una distinción de vinos por arriba, que está muy bien, conviene además acometer una por abajo. A nadie se le escapa que hay tierras, clones y conducciones preparadas para producir 15.000 kilos. Y, a nadie se le escapa tampoco, que si no llegamos a tener este tiempo en octubre muchas de esas uvas no hubieran llegado a madurar.

En este sentido, quizá ha llegado el momento de diferenciar vinos de Rioja por rendimientos y calidades y dejar al viticultor, y a las bodegas, elegir si quieren operar en un nivel superior con unas normas o, en otro más genérico, con otras prerrogativas, entre ellas diferente carga de kilos. La peor imagen de esta vendimia son los millones de kilos de uvas, alimento al fin y al cabo, que, sobre todo quienes no saben que el vino es cosa de números, han visto perplejos cómo se pudrían en el suelo.

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Fernando Gómez: “Rioja está fallando si el viñedo viejo no es rentable para los viticultores”
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Alberto Gil | 30-10-2016 | 19:38| 0

Fernando Gómez, con 43 vendimias a cuestas, recuerda que las bodegas arriesgan y hacen cambios y que también debe hacerlo la denominación

El enólogo con una elaboración especial de la añada 2016, en una imagen de mi compañero Justo Rodríguez.

Cuarenta y tres vendimias en Rioja. Fernando Gómez Sáez es, probablemente, el enólogo en activo con mayor trayectoria y siempre en el mismo sitio: Marqués de Cáceres. Autodidacta, participó en la ‘revolución’ enológica que Enrique Forner –fundador de Marqués de Cáceres fallecido en el 2011– trajo a Rioja a principios de los setenta y ha asistido a pie de viña y depósito a los trascendentales cambios de las últimas décadas:«La denominación ha dado un salto tremendo; en las bodegas hemos vivido una revolución industrial; profesionalmente la preparación ahora es extraordinaria y hemos pasado de 20.000 a 65.000 hectáreas». «El cambio es radical –continúa–, si bien es cierto que ahora Rioja también tiene que hacer ajustes porque, aunque lo vendemos todo, no lo hacemos a unos precios acordes a nuestro prestigio».

– Cuando dice cambios…¿se refiere a los viñedos singulares?
– Las bodegas cambiamos continuamente renovando vinos y Rioja, la denominación, no puede quedarse atrás. Una distinción de vinos, como hace 20 o 30 años, por tiempos de envejecimiento no es suficiente. Por qué un viñedo singular, con una uva excepcional y una elaboración especial, tiene que estar más durante años en barrica para poder acceder a una categoría, a priori, superior como la crianza, la reserva o la gran reserva. Hay que reflexionar sobre lo que hemos hecho con el viñedo viejo: se ha subvencionado el arranque cuando debería ser patrimonio intocable. Rioja falla si el viejo viñedo no es rentable para el viticultor. Si una nueva categoría de viñedos singulares sirve para paliar ese defecto, bienvenida sea. Si el viñedo pasa a pocas manos de grandes empresas, la personalidad de Rioja se perdería. Es cierto que antes se vivía con 1.000 cántaras y hoy es imposible, pero también lo es que el 80% de la maquinaria agrícola sobra porque cada uno quiere tener la suya. Se puede hacer más rentable el cultivo y tenemos que hacer un esfuerzo porque los grandes latifundios no son un buen modelo.

– Usted comenzó en 1973. ¿Cómo se elaboraba aquellos años?
– En 1973, cuando se estaba montando la bodega, Enrique Forner me citó en agosto y me preguntó que sabía hacer: «¿Yo…?, de todo», le dije. «Si sabes hacer de todo empieza a trabajar». Me incorporé en septiembre a una empresa en construcción e hice, efectivamente, de todo: trasegar barricas, embotellar, analizar… Tuve mucha suerte porque Forner tenía las ideas claras y contaba con el asesoramiento de Emile Peynaud: un mes trabajando con ese hombre era mejor que un master. Todo lo he aprendido aquí.

– ¿Marqués de Cáceres revolucionó en los 70 la elaboración en Rioja?
– Sí. Enrique Forner pertenecía a una tercera generación dedicada al vino, con ideas de Burdeos. Entendía que aquí en Cenicero había grandes uvas, pero que faltaba profesionalidad. Cambió el estilo de vinos de Rioja: con más tiempo en barrica, pero nueva y francesa, y más tiempo en botella, además de conseguir una mayor extracción de la uva. Entonces en Rioja se vinificaba en depósitos de hormigón, no se remontaba, no se controlaban las temperaturas… Nadie daba importancia a la fermentación maloláctica, pero nosotros seguíamos las directrices de Forner y Peynaud. Hacíamos remontados y en la cooperativa de Cenicero, donde elaboramos hasta que hicimos bodega, se preguntaban qué hacía esta gente dándole vueltas al vino. Después vino el acero inoxidable y la revolución industrial de las bodegas.

– Y ahora se está volviendo atrás...
– Sí, especialmente en el viñedo. Mi padre, que era un viticultor de Cenicero, decía que las mejores viñas le traían a «diez cántaras por obrada», es decir, 4.600 kilos por hectárea. Esas viñas que antes ya eran las mejores son las que ahora utilizamos ahora para hacer los vinos top. Gracias a esos viñedos había grandes vinos también hace 50 o 60 años.

– ¿A qué atribuye el éxito internacional de Marqués de Cáceres?
– A la personalidad. Hubo unos años en que, con la nueva tecnología, muchos vinos eran iguales. Nosotros empezamos, y seguimos hoy en día, con los mismos proveedores y hacemos un estilo de vino propio. Enrique Forner aprovechó que él y su familia eran propietarios de dos chateaux en Francia con red comercial. Él sabía que había uvas fabulosas en Rioja pero que se podían hacer mejores vinos con un estilo propio. En el mercado nacional, sin embargo, no conocía a nadie y al principio el 90% del vino iba a exportación. Luego vino Antonio Mareca y montó la red nacional. Ofrecíamos un vino diferente de Rioja. A la gente le gustaba la finura y la elegancia y que de una añada a otra no había grandes diferencias.

– A finales de los ochenta y noventa se vuelve a mirar más a la viña y aparecen vinos más modernos, también de Marqués de Cáceres…
– En aquellos años a Rioja le vino muy bien el empuje de Ribera del Duero. Nos puso las pilas y aquí, en Marqués de Cáceres, no fue fácil. Cristina Forner, la hija de Enrique y actual presidenta, ya estaba en la bodega pero el fundador era un clásico y le gustaban los vinos finos y elegantes. Cuando sacamos Gaudium, en 1994, llevábamos un montón de tiempo dándole la ‘paliza’: «Nuestros clientes quieren vinos fáciles de beber, nos insistía…, elegantes y alegres». Finalmente, le convencimos. Más difícil fue aún con el MC en la añada 2001. Cuando venían los prescriptores, Cristina me pedía que sacara una botella y yo le decía que la pusiera ella porque su padre me echaría la bronca. Una vez, comiendo con Rafael García Santos, pusimos el MC. García Santos le dijo a Enrique Forner que no «iba a tener cojones para sacarlo al mercado». Yo creo que aquel reto le picó… (risas).

– ¿No es fácil sacar nuevos vinos?
– En una bodega como Marqués de Cáceres cuando apuestas por un estilo diferente arriesgas. Es lo que decía antes de Rioja:las bodegas cambiamos y la denominación no se puede quedar parada. En nuestro caso, los vinos clásicos tienen mucho éxito. Cristina, la siguiente generación, tiene una visión más abierta. Ahora, hemos sacado la gama Excellens, rosado y tintos, y siempre trabajo, cuando la añada da la cara, con selecciones especiales como la que estoy haciendo ahora para la familia.

– ¿Su ‘regalo’ de despedida?
– No lo sé (risas). Marqués de Cáceres es una empresa familiar y mi relación con la presidenta es de gran amistad. Tenemos un gran equipo, incluso contamos con el asesoramiento de Michel Rolland, y yo soy ahora para mi equipo el apoyo que era Enrique Forner en su día para mí. Creo que ya llevo suficientes años…, pero, de momento, Cristina Forner no me ha ‘dejado’ irme a casa.

Fernando Gómez está encantado con la calidad de la última añada, aunque, como casi todos, sorprendido por la cantidad: «La viña no la entiende nadie; casi nunca son dos y dos cuatro; los viticultores han descargado uva pero la naturaleza es así». En este sentido, defiende que el viticultor aspire a cubrir su cartilla. «Nadie está a favor de rendimientos de 15.000 kilos por hectárea, pero en la segunda quincena de agosto y la primera quincena de septiembre la sequía presumía que el fruto se vería resentido». «Lo más importante –continúa– es que puede ser una añada para recordar». De sus 43 vendimias tiene claro con la que se queda: «La 2001, aquellas uvas eran todas, todas, buenísimas…»

 

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Pablo Franco: “Protegemos el negocio y los ingresos de mucha gente”
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Alberto Gil | 21-10-2016 | 16:18| 0

Pablo Franco es el jefe de los Servicios Técnicos del Consejo Regulador y ésta es su primera vendimia. Es consciente del ‘lío’ montado a finales de vendimia por las uvas tiradas en el suelo, pero aclara que «no es cosa del ‘gallego’ [nació en Galicia] que ha venido aquí a poner todo patas arriba, sino de defender la marca Rioja y cumplir con el pliego de condiciones».

¿Es consciente del malestar y la imagen del campo en determinadas zonas?

Soy consciente de que Rioja tiene un planteamiento exigente, que somos una marca con valor, respeto y reconocimiento y que tenemos que cumplir con un pliego de condiciones. Hemos tomado medidas para el control de excedentes, pero no lo hemos hecho a ‘traición’. Llevo todo el año yendo a pueblos y reuniéndome con viticultores y bodegas para explicar que los excesos de producción no caben en Rioja y estamos aplicando lo que ya anunciamos.

¿Quizá nadie esperaba el ‘cosechón’ que estamos teniendo?

Por San Mateo presentamos un informe en el Consejo Regulador en el que decíamos que la cosecha se había regulado por la sequía y estimábamos una producción media del 113% pero ya advertíamos de que si llovía podría dispararse. Es lo que ha pasado y afecta fundamentalmente a la zona de La Rioja Alta, aunque no es culpa de nadie. Soy consciente de que el viticultor ha descargado uvas en el envero más que nunca, que ha entendido los mensajes, pero las normas siguen siendo las mismas y hay que cumplirlas.

¿Ha habido además un cambio legislativo del que quizá no todos son conscientes?

Es posible, pero el pliego de condiciones se aprobó en 2012 y la Ley de Denominaciones Suprautonómicoas en junio del 2015. Esta norma hace independiente jerárquica y funcionalmente al órgano de control, a los veedores, del Consejo Regulador. El Ministerio audita con carácter anual nuestra labor y además debemos cumplir con los requisitos que exige la Empresa Nacional de Acreditación (ENAC) para 2018.

Pablo Franco, jefe del servicios técnicos del Consejo Regulador en una imagen de EFE

¿Quiere decir que los controles han venido para quedarse?

Sí. Hubo un acuerdo del pleno que establecía una implantación gradual de medidas de control de excedentes, entre otras, hasta 2018. Esta campaña se ha actuado con los famosos ‘precintos’, que lo único que persiguen es garantizar el origen. Es decir, que las uvas proceden de viñas sin exceso de producción. Han sido nuevos, pero son necesarios y, respecto al bulo que se ha creado sobre la supuesta advertencia del Consejo Regulador a los titulares de viñedos que no hayan vendimiado parcelas para tirar las uvas, no es del todo cierto.

¿Y cómo es entonces?

El Consejo no obliga a tirar las uvas. El sector decidió en las normas de vendimia limitar al 107% la producción amparada y al 118% la total. Cuando la tarjeta de un viticultor llega al 118% se bloquea. Si alguien se pasa es un productor excedentario y en estos casos se actúa si se detecta el exceso. Nosotros no ordenamos tirar las uvas, sino simplemente velamos porque la producción máxima sea, precisamente, máxima.

¿Son necesarias estas medidas?

Absolutamente. Estamos protegiendo el negocio y la forma de vida de mucha gente. No se puede tener a la suegra borracha y la cuba llena. Hay buenos precios y lo mejor que le puede pasar al viticultor es que se mantengan o mejoren. 15.000 ó 20.000 kilos por hectárea no dan uvas de calidad y toda la uva no da para pagarse a 90 céntimos. Estamos trabajando en distinguir nuestros viñedos singulares y eso significa seguir apostando por la calidad y por el control de producciones.

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Cata con Ortega Ezquerro: vinos de Tudelilla
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Alberto Gil | 20-10-2016 | 08:27| 0

Bodegas Ortega Ezquerro relanza su proyecto con la apuesta por los vinos y viñedos de Tudelilla , una de las históricos municipios vitícolas de Rioja.El próximo 3 de noviembre (Hotel Gran Vía, 20.30 horas) en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Pincha para comprar entradas (seis euros por persona). 

Tudelilla ha sido uno de los municipios ‘despensa’ para la elaboración de Riojas históricos. Sus garnachas, cultivadas en suelo pedregoso muy característico y un microclima propio debido a la cercanía de la sierra de Carbonera, siguen siendo muy buscadas por los elaboradores de vino. Sin embargo, la etiqueta de ‘cenicienta’ –precisa más cuidados en la elaboración y el cultivo– que en los ochenta se colocó a esta variedad provocó rápidas e importantes sustituciones por tempranillo, que, si bien ofrece también vinos de calidad, pierde parte de la autenticidad original en la zona.

La garnacha, con las tecnologías actuales, vive hoy, sin embargo, un buen momento, incluso como varietal, y Bodegas Ortega Ezquerro participa de este renacimiento con el relanzamiento de un proyecto que, con la colaboración del enólogo David Bastida, presenta el próximo día 3 de noviembre a los aficionados en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com. Ortega Ezquerro es una pequeña bodega familiar, propietaria de 16 hectáreas de viñedo enTudelilla –también se aprovisiona de viticultores de la comarca–, a cuyo frente se encuentra Carmelo Ortega, biznieto del fundador Quintín Ortega, en 1896. Carmelo pasó de cosechero a criador y, desde hace cinco años, se lanzó a revitalizar un proyecto basado en los vinos de pueblo y en la identidad de Tudelilla. «No somos un grupo bodeguero­ –explica David Bastida–, sino un proyecto familiar cuya razón de ser es la autenticidad de unos viñedos y de una zona privilegiada». El enólogo, con amplia experiencia en Rioja y otras zonas españolas –la última en Viña Herminia– lleva años colaborando con Carmelo Ortega para poner en el mercado una gama de vinos de pueblo de Tudelilla: «Aún nos quedan un par de cosechas para completarla, pero ya estamos en el mercado con unos vinos que responden a nuestras expectativas», asegura.

Carmelo Ortega y David Bastida en los viñedos de La Pedriza

La propuesta de David Bastida y Carmelo Ortega comenzará con el blanco y el tinto joven de la casa de la añada 2015: «El primero son viuras y malvasías de plantaciones de antaño, mezcladas entre cepas tintas, y el segundo –tempranillo, garnacha y viura– una muestra del vino histórico de la localidad, de maceración carbónica». David Bastida presentará a continuación los Ortega Ezquerro Crianza 2013 y Reserva 2010: «Es nuestra gama clásica de dos vinos elaborados con tempranillo y garnacha y, en algunas ocasiones con un pequeño aporte de graciano, de viñedos viejos, de unos 70 años, a 650 metros de altitud».

Don Quintín –en referencia al bisabuelo de Carmelo y fundador de la dinastía de viticultores– es la línea alta de Bodegas Ortega Ezquerro. Bastida expondrá en la cata la versión de blanco (añada 2015) y de tinto (2010): «El blanco es un fermentado en barrica, que trabajos mucho con sus lías para obtener el perfil y la complejidad de los blancos típicos de Rioja, mientras que el tinto, de tempranillo y garnacha, es un vino moderno, que elaboramos y criamos con plena libertad en función de lo que entendemos que nos demanda el vino cada añada».

El enólogo tiene claro que La Rioja Baja es de por sí complicada en los mercados: «Tudelilla es espectacular, con prácticamente el 100% del viñedo en secano, con garnachas históricas que van escalando por el suelo pedregoso hacia la sierra, pero el propio apelativo de la subzona nos hace tener que explicar más las cosas». «Es curioso –continúa–, que la mayoría de nuestros viñedos supera los 650 metros de altitud, más que en Haro, y nos llamamos Rioja Baja». En este sentido, David Bastida confía en romper tópicos también en la cata: «Las garnachas están espectaculares este año y todavía no hemos empezado ni a vendimiarlas cuando todo el mundo piensa que está la cosecha en las bodegas de La Rioja Baja».

Bodegas Ortega Ezquerro reabre así la temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja.com, el próximo día 3 a las 20.30 horas, como siempre, con 50 plazas para los primeros inscritos en www.lomejordelvinoderioja.com.

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La Vega Sicilia riojana: su primera vendimia
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Alberto Gil | 17-10-2016 | 17:30| 0

Agua, Sol y Tierra. Así definieron arquitectónicamente los tres edificios de la nueva bodega que las familias Rothschild (accionistas de Chateau Lafite) y Álvarez (Vega Sicilia) han construido en Samaniego y en la que, por primera vez esta vendimia, elaboran sus vinos Macán y Macán Clásico: «Agua –la nave de recepción de uva y vinificación– es la más alta (al norte), en referencia a la familia Rothschild y sus viñedos bordeleses;Sol, la tercera y más al sur, recuerda a la familia Álvarez y a sus viñedos españoles de Castilla y León;y Tierra, la intermedia, es la fusión de ambas familias para este gran proyecto», explica Ignacio Calvo de Mora, gerente de Bodegas Benjamin de Rothschild &Vega Sicilia.

Imagen de la planta de elaboraciíon

La bodega ha trabajado contra reloj durante los últimos meses para poder vinificar en sus propias instalaciones: «¡Uff! ha habido momentos que pensábamos que no llegamos… pero aquí estamos». El interior de la Vega Sicilia riojana recuerda a la original de Valladolid: pulcritud al extremo, última tecnología, espacios diáfanos para facilitar el trabajo…, al servicio de la casi obsesión de Pablo Álvarez y Ariane de Rothschild por elaborar los mejores vinos posibles: «Éste es un proyecto a largo plazo y los Macán irán creciendo con el tiempo a medida que lo haga la propia bodega», explica Ignacio Calvo.

La nave de barricas, todavía vacía

Rothschild&Vega Sicilia concluyó la semana pasada la vendimia, temprana para la comarca, antes de las lluvias y con extraordinarias expectativas: «Nuestros rendimientos medios son de 3.600 kilos por hectárea;hemos tenido una maduración perfecta, así que hemos ido despacito y con tranquilidad», apunta Aitor Fernández, responsable de viticultura de Rioja.

Las dos familias promotoras han invertido 22 millones de euros en las nuevas instalaciones, aunque la mayor parte del desembolso ha sido para la compra de viñedos: «Tenemos 120 hectáreas, 90 de ellas en producción, con la idea de mantener siempre esas 30 de sustitución para reposiciones y replantaciones», explica Fernández. El grueso del viñedo, prácticamente el 90%, se localiza en San Vicente, el alma de los Macán –el nombre de los vinos hace referencia al apodo con que se conoce a los vecinos y a un antiguo utensilio de vendimia del pueblo– , aunque la bodega se instalase en Samaniego: «Vendimiamos en cajas de doce kilos unos 280.000 kilos de uva, pero de momento estamos seleccionando poco más de 200.000», explica el responsable de viticultura.

Selección de las uvas

El concepto es plenamente bordelés,un gran vino y una segunda marca que comercializa Vega Sicilia con cupos: «La idea es llegar hasta un máximo de 350.000 botellas, pero despacio, entendiendo los viñedos y la elaboración de Rioja, así que de momento nos ‘conformamos’ con 200.000 botellas», indica Ignacio Calvo. Luis Carlos Crespo es el bodeguero de Rioja, que ya elaboró las primeras cosechas de los Macán en las instalaciones de alquiler de Leza: «Nada tienen que ver con las actuales, así que todo esto se irá reflejando en los vinos».

 

Del OVI a la tina de madera

El procesado
La bodega vendimia y, al día siguiente, procesa. La uva se enfría en las propias cajas de vendimia durante 24 horas en las naves de refrigeración integradas en la fachada norte del edificio más alto. Al día siguiente, pasan por una mesa de selección de racimos y, en segunda instancia tras su despalillado, por una nueva selección de granos.

Las uvas caen por gravedad a unos minidepósitos de acero inoxidable, OVIs de 500 kilos –aunque no se desplazan por grúas sino por ruedas terrestres con Wi-Fi–, que se cierran automáticamente cuando alcanzan la capacidad y que trasladan la uva sin golpeo ni presión alguna a los depósitos de fermentación: «Tenemos 45 depósitos;20 son tinas de madera para el Macán y 25 de acero inoxidable para el clásico». En la viña, la bodega ha identificado 120 parcelas y el enólogo trabajará con 22 lotes diferentes de vinos: «Más o menos viene marcado desde el viñedo si van para Macán o para Clásico, pero la selección definitiva se hará antes de pasar a barrica».

Exterior de la bodega

La sala de barricas, por el momento, continúa vacía:«Cuando acabemos la vendimia, iremos a por ellas [siguen en Leza]».Vega Sicilia pasa todas sus barricas por un tren de lavado y, tras someterlas a una temperatura de 74 grados –fruto de un proyecto de I+D la bodega ha comprobado que desaparece cualquier resto de brett– estarán listas para envejecer los vinos. La nave cuenta con un panel de cristal móvil que permite aislar una zona y aumentar la temperatura para las fermentaciones malolácticas, un proceso que ha puesto bajo la lupa Luis Carlos Crespo. «Nos gustaría ‘quitar’ un poco de madera al Macán y vamos a empezar a combinar la barrica nueva con otras de un vino y también pensamos en limitar a un 20% las malolácticas en madera».

En la nave intermedia de la bodega se encuentran los depósitos de homogenización del vino antes del embotellado y el enólogo cuenta también con pequeños depósitos de 10.000 litros para la experimentación: «Estamos probando el cemento y el hormigón; trabajamos también en su momento con roble húngaro pero lo descartamos». «Sacamos los Macán después de varios años de prueba –continua–, hasta estar seguros de que daban la talla y éste sigue siendo un proyecto a largo plazo que seguirá mejorando».

Fotografías: Todas las imágenes son de mi compañero Justo Rodríguez

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Las entrañas de Rioja, al desnudo
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Alberto Gil | 17-09-2016 | 10:33| 0

Las bodegas históricas comparten sus ‘secretos’ para reivindicar los vinos de mezcla. Pedro Ballesteros dirige una cata magistral que, ante el debate de los vinos singulares, demuestra que el ‘todo’ también puede sumar más que las partes.

Era el momento de ‘sacar pecho’ y las bodegas históricas de Haro lo hicieron con la complicidad de Pedro Ballesteros, master of wine y segundo Maquinista del Barrio de la Estación. En una cata inédita, las siete bodegas del barrio mostraron el viernes ante un auditorio de 200 profesionales, en sesiones de mañana y tarde, los secretos de sus grandes e históricos vinos, la mezcla de variedades, terruños, maderas y, sobre todo, el conocimiento y la experiencia para elaborar algunos de los vinos más prestigiosos de España.

Ballesteros no pasó de puntillas sino que entró al trapo a la primera: «Es necesario lo que está haciendo Rioja para reconocer sus viñedos singulares, pero esos vinos de finca, de parcela, no son de por sí mejores». «Los históricos elaboradores tienen un conocimiento íntimo de los terruños, las variedades, los suelos…, que dan lugar a grandes vinos que luego mezclan para elaborar uno todavía mejor; es la base de Rioja y no podemos olvidarla». El master of wine planteó una cata atrevida. Siete ‘problemas’ -resolubles con mezclas de vinos con las que trabajan las bodegas–, 200 soluciones –tantas como catadores– y siete conclusiones: los dictámenes de los propios bodegueros.

Imagen de la cata de mi compañero Jonathan Herreros en la impresionante sala de Bodegas Bilbaínas

López de Heredia. El ‘juego’ de María José López de Heredia fue de añadas. La bodega mezcla ligeramente vinos de diferentes cosechas (la legislación exige un mínimo del 80% de la cosecha referenciada) y trabaja con sus reservas con una larga crianza de seis años en barrica. Son los vinos de ‘sexto año’, algo que no es capricho sino consecuencia de una experiencia transmitida de generación en generación: «El vino necesita dos ‘inviernos’ (frío) para estabilizarse pero la fijación del color precisa una microoxigenación lenta que se hace con más estancia en barrica». «Es –añadió– la crianza perfecta del vino fino y elegante». Así será el futuro Viña Tondonia 2008, para el que, en la ‘deconstrucción’, María José descartó una muestra del 2007 e incorporó un 5% (más estructura) del 2009.

Bodegas Roda. Agustín Santolaya, director general Roda, planteó un reto de terruños:cuatro vinos de fincas distintas del 2015 del entorno (Labastida, Haro, Villalba y Briñas) y con un doble perfil, dos de frutas rojas, que irán a parar al vino Roda, y dos de frutas negras, más intensos, que serán Roda I. El ejercicio de mezcla lo hace la bodega todos los años por estas fechas, pero no con cuatro sino con 17 vinos diferentes, que vinifica y cría en su primer año por separado hasta su ensamblaje: «¿Por qué un vino de un viñedo es mejor que el de varios?», preguntó Santolaya. La respuesta de cada cual, pero lo cierto es que cada uno de los cuatro vinos de muestra podría etiquetarse en el mercado perfectamente como ‘vinazo’ y, sin embargo, se funden en busca de una mayor riqueza.

Bilbaínas. El juego que propuso Alejandro López, enólogo de la bodega, fue elaborar Viña Pomal Reserva y Viña Pomal Gran Reserva con las mezclas oportunas de cuatro muestras del 2015. Dos tempranillos para el Pomal Reserva y un tempranillo con un espectacular graciano para el futuro GranReserva: «La clave está en equilibrar la frescura y la acidez con la potencia y la estructura para una larga guarda, logrando vinos elegantes, suaves y equilibrados como el primer Pomal de 1904».

La Rioja Alta, SA. Julio Sáenz, enólogo de La Rioja Alta, elaboró en ‘directo’ el futuro Viña Ardanza 2008, una mezcla de procedencias más amplias de Rioja, con dos vinos de tempranillo de Cenicero, otro más ‘rotundo’del entorno de Haro y un viaje hasta Tudelilla (La Rioja Baja) con una sensacional garnacha de la finca La Pedriza:«Para nosotros ahí está la mejor garnacha de Rioja y es clave para el Ardanza». Un 20%, que se suma a los tempranillos, fue la resolución del enólogo.

Bodegas Muga: Manu Muga propuso deconstruir varietalmente el futuro Torremuga de 2014. Un vino muy especial para él puesto que su padre, Manuel Muga, ‘sudó’ lo suyo para convencer a su tío Isacín a finales de los ochenta de que, además de la gama clásica, debían elaborar un vinazo potente al estilo Burdeos: «Torremuga fue un hito para nosotros, pero sobre todo a partir de ahí cambio la filosofía de la bodega con mucha mayor atención a la viticultura». Tempranillo, garnacha, un ‘cortante’ mazuelo y graciano, las cuatro uvas históricas, componen el Torremuga:un 70% del primero, 20% de garnacha y un 10% de mazuelo y graciano fue la solución.

CVNE. María Larrea, enóloga de CVNE, planteó una ‘ecucación de barricas’ para elaborar el Imperial Gran Reserva 2014: tempranillos criados en roble americano nuevo (muestra base), roble francés, americano usado y en tina grande de madera. Con las ‘cuatro copas’, cada catador ensambló su propio Imperial y María lo hará realmente en dos o tres meses: «Lo embotellaremos hasta finales del 2019 o 2020 y la clave es que el vino esté excelente ahora, después de tres años en botella y también durante 20, 30 ó 40 años».

Gómez Cruzado: David González puso el broche final con un blanco, Montes Obarenes, de una de las zonas más frías de Rioja, con vinos de viura y tempranillo blanco muy trabajados en bodega para ensalzar el protagonismo de la intervención humana que, aunque a veces obviada, siempre existe: un vinocriado en roble francés con sus lías, otro de vendimia temprana (acidez), uno en huevo de hormigón y un tempranillo blanco muy maduro… Un caso clarísimo de que «la mezcla gana» y de que los futuros vinos singulares de Rioja convivirán con estos de ensamblaje, cuando menos, de igual a igual.

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Pedro Ballesteros: “¿Necesita Rioja poner nombre a sus viñedos?, la respuesta es sí, sí y sí”
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Alberto Gil | 08-09-2016 | 15:33| 0
Pedro Ballesteros

Pedro Ballesteros, en una imagen del Norte de Castilla

Pedro Ballesteros es, de momento, el único ‘máster of wine’ español -un selecto club de ‘caballeros’ del vino cuyo acceso requiere un extraordinario conocimiento de los vinos del mundo y un compromiso real, casi de ‘amor’, con este milenario producto- y será el segundo ‘Maquinista’ de la Cata de la Barrio de la Estación, que el fin de semana del 16 y 17 (viernes y sábado) reunirá a profesionales y miles de aficionados en el maravilloso entorno del barrio centenario de Haro. Ballesteros sucederá a Tim Atkin (también ‘máster of wine’), primer ‘maquinista’ que dirigió la cata magistral para profesionales con algunos de los mejores vinos del grupo de bodegas centenarias de la localidad, y propondrá un reto a los asistentes: elaborar por su cuenta algunos de los históricos vinos de Rioja, es decir, ensamblar las diferentes procedencias con que se elaboran.

- ¿Se va a meter usted en cocina con las ‘deconstrucciones’?

- Yo siempre estoy metido en cocina (risas). Mi idea es meter en cocina a los asistentes. Será una cata interactiva, no pasiva, porque la grandeza de Rioja siempre ha venido de la mano de la mezcla de vinos de orígenes, subzonas y comarcas, muy diferentes. Un vino de una sola finca, que también puede ser extraordinario, no tiene por qué ser mejor.
- Vaya, va a poner usted el ‘dedo en la llaga’. Como sabe, Rioja está trabajando con la diferenciación de vinos y los viñedos singulares…

- Y me parece perfecto. Debatir y discutir es reflejo de la madurez de una región vitícola. Hay mercados para vender vinos muy diferentes. Entiendo que es una vía por explorar y que hay que hacerlo. Se está hablando de ejemplos como Burdeos y Borgoña, pero creo que hay otras opciones como Languedoc, por ejemplo, donde a partir de denominaciones genéricas se trabajó en subdenominaciones más distinguidas y luego en losgrand cru. Rioja debe trabajar sin tensión. Si me pregunta si es necesario poner nombre a los grandes viñedos la respuesta es sí, sí y sí.

- ¿Y qué pasa con los vinos históricos, de mezcla?

- Que seguirán estando ahí. Los grandes Riojas han mezclado uvas y procedencias y los Burdeos, también. No tiene sentido decir que un vino de mezcla es inferior, pero para nada es incompatible con identificar los grandes viñedos. Pensar que haces el mejor vino del mundo con 800 botellas de un viñedo es una tontería. Rioja es, sin discusión, la mejor región española para elaborar un millón de botellas de calidad excelente. Hay que estar en todo el mundo con tu vino y eso con 800 botellas no se hace. Rioja debe tener más de 50 bodegas de 50.000 botellas a 50 euros. Eso te convierte en una región, en un país, de ‘primera’: hoy solo lo son Francia, Italia y EEUU.

- Sin embargo, parece que ahora el ‘operador’ de un millón o varios millones de botellas es incompatible…

- Todo es compatible y cada cual juega su papel necesario. Rioja necesita lo que hizo, por ejemplo, Marqués de Riscal con Barón de Chirel: grandes vinos con producciones amplias. Rioja es todo un ‘país’, con una variedad enorme y creo que su gran ventaja es precisamente su tamaño. Ahora bien, debe tener cuidado con que las calidades no bajen de un nivel, como ha pasado algunos años, y respetar la diferenciación de vinos.

- Aquí hemos tenido un ‘Riexit’ y ahora la amenaza también de varias bodegas alavesas…

- Hay un debate y tiene que haber cambios. No hay buenos ni malos, sino jugadas de ajedrez. No me gustan, eso sí, los componentes políticos, pero soy optimista. Vimos el caso de Cava y como la DO con gran agilidad reaccionó cambiando la normativa y funcionamiento.

- ¿Vive España, no sólo Rioja, un punto de inflexión en este sentido?

- Hay varios puntos de inflexión. Estamos inmersos en un cambio generacional, pero que todavía no es lo suficientemente fuerte a nivel nacional. Nos falta mucho todavía para ser un país vinícola ‘civilizado’: no hay los suficientes vinos innovadores, divertidos y debemos olvidar el discurso en ocasiones ‘casposo’ de la tradición. Otro punto de inflexión es que en la exportación debemos dejar de ser el país de los graneles y, por último, el control del mercado. Aquí siguen siendo los grandes embotelladores los que dominan el mercado, no los productores y los propietarios de tierra asociados. El valor añadido sigue sin estar en la uva, en la tierra, y cuando esto suceda llegará de verdad el punto de inflexión para el gran cambio.

- ¿Se la juegan las denominaciones de origen en este proceso?

- Es posible. La vida, no sólo el vino, ha cambiado. Las lealtades hacia las instituciones son diferentes. Tanto a los nuevos productores como a los consumidores no les van las jerarquías ni las inercias heredadas. La gente joven sabe mucho y en Rioja, en particular, hay un ‘cluster’ de nueva generación muy interesante.

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Los mejores Riojas de la ‘lista Parker’ 2016
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Alberto Gil | 01-09-2016 | 14:56| 1

Luis Gutiérrez, el catador para España de la revista erobertparker.com, ha concedido sus primeros cien puntos (el vino perfecto) a un vino de Rioja y han sido para un blanco, por primera vez también en España: el Castillo de Ygay Gran Reserva Especial de 1986 de Marqués de Murrieta. Se trata de un vino especial, un gran reserva que la bodega guardaba casi en secreto desde hace 30 años y del que Vicente Cebrián, presidente de la compañía, dio las primeras pistas de su existencia a finales del 2014 con la inauguración del rehabilitado Castillo de Igay.

Luis Gutiérrez, que desde el 2014 es el encargado de las valoraciones españolas de la revista de los ‘puntos Parker’, publicó ayer su revisión de Rioja del año 2016. Las principales novedades hay que buscarlas precisamente en los blancos –Gutiérrez no había dado hasta ahora 100 puntos a ningún Rioja–, con las altas puntuaciones que reciben además otros vinos como el Mártires, de Finca Allende, el López de Heredia Viña Tondonia Reserva, el Placet Valtomelloso de Álvaro Palacios, el Abel Mendoza 5V o el Pujanza Añadas Frías, todos ellos con 94.

También sitúa en los puestos más altos otros blancos de Abel Mendoza, Basilio Izquierdo, Mirando al Sur, del francés Olivier Rivière, el Qué Bonito Cacareaba de Benjamín Romeo, el reserva de Tempranillo Blanco Viña Pomal y, como gran novedad, el sorprendente Añadas de Honorio Rubio que alcanza, como el resto de los citados, los 93 puntos. De hecho, Gutiérrez destaca tres blancos de viura del bodeguero de Cordovín que, con la ayuda del enólogo Alberto Pedrajo, le han resultado «emocionantes».

En la lista de tintos aparecen los productores ‘habituales’ como Artadi, Telmo Rodríguez, Pujanza, los hermanos Eguren, Abel Mendoza, Miguel Ángel de Gregorio, Valenciso, Roda, Muga…, además por supuesto de los vinos clásicos de López de Heredia, La Rioja Alta , CVNE o Hermanos Peciña, muy del gusto de Luis Gutiérrez. Entra con 96 puntos el último lanzamiento de Álvaro Palacios, la garnacha de Quiñón de Valmira, de la misma forma que irrumpe también con fuerza y varios de sus vinos Olivier Rivière, uno de los impulsores del grupo de Rioja&Roll, al que Gutiérrez cita en su resumen del año como una de las buenas noticias de Rioja.

Gutiérrez analiza la situación de la denominación («Riexit» de Artadi incluido) en el artículo que acompaña la lista de puntuaciones y la contextualiza en un movimiento generalizado en el sector del vino español que reclama la diferenciación entre vinos industriales y singulares. Tentenublo, Artuke, Exopto, Brian Mac Robert, Bárbara Palacios, Pedro Balda, Sandra Bravo, Oxer Basteguieta, Javier San Pedro… son jóvenes elaboradores que, entre otros, cita Rodríguez como nuevos talentos, y de los que, considera el crítico, «lo mejor está por llegar».

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