La Rioja
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Viaje al ¿origen? de Rioja
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Alberto Gil | 08-11-2017 | 15:48| 0

Rioja aprobó este verano la primera diferenciación de vinos de su historia: los Riojas de ‘Viñedos Singulares’ que implican una nueva categoría con exigencias de producción, calidad y costes superiores al resto. Un pretendido viaje hacia el origen, hacia los viñedos, que aspira a completar las menciones tradicionales de crianza, reserva y gran reserva, hasta ahora la única distinción de vinos (por el tiempo en madera) existente la DOCa. Aunque, como se puso ayer de manifiesto en el Foro Internacional del Vino de Club de Marketing, Rioja tendrá que hacer ‘ejercicios de pedagogía’ para explicar en qué consiste una apuesta que Priorat, desde ya hace años, sí ha tenido clara.

En este sentido, el Foro reunió a representantes de las tres principales organizaciones bodegueras de la región y, tal y como pusieron de manifiesto sus portavoces, el consenso alcanzado para la nueva normativa ha sido más bien ‘justito’. Íñigo Torres, gerente del Grupo Rioja, la asociación dominante, y Begoña Jiménez, coordinadora de ABC, que agrupa a firmas históricas que elaboran vinos de coupage y de largas crianzas, dejaron claro que, a su juicio, los ‘nuevos Riojas’ de Viñedos Singulares, de municipio y de zona «no deben ser entendidos como categorías superiores», sino simplemente como «menciones geográficas». «Las únicas categorías, verticales de Rioja, seguirán siendo las de crianza, reserva y gran reserva», insistió Torres.

Enfrente, Eduardo Hernáiz, presidente de Bodegas Familiares de Rioja (BFR), quien, pese a insistir en que ambas categorizaciones deben ser compatibles, abogó por «empezar a diferenciar viñedos y producciones para recuperar credibilidad». «Los vinos de viñedos singulares son el primer paso hacia una diferenciación; tenemos clima, suelos y conocimiento para intentar competir con los grandes vinos del mundo y hay que apostar por esta línea».

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Quedó claro el compromiso de Bodegas Familiares por las nuevas figuras, incluso con su promoción por parte del Consejo, pero no tanto la de Grupo Rioja ni la de ABC: «Las figuras están recién aprobadas, incluso aún pendientes de aprobación administrativa, por lo que no tiene sentido promocionar algo que todavía no tienes», advirtió Torres.

Hernáiz recordó, sin embargo, que la modificación del pliego ya ha sido publicada en el BOE (pendiente de alegaciones) y que ya hay bodegas que están siguiendo una trazabilidad desde la vendimia pasada, con lo que los primeros vinos de Viñedos Singulares podría estar en el mercado a principios del 2019: «El año próximo habría que hacer un importante esfuerzo de promoción y otro mayor en el 2019 porque hemos generado atención entre la crítica después de mucho tiempo». «Para mí -añadió-, la diferenciación está en la uva; tenemos grandes vinos de reserva pero también otros a poco más de tres euros y ese sistema tradicional necesita complementarse».

Torres y Jiménez coincidieron en que la mejora en valor es un reto para Rioja: «Puede haber demanda creciente por los vinos más ligados al ‘terruño’ pero sigue siendo la Rioja de los ‘coupages’ la que nos ha dado el prestigio», apostilló la representante de ABC. En esta línea, el gerente del Grupo Rioja apostó por un modelo propio: «Rioja no es Borgoña y no conviene imitar a nadie sino desarrollarnos con nuestra propia personalidad».

Y, de nuevo, Bodegas Familiares dejó claro que maneja otras ‘claves’: «Mirar y valorar nuestros viñedos no es inventar nada; hemos dado un primer paso que, aunque con defectos, debe animarnos a seguir». Por último, Hernáiz lanzó un mensaje para algunos de los productores de los vinos ‘top’ de Rioja que, de momento, han optado por no acreditar Viñedos Singulares: «La diferenciación ha sido lo que han demandado durante años, así que no entiendo que algunos ahora prefieran quedarse de perfil».

Un interesante debate, de momento interno pero al que están atentos prescriptores y crítica, y, visto lo visto, Rioja debería empezar a explicar bien hasta dónde aspira realmente a llegar con su ‘viaje al origen’.

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«El romanticismo seguirá existiendo pero la ciencia mejora la calidad de los vinos»
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Alberto Gil | 11-10-2017 | 09:16| 0

A1-1401708538.jpgUna investigación de la científica riojana Elvira Zaldívar explica el misterio de la ‘mineralidad’, un atributo sensorial que Parker asoció por primera vez a determinados vinos ‘caros’

Si es usted aficionado al vino habrá oído en ocasiones a un enólogo, a un prescriptor o simplemente a un amigo describir los aromas o el perfil mineral que tiene un determinado vino. Se trata de una característica, una ‘acepción’ que acuñó el gurú internacional Robert Parker a finales de los años 80 y que se ha convertido en un elemento diferencial para determinados vinos de calidad, a veces muy caros. La investigación llevada a cabo por Elvira Zaldívar, nueva doctora cum laude por la Universidad de La Rioja (UR) y financiada por las empresas Laboratorios Excell Ibérica SL y Outlook Wines, acredita la existencia científica del concepto que Mr. Parker bautizó como ‘mineralidad’, aunque al mismo tiempo pone en entredicho que el origen del mismo tenga que ver con la composición mineral de los suelos y de las piedras de las que se supone que la uva absorbe ese perfil ‘mineral’.
– ¿Qué es la ‘mineralidad’?
– Es un descriptor acuñado en los 80 que se extendió rápidamente cono un atributo sensorial de determinados vinos, casi todos ellos de alto valor añadido. Parker lo definió como ‘olor a piedra mojada’ (smell wet stones) y se pensaba que se encontraba en vinos provenientes de suelos especiales con unas características propias. Son impactos sensoriales en forma de aromas y sabores que recuerdan en unos casos a esa piedra mojada, a pedernal, sílex y a determinados gustos salinos…
– ¿Y se encuentra en los suelos de los viñedos?
– Es un tema relativamente nuevo y hasta el 2010 no aparecen los primeros estudios científicos al respecto. Algunos de ellos empiezan a poner en duda que este concepto deba estar asociado necesariamente a los suelos pedregosos, es decir, a que la ‘mineralidad’ de un vino sea un atributo que proceda realmente de la absorción de minerales del suelo. En nuestro caso, hemos visto que determinados métodos de elaboración del vino son más determinantes de cara a revelar el carácter mineral. Por ejemplo, el empleo de determinadas levaduras seleccionadas, la crianza sobre lías, vinificaciones reductivas, el empleo de uvas más pequeñas, con alta acidez, la limitación de las fermentaciones maloláticas…
– ¿Es decir, que no influye tanto el terruño?
– La calidad de la uva es un factor fundamental, al igual que ciertas condiciones climáticas y la propia textura del suelo, la disponibilidad de agua y el estrés hídrico, pero también influyen las técnicas empleadas en bodega como hemos comentado antes. Es decir, son también determinantes en el carácter mineral del vino.
– ¿Va a ‘tumbar’ el mito de conocidas etiquetas de vinos caros?
– No necesariamente, ni siquiera de forma imprudente (risas). No es para nada el objetivo del estudio. Hemos visto que la mineralidad habitualmente se asocia más, por ejemplo, con viñedos situados en altura, en determinados suelos, en regiones específicas con climas fríos, en algunas variedades de uva, como el riesling. El asunto es que la asociación directa con el terruño de acuerdo únicamente con la composición mineral de los suelos, no queda demostrado. Lo que si hemos conseguido demostrar y relacionar a nivel del análisis sensorial es la ‘mineralidad’ con la composición química del vino, pero no precisamente a nivel de minerales, sino con familias muy heterogéneas y provenientes de diferentes orígenes. Algo muy curioso es que en los paneles de cata profesionales que se han utilizado en la tesis doctoral para identificar los compuestos químicos que causaban esa sensación de ‘mineralidad’ no pudimos ‘condicionar’ su dictamen pese a que cambiábamos las etiquetas e incluso los precios de los vinos. Es decir, se demostró que sí existe una relación entre el carácter químico con el atributo mineral. El asunto principal es que estamos más cerca de saber científicamente cuál es la causa y lo que es más importante, como manejar vitícola y enológicamente su aparición o no dependiendo del consumidor y del mercado al que nos vamos a dirigir.
– ¿Quiere decir que se podrán elaborar vinos más minerales en bodega, en cualquier lugar del mundo?
– La investigación abre la puerta a nuevos estudios y al menos se podría intentar a partir de la tecnología disponible. Está claro que a día de hoy se pueden hacer vinos más a la ‘carta’ gracias al conocimiento que facilita la ciencia.
– Me está usted tirando por tierra el romanticismo…
– El romanticismo existe y seguirá existiendo. Incluso el amor, si es verdadero, es aún más romántico todavía (risas). Nuestra única pretensión es precisamente dar luz y conocimiento desde el punto de visto científico para que la mineralidad del vino sea una realidad y no un mito indemostrable. La ciencia es un beneficio claro para aumentar la calidad de los vinos.

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Guillermo Aranzábal: «Que un vino esté más o menos tiempo en bodega no implica por sí más calidad»
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Alberto Gil | 28-09-2017 | 18:30| 0

75 años. Viña Ardanza, la marca más emblemática de Bodegas La Rioja Alta, SA, tiene el mérito de compartir el paladar y el gusto de varias generaciones. En la actualidad, la referencia supone el 30% de los ingresos de la compañía vitivinícola -con bodegas, además de la matriz de Haro, en Labastida (Torre de Oña), Rías Baixas (Lagar de Cervera) y Ribera del Duero (Aster)-: «Es la etiqueta que nos ha dado a conocer en el mundo», explica Guillermo de Aranzábal, presidente de la compañía. Viña Ardanza cumple, hoy precisamente, 75 años desde el registro comercial de la marca y la bodega, La Rioja Alta, SA, que fue fundada 52 años antes (en 1890), se está volcando en presentaciones y catas, además de lanzar una colección privada de este vino de Rioja con estilo propio.

-¿Qué significa Viña Ardanza para el grupo La Rioja Alta?

-Es, desde luego, nuestro buque insignia. Nos ha abierto puertas en todo el mundo, hasta el punto de que un tercio de toda la facturación del grupo procede de ese vino. Mucha gente sigue pensando que la bodega, La Rioja Alta, se llama Viña Ardanza.

-Desde su origen, el vino permanece fiel al ‘coupage’ de tempranillo de La Rioja Alta y Alavesa con garnacha de La Rioja Baja. ¿Por qué la garnacha?

– En aquellos tiempos en Haro las bodegas elaborábamos clarete con tintos de tempranillo de La Rioja Alta. La garnacha es una variedad más complicada de cultivo, pero nos aportaba fruta, color y estructura y una conjunción perfecta con los tempranillos. Para nosotros es fundamental y, en este sentido, hace unos años compramos unos viñedos en La Pedriza, en Tudelilla, de donde creemos que podemos obtener las mejores garnachas de Rioja para garantizarnos el aprovisionamiento.

-¿Qué ha pasado con la garnacha? ¿Por qué históricamente la hemos denostado?

-Es una variedad que no es fácil cultivar y que muchos años liga mal en floración, por lo que muchas cepas terminaron arrancándose. Para nosotros es básica para el Viña Ardanza como variedad de ‘coupage’. Es una pena porque es una uva de Rioja de siempre, incluso fue mayoritaria, pero afortunadamente ahora se la está volviendo a valorar. El mundo del vino va por ciclos y, por ejemplo, La Rioja Alta pasó también años difíciles cuando buena parte de la crítica no apreciaba nuestros estilo de vinos elegantes y complejos.

-Pero también evolucionan sus vinos…

-Por supuesto. A nosotros nos gusta denominarnos nuevos clásicos. Nuestros vinos no son los únicos que podemos hacer, pero sí los que queremos hacer. Por supuesto, ahora, y también en el Viña Ardanza, tenemos vinos más frescos que hace unas décadas, pero el final sigue siendo muy clásico, en el sentido de elegancia y sedosidad.

-¿Qué es más difícil hacer vinos ‘clásicos’ o ‘modernos’?

-Es más difícil hacer buenos vinos clásicos. Están mucho más tiempo en bodega, con crianzas y trasiegos y, por tanto, tienen mucho más tiempo para ‘estropearse’. Los vinos ‘modernos’, si pueden llamarse así, se basan casi en exclusiva en la calidad de la uva y del terruño en sí. En nuestro caso, además hay que sumar la crianza.

– Parker nos redescubrió la garnacha hace unos años y, en su caso al menos, EEUU redescubrió también los buenos clásicos de Rioja…

– Para nosotros EEUU es nuestro primer mercado. Vendemos más vino en Nueva York que en Bilbao, para que se haga una idea. Creo que el consumidor americano aprecia nuestro estilo y nuestra trayectoria.

-¿Cómo ve Rioja?

-Rioja sigue teniendo un prestigio internacional grande, único entre la enología española. Pero sí estoy de acuerdo en que no es lo mismo San Adrián que Laguardia ni Ausejo que Haro. Entiendo que hay consumidores que quieren conocer más y eso hasta ahora Rioja no lo ha ofrecido y debería comenzar a hacerlo. De todas formas, creo que sigue siendo una marca con un potencial tremendo.

-¿Es partidario entonces de la diferenciación de vinos?

-Sí, aunque no sé si el origen o la elaboración es más importante. Tampoco creo que las nuevas figuras, como viñedos singulares, tengan por qué tener más calidad que vinos que mezclan varias parcelas o incluso zonas. Son vinos diferentes que no tienen por qué ser mejores y llevamos tiempo demostrándolo. El vino de pago existe desde hace tiempo y no ha demostrado tener más calidad.

-¿Necesita Rioja ‘tocar’ también las categorías reserva y gran reserva?

-Sí. El mero hecho de estar menos o más tiempo en bodega no implica calidad. Si un vino no tenía calidad en su origen tampoco la tendrá luego. En nuestro caso, nos avalan nuestras marcas y nuestra trayectoria por lo que ver reservas y grandes reservas a tan bajo precio no nos afecta realmente, pero sí que afecta a la mayoría de Rioja y habría que hacer cambios en ese sentido. Deberían ser realmente vinos de más imagen y calidad que lo que son generalmente.

-¿Cómo cuadraría el círculo de la diferenciación en Rioja entre los vinos de viñedos singulares y los grandes clásicos?

-Entiendo que es complicado. Hay grandes vinos de paraje y hay grandes vinos de coupage como el Viña Ardanza. Al final están las marcas. De la misma forma que en 1855 en Francia la clasificación de bodegas se hizo por precio, por reconocimiento del mercado, deberíamos buscar una fórmula que reconozca la trayectoria y el prestigio de las marcas.

-¿Y la ‘vendimia helada’ qué tal?

-De calidad, muy buena, mejor de lo esperado, pero de cantidad, muy mala. Nosotros estamos cogiendo un 50% menos de un año normal, no digo respecto al año pasado que fue muy bueno en cantidad, sino sobre un año normal.

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La vendimia avanza y el precio sube
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Alberto Gil | 20-09-2017 | 17:08| 0

Según avanza la vendimia y se ‘abre’ la zona crítica, la más afectada por la helada, las ‘cuentas’ sobre la cosecha esperada no salen y el precio de la uva continúa su escalada. En este sentido, Bodegas Faustino Martínez (Oyón) ha cerrado un importante acuerdo con la cooperativa de Haro a 1,41 euros el kilo de uva tinta, aunque de la cuenta final habría que descontar los gastos de transformación (unos quince céntimos aproximadamente por litro), ya que será la bodega de Haro la que elabore el vino. En todo caso, aumenta en un 40% la suscrita por ambas partes el año pasado.

Asimismo, se incluyen también 250.000 kilos de uva blanca, a un euro (70 céntimos el año pasado), en este caso sin costes de elaboración, ya que Bodegas Faustino elaborará el vino en sus instalaciones, lo que confirma también el repunte de mercado de uva blanca a medida que avanza la vendimia.

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La operación es hasta el momento la más importante conocida de la campaña y una de las que tradicionalmente ‘marca precio’ para el resto de operadores, ya que la gran mayoría de contratos dejan un variable en función del comportamiento del mercado. El acuerdo, que ratifica los que ambas partes llevan firmando durante los últimos cinco años y que prevé además extenderse a 2018 y 2019, incluye un tercio de todo el vino tinto elaborado por la cooperativa, así como 200.000 litros de partidas elegidas también de tinto y los mencionados 250.000 kilos de blanco. La operación se ha firmado en vísperas de que la cooperativa abra sus puertas, aunque no se conocerá la cantidad exacta de uva y vino hasta que termine la vendimia, puesto que Haro es uno de los municipios más afectados por la helada de abril. En cualquier caso, el año pasado, por la misma operación -entonces firmada a 1 euro el kilo de tinto y 70 céntimos para la blanca- Faustino contrató 1,73 millones de kilos de uva tinta y 150.000 kilos de blanca.

Para el Gran Reserva

El acuerdo, según confirman fuentes de la compañía bodeguera, extiende un compromiso de abastecimiento en los mismos términos para las campañas de 2018 y 2019 (con un poco más de blanco, hasta 350.000 kilos), aunque cada año se revisará el precio en función de la realidad del mercado.

Las fuentes de la compañía compradora explican que las mejores partidas de la operación se están empleando para el Faustino I Gran Reserva, que es el buque insignia de la bodega de Oyón hasta el punto de que uno de cada cuatro grandes reservas que exporta Rioja lo hacen con la etiqueta de Faustino I: «Las uvas de Haro y la comarca nos dan las garantías de longevidad que precisa un vino de este tipo, lo que nos ha llevado a garantizarnos el abastecimiento por varios años». «Rioja tiene un problema serio -continúan- por las dificultades para crecer así que habría que empezar a plantearse distinguir realmente entre calidad superior y genérica». La operación de Faustino, en vísperas de que abran la mayoría de bodegas de Haro que tendrán que hacer compras importantes ante los daños de la helada, eleva la cantidad acordada por Bodegas Riojanas (Cenicero) hace un par de semanas y que también publicó Diario LA RIOJA: 1,20 euros por el kilo de uva tinta y 0,85 para la blanca.

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Vermut Lacuesta: 80 aniversario
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Alberto Gil | 14-09-2017 | 15:36| 0
lacuesta

Hay vida… o vermut… más allá del Martini. Lo saben ya consumidores de todo el mundo y todo hace pensar que lo mejor está por llegar para sus elaboradores dada la versatilidad de esta original bebida. Bodegas Martínez Lacuesta, la centenaria firma de Haro, celebra este sábado una cata especial de sus cinco vermuts por el ochenta aniversario del inicio de su comercialización y que, con formulación propia, se ha convertido en una de las señas de identidad de la bodega: «Estamos encantados de la eclosión del vermut, con la aparición de nuevos elaboradores, porque es una bebida con infinitas oportunidades de maridaje y que siempre hemos cuidado desde el primer al último detalle».

Son palabras de Luis Martínez Lacuesta, miembro de la tercera generación que mantuvo la elaboración del vermut contra viento y marea y que difícilmente hubiera imaginado hace una década que llegaría a suponer el 20% de la facturación de la bodega: «Hubo años en que era muy difícil venderlo, en los que Martini lo era todo, pero afortunadamente hoy los consumidores de todo el mundo están buscando la originalidad y la autenticidad», explica.

El origen

La historia del vermut Lacuesta -por aquel entonces, los años 30, una especie de ‘pirueta’ en una zona vitícola tradicional como Rioja- se remonta a las vísperas de la Guerra Civil. José María Jové, un empresario catalán, contactó con la bodega para fabricar el vermút que él mismo haría en Haro (a maquila): Martínez Lacuesta le cobraba por la elaboración y luego Jové recibía un rappel por cada hectolitro vendido.

Problemas con el nuevo régimen tras el alzamiento obligaron al empresario catalán a emigrar y vendió la formulación a la familia Martínez Lacuesta en 1937. Hoy en día, los vermut Lacuesta siguen empleando la conzia original (coctel de hasta 24 plantas y hierbas aromáticas), que, junto con un vino blanco base, macera y se cría en barricas de roble americano, francés o de acacia. Finalmente, se añade azúcar, ácido cítrico, caramelo y alcohol: «Jové tenía ascendencia suiza y creemos que la receta podía venir de allí, pero no tenemos constancia documental», apunta Luis Martínez Lacuesta.

Pese al auge en el mercado nacional, la exportación es el destino principal de los vermut de Martínez Lacuesta: «En EEUU y Reino Unido sobre todo lo entienden como un producto de coctelería, pero cuando damos catas y les explicamos que en España se toma como aperitivo quedan gratamente sorprendidos».

Cata magistral

Estas grandes posibilidades de maridaje -amargo y dulce al tiempo, el vermut no es sólo para la hora del vermú- será uno de los ejes de la cata magistral que ofrecerá este sábado en la bodega el Master of Wine Pedro Ballesteros: «Pedro es amigo de la familia y cuando le comentamos que queríamos hacer algo especial aceptó a la primera», señala Luis Martínez Lacuesta.

El Master of Wine presentará una pequeña exposición de la historia del vermut y luego participará en una charla informal con François Monti, periodista belga y gran conocedor de esta bebida, con el sumiller Carlos Echapresto, el presidente de los sumilleres de España, Pablo Martín, y con el propio Luis Martínez Lacuesta: «Hablaremos de gastronomía y de coctelería y cataremos los cinco vermut que tenemos maridados con diferentes tapas».

La bodega ha ido ampliando las referencias a lo largo de estos años, desde el original Vermut Rojo criado en roble americano, al envejecido en roble francés, al vermut de roble de acacia, al edición limitada con seis barricas selectas de roble francés nuevo y a la última de las elaboraciones, el blanco semidulce.

Pero todavía quedan más cosas por llegar: «Estamos trabajando con un nuevo vermut extraseco para Reino Unido y Estados Unidos y, sobre todo, con un proyecto de investigación [con una inversión de 300.000 euros] con un edulcorante natural apto para diábéticos y con diferentes vinos base de la variedades airén, godello y verdejo», avanza Luis Martínez Lacuesta.

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Rioja: 1,20 euros, la tinta y 0,85, la blanca
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Alberto Gil | 06-09-2017 | 19:08| 0

El ‘secretismo’ sobre los precios de la uva, pese a la obligación de formalizar contratos con plazos de pago y cantidades antes de entregar las partidas, es la nota dominante de la vendimia 2017, que sigue avanzando en La Rioja Baja y que está a punto de iniciarse en zonas de Rioja Alta y Alavesa. No obstante, alguna bodega ha hecho público ya el precio que va a pagar a sus proveedores.

Es el caso de Bodegas Riojanas, una de las firmas centenarias de Cenicero, que va a liquidar, como punto de partida, el kilo de uva tinta a 1,20 euros y a 85 céntimos el de blanca, según confirmó a Diario LA RIOJA, Santiago Frías, director general de la compañía, en la que sería la primera operación pública de la campaña. «Son los precios base, de partida, que hemos marcado, aunque a partir de ahí aplicaremos primas y minusvalías, en función de la calidad de las uvas», explica el bodeguero. Frías recuerda que Cenicero está en fiestas esta semana y que la previsión es abrir la bodega para recoger las primeras uvas «el próximo martes o incluso el lunes». Por ello, Bodegas Riojanas reunió a sus proveedores a finales de la semana pasada y les comunicó los precios de vendimia: «Yo creo que la gente salió contenta y a partir de ahora nos queda trabajo a las bodegas para defender los precios de las botellas».

Al margen de esta operación, los rumores son continuos, pero no es fácil confirmar contratos, aunque, probablemente, comenzarán a generalizarse cuando se abra la vendimia en las bodegas de las zonas más afectadas por la helada (la Sonsierra y La Rioja Alta occidental).  De momento, los precios parecen moverse en ese entorno de los 1,15/1,20 euros para la tinta y de 85 o incluso 90 céntimos para la blanca. También diversas fuentes del sector confirman que hay operaciones por encima, incluso hasta 1,5 euros, aunque se trata de partidas de uva elegidas, por lo que no son significativas para aproximarse a un precio medio.

Algunos grandes operadores trabajan también con los contratos plurianuales que firmaron con grupos de agricultores o cooperativas en años anteriores para garantizarse el abastecimiento, por lo que tampoco han movido demasiado el mercado por el momento. En estos casos, los contratos suelen tener una parte variable en función de la evolución del mercado que habría que revisar, pero sería ya en el futuro, una vez terminada la vendimia. En todo caso, varios viticultores, que son proveedores habituales de bodegas, confirman que siguen sin conocer los precios a los que se les pagarán las uvas pese a estar casi en vísperas de llevar sus remolques a las básculas.

Bodegas Riojanas, en una imagen de mi compañero Miguel Herreros

Bodegas Riojanas, en una imagen de mi compañero Miguel Herreros

Un 33% más que hace un año, pero lejos del 99

El gran temor del sector ante la actual vendimia era que los precios se disparasen y alcanzasen valores similares a los de 1999. Entonces, Bodegas Bilbaínas ‘reventó’ el mercado nada más comenzar la vendimia con una operación a 425 pesetas el kilo de uva (2,55 euros). La cántara de vino se disparó también exponencialmente en los meses posteriores pero, a partir de abril del 2000, se hundió en picado de forma que varias cooperativas prácticamente tuvieron que regalar el vino al año siguiente para hacer sitio a la nueva vendimia, con precios de la uva también desplomados.

De hecho, las normas de campaña, ante el temor de una caída extrema de producción por la helada, ampliaron los rendimientos en las zonas no heladas con el fin de que prácticamente toda la uva de Rioja pudiera entrar en las bodegas. El precio de 1,20 euros, que parece ser el que, de momento, está empezando a marcar una referencia, supone un incremento del 33% sobre los 90 céntimos de media del año pasado. La preocupación ha sido, y continúa siendo, muy intensa en el sector –falta por ver cómo se moverán las bodegas de Haro ante las consecuencias de la helada–. De hecho, la semana pasada en Ribera del Duero se empezó a barajar la cifra de 3 euros el kilo, con una cosecha inferior en el 60% a la del 2015, y saltaron las alarmas.

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Viticultura al extremo: Rioja Alta tras la helada
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Alberto Gil | 09-08-2017 | 16:50| 0

Mientras los tempranillos más precoces están casi listos en el extremo oriental de Rioja, en el límite occidental aún están enverando. La heterogeneidad madurativa por parcelas e incluso por cepas marca una de las campañas más difíciles en La Rioja Alta.

A la izquierda, tempranillo casi listo de Aldeanueva. A la derecha, un racimo de La Rioja Alta más occidental y, junto a éste, otro en la misma cepa cuyos granos aún no han comenzado a cambiar de color, lo que muestra las diferencias madurativas extremas.

A la izquierda, tempranillo casi listo de Aldeanueva de Ebro. A la derecha, un racimo de La Rioja Alta más occidental a medio enverar y, junto a éste, otro en la misma cepa cuyos granos aún no han comenzado a cambiar de color, lo que muestra las diferencias madurativas extremas.

Habitualmente poco tiene que ver la situación del viñedo de un extremo al otro en una denominación tan amplia como Rioja que alcanza ya las 65.000 hectáreas de viñedo. En cualquier caso, en esta ocasión, la diferencia es prácticamente extrema y, mientras los tempranillos de la zona oriental están cada vez más cerca de estar a punto, en La Rioja Alta en algunas zonas acaba de comenzar el envero (40 días hasta la vendimia) y, sobre todo, el desequilibrio madurativo por fincas, parcelas y cepas es impresionante: «La heterogeneidad está incluso en cada cepa, con racimos medio enverados y otros que no han comenzado», explica Miguel Ángel de Gregorio, bodeguero de Briones (Finca Allende), una de las zonas más afectadas por la helada de San Prudencio. «Es una campaña difícil y lo será también en vendimia; lo ideal sería hacerla en varias pasadas, pero es complicado técnicamente porque hace falta capacitación profesional y económicamente es también muy caro». En cualquier caso, De Gregorio confía en que las maduraciones vayan equilibrándose: «En la zona esperamos vendimiar sobre el 20 de septiembre y lo cierto es que, al haber poca uva, las plantas retrasadas por la helada están tirando, por lo que esperamos corregir al menos parcialmente la irregularidad actual».

Las previsiones de Bodegas Muga (Haro) se sitúan también para mediados de septiembre, aunque para los blancos: «Las uvas blancas, en general, están recuperando el retraso rápido, pero los tempranillos heladas de la zona más occidental siguen yendo despacito, aunque al haber poca carga de uva esperamos que arranquen», explica Isaac Muga, responsable de viticultura de la bodega. «Todavía no ha acabado el envero –continúa–, con lo que quedan por lo menos cuarenta días».

Muga confirma que el ‘corte’ entre las diferencias madurativas lo sigue marcando Torremontalbo (el Najerilla), la ‘raya’ de la helada: «En zonas como Uruñuela, Nájera o Fuenmayor se vendimiará pronto, para mediados de septiembre seguro, pero en la zona alta habrá que ir incluso a tres ritmos: con las viñas no heladas, las de daño intermedio y las más afectadas». Muga trabaja también la zona del Najerilla, donde «garnachos y blancas se están recuperando bien, por lo que es posible haya incluso un pelín de adelanto». Eso sí, la heterogeneidad madurativa está garantizada, aunque Isaac Muga no tira la toalla: «Soy más optimista que hace unos días y puede haber buena calidad, sobre todo si no vendimiamos como ‘locos’».

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‘Devoluciones’ de plantaciones de viñedo
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Alberto Gil | 07-08-2017 | 12:06| 0
Ínigo Nagore, en una foto de Juan Marín

Ínigo Nagore, en una foto de Juan Marín

Casi el 40% de los adjudicatarios de viñedo, 231 de los 645 del 2016, se enfrentan a un proceso de revisión por parte de la Consejería de Agricultura que podría saldarse con la devolución de las plantaciones. Así lo confirma el consejero de Agricultura, Íñigo Nagore, quien recuerda que «ya dijimos que íbamos a velar porque los adjudicatarios cumplieran realmente con la legalidad; no podemos anular el proceso, como piden algunos grupos políticos porque sería injusto con los que sí cumplen, pero sí garantizar el respeto de la normativa».

En este sentido, Agricultura no ha reconocido la inclusión solicitada en el Grupo I (reparto prioritario) a 418 solicitantes del 2017. De ellos, 234 pidieron también plantaciones en el 2016: «Si no han podido demostrar que eran jefes de explotación con actividad agraria en el 2017 probablemente no podrán hacerlo tampoco en el 2016, con lo que revisaremos todos esos expedientes, además de otros en los que actuamos de oficio por claras sospechas y seguimos investigando», explica Nagore. La revisión no queda ahí, sino que el consejero asegura que la lista de 197 adjudicatarios del 2017 se verá también reducida y será «diferente» a la enviada provisionalmente al Ministerio. «Gracias a los controles de la Consejería, al final los repartos de viñedo serán mucho más razonables de lo que la gente piensa», avisa Nagore. De hecho, avanza que propondrá al Ministerio sumar las plantaciones finalmente recuperadas de los años 2016 y 2017 al futuro reparto del 2018.

– ¿Por qué en el 2016 se fijaron unas normas de acceso más laxas y se endurecieron en el 2017?
– El punto de partida eran unos criterios de reparto que primaban a jóvenes no viticultores con actividad agraria. Siempre consideramos inadecuadas las directrices del Ministerio y queríamos que se pudiera primar al viticultor joven y profesional. Al estar demasiado indefinida la figura del ‘jefe de explotación’ y la superficie admisible para plantar hubo una avalancha de peticiones y pactamos con las organizaciones profesionales agrarias (OPA) y cooperativas que les daríamos el beneficio de la duda, pero siempre dijimos que verificaríamos que no fueran ficticias.

– ¿Cuál fue el papel, entonces, de OPA y cooperativas?
– Pactamos con ellas todo lo relacionado con las superficies admisibles y los requisitos exigidos para demostrar la actividad agraria. De hecho, la Consejería propuso eliminar los pastos porque veíamos que muchos los acreditaban como tierra para engrosar solicitudes y no con deseo real de plantar, pero las OPA y las cooperativas nos pidieron que no lo hiciéramos porque, decían, no podíamos cambiar las reglas en mitad de la partida. Es habitual en la Consejería pactar todas estas cuestiones y así lo hicimos. La normativa no exigía más y atendimos la petición del sector, aunque, insisto, advirtiendo de que haríamos comprobaciones.

– ¿Quiere decir que si no se hubieran admitido los pastos en el reparto del 2016 no habría habido grandes adjudicatarios?
– Así es. Varios de los casos más llamativos habrían desaparecido.

– ¿Hubo uso de información privilegiada por algunos solicitantes?
– No. Todo se pactó con las organizaciones agrarias, y de hecho, son ellas las que tramitan la mayor parte de solicitudes, así que la información estaba para todo el mundo.

– Si pactó con las OPA y cooperativas, si le pidieron la inclusión de pastos y la laxitud en la admisión de solicitudes… ¿se siente traicionado por la reacción posterior?
– Más que traicionado, dolido. Todos sabíamos que los criterios del Ministerio eran malos, pero gran parte de los males añadidos vinieron porque los representantes del sector productor nos pidieron que no cambiáramos la reglas de juego. Asumo mi responsabilidad, pero la decisión fue compartida por lo que no entendí las críticas posteriores.

– En el 2017 cambió y endureció las condiciones de acceso sin consenso con las OPA, ¿por qué?
– A la vista de lo sucedido, pedimos al Ministerio que regulase mucho más las definiciones de superficie admisible y de jefe de explotación.Las organizaciones agrarias se seguían contentando con pocos requisitos de acceso, pero esta vez dijimos ‘no’. Decidimos no especificar lo que íbamos a pedir para demostrar la actividad agraria porque ante la apetencia por las nuevas plantaciones, si lo llegamos a decir, mucha gente hubiera acabado ‘cumpliendo formalmente’ como pasó en el 2016.

– ¿Por qué no se paró el reparto del 2017 tras el precedente del 2016?
– Es un reparto nacional, regulado por un real decreto que La Rioja está obligada a cumplir. Nos hubiera gustado pero no teníamos margen legal. El problema se da únicamente en Rioja por la apetencia por nuevo viñedo, pero otra cosa hubiera sido que el Consejo Regulador hubiera decidido no repartir viñedo este año. El plazo para solicitarlo lo marcó la publicación del Ministerio de las limitaciones de plantación para las diferentes regiones, pero si realmente los criterios no gustaban a nadie hubo margen para paralizar el reparto.

– Cooperativas y Bodegas Familiares lo intentaron en el Consejo…
– Era probablemente tarde, pero hubo margen anteriormente. Creo que en el fondo tanto las organizaciones agrarias como las bodegas querían que se repartiera el viñedo.

– La nueva lista, con 197 adjudicatarios provisionales, muchos menos que en el 2016, para 471 hectáreas eleva el porcentaje de prorrateo del 11 al 32%. Da miedo… ¿cuántas hectáreas se llevará el mayor solicitante?
– Las que le correspondan si cumple. Somos conscientes de que con el reparto de nuevo viñedo, con 647 hectáreas para Rioja este año, 471 para La Rioja, estamos hablando de entre 15 y 20 millones de euros [unos 25.000 euros la hectárea] y, en este sentido, el prorrateo, que viene marcado por la Unión Europea, es perverso. Por eso estamos siendo tan estrictos y seguimos trabajando para poner límites y cambiar criterios. De momento, nuestra labor es separar el grano de la paja y eliminar los incrementos artificiales de superficie.Creo que, gracias a las medidas de control, quedará un reparto mucho más razonable de lo que la gente se piensa.

– Habló en el Parlamento de ‘fraude sofisticado’. Explíqueme ese concepto.
– Hemos detectado que mucha gente solicita viña para ver si le toca, con contratos de arrendamientos entre familiares pese a no tener actividad agraria. Pero en los cruces de datos nos hemos encontrado también casos en los que el montaje del expediente es mucho más sofisticado. De un plumazo, aunque puede haber algún error, nos quitamos el 80% de los solicitantes, pero quedan 197 adjudicaciones provisionales que seguimos revisando y en algunas hemos detectado esas sospechas de fraude más sofisticado y se anularán también las adjudicaciones.

– Hay un caso del 2016 en la Fiscalía. ¿Cómo va el asunto?
– Está en proceso.

– ¿Tiene más datos concretos de las revisiones del 2016?
– Aún estamos en ello. Ante la apertura del nuevo proceso del 2017 pensamos que quien solicitó el año pasado también lo haría éste. Así las cosas, este año 418 expedientes que pedían su inclusión al Grupo I los pasamos al II [fuera del reparto] al no poder acreditarnos la actividad agraria real. De ellos, 234 habían pedido y recibieron plantaciones en el 2016. Como no han podido demostrar la condición de jefe de explotación en el 2017 les vamos a exigir que demuestren la del 2016.

– ¿Publicará la lista del 2017?
– Por supuesto. Es nuestra obligación por ley. Lo haremos cuando sea definitiva y no dudo de que será diferente a la de los 197 adjudicatarios provisionales que se envió al Ministerio.

– ¿Hay responsabilidad para quien acredita una supuesta condición que luego no puede demostrar?
– El año pasado decidimos otorgar el beneficio de la duda al aspirante y admitir solicitudes para luego comprobarlas. Este año hemos decidido cruzar los datos de forma previa y hemos detectado muchos solicitantes que no son titulares de una explotación con actividad. Somos partidarios de la revisión y de la posible denegación o suspensión de la plantación, pero en los casos de fraude más sofisticado sí hay alguna responsabilidad que va más allá del intento fraude administrativo. Hay un expediente en la Fiscalía del 2016 y no descarto que este año pueda haber alguno más.

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¡Sálvese quien pueda!
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Alberto Gil | 12-07-2017 | 09:33| 1

DOCU_RIOJAPodía ser peor y tiene pinta de que lo será. El regalo envenenado que el Ministerio de Agricultura entregó a Rioja con la elección de los criterios de prioridad (jóvenes agricultores sin viñedo) para el acceso a las nuevas plantaciones de viñedos ha roto el histórico equilibrio social, y territorial, en los repartos. La Consejería de Agricultura, que en el año 2016 vio cómo las organizaciones agrarias con las que había pactado las condiciones de acceso al nuevo viñedo la echaron a los tiburones, decidió, porque no le quedaba otra, comprobar si los solicitantes de viñedo tenían actividad real agraria y endurecer así los criterios de acceso. El año pasado, el 2,61% de los adjudicatarios se llevaron casi el 30% de las 362 hectáreas repartidas en La Rioja: 17 personas se hicieron con más de tres hectáreas y, una de ellas, aunque su caso está ahora en la Fiscalía por presunta falsedad documental, consiguió inicialmente más de 20 hectáreas.

El aumento del botín de este año (645 hectáreas para el conjunto de la denominación de origen, de las que 471 irán para La Rioja), pero, sobre todo, la reducción de los solicitantes aptos puede provocar que quien el año pasado acreditara tierra disponible (propia o arrendada) para llevarse 10 hectáreas, en esta ocasión consiga 30. La inversión, con diferencia más importante, para una bodega es el viñedo y ahí tenemos el caso de familias que llevan años invirtiendo cada perra que ganan en aumentar su explotación, pero ahora habrá supuestos no viticultores, y supuestas no bodegas, que se llevarán cinco, diez o quince hectáreas de un plumazo.

Lo que es intolerable es que ni el Ministerio, por dejadez, ni la Consejería, por falta de valentía, ni el Consejo Regulador, por vaya usted a saber qué intereses, hayan sido capaces de parar este despropósito cuando la solución era sencilla: tras el desastre del 2016 únicamente había que haber congelado las plantaciones para, en el 2018, hacer un reparto social y territorial de verdad con nuevos criterios. Las plantaciones, al fin y al cabo, son dinero público que, cuando se entregan sin criterios sociales, lo que generan es una grave competencia desleal.

Hay otra estadística que nunca se sabrá por la protección de datos, pero sería interesante conocer quién han sido los receptores de las diferentes, y millonarias, anualidades del Plan de Apoyo al Sector Vitivinícola que, con fondos comunitarios, cofinancia inversiones en bodega de hasta el 40%. Conozco varias pequeñas bodegas que se rindieron ante la burocracia y complejidad legal y desistieron del programa y otras que presentaron importantes inversiones para su capacidad pero, con el prorrateo para atender las fuertes inversiones de grandes empresas, se quedaron sin fondos o con porcentajes mucho más bajos de ayudas de lo previsto. Lo dicho: ¡sálvese quien pueda!

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El artesano urbano
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Alberto Gil | 26-06-2017 | 17:00| 0

Javier Arizcuren abre en el centro de Logroño, entre comercios convencionales, una bodega donde elabora, vinifica, cría, embotella, etiqueta… cata y vende sus vinos

El arquitecto y viticultor reivindica el concepto artesanal de elaboración en un espacio urbano y multificional, donde incluso recepciona la uva

LOGRONO. Calle Santa Isabel. Javier Arizcuren en su bodega urbana, en una imagen de Justo Rodriguez

LOGRONO. Calle Santa Isabel. Javier Arizcuren en su bodega urbana, en una imagen de Justo Rodriguez

En pleno centro de Logroño, en la discreta calle de Santa Isabel, una bajera de apenas 180 metros acoge la primera y única bodega urbana de La Rioja y, probablemente, de España. Javier Arizcuren, arquitecto de profesión y viticultor por tradición y devoción, vinificó ya la pasada vendimia por primera vez en Santa Isabel los 7.000 kilos de uva de sus propios viñedos del entorno de Quel y las laderas de Yerga: «Hacía 40.000 kilómetros al año, de Logroño a Quel continuamente, en muchos casos de noche, y un día decidimos en la familia que si quería seguir con esto tenía que pensar en elaborar el vino en Logroño». «Ahora –continúa– son las uvas las que hace 55 kilómetros en la vendimia en una furgoneta refrigerada y todo es más sencillo».
Bodegas urbanas con elaboración incluida, aunque habituales en los pueblos vitícolas, están apareciendo poco a poco en varias ciudades de EEUU, en Londres, en París, en Sidney… y, desde hace unos meses, hay una en Logroño. Arizcuren ha trabajado en el diseño de varios proyectos bodegueros ‘convencionales’, tanto de la edificación como de la ingeniería, y tiene claro que no va a pillarse los dedos: «Cuando trabajas para terceros –explica– los proyectos te vienen preconcebidos y, en algunos casos, están sobre dimensionados por lo que no acaban bien». «Este mundo del vino –continúa– no es fácil y en mi caso, aunque tengo 16 hectáreas en propiedad de mi familia, únicamente selecciono de momento entre dos y tres para elaborar mis vinos».
En este sentido, el arquitecto tuvo claro donde ubicar su bodega: «Es una bajera continua al despacho de arquitectura, la otra pasión de mi vida y en la que seguiré trabajando; el local estaba vacío durante décadas, así que cuando hablé con el propietario le encantó la idea». Sí que muchos vecinos no terminan de entender el concepto: «Cuando preguntan les digo que es una bodega de elaboración…, y me contestan: ¡ahhh!, una tienda…! No, una bodega…», … «pues eso, una tienda de vinos»… «De hecho, una señora me insistió tanto en la vendimia para que le vendiera un par de kilos de uva que se los regalé, pero poco a poco se irán familiarizando».

Normativa municipal
Arizcuren aprovechó un cambio de la normativa municipal del año 2016 que permitió utilizar las plantas bajas urbanas de hasta 200 metros para actividades artesanales: «Los técnicos municipales fliparon un poco cuando les hablé de abrir una bodega, pero lo cierto es que no hay artesanía más propia en Rioja que la elaboración de vinos». «En las ciudades –continúa– hemos echado a las bodegas a los polígonos industriales y, aunque está claro que algunas muy grandes no pueden convivir en un casco urbano, otras más pequeñas, desde mi punto de vista, enriquecen mucho una ciudad como la nuestra».

Asegura que no hay molestia alguna para los vecinos ni hubo tampoco ningún problema con Sanidad, más allá de construir un depósito subterráneo para el almacenamiento aguas y residuos: «No hay olores, no hay nada… únicamente una furgoneta aparcada en la puerta en la vendimia».

En el interior de la bodega –‘Taller de Arizcuren Vinos’ en Internet, donde se pueden concertas catas y visitas–, destaca el pragmatismo: los pequeños espacios son multifuncionales y en esos 180 metros es capaz de completar todo el proceso: «tengo depósitos, barricas, un mini laboratorio, etiquetadora y hasta embotelladora portatil, con la que nos apañamos por poco más de 1.000 euros». «No hacen faltan grandes cosas, más allá de buenas uvas, para hacer vinos», sostiene. «No tengo equipos de frío –continúa–, traigo la uva refrigerada en una furgoneta que alquilo en vendimia y no me hace falta una inversión de 20.000 euros».

Arizcuren ha recreado un antiguo dispensador de vinos, con suelo de hormigón con resina para mantener la pulcritud y baldosín blanco como el de añtaño en las paredes:todo un lujo, una auténtica bodega urbana visitable y activa en el centro de Logroño… y quizás precursora de futuros artesanos del vino.

Los viñedos: Yerga, el mazuelo y las garnachas por identidad

En sus poco más de media docena de depósitos reposan el trabajo de Javier Arizcuren, mientras que en la poco más de docena de barricas se crían unos vinos auténticos, mazuelos y garnachas que, con una rigurosa selección y trabajo de campo, han llevado los vinos de Arizcuren a más de 25 restaurantes con estrella Michelín de España. «Este modelo, de unos pocos miles de botellas, funciona en Francia, en Italia, en países del Nuevo Mundo… por qué no hacerlo en Rioja».

Arizcuren reclama espacio para el pequeño vitivinicultor en esta denominación de origen que ha apostado por la generalidad y que sólo en los últimos años intenta revertir el camino para dejar espacio a las singularidades, a los vinos originales y al talento de nuevas generaciones comprometidas con los viñedos.
Sus viñas escalan hasta las laderas norte de Yerga, en la comarca de Quel. Una viticultora prácticamente salvaje, despensa habitual de corzos y jabalíes y que sigue luchando contra la erosión: «El viñedo lamentablemente bajó al valle, se sustituyeron garnachas por tempranillo y el monte fue ‘invadiendo’, desertizando, las viejas garnachas abandonadas». «El proceso es reversible y yo personalmente creo mucho en esta zona, muy desconocida, pero con un extraordinario potencial histórico». De momento, la primera apuesta del viticultor con un varietal de mazuelo (‘Sólo Mazuelo’) le ha llevado a los mejores restaurantes de España y de Europa. La siguiente ya está en la calle ( ‘Solo Garnacha’) y en bodega reposa la siguiente: otro varietal, espectacular recién embotellado, de garnacha a casi 750 metros de altitud, una pequeña ‘isleta’ de viñedo prefiloxérico (120 años) en el mismo bosque.

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