La Rioja

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Categoría: SÍNTOMAS
¿Has tenido alguna vez ansiedad, depresión u otros síntomas?

Estrés, ansiedad, depresión, obsesiones, insomnio, cefaleas tensionales… a todos ellos, y a muchos más, le llamamos síntomas, y, como ocurre con la fiebre, son consecuencia de algo (no la causa).

Según los psicoanalistas el síntoma es lo último que ha podido hacer la persona para mantenerse. Por tanto no enfocan su tratamiento en eliminarlo porque esto llevaría, en el mejor de los casos, a un desplazamiento de ese síntoma a otros síntomas, y en el peor, a una desestabilización de la estructura de la persona. Ellos trabajan otras cosas para que éste ya no se necesite, o se  necesite en otra medida.

Quizá esto sea un poco radical (aunque la ciencia les comienza, en parte, a dar la razón), pero lo que es mucho más entendible por todos es que si estoy mejor, dejo de investigar y trabajar las causas, con lo que, al poco, el malestar volverá. De hecho, se ve como algunos pacientes presentan una súbita mejoría al poco de comenzar una psicoterapia por el pánico que les da mirar bajo la alfombra.

Además aprender a vivir, a sostener, lo disfórico es fundamental para un vivir pleno y lleno de posibilidades. Por ejemplo, si mi vida se centra en evitar la ansiedad, tomaré pastillas y me quedaré en casa. Con lo que, a la corta, me sentiré mejor. Pero a la larga, al haber abandonado todo lo que era importante para mí (trabajo, viajes o lo que sea según el caso) me encontraré peor. Y algo similar ocurre con las adicciones (incluso con los adictos al trabajo, workaholics, ya que a veces se obsesionan con éste porque su vida personal es un desastre).

También desde aquí se puede entender el comportamiento tipo avestruz (si no lo veo, no existe) que, entre otros, encontramos en alguna de esta gente tan positiva y vitalista que solemos admirar. A veces es el entorno el que sufre las consecuencias. Otras, ellos mismos con alguna enfermedad (o incluso accidentes, por imprudencia por ejemplo).

Por otra parte, y esto os lo digo también por experiencia propia, los síntomas nos pueden llevar por caminos sorprendentes. Buscando la varita mágica, desarrollas potencialidades que jamás hubieras imaginado y descubres verdades dentro y fuera que te hacen enamorarte de la vida. Y escuchándolos (a los síntomas, digo) puedes aprender tantísimo…

Por último, recordad que, como señalé en el minimapa “Lo psicosomático”, a veces cuando no aparece un síntoma psicológico aparece otro físico, o si no, son los demás los que lo sufren (ejemplo, en las conductas psicopáticas).

Ojo, que con todo esto que he señalado, no quiero decir que sea malo hacer algo para disminuir el síntoma. Muy al contrario. En psicoterapia, por ejemplo, hay que bajar la ansiedad a intervalos tolerables para poder trabajar (ya sea con relajación, fármacos u otras técnicas). Lo que he intentado trasmitiros en este minimapa es que sufrir es parte de la vida y lo ético es canalizarlo de forma más saludable y creativa (y menos individualista).

(Mercedes GarciaLaso, psicoterapia en Logroño para atravesar tormentas)

Waku con síntomas, ansiedad y depresión, mirando desde la ventana en Logroño.

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Recta final de exámenes y oposiciones: 12 claves para la ansiedad

Como en estas fechas muchos estáis de exámenes, y algunos también de opos, se me ha ocurrido dejaros 12 sencillos puntos que, aunque la mayoría son de sentido común, creo que “pinerarlos” en la nevera os puede ayudar. Así que allá vamos:

1. El estrés, los nervios, la ansiedad ante un examen es algo completamente normal. Incluso a un nivel moderado nos hacen funcionar mejor. El problema surge cuando en vez de estimularnos, nos bloquean y menoscaban nuestro rendimiento. Y esto depende tanto de la persona individual como de la situación en concreto (ejemplo, hay quienes que no presentan problemas ante una prueba académica y “no pueden” con el carnet de conducir).

2. La mejor actitud, en mi opinión, ante un estado de ansiedad por un examen es tomártelo como un fuerte catarro: “Ojalá no tuviera fiebre… pero la tengo. Así que voy a hacer lo que pueda dadas las circunstancias, sabiendo que hoy no voy a estar al 100% ¡pero es lo que hay! ¡y el 50% con el que estoy es mi 100% de este momento!”

3. Como con el catarro, uno puede buscar “alivios” pero siempre partiendo de lo que acabo de comentar en el punto anterior.

De esta manera, si uno sabe relajarse, le servirá en estas situaciones. Y si no sabes, quizá te puedas plantear para el próximo curso aprender (pues es una útil herramienta a medio plazo), y ahora probar a hacer periódicamente dos-tres respiraciones profundas. El vivir es como el respirar: todo entra y sale, llega y se va.

4. Seguimos con los “alivios”: Haz un listado de cosas que te relajan, que te hacen bien, que te han ayudado otras veces. Déjalo en un lugar visible pues cuando estamos mal, estresados, ni se nos ocurre que un paseo o una buena canción me pueden calmar. También a los que no os de vergüenza os sugiero abrazar a un árbol (suena hippy pero a mí me suele funcionar).

5. Por otra parte, elije de los consejos que todos sabemos (acerca de dormir lo suficiente, comer sano y ligero; descansar y desconectar periódicamente; organizarte un horario y los temas; etc.), los que te han servido en el pasado y algún otro que te apetezca probar. Crea con ellos una checklist o algo muy visual que te ayude a ejecutar las pautas que hayas seleccionado (cuantas menos y más sencillas mejor ¡recuerda, menos es más!).

6. Existen Apps que te pueden ayudar a esto (al punto 4). Por ejemplo, se me ocurre el “Clockwork Tomato” para dedicar sólo un determinado tiempo a cada tema (y así abarcar más, aunque se profundice menos), a la vez que se cortan las distracciones (whatsapp etc) y se programan los descansos.

7. Aunque yo sigo apostando sin duda por los colegas con los que te desahogas y haces coaching mutuo (compartiendo trucos, poniéndonos las pilas cuando hace falta y apoyándonos en los malos momentos). Eso sí,  importante quién eliges para esto (pues a veces es peor el remedio que la enfermedad)

8. Una estrategia concreta que suele funcionar es, antes de entrar a un examen, vomitar por escrito los pensamientos negativos y lo que nos preocupa. Ésta es una manera clara de evidenciar algo que siempre hay que tener presente: lo que tenemos en la cabeza son sólo pensamientos que fabrica nuestro cerebro (unos días, grises y negros, y otros, de colores, así que mejor no tomarlos muy en serio).

9. También es muy importante relativizar: me juego tener curro de lo mío en septiembre, si estoy con las opos de educación; o no sé qué cosa, si estoy con exámenes académicos… Pero…

¿Acaso es tan importante? (sólo hay ojear las catástrofes humanitarias desperdigadas por todo el mundo, o las que seguro tenemos bien cerca, como la enfermedad de un conocido). Además, quién sabe si será mejor para mí a la larga aprobar o suspender: la vida da tantas vueltas…

10. Nos toca además bregar con emociones y sentimientos complicados. Por ejemplo, ante la culpa por no haber estudiado más antes, toca decirnos “a lo hecho, pecho”: ante el pasado  ya no puedo hacer nada, pero sí ante el presente, así que, por lo menos, con lo que pueda estudiar ahora voy a intentarlo. Y ante el enfado porque todo el esfuerzo realizado se vaya al traste por la ansiedad (o por los problemas psicosomáticos como colitis etc), a mí me ayudaba pensar que también podría tener un accidente y no llegar al examen (es decir, que hay cosas que no están bajo nuestro control; y que la vida no es justa, sólo “es”, es decir, es como es).

11. Si realmente te encuentras mal, ve a un profesional de confianza (no te la juegues a tomar pastillas que no conoces). Y luego, una vez pasados los exámenes, quizá también te plantees lo que te ha pasado como una señal de que has de investigar un poco dentro tuyo. Mi experiencia es que mis síntomas han sido mi motor hacia un vivir más pleno.

12. Y por último, y a mí lo que probablemente siempre más me ha ayudado: ¡para bien o para mal, en unos días habrá pasado!

A POR ELLOS, CHICOS, QUE SON POCOS Y COBARDES!

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

(Asun Balzola)

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¿Cómo me quito estos pensamientos de la cabeza? 5 pistas en 600 palabras

¿Estás agobiado porque no te puedes quitar determinados pensamientos de la cabeza? Esto nos pasa a todos (aunque en diferente grado). Pueden ser preocupaciones y asuntos reales pero de los que no conseguimos desconectar a pesar de que sabemos que darles y darles vueltas no es útil, sino más bien lo contrario. Opueden ser cuestiones que encima consideramos que no deberíamos estar perdiendo el tiempo pensando en ellas.

(Max Ernst - “Gala Éluard”)

Hoy os voy a dejar, para estas situaciones, unas recetillas a modo de “aspirina” (que si bien no soluciona, sí quizá puede aliviarnos):

1º. Leer el post¿Cómo controlar pensamientos y emociones?”: Los pensamientos son objetos que fabrica el cerebro y a éste le da un día por producir más de un tipo, o de otro. Y cuánto más nos empeñemos en no pensar en algo, peor (ejemplo: ¡no pienses en un elefante rosa!). Es esencial comenzar a considerar los pensamientos así y pongo otro ejemplo: imaginaros que estoy en una habitación llena de gente hablando intentando hacer determinada tarea. Si me dejo llevar por alguna de las conversaciones que oigo, allí me entretengo y no avanzo en mi tarea. Si me esfuerzo en no escuchar, paradójicamente será peor (seguro que tenéis la  experiencia). Y si me levanto a convencer a dichas personas para que se callen, perderé tiempo de trabajo y ellas seguirán haciendo lo que les dé la gana. Pues algo similar ocurre en nuestra cabeza (siendo las conversaciones de la gente en esta habitación, nuestros pensamientos).

2º. La meditación es para mí lo que a medio plazo más ayuda (podéis leer sobre ello en la etiqueta “Mindfulness” de este blog), combinado, claro, a poder ser, con un proceso de psicoterapia que permita una des-identificación más veraz de los pensamientos.

3º. A corto plazo os propongo el ejercicio de “la media hora rumiatoria”: Dedica todos los días, a la misma hora, 30 minutos a “rumiar” tus ideas negativas, con una alarma que te avisará de que la media hora se ha cumplido. Para ello puedes utilizar una silla determinada (que llamaremos a partir de ese momento “la silla rumiatoria”). Debes durante esa media hora ir escribiendo todas tus ideas negativas en un cuaderno. Si alguna vez se te terminan las ideas antes de la media hora, no importa: seguirás sentado ante el folio hasta que pase la media hora. Si a lo largo del día te vienen otras, le dirás “ahora no os puedo atender pero os espero en nuestra media hora rumiatoria” .

4º. Este ejercicio anterior hay que combinarlo con la estrategia que, en mi opinión, es la más útil de todas, y a la vez ya perteneciente a la sabiduría de fogones de nuestras abuelas: cuando te asalten y te enredes con pensamientos que no te hacen bien, ponte a hacer otra cosa, otra cosa que te requiera atención o que sepas que te despeja. El cambio de actividad es importante en estos momentos, así como ir averiguando lo que a uno le sirve (punto, deporte, pasear, ver al nieto, escuchar la radio…)

Y 5º. Aunque me incordien cosas en la cabeza, puedo seguir con lo que ese momento es importante para mí. No estaré al 100% pero… si acepto lo que hay –es decir, me tomo el barullo en mi mente como un molesto dolor de cabeza que no responde a aspirinas–, podré seguir adelante y al acabar el día me sentiré orgulloso de lo poco o mucho conseguido dadas las circunstancias (ver también “Metáfora El Bus”).

En fin, son sólo cinco puntos en un amplísimo y complicado tema. Pero creo que como punto de partida puede ser de utilidad. Hasta la próxima, navegantes!

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Nota importante sobre lo psicosomático (cuerpo y mente son uno)

Un sábado al mes acudo a un pequeño seminario sobre cine y psicoanálisis, en el que estudiamos los personajes de determinada película como si fueran casos clínicos. El sábado pasado el docente fue el psiquiatra Mikel Zubiri (Presidente de la Internacional de Psicosomática y supervisor de la Asociación contra el cáncer de Bilbao), quien, a parte de guiarnos en esta tarea, nos habló un poquitín del campo que es su especialización: la psicosomática. Y como resumió tan claro ideas que yo había escuchado y leído durante mi residencia en el Miguel Servet de Zaragoza, he querido configurar con ellas un mini-mapa.

Lo esencial que nos trasmitió fue: “cuando una persona vive un acontecimiento muy traumático sin hacer una respuesta psicopatológica, es decir, si no hace una patología psíquica, hace una patología somática”. Ahora, puntualicemos, y vayamos por partes:

1º. Lo que es traumático para una persona puede no serlo para otra (depende de su historia, de su sensibilidad etc).

2º. Uno no elige si da una respuesta psíquica o si la da somática (le viene dado por su estructura psíquica y por la interacción de ésta con el hecho concreto que sucede y las circunstancias).

3º. El “hacer una patología somática” no es un “causa-efecto” sino un “aumento la probabilidad de que aparezca”. Por ejemplo, se ha visto que en la persona que vive un acontecimiento vital duro  y no muestra reacciones emocionales ni síntomas psíquicos (ansiedad etc), los linfocitos disminuyen. Y éstos de lo que se encargan, entre otras cosas, es de destruir las células tumorales que continuamente aparecen en nuestro cuerpo. Por lo cual, la consecuencia es que aumenta la probabilidad de que pasado un tiempo aparezca un cáncer.

Vemos entonces, y según lo indicado, los peligros de cualidades tan admiradas y valoradas socialmente como la “entereza” o la supuesta “fortaleza” ante los golpes de la vida… pues el cuerpo habla los silencios y las emociones no vividas.

(Paula Marco)

Sin irnos a extremos, todos, de una manera o de otra, hemos experimentado en carnes propias que mente y cuerpo son lo mismo (lo cual, además, está claro: pues sin cerebro, es decir, sin cuerpo, no hay mente). ¿Quién no ha tenido problemas en la piel o gastro-intestinales o cefaleas o ha pillado catarros o afonías o ha terminado contracturado o se le ha disparado el azúcar o la tensión en épocas (o inmediatamente después) de estrés o revoltijos emocionales?

En fin, termino este mini-mapa con algo que nos llamó mucho la atención a todos los asistentes del seminario: parece ser que meses antes de la aparición de un cáncer la persona deja de soñar mientras duerme (señal de que no puede gestionar psíquicamente lo que le toca vivir).

Hasta la próxima semana navegantes!

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Imprescindible ante la primera crisis de ansiedad

Esta mañana con el café, y tras que antes de ayer le ocurriera a una amiga mía y ayer me relatara otra un paciente, reflexionaba sobre lo adecuado que sería que en urgencias dieran un simple díptico informativo a las personas que acudieran por primera vez por esta causa. Esto evitaría muchas complicaciones posteriores y haría mucho bien a la persona.

(Ken Wong)

Las crisis de ansiedad, de angustia o “ataques de pánico”, son algo frecuente. Lo que pasa es que la gente no lo va diciendo por ahí como cuando le duele un pie (de nuevo, el tabú, el estigma). Para los que no lo habéis sufrido nunca es muy complicado haceros idea de lo que es… ya que no se trata simplemente de un cambio cuantitativo (que aumente muchísimo los nervios, la ansiedad, el estrés, la angustia), sino que es un salto cualitativo.

No es grave pero sí marca la biografía de una persona, sobre todo si no tiene a qué atribuirlo (aquí radica la diferencia esencial con estados similares producidos por ejemplo, por drogas).

Digo que no es grave porque nadie se ha muerto por una crisis de pánico (salvo que tenga una determinada enfermedad cardiaca… pero entonces no es la ansiedad la culpable… el susto podría haber sido por cualquier otra cosa). Ni tampoco nadie se ha vuelto loco por ello.

Que la persona sepa estos dos hechos es fundamental. Si no, los miedos a la muerte y a la locura pueden entorpecer mucho la vida a partir de ese momento. Además de empeorar crisis futuras (si es que aparecen, que no tiene por qué). Ya que lo que más ayuda ante una crisis de ansiedad es “saber qué pasará”.

Saber qué pasará” es fundamental porque entonces permite equiparar la vivencia a una fortísima migraña o a un horrible dolor de regla: es horroroso pero se pasa y ya.

Sin embargo, como he dicho, el primer ataque de ansiedad siempre se recuerda y lo normal es que la persona pase como por un duelo tras sufrirlo… pues suele ser como una pérdida de una parcela de inocencia… como que se ha vivido algo que incluso cuestiona de alguna manera algo de la propia identidad.

Como os he señalado otras veces, la incertidumbre es lo que peor lleva el ser humano pero es a la vez lo que le hace crecer. Pues esta primera crisis lo que provoca sin duda es incertidumbre al cuestionar los mapas internos… y esto es una gran oportunidad para flexibilizarlos, enriquecerlos y en consecuencia mejorar nuestra vida ¡si la aprovechamos claro está, y nos soportamos en la zozobra sin intentar tapar a toda costa!

Además tratar sólo la ansiedad es matar al mensajero. Y si nos fijamos, antes del ataque ya habíamos tenido otros avisos: contracturas musculares, problemas de estómago, de piel, un tic en el ojo, palpitaciones al sentarnos en el sofá por la noche… Vamos tapando agujeros y el agua a presión encuentra otros por donde salir.

En fin, sugerencias generales que yo suelo indicar (subrayo lo de “yo” y lo de “suelo”): 1. Seguir las indicaciones dadas en urgencias y acudir al médico de familia (las pastillicas en su justa medida pueden ayudar los primeros días, en serio); 2. Comenzar a hacer relajación, yoga o similar; 3. Pedir una primera cita con un terapeuta que tú intuyas que te puede ayudar (y luego ya decidirás).

El cuerpo te ha dado un aviso, navegante… un aviso que no es grave (que no tiene consecuencias) pero que te dice que algo no va bien en tu vida. Si para algo ha de servir el susto que te has pegado, es para que te pongas las pilas y veas qué es lo que te has de replantear de tu tan hogareña zona de conford (la ansiedad remite a algo inconsciente, porque si no, sería miedo). Aprovecha el tirón y da el primer paso, que nos conocemos;)

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Insomnio

Sugerencias para aquellos momentos en los que el no dormir bien te empieza a preocupar.

1º. Cada persona tiene su particular manera de dormir, que, además, va variando con el ciclo vital y según la situación concreta que esté viviendo. Por tanto el punto de partida ha de ser el conocer, aceptar y normalizar (en el sentido de que la diversidad es lo normal) el propio patrón de sueño.

2º.  Si buscáis en webs fiables podéis encontrar variadas pautas de higiene de sueño, algunas incluso algo contradictorias. Así que, por desgracia, cada uno ha de encontrar su receta, sin olvidar, claro, que el insomnio es siempre una señal de que algo pasa.

3º. ¿Qué cosas me pueden ayudar a dormir mejor?

Evitar: Acostarse con hambre y las cenas pesadas. Bebidas estimulantes (por el contrario las infusiones de valeriana, melisa y manzanilla pueden ayudar). Alcohol antes de acostarse (aunque inicialmente puede facilitar el sueño, con el tiempo produce insomnio). Fumar  previo a dormir (el tabaco estimula).

Intenta: Hacer ejercicio a diario, nunca las horas anteriores a acostarse. Realizar actividades relajantes antes de dormir (darse un baño de agua caliente, ejercicios de relajación o respiración…). Acostarte y levantarte todos los días a la misma hora aunque hayas dormido mal (así se irá regulando el ciclo de sueño-vigilia). Prueba a evitar las siestas. Cuida el dormitorio (temperatura, oscuridad, tranquilo, cama confortable etc).

4º. Otras ideas

- Asociar la cama al hecho de dormir (utilizándola sólo cuando vayas a dormir, o para el sexo; evitando en ella comer, fumar, ver la televisión, leer…). Y en la misma línea, pasar mucho tiempo en la cama sin estar dormido puede alterar el hábito de sueño. Así que a mucha gente le va bien levantarse si no se duerme en media hora y realizar una actividad aburrida hasta que aparezca el sueño (planchar puede ser una buena opción).

- Escuchar algún programa de radio hablado y aburrido muy bajito (o de igual manera un audio-libro, siendo esta opción la que personalmente mejor me funciona).

Sollse (Flickr)

- Pensar que lo importante es descansar, no dormir. Es más, esfuérzate en NO dormirte y simplemente descansa (por ejemplo con algún audio que te bajes de internet).

- El yoga también puede ayudar a regularizar el sueño… o un buen masaje… y por supuesto, abordar el asunto del cual el insomnio es sólo la señal.

Por último, acude a un profesional si sientes (tú o tu entorno) que pasa de castaño oscuro. El insomnio, es por desgracia, un problema muy habitual en nuestra sociedad y que genera mucho sufrimiento. Otra tormenta complicada de lidiar, mis valientes navegantes…

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica especializada en psicoterapia para pequeñas y grandes dificultades (garcialaso.com).