La Rioja
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Categoría: AUTOCONOCIMIENTO
6 claves sobre el deseo (entiéndelo mejor para sufrir menos)

El 29 de abril es el Día Internacional de los Deseos… ¿Sabías que el deseo nos hace sufrir pero, a la vez, es lo que necesitamos para seguir para adelante con la vida? Con estas 6 breves notas trataré  de aclararte un poco cómo tu felicidad, y la de tu entorno, dependerá de tu manera de manejarte con el deseo.

1- Comenzaré aclarando que el desapego budista no apela a la supresión del deseo sino a tener en cuenta que nada de afuera nos hará felices. De hecho los monjes meditan varias horas al día y están implicados en muchos proyectos, cosa impensable sin deseo.

2- Sufrimos cuando nos falta el deseo, y no tenemos ganas de nada (hastío, depresión, etc.)… pero también cuando deseamos mucho y nos preocupamos o angustiamos (ansiedad, estrés, miedo, etc.)… o cuando nos frustramos ante su negativa (rabia, culpa, vergüenza, etc.)… incluso, cuando conseguimos lo que queremos, solemos sentir insatisfacción o una extraña tristeza…

3- Sin embargo, la vida consiste en encadenar un deseo tras otro (objetivos, metas, como lo queráis llamar). Y gracias a que nada nos colma es que seguimos en este juego que llamamos existencia (incluidos los ascetas, y  su estupenda represión azuzadora del deseo).

4- El problema hoy es la excesiva necesidad de satisfacción inmediata. Demasiada prisa, aceleración. Y se pasa de un deseo al siguiente sin dejar el necesario tiempo de espera y de  melancolía (sí, como dice Fernando Colina “deseo conseguido, duelo por hacer”).

Lo importante del deseo es el camino, no el destino (como bellamente expresa el poema de Ítaca de Kavafis).  Pero en la sociedad actual esto se invierte y sólo tiene valor llegar a los objetivos, sean éstos comprarte un cochazo, viajar este año a 5 países diferentes o cualquier cosa que te propongas (porque, claro, “todo es posible”) para “ser feliz”, que es el objetivo que se nos impone por todas partes (el “tengo que cumplir con mi obligación” de nuestros padres o abuelos, ha mutado en el “tengo que ser feliz” contemporáneo).

Es decir, exigimos que el viaje al destino sea hiper rápido y, una vez llegamos, partimos hacia otro sin la mínima pausa. Además nos dicen que cualquier destino está a nuestro alcance y que si no eres feliz, eres un pringao.

Todo esto, por simplificar, tiene dos consecuencias. Una, colectiva, es el peligro de muerte en el que hemos colocado a nuestro planeta con tanto consumismo individualista. Y  otra, individual, es que se nos exige estar continuamente deseando intensamente. En caso contrario, estoy “deprimido” y eso es “malo”. Cuando, en realidad, son los impass de tristeza-apatía-aburrimiento y el ir despacio lo que lleva a saborear auténticamente el placer de vivir; además de ser lo que evita caer en una verdadera depresión. Por no hablar de la frustración, la culpa, la vergüenza, o el cinismo que todo esto, que se nos vende, nos puede provocar.

Resumiendo, el loco manejo del deseo de la cultura occidental actual explica parte de los síndromes depresivos y ansiosos que padecemos.

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5- Por otra parte, es fundamental diferenciar el deseo (que proviene del inconsciente), el anhelo (lo que creemos desear) y la apetencia (“ganas de comer chocolate”, por ejemplo). Pero esto es “demasiado” para un minimapa y os remito, a los que os pique la curiosidad, al maravilloso, aunque complejo, libro “Deseo sobre deseo” de Fernando Colina.

En él también se habla de cómo aparece, desaparece y fluctúa el deseo; de cómo se conjuga con el amor; de cómo a veces no conseguimos ir hacia lo que supuestamente deseamos; también explica nuestras diferentes maneras de manejarlo (Hamlet vs. Don Juan vs. Sade); y trata además específicamente el otro como objeto de deseo, el deseo sexual y el deseo de poder. (Un vídeo para escuchar a Colina)

Tengo otra lectura pendiente para estos días que me da que va a ser complementaria al libro que os acabo de citar. Es “El Deseo Esencial” de Javier Melloni:

“Estamos atravesados de deseos, con un anhelo permanente de algo más. Deseos de toda forma y especie: luminosos y oscuros, alcanzables e imposibles, ágiles y obsesivos, permitidos y prohibidos, atávicos y sutiles, siempre nuevos y siempre antiguos. Deseos que, en su aparente dispersión, son expresión de una única pasión: vivir. El impulso de la vida desplegándose en nosotros y expresándose a través nuestro, y…”

6- Por último, yo comparto la opinión de que la ética, en realidad, gira en torno al manejo del deseo, y, de nuevo, tanto en lo social como lo individual. Y sólo un apunte sobre esto segundo, para cerrar el minimapa: El placer y el dolorson las dos caras de la misma moneda… y el miedo al dolor no puede impedir la búsqueda del placer, los obstáculos no han de frenar a la hora de intentar lo que quiere una mente clara y un corazón sincero.

Hasta la próxima, navegantes!

(Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño, autora del libro Minimapas para TormentasFBTw Ln)

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Recomendación de lectura para estos días: La Conexión Emocional de Ramón Riera

Nuestra manera de sentir (a nosotros mismos y al mundo), de actuar y de pensar está en nuestras conexiones neuronales y se forma a través de nuestras relaciones, fundamentalmente en nuestra primera infancia. Posteriormente se puede modificar, o al menos flexibilizar, pero siempre en relación. Y esto explica por qué el cambiar es difícil (se tienen que crear circuitos neuronales), y por qué existimos los psicoterapeutas y no basta con un libro de autoayuda o programa informático para lograr cambios duraderos.

Esta es una de las ideas principales que desarrolla Ramón Riera en La Conexión Emocional, un libro que os recomiendo muy mucho y que por eso os voy a dejar aquí mi particular micro-resumen. Es fácil, agradable e interesante de leer: se nota que el autor ha aplicado lo que enuncia el título del libro a su estilo de escritura.

Resumen de la editorial: “¿Por qué ciertas personas reaccionan con seguridad y energía ante las dificultades, mientras que otras reaccionan con sentimientos de pequeñez y desánimo? Y lo que en la práctica es aún más importante, ¿cómo podemos cambiar esta manera involuntaria de reaccionar emocionalmente? El cerebro de los humanos ha evolucionado (neuronas espejo) para poder “trabajar en red” con otros cerebros a través de la conexión emocional, cosa que posibilita el fenómeno de “yo siento que tú sientes lo que yo siento”. Esta capacidad de sentir lo que el otro siente es la herramienta más eficaz que tenemos para acceder a nuevas maneras de reaccionar emocionalmente.”

El autor, Ramón Riera… pertenece a una corriente, llamada psicoanálisis relacional, que se caracteriza por el acercamiento a disciplinas como la neurociencia y a otras orientaciones psicoterapéuticas. Por lo que lo que trata en el libro nos sirve a terapeutas, pacientes, profesionales que trabajan con personas (sobre todo con niños o familias, como maestros o trabajadores sociales), papás y a todo aquel con interés sobre el ser humano.

En el libro podemos encontrar entre otras cosas… A) Casos, del propio Riera y de otros psicoterapeutas, que nos permiten comprender mucho mejor el sufrimiento en apariencia sin sentido que a veces nos invade a los humanos; y también nos dejan ver cómo la psicoterapia puede hacer avanzar. B) Estudios de neurociencias, biología, antropología, psicología del desarrollo y otras disciplinas que convergen en sus hipótesis ayudándonos a plantear mejores intervenciones tanto a nivel individual como social. libro la conexion-emocional-riera comentario de garcialaso psicólogo logroño

Y para finalizar os copio un párrafo de cada capítulo, u os dejo un breve apunte (en internet podéis encontrar reseñas completísimas):

1. Contextualización (capítulo I del libro La Conexión Emocional de Ramón Riera)

(Riera hablado de un paciente) “Pedro y yo necesitábamos crear una relación en la que él pudiera llegar a sentir y pensar aquello que no fue posible en las relaciones previas”.

2. El sentimiento de uno mismo

“Muchos de los problemas de autoestima tienen este origen: si desde niños tenemos la percepción continuada de que lo que sentimos no es validado por nuestro entorno, fácilmente llegaremos a la conclusión de que nuestra forma de sentir es inadecuada. Por lo tanto, nos sentiremos avergonzados por sentir como sentimos y poco a poco iremos dejando de lado ese sentimiento mal aceptado por el entorno hasta que lleguemos a borrarlo de nuestra memoria consciente. Finalmente, nos quedará solo el convencimiento, fruto de la vergüenza de sentir inadecuadamente, de que somos defectuosos y de que, por lo tanto, debemos escondernos de los demás. Y lo peor de todo es que a veces esto sucede sin que tengamos conciencia de la procedencia de nuestra inseguridad.”

3. La memoria de las emociones

Se nos habla de dos tipos de memoria: la explícita (que es lo que recordamos, ejemplo: el lugar donde aprendimos a jugar al tenis o sus reglas) y la implícita (llega la pelota y le doy un revés); y de su importancia esencial para entendernos y crecer.

4. La intersubjetividad

“Los humanos estamos diseñados para nacer en un entorno familiar empático que sintonice con nuestras emociones y que esté genuinamente interesado en saber qué sentimos.”

La gravedad de la situación traumática (o de los micro-traumatismos) no depende sólo del trauma per se sino, sobre todo, de cómo es gestionado por el contexto relacional.

5. Un poco de prehistoria de las relaciones

Interesantísimos estudios sobre nuestros ancestros reptiles: sobre hormonas en ratones; sobre que parece que fue la conexión empática el punto culminante para entender mejor el gran cambio evolutivo en los humanos; sobre investigaciones en evolución y psicoanálisis; y sobre el bebé y la mamá.

6. Cómo nos vinculamos los humanos

Riera desarrolla un concepto fundamental, fundamental: el de apego, y su relación con la psicopatología.

“Los bebés, ya en los primeros meses de su vida, son auténticos expertos en recoger información muy sutil, psicológicamente muy compleja, de un modo vivencial y sin utilizar el pensamiento reflexivo.”

“Cuanto más coherente es la narrativa que uno hace sobre su propia vida, más probable será que pueda establecer un apego saludable con sus hijos.”

7. Un poco de neurociencia aplicada a las relaciones humanas

El “yo siento que tú sientes lo que yo siento” (cita con la que Riera abre este libro) no sería posible sin la existencia de las neuronas espejo.

(Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño, autora del libro Minimapas para TormentasFBTw Ln)

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Los 9 tipos de personalidad según el Eneagrama ¿qué eneatipo es el tuyo? ;)

Navegantes,  en el minimapa “¿Qué es el Eneagrama?” (donde explico para qué sirve, y sus pros y contras) dejé pendiente hablaros, describiros, los 9 tipos de personalidad que, según esta teoría existen .¿Os acordáis? Pues bien, no lo voy a hacer porque existe un blog muy bueno al respecto, el de mi compañero Jordi Pons (no comparto todo lo que dice pero aporta una trabajada y accesible visión sobre esta teoría).

Allí en los enlaces http://www.psicologo-barcelona.cat/eneagrama/eneagrama-eneatipo-1/ (y sustituyendo el “1” por los restantes números hasta el 9) podéis ver características, fragmentos de películas que los ejemplifican, cómo se forman en la niñez y mucho más. Así que lo recomiendo vivamente a todo aquel que le interese el tema (ya sea para su propio auto-conocimiento y entender mejor a los demás, ya sea para construir personajes de una novela). No obstante me voy a permitir dejaros un micro-resumen que os ubique un poco en este mapa:

Tenemos 9 tipos de personas, caracteres o eneatipos (y, dentro de cada uno de ellos, tres subtipos, que pueden ser muy diferentes entre sí y que podéis ver en el blog de Jordi). Tres de ellos son emocionales, otros tres mentales y otros tres instintivos, según en la persona tenga más peso las emociones o los pensamientos o la acción (instinto)

Caracteres emocionales

Eneatipo 2: Los más “emocionales” de los nueve eneatipos; dan, ayudan; seductores. Esconden una profunda necesidad de ser amados. “Lolita”, la “mamma italiana”, Louis (de la peli Thelma y Luis).

Eneatipo 4: Sufren mucho, tienen una sensación profunda de carencia y una gran sensibilidad. Frida Kahlo, Meryl Streep en “Los puentes de Madison”.

Eneatipo 3: Se creen la imagen valorada por la sociedad (o entorno) que dan. Eficientes, hábiles socialmente y camaleónicos, buena apariencia física, controlados. Thelma (de la peli Thelma y Luis), Barbie, Bill Clinton.

Caracteres mentales

Eneatipo 5: Se refugian en sus mentes, tienden a acumular conocimientos y viven con distanciamiento emotivo. Tim Burton, la protagonista de la película Amelie.

Eneatipo 6: Dudan continuamente. Critican y se critican. Woody Allen (los otros dos subtipos son muy  diferentes).

Eneatipo 7: Indulgentes, consigo mismos y los demás, para huir del sufrimiento; alegres; con multitud de planes. Peter Pan, Buenafuente.

Caracteres de acción

Eneatipo l: Exigentes, consigo mismos y los demás según su código moral. Monica de la serie Friends, la srta. Rotenmeyer de Heidi.

Eneatipo 8: Buscadores de la intensidad. Nunca parecer débiles. Robin Hood, Fidel Castro.

Eneatipo 9: Aparentemente felices. Gran dificultad para saber qué es lo que ellos mismos desean pues se funden con su entorno. Sancho Panza, Winston Churchill, Marge Simpson.

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas, 2ª edición)

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En la Semana del Libro… Prueba este ejercicio de las Páginas Matutinas ¡y verás como todos somos creativos!

En la semana del libro, os voy a proponer un sencillo ejercicio que encontré hace poco y me encantó porque concretiza lo que yo he podido experimentar durante estos últimos años.

Yo, que soy más de experimentar que de leer, comencé a escribir como una especie de disciplina de auto-cuidado ante algo que para mí era muy difícil: parar e intentar poner palabras a lo que me pasaba por dentro. Y mira tú por donde, que esos párrafos deslabazados y caóticos, además de ayudarme a nivel personal un montón, generaron la semilla de lo que luego ha sido el libro Minimapas para Tormentas ¡cuando jamás había ni imaginado escribir un libro! ¡y ya va por la 2ª edicion!

Por otra parte, con mis pacientes-clientes también suelo utilizar la técnica de la escritura automática, que es en la que, en realidad, se basa este ejercicio llamado las “páginas matutinas” del libro El Camino del Artista. Otro día os hablaré más de otros aspectos de la escritura automática y de otras potencialidades del hecho de escribir. Hoy no me enrollo más y os dejo ya mi particular resumen de la técnica de las páginas matutinas, que sirve tanto para desarrollar nuestra creatividad como para nuestro crecimiento personal.

Feliz Semana del Libro, navegantes! (P.D.: podéis leer más en “Eres creatividad”, “Niño interior”).

(De la escritura automática a firmar ejemplares en el Corte Inglés por el #DiaDelLibro2017, jeje)

Las páginas matutinas consisten en:

Todos los días, nada más levantarte de la cama, escribe tres páginas manuscritas de estricto flujo de conciencia. Por ejemplo: «Dios mío, ha amanecido de nuevo. No tengo nada que contar, nada que decir. Tengo que lavar las cortinas. ¿Recogí ayer la ropa de la tintorería? Bla, bla, bla…».  Nadie podrá leerlas. Tampoco tú durante las siguientes ocho semanas, más o menos.

Las páginas matutinas no pueden hacerse mal!

-Estas divagaciones diarias no pretenden ser arte, sino desaguar el cerebro. Por tanto, incluiremos todo por nimio, tonto, estúpido o raro que pueda parecer.

-Con frecuencia estás páginas matutinas son negativas, fragmentarias, autocompasivas, repetitivas, forzadas, infantiles, malhumoradas, sosas y hasta ridículas. ¡No importa! Todos aquellos enfados, preocupaciones, miserias que vuelcas al papel por las mañanas son precisamente las cosas que se interponen entre tú y tu creatividad.

-Si vas todos los días directamente de la cama a la página, aprenderás a evitar a tu “censor interior”, que es esa voz perfeccionista que nos critica todo el rato. Márcate esta regla: recuerda siempre que las opiniones negativas de tu Censor no son la verdad. Esto hay que practicarlo: ni hay una forma incorrecta de escribir las páginas matutinas, ni cuenta la opinión del Censor. Es decir, deja que él siga con su palabrería y que tu mano corra por la página. Puedes escribir también sus pensamientos, si quieres, y observar cómo disfruta lanzándose a la yugular de tu creatividad. Su aspiración es atraparte.

Busca una caricatura para tu Censor Interior.

Sólo identificando al Censor como el nimio y sibilino personaje que es, lograrás despojarlo de buena parte del poder que ejerce sobre ti y sobre tu creatividad. Elije un personaje (como la Srta. Rotenmeyer, por ejemplo); o createlo; o pega en el lugar donde escribas una foto poco favorecedora de tu padre, madre o aquel que haya sido responsable de introducir al Censor en tu psique. La idea es dejar de escuchar la voz del Censor como si fuera la de la razón y aprender a oírla como el mecanismo represor que en realidad es. Las páginas matutinas también te ayudarán a ello.

Las páginas matutinas son innegociables.

Si no sabes qué poner, entonces escribe “No sé qué escribir” y hazlo hasta que hayas llenado tres páginas.

Jamás te las saltarás o las reducirás, independientemente de tu estado de ánimo o de las cosas desagradables que te diga tu Censor.

Siempre pensamos que debemos tener el humor adecuado para escribir, pero no es así. Las páginas matutinas te demostrarán que tu estado de ánimo no importa.  Con ellas dejarás de juzgarte y te pondrás a escribir. Tu artista es un niño, necesita alimentarse y estas páginas matutinas son su alimento.

-Con frecuencia las personas más resistentes a las páginas matutinas acaban por ser los que más las aprecian. La desgana y la pregunta “¿para qué sirve esto?” no son más que miedo. Vuelca tus miedos en la página.

¿Por qué hay que escribir las páginas matutinas?

-La autora del libro, Julia Cameron, dice: Las páginas matutinas nos llevan al otro lado de nuestros miedos, de nuestra negatividad, de nuestros altibajos. Sobre todo nos alejan de nuestro Censor. Y mandan al cerebro lógico al banquillo para que juegue el cerebro artístico” (en otro minimapa os cuento lo que diferencia a estos dos cerebros).

-“Son una vía válida que induce a la introspección y nos ayuda a hacer cambios reales en nuestras vidas.  (…) Son el camino para llegar a una firme y clara conciencia de uno mismo, la pista que seguimos por nuestro interior hasta encontrarnos con nuestra creatividad y sabiduría.”

-“Cuando estoy atascada en una situación dolorosa o con un problema que no sé cómo resolver, recurro a las páginas y les pido consejo. Para ello escribo «PJ», las iniciales de «Pequeña Julia», y hago mi consulta. Espero entonces la respuesta y la escribo.

‘Cuanto más escuchas a tu sabiduría interior, más la fortaleces, como si fuera una habilidad o un músculo’. Robbie Gass.

-“Los abogados que las escriben aseguran que les vuelven más eficaces ante los Tribunales; y los bailarines, que mejoran su equilibrio, y no sólo su equilibrio emocional. Es decir cualquiera se puede beneficiar de ellas”

Y si pruebas a ver en qué te ayudan a ti?  ;)

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas, 2ª edición).

Dibujo que ilustra la esencia de las páginas matutinas.

(Ilustración de http://gabirubi.blogspot.com.es)

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Entiende tus conflictos: ¿conoces a tu Perro de arriba y a tu Perro de abajo?

Os he comentado ya en alguna ocasión que dentro de nosotros hay como diferentes personajes. Un ejemplo de esto, que a todos nos es familiar, es el diablo y el ángel que aparecen en cada hombro del correspondiente personaje de dibujos animados. Pero hay muchísimos más (cuando el corazón tira para un lado y el cerebro para otro, etc.)… en realidad todos los que nos queramos imaginar, construir, a partir de nuestras contradicciones y/o partes inexploradas de nosotros mismos.

Hoy comenzaremos con dos personajes utilizados por la Gestalt y que en mi experiencia son sumamente útiles hagas, o no, terapia. Navegantes, os presento al “Perro de arriba” y al “Perro de abajo”.

Perro de arriba vs. Perro de abajo.

El Perro de Arriba es esa parte de nosotros que parece un padre (o un profe) autoritario, exigente y que se cree perfecto. Que nos está todo el día diciendo “tienes que” (tienes que ponerte a dieta; tienes que ponerte con los papeles; tienes que ser bueno). Que nos riñe porque estamos todavía muy lejos de determinado objetivo (ya sea de conseguir algo en el ámbito laboral; o de corregir un “defecto” de nuestra personalidad; o de cualquier otro cosa). Que es como un juez o un censor, todo el rato diciendo “mal, mal ¡mal!”.

Y el Perro de Abajo es ese personaje interno que es como un niño caprichoso, perezoso, rebelde, encantador de serpientes, autocomplaciente que se dice “todo está bien” para sólo centrarse en él y en los efectos a corto plazo. Es decir busca la satisfacción inmediata (las “ganas de” helado, por ejemplo), tira pelotas fuera, va de víctima, y seduce y hace síntomas para conseguir lo que quiere.

Se me ocurre, por otra parte, compararlos con el ángel y el demonio que comentábamos en el primer párrafo; con un profesor tirano y un niño mimado; con la hormiga y la cigarra de la fábula etc. Sin embargo, cada persona ha de ir investigando sus propias construcciones: por ejemplo, a mí me sirve visualizar a mi Perro de Arriba como una Srta Rotemmeyer o una estricta profesora de ballet.

Conflictos, guerra interna.

Los dos Perros son manipuladores, se necesitan mutuamente y nos encierran en un círculo vicioso absurdo. Ejemplo:

  • Perro de arriba: Deberías hacer esto.
  • Perro de abajo: Ay, no qué pereza ya lo haré mañana!
  • Perro de arriba: Vamos inútil, muévete! ¡todo el mundo hace cosas menos tú!
  • Perro de abajo: Es que no puedo, no me concentro…

Y a veces diremos “a la mierda todo, lo haré mañana”; otras terminaremos sintiéndonos tan mal que objetivamente no podremos hacer nada; y otras lo haremos pero pagando un precio ( ejemplo, dolores musculares por el sobre esfuerzo).

Lo importante, no obstante, es:

Primero, que exploremos cómo son en concreto, estos dos personajes en nosotros. En general al Perro de Arriba se le suele identificar fácil en el discurso de algunas personas. Mientras que suele costar más ver las estrategias del Perro de Abajo para salirse con la suya: puede utilizar el cuerpo (cansancio, sueño, pereza, somatizaciones); “justificaciones” y otros pensamientos; olvidos y despistes (no sabía si ir a esa cita y, mira tú por dónde, se me olvida); comportamientos impulsivos (estoy de exámenes, salgo a tomarme sólo una cerveza y me lío, llegando a las mil). Un ítem sencillo para diferenciarlos que me ayuda a diferenciar el de Arriba del de Abajo es el esfuerzo.

Y segundo que los pongamos a dialogar, no desde la mente sino interpretando, sintiendo, los dos papeles como si fuéramos actores. Por eso es mucho más fácil con la ayuda de un terapeuta pero también puedes hacer un trabajo interesante tú sólo cogiendo dos muñecos, por ejemplo.

No se trata de resolver el conflicto (que sería lo ideal, es decir, integrar, llegar a acuerdos) sino de flexibilizarlo y abrirlo (sentir lo que ocurre, poner palabras y relacionarlo con tu historia). Y esto ha de guiar el ejercicio aunque aparentemente se quede “pequeño”.

Ambos tienen partes sabias.

Tanto mi Perro de Arriba como mi Perro de Abajo tienen partes sabias. El primero si lo escucho con atención, me suele decir cosas coherentes y me proporciona disciplina, pues en el fondo fondo suele querer ayudar. El segundo me aporta disfrute y las cualidades de la cigarra.

El problema llega con el exceso.

El problema, como siempre, llega con el “exceso” (que incluye la rigidez). En el Perro de Arriba por la impaciencia, la estrechez de miras y la excesiva exigencia: si le obedezco, por ejemplo, me hago daño en la espalda como la hormiga del dibujo (es algo real, a parte las somatizaciones de protesta del perro de abajo); y si no le obedezco, siento culpa (además de su frecuente afición por el “doble vinculo”… pero esto os lo explico otro día).

Y en el Perro de Abajo este “exceso” viene de mano de la inercia, la pereza, puede que de los restantes “pecados capitales”, de la necesidad de “aplacar el malestar ya”, del “yo-mi-me-conmigo”… Si lo obedezco perjudico mi salud comiendo demasiadas chuches, por ejemplo; y si no le obedezco, se las arregla para boicotearme mis proyectos.

Solución:

Aprender a escucharme. Ahí es nada, jeje!

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas).

La hormiga estaría dominada  el perro de arriba y la cigarra se dejaría llevar por el de abajo.

(Flickr Apastor85)

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4 pasos para descubrir mis heridas

En el minimapa anterior os deje una introducción al tema de las heridas. Hoy toca la parte práctica (cómo comenzar a descubrirlas) y sólo indicada para los que estéis interesados en salir de vuestra zona de confort (es decir, aquella zona que por poco, o nada, confortable que sea, conocemos, nos es familiar y nos cuesta tantísimo abandonar).

En realidad, preparé esto para varios de mis pacientes con unos apuntes de mi amiga y compi María Vázquez Costa… pero al ver que a alguno de mis amigos (que no hacen terapia) también le servía, he decidido compartirlo con todos vosotros por si os ayuda, de alguna manera, en vuestro viaje hacia una vida más plena. Comencemos.

PASO PRIMERO para comenzar a descubrir mis heridas: cultivar el sostén interior.

Antes de comenzar con este trabajo sobre las heridas, es imprescindible contar con un sostén interior firme. Y además es primordial cultivarlo intensamente durante el periodo que dure este proceso. Si dudas a este respecto, acude a un profesional o grupo de crecimiento (yo me apoyé en ambos, jeje).

A) ¿Qué me ayuda a conectar con ese sostén, con esa especie de calma que a veces siento en lo profundo?

Ejemplos que, según la persona, suelen ayudar: respiración abdominal,  contacto con la naturaleza, música, pintar, nadar, hablar con determinada persona, yoga…

B) Proporcionarme esas “ayudas” con toda la frecuencia posible.

PASO SEGUNDO: estar atento a cada vez que…

–Me digo “¡¿otra vez esto! ¿por qué?” (situación que se repite, que “me suena”, que “ya he vivido antes”).

–Me rallo o me quedo enganchado en un círculo vicioso entre mis pensamientos y emociones (rabia, tristeza, miedo, culpa…).

–Me enfado conmigo mismo (una parte de mí se enfada y machaca a la otra parte, porque sus sentimientos o conductas no son “como deberían”). Es decir, cuando me siento enfadado por “sentirme así”, por haber “hecho eso”, porque “otra vez igual”, porque “aún no he superado esto” etc.

–Experimento una emoción muy intensa (rabia, miedo, tristeza, culpa…) ante una situación que “objetivamente” no es tan “grave”.

PASO TERCERO: cuando me descubra en algo del paso anterior (son pistas de una herida), seguiré los siguientes seis puntos:

1–Recordarme a mí mismo que enfadándome, juzgándome o castigándome no consigo avanzar (quizá ya lo he hecho durante muchos años y he comprobado que sólo empeora las cosas).

Lo que me pasa es una oportunidad para empezar a “verme” y comprenderme. Por tanto, tratarme con todo el cariño y paciencia que pueda.

2–Darme cuenta de dónde estoy: en mi mente, en mi emoción, en el círculo vicioso entre ambas… Y tomar contacto con mi cuerpo: qué noto, qué sensaciones tengo… ¿qué siento?

3–Escuchar mi cuerpo y, bien conectada a con mis sensaciones, preguntarme “¿cuándo me he sentido así antes? ¿en qué situación, con quién?”. Y en esa situación ¿qué necesitaba y no tuve?

4–Tomar conciencia de esta repetición a lo largo de mi vida, yendo hacia atrás hasta mi infancia o hasta que ya no aparezcan más imágenes o sensaciones similares.

5–Observar (y escribir) lo que he “descubierto”, sin juicios, acogiendo mis necesidades y mi dolor. Permitirme sentir lo que siento. Compartirlo con alguien de confianza que lo pueda entender, si siento la necesidad de hacerlo.

6–Escucharme, si puedo, más allá de mis emociones y mi mente. Evocar, acudir a, esa experiencia de paz de fondo, de sostén interior, y escuchar, o mejor dicho, estar ahí sin más. Cómo me siento / quién soy en lo más profundo de mí mismo?

PASO CUARTO: llego en este trabajo hasta donde llegue mi toma de conciencia, sin exigencias, y entonces…

–Desde ahí actúo de la manera más constructiva posible ante esa situación en concreto.

–Compartiendo después el trabajo con mi terapeuta o con alguien sólido en quien confío y que pueda ayudarme a continuar ahondando en la toma de conciencia y la expresión de las necesidades insatisfechas de mi niño interior.

P.D.: niño interior.

Sé que apenas os he hablado todavía del niño interior por lo que puede dejaros un poco confusos esta última frase. Bueno, en realidad todo el post. Así que antes de despedirme os introduzco brevemente lo que desarrollaremos en futuros minimapas (es un tema muy muy complicado por lo que tomaros lo que sigue como una simplificación que deja fuera puntualizaciones esenciales):

En todos nosotros habita el niño que fuimos. Pero En la mayoría  está escondido o encerrado en el sótano, con lo que vivimos no sabiendo de su existencia. Esto tiene dos consecuencias perniciosas: una, que nuestro adulto se pierde, entre otras cosas, su espontaneidad y capacidad de gozo; y dos, que las heridas de nuestro niño se manifiestan en nuestra vida de una forma aparentemente incomprensible, tal y como hemos visto en el Paso Dos y también en el minimapa “Heridas y estilos de afrontamiento”.

Así que el camino pasa por ir conociendo a nuestro niño interior, ir permitiendo la expresión de sus necesidades y, desde nuestro adulto, acoger su dolor y  ofrecerle nuestro apoyo incondicional para que cure sus heridas en la medida de lo posible.

Hasta la próxima semana, navegantes!

Ah, desde una perspectiva un poco diferente, os dejo este video “Curando al niño herido que hay en tu interior” de Thich Nhat Hanh.

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas).

Descubrir mis heridas y al niño interior

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Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.