La Rioja
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Categoría: AUTOCONOCIMIENTO
Los 9 tipos de personalidad según el Eneagrama ¿qué eneatipo es el tuyo? ;)

Navegantes,  en el minimapa “¿Qué es el Eneagrama?” (donde explico para qué sirve, y sus pros y contras) dejé pendiente hablaros, describiros, los 9 tipos de personalidad que, según esta teoría existen .¿Os acordáis? Pues bien, no lo voy a hacer porque existe un blog muy bueno al respecto, el de mi compañero Jordi Pons (no comparto todo lo que dice pero aporta una trabajada y accesible visión sobre esta teoría).

Allí en los enlaces http://www.psicologo-barcelona.cat/eneagrama/eneagrama-eneatipo-1/ (y sustituyendo el “1” por los restantes números hasta el 9) podéis ver características, fragmentos de películas que los ejemplifican, cómo se forman en la niñez y mucho más. Así que lo recomiendo vivamente a todo aquel que le interese el tema (ya sea para su propio auto-conocimiento y entender mejor a los demás, ya sea para construir personajes de una novela). No obstante me voy a permitir dejaros un micro-resumen que os ubique un poco en este mapa:

Tenemos 9 tipos de personas, caracteres o eneatipos (y, dentro de cada uno de ellos, tres subtipos, que pueden ser muy diferentes entre sí y que podéis ver en el blog de Jordi). Tres de ellos son emocionales, otros tres mentales y otros tres instintivos, según en la persona tenga más peso las emociones o los pensamientos o la acción (instinto)

Caracteres emocionales

Eneatipo 2: Los más “emocionales” de los nueve eneatipos; dan, ayudan; seductores. Esconden una profunda necesidad de ser amados. “Lolita”, la “mamma italiana”, Louis (de la peli Thelma y Luis).

Eneatipo 4: Sufren mucho, tienen una sensación profunda de carencia y una gran sensibilidad. Frida Kahlo, Meryl Streep en “Los puentes de Madison”.

Eneatipo 3: Se creen la imagen valorada por la sociedad (o entorno) que dan. Eficientes, hábiles socialmente y camaleónicos, buena apariencia física, controlados. Thelma (de la peli Thelma y Luis), Barbie, Bill Clinton.

Caracteres mentales

Eneatipo 5: Se refugian en sus mentes, tienden a acumular conocimientos y viven con distanciamiento emotivo. Tim Burton, la protagonista de la película Amelie.

Eneatipo 6: Dudan continuamente. Critican y se critican. Woody Allen (los otros dos subtipos son muy  diferentes).

Eneatipo 7: Indulgentes, consigo mismos y los demás, para huir del sufrimiento; alegres; con multitud de planes. Peter Pan, Buenafuente.

Caracteres de acción

Eneatipo l: Exigentes, consigo mismos y los demás según su código moral. Monica de la serie Friends, la srta. Rotenmeyer de Heidi.

Eneatipo 8: Buscadores de la intensidad. Nunca parecer débiles. Robin Hood, Fidel Castro.

Eneatipo 9: Aparentemente felices. Gran dificultad para saber qué es lo que ellos mismos desean pues se funden con su entorno. Sancho Panza, Winston Churchill, Marge Simpson.

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas, 2ª edición)

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En la Semana del Libro… Prueba este ejercicio de las Páginas Matutinas ¡y verás como todos somos creativos!

En la semana del libro, os voy a proponer un sencillo ejercicio que encontré hace poco y me encantó porque concretiza lo que yo he podido experimentar durante estos últimos años.

Yo, que soy más de experimentar que de leer, comencé a escribir como una especie de disciplina de auto-cuidado ante algo que para mí era muy difícil: parar e intentar poner palabras a lo que me pasaba por dentro. Y mira tú por donde, que esos párrafos deslabazados y caóticos, además de ayudarme a nivel personal un montón, generaron la semilla de lo que luego ha sido el libro Minimapas para Tormentas ¡cuando jamás había ni imaginado escribir un libro! ¡y ya va por la 2ª edicion!

Por otra parte, con mis pacientes-clientes también suelo utilizar la técnica de la escritura automática, que es en la que, en realidad, se basa este ejercicio llamado las “páginas matutinas” del libro El Camino del Artista. Otro día os hablaré más de otros aspectos de la escritura automática y de otras potencialidades del hecho de escribir. Hoy no me enrollo más y os dejo ya mi particular resumen de la técnica de las páginas matutinas, que sirve tanto para desarrollar nuestra creatividad como para nuestro crecimiento personal.

Feliz Semana del Libro, navegantes! (P.D.: podéis leer más en “Eres creatividad”, “Niño interior”).

(De la escritura automática a firmar ejemplares en el Corte Inglés por el #DiaDelLibro2017, jeje)

Las páginas matutinas consisten en:

Todos los días, nada más levantarte de la cama, escribe tres páginas manuscritas de estricto flujo de conciencia. Por ejemplo: «Dios mío, ha amanecido de nuevo. No tengo nada que contar, nada que decir. Tengo que lavar las cortinas. ¿Recogí ayer la ropa de la tintorería? Bla, bla, bla…».  Nadie podrá leerlas. Tampoco tú durante las siguientes ocho semanas, más o menos.

Las páginas matutinas no pueden hacerse mal!

-Estas divagaciones diarias no pretenden ser arte, sino desaguar el cerebro. Por tanto, incluiremos todo por nimio, tonto, estúpido o raro que pueda parecer.

-Con frecuencia estás páginas matutinas son negativas, fragmentarias, autocompasivas, repetitivas, forzadas, infantiles, malhumoradas, sosas y hasta ridículas. ¡No importa! Todos aquellos enfados, preocupaciones, miserias que vuelcas al papel por las mañanas son precisamente las cosas que se interponen entre tú y tu creatividad.

-Si vas todos los días directamente de la cama a la página, aprenderás a evitar a tu “censor interior”, que es esa voz perfeccionista que nos critica todo el rato. Márcate esta regla: recuerda siempre que las opiniones negativas de tu Censor no son la verdad. Esto hay que practicarlo: ni hay una forma incorrecta de escribir las páginas matutinas, ni cuenta la opinión del Censor. Es decir, deja que él siga con su palabrería y que tu mano corra por la página. Puedes escribir también sus pensamientos, si quieres, y observar cómo disfruta lanzándose a la yugular de tu creatividad. Su aspiración es atraparte.

Busca una caricatura para tu Censor Interior.

Sólo identificando al Censor como el nimio y sibilino personaje que es, lograrás despojarlo de buena parte del poder que ejerce sobre ti y sobre tu creatividad. Elije un personaje (como la Srta. Rotenmeyer, por ejemplo); o createlo; o pega en el lugar donde escribas una foto poco favorecedora de tu padre, madre o aquel que haya sido responsable de introducir al Censor en tu psique. La idea es dejar de escuchar la voz del Censor como si fuera la de la razón y aprender a oírla como el mecanismo represor que en realidad es. Las páginas matutinas también te ayudarán a ello.

Las páginas matutinas son innegociables.

Si no sabes qué poner, entonces escribe “No sé qué escribir” y hazlo hasta que hayas llenado tres páginas.

Jamás te las saltarás o las reducirás, independientemente de tu estado de ánimo o de las cosas desagradables que te diga tu Censor.

Siempre pensamos que debemos tener el humor adecuado para escribir, pero no es así. Las páginas matutinas te demostrarán que tu estado de ánimo no importa.  Con ellas dejarás de juzgarte y te pondrás a escribir. Tu artista es un niño, necesita alimentarse y estas páginas matutinas son su alimento.

-Con frecuencia las personas más resistentes a las páginas matutinas acaban por ser los que más las aprecian. La desgana y la pregunta “¿para qué sirve esto?” no son más que miedo. Vuelca tus miedos en la página.

¿Por qué hay que escribir las páginas matutinas?

-La autora del libro, Julia Cameron, dice: Las páginas matutinas nos llevan al otro lado de nuestros miedos, de nuestra negatividad, de nuestros altibajos. Sobre todo nos alejan de nuestro Censor. Y mandan al cerebro lógico al banquillo para que juegue el cerebro artístico” (en otro minimapa os cuento lo que diferencia a estos dos cerebros).

-“Son una vía válida que induce a la introspección y nos ayuda a hacer cambios reales en nuestras vidas.  (…) Son el camino para llegar a una firme y clara conciencia de uno mismo, la pista que seguimos por nuestro interior hasta encontrarnos con nuestra creatividad y sabiduría.”

-“Cuando estoy atascada en una situación dolorosa o con un problema que no sé cómo resolver, recurro a las páginas y les pido consejo. Para ello escribo «PJ», las iniciales de «Pequeña Julia», y hago mi consulta. Espero entonces la respuesta y la escribo.

‘Cuanto más escuchas a tu sabiduría interior, más la fortaleces, como si fuera una habilidad o un músculo’. Robbie Gass.

-“Los abogados que las escriben aseguran que les vuelven más eficaces ante los Tribunales; y los bailarines, que mejoran su equilibrio, y no sólo su equilibrio emocional. Es decir cualquiera se puede beneficiar de ellas”

Y si pruebas a ver en qué te ayudan a ti?  ;)

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas, 2ª edición).

Dibujo que ilustra la esencia de las páginas matutinas.

(Ilustración de http://gabirubi.blogspot.com.es)

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Entiende tus conflictos: ¿conoces a tu Perro de arriba y a tu Perro de abajo?

Os he comentado ya en alguna ocasión que dentro de nosotros hay como diferentes personajes. Un ejemplo de esto, que a todos nos es familiar, es el diablo y el ángel que aparecen en cada hombro del correspondiente personaje de dibujos animados. Pero hay muchísimos más (cuando el corazón tira para un lado y el cerebro para otro, etc.)… en realidad todos los que nos queramos imaginar, construir, a partir de nuestras contradicciones y/o partes inexploradas de nosotros mismos.

Hoy comenzaremos con dos personajes utilizados por la Gestalt y que en mi experiencia son sumamente útiles hagas, o no, terapia. Navegantes, os presento al “Perro de arriba” y al “Perro de abajo”.

Perro de arriba vs. Perro de abajo.

El Perro de Arriba es esa parte de nosotros que parece un padre (o un profe) autoritario, exigente y que se cree perfecto. Que nos está todo el día diciendo “tienes que” (tienes que ponerte a dieta; tienes que ponerte con los papeles; tienes que ser bueno). Que nos riñe porque estamos todavía muy lejos de determinado objetivo (ya sea de conseguir algo en el ámbito laboral; o de corregir un “defecto” de nuestra personalidad; o de cualquier otro cosa). Que es como un juez o un censor, todo el rato diciendo “mal, mal ¡mal!”.

Y el Perro de Abajo es ese personaje interno que es como un niño caprichoso, perezoso, rebelde, encantador de serpientes, autocomplaciente que se dice “todo está bien” para sólo centrarse en él y en los efectos a corto plazo. Es decir busca la satisfacción inmediata (las “ganas de” helado, por ejemplo), tira pelotas fuera, va de víctima, y seduce y hace síntomas para conseguir lo que quiere.

Se me ocurre, por otra parte, compararlos con el ángel y el demonio que comentábamos en el primer párrafo; con un profesor tirano y un niño mimado; con la hormiga y la cigarra de la fábula etc. Sin embargo, cada persona ha de ir investigando sus propias construcciones: por ejemplo, a mí me sirve visualizar a mi Perro de Arriba como una Srta Rotemmeyer o una estricta profesora de ballet.

Conflictos, guerra interna.

Los dos Perros son manipuladores, se necesitan mutuamente y nos encierran en un círculo vicioso absurdo. Ejemplo:

  • Perro de arriba: Deberías hacer esto.
  • Perro de abajo: Ay, no qué pereza ya lo haré mañana!
  • Perro de arriba: Vamos inútil, muévete! ¡todo el mundo hace cosas menos tú!
  • Perro de abajo: Es que no puedo, no me concentro…

Y a veces diremos “a la mierda todo, lo haré mañana”; otras terminaremos sintiéndonos tan mal que objetivamente no podremos hacer nada; y otras lo haremos pero pagando un precio ( ejemplo, dolores musculares por el sobre esfuerzo).

Lo importante, no obstante, es:

Primero, que exploremos cómo son en concreto, estos dos personajes en nosotros. En general al Perro de Arriba se le suele identificar fácil en el discurso de algunas personas. Mientras que suele costar más ver las estrategias del Perro de Abajo para salirse con la suya: puede utilizar el cuerpo (cansancio, sueño, pereza, somatizaciones); “justificaciones” y otros pensamientos; olvidos y despistes (no sabía si ir a esa cita y, mira tú por dónde, se me olvida); comportamientos impulsivos (estoy de exámenes, salgo a tomarme sólo una cerveza y me lío, llegando a las mil). Un ítem sencillo para diferenciarlos que me ayuda a diferenciar el de Arriba del de Abajo es el esfuerzo.

Y segundo que los pongamos a dialogar, no desde la mente sino interpretando, sintiendo, los dos papeles como si fuéramos actores. Por eso es mucho más fácil con la ayuda de un terapeuta pero también puedes hacer un trabajo interesante tú sólo cogiendo dos muñecos, por ejemplo.

No se trata de resolver el conflicto (que sería lo ideal, es decir, integrar, llegar a acuerdos) sino de flexibilizarlo y abrirlo (sentir lo que ocurre, poner palabras y relacionarlo con tu historia). Y esto ha de guiar el ejercicio aunque aparentemente se quede “pequeño”.

Ambos tienen partes sabias.

Tanto mi Perro de Arriba como mi Perro de Abajo tienen partes sabias. El primero si lo escucho con atención, me suele decir cosas coherentes y me proporciona disciplina, pues en el fondo fondo suele querer ayudar. El segundo me aporta disfrute y las cualidades de la cigarra.

El problema llega con el exceso.

El problema, como siempre, llega con el “exceso” (que incluye la rigidez). En el Perro de Arriba por la impaciencia, la estrechez de miras y la excesiva exigencia: si le obedezco, por ejemplo, me hago daño en la espalda como la hormiga del dibujo (es algo real, a parte las somatizaciones de protesta del perro de abajo); y si no le obedezco, siento culpa (además de su frecuente afición por el “doble vinculo”… pero esto os lo explico otro día).

Y en el Perro de Abajo este “exceso” viene de mano de la inercia, la pereza, puede que de los restantes “pecados capitales”, de la necesidad de “aplacar el malestar ya”, del “yo-mi-me-conmigo”… Si lo obedezco perjudico mi salud comiendo demasiadas chuches, por ejemplo; y si no le obedezco, se las arregla para boicotearme mis proyectos.

Solución:

Aprender a escucharme. Ahí es nada, jeje!

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas).

La hormiga estaría dominada  el perro de arriba y la cigarra se dejaría llevar por el de abajo.

(Flickr Apastor85)

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4 pasos para descubrir mis heridas

En el minimapa anterior os deje una introducción al tema de las heridas. Hoy toca la parte práctica (cómo comenzar a descubrirlas) y sólo indicada para los que estéis interesados en salir de vuestra zona de confort (es decir, aquella zona que por poco, o nada, confortable que sea, conocemos, nos es familiar y nos cuesta tantísimo abandonar).

En realidad, preparé esto para varios de mis pacientes con unos apuntes de mi amiga y compi María Vázquez Costa… pero al ver que a alguno de mis amigos (que no hacen terapia) también le servía, he decidido compartirlo con todos vosotros por si os ayuda, de alguna manera, en vuestro viaje hacia una vida más plena. Comencemos.

PASO PRIMERO para comenzar a descubrir mis heridas: cultivar el sostén interior.

Antes de comenzar con este trabajo sobre las heridas, es imprescindible contar con un sostén interior firme. Y además es primordial cultivarlo intensamente durante el periodo que dure este proceso. Si dudas a este respecto, acude a un profesional o grupo de crecimiento (yo me apoyé en ambos, jeje).

A) ¿Qué me ayuda a conectar con ese sostén, con esa especie de calma que a veces siento en lo profundo?

Ejemplos que, según la persona, suelen ayudar: respiración abdominal,  contacto con la naturaleza, música, pintar, nadar, hablar con determinada persona, yoga…

B) Proporcionarme esas “ayudas” con toda la frecuencia posible.

PASO SEGUNDO: estar atento a cada vez que…

–Me digo “¡¿otra vez esto! ¿por qué?” (situación que se repite, que “me suena”, que “ya he vivido antes”).

–Me rallo o me quedo enganchado en un círculo vicioso entre mis pensamientos y emociones (rabia, tristeza, miedo, culpa…).

–Me enfado conmigo mismo (una parte de mí se enfada y machaca a la otra parte, porque sus sentimientos o conductas no son “como deberían”). Es decir, cuando me siento enfadado por “sentirme así”, por haber “hecho eso”, porque “otra vez igual”, porque “aún no he superado esto” etc.

–Experimento una emoción muy intensa (rabia, miedo, tristeza, culpa…) ante una situación que “objetivamente” no es tan “grave”.

PASO TERCERO: cuando me descubra en algo del paso anterior (son pistas de una herida), seguiré los siguientes seis puntos:

1–Recordarme a mí mismo que enfadándome, juzgándome o castigándome no consigo avanzar (quizá ya lo he hecho durante muchos años y he comprobado que sólo empeora las cosas).

Lo que me pasa es una oportunidad para empezar a “verme” y comprenderme. Por tanto, tratarme con todo el cariño y paciencia que pueda.

2–Darme cuenta de dónde estoy: en mi mente, en mi emoción, en el círculo vicioso entre ambas… Y tomar contacto con mi cuerpo: qué noto, qué sensaciones tengo… ¿qué siento?

3–Escuchar mi cuerpo y, bien conectada a con mis sensaciones, preguntarme “¿cuándo me he sentido así antes? ¿en qué situación, con quién?”. Y en esa situación ¿qué necesitaba y no tuve?

4–Tomar conciencia de esta repetición a lo largo de mi vida, yendo hacia atrás hasta mi infancia o hasta que ya no aparezcan más imágenes o sensaciones similares.

5–Observar (y escribir) lo que he “descubierto”, sin juicios, acogiendo mis necesidades y mi dolor. Permitirme sentir lo que siento. Compartirlo con alguien de confianza que lo pueda entender, si siento la necesidad de hacerlo.

6–Escucharme, si puedo, más allá de mis emociones y mi mente. Evocar, acudir a, esa experiencia de paz de fondo, de sostén interior, y escuchar, o mejor dicho, estar ahí sin más. Cómo me siento / quién soy en lo más profundo de mí mismo?

PASO CUARTO: llego en este trabajo hasta donde llegue mi toma de conciencia, sin exigencias, y entonces…

–Desde ahí actúo de la manera más constructiva posible ante esa situación en concreto.

–Compartiendo después el trabajo con mi terapeuta o con alguien sólido en quien confío y que pueda ayudarme a continuar ahondando en la toma de conciencia y la expresión de las necesidades insatisfechas de mi niño interior.

P.D.: niño interior.

Sé que apenas os he hablado todavía del niño interior por lo que puede dejaros un poco confusos esta última frase. Bueno, en realidad todo el post. Así que antes de despedirme os introduzco brevemente lo que desarrollaremos en futuros minimapas (es un tema muy muy complicado por lo que tomaros lo que sigue como una simplificación que deja fuera puntualizaciones esenciales):

En todos nosotros habita el niño que fuimos. Pero En la mayoría  está escondido o encerrado en el sótano, con lo que vivimos no sabiendo de su existencia. Esto tiene dos consecuencias perniciosas: una, que nuestro adulto se pierde, entre otras cosas, su espontaneidad y capacidad de gozo; y dos, que las heridas de nuestro niño se manifiestan en nuestra vida de una forma aparentemente incomprensible, tal y como hemos visto en el Paso Dos y también en el minimapa “Heridas y estilos de afrontamiento”.

Así que el camino pasa por ir conociendo a nuestro niño interior, ir permitiendo la expresión de sus necesidades y, desde nuestro adulto, acoger su dolor y  ofrecerle nuestro apoyo incondicional para que cure sus heridas en la medida de lo posible.

Hasta la próxima semana, navegantes!

Ah, desde una perspectiva un poco diferente, os dejo este video “Curando al niño herido que hay en tu interior” de Thich Nhat Hanh.

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas).

Descubrir mis heridas y al niño interior

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¿Por qué en tu vida se repite siempre la misma historia? (Heridas y estilos de afrontamiento).

¿Nunca te has preguntado por qué parece que vivas en el Día de la Marmota? ¿Por qué sufrimos siempre por lo mismo? ¿Por qué hacemos de un dolor natural un sobre dimensionado sufrimiento? ¿O por qué no conseguimos que nuestra vida sea algo menos desastrosa?  ¿O por qué nos acusan una y otra vez, y diferentes personas, de hacer daño a la gente? En el #minimapa de hoy comenzaré a dejaros un acercamiento a posibles respuestas a estas importantes preguntas. Empecemos.

1. Conformación de nuestra personalidad

El niño llega a este mundo con ciertas características y predisposiciones, que pueden tener origen genético, o en lo acontecido en el embarazo o vete tú a saber. Así vemos que hay bebes más pachorros, otros más sensibles, etc. Aunque sin olvidar que esto también está afectado desde el minuto cero por el entorno (ejemplo: un niño que llora en el hospital y ya se le asigna la etiqueta de llorón, o incluso de “manipulador”). Pero bueno, sea como fuere, hay, por ejemplo, bebes más sensibles que van a vivir peor que la mamá se vaya a trabajar afectándoles a la configuración de su personalidad en mayor medida que a otros.

He puesto el ejemplo de la mamá que se va a trabajar para subrayar que no es que la mamá tenga que hacer algo mal, no. Simplemente es que la vida provoca siempre heridas (y son lo que en la especie humana nos mueve al desarrollo). Otra cosa es que haya heridas mucho más profundas que otras por el mal hacer del entorno.

Entonces, que me enrollo, es la interacción características del niño y entorno, lo que configura nuestro cerebro creando un software de percibir, sentir, pensar y actuar, que conservaremos, y repetiremos, con más o menos variaciones durante toda la vida. Para simplificar lo llamaremos personalidad.

Como explicamos en el #minimapa Identificaciones, cogemos este rasgo del abuelo; este otro, pero en su contrario, de papá; la voz de la conciencia de mamá se convierte en mi Pepito Grillo etc. Y por eso los hermanos pueden llegar a ser tan diferentes (por su historia y características cogen cosas diferentes para conformar su manera de ser).

2.  Heridas.

En la parte nuclear de este software, que hemos llamado personalidad, están nuestras heridas y  las maneras específicas con las que nos las hemos arreglado para salir adelante con ellas, formando, ambas cosas, un “programa” que, además de hacernos sufrir, se repite y se auto-perpetúa. Nos fue útil en nuestra infancia, ya que fue la manera que encontramos para sobrevivir; el problema es que continuamos repitiéndolo cuando ya no sirve.

La mayoría de los síntomas psicológicos están relacionados con este “programa”. También esa historia que siempre se repite en nuestra vida. Incluso algunos problemas físicos que sufrimos (ver minimapa Lo psicosomático). A este respecto es interesante leer a la controvertida Alice Miller… a mi entender carece de rigor pero me gustó las preguntas que despertó en mí (ejemplo: ¿será verdad que algunas madres no enferman porque trasmiten sus heridas a sus hijos?)

De niños pudimos sufrir algún tipo de  situación de abandono, de traición, de abuso, de subyugación, de exclusión en el cole, de fracaso escolar…  o  alguien importante nos hizo creer que el mundo era un lugar peligroso, o que eras incompetente para ser autónomo, o que eras imperfecto y no merecías amor, o simplemente no recibiste cariño de verdad…  tal vez se esperaba que fueras el mejor y te enseñaron que cualquier otra opción era un fracaso… incluso pudiste “sufrir” de ser muy mimado y ahora tienes dificultades por aceptar los límites reales de la vida. Todas estas situaciones pueden dejar, de una u otra manera, heridas que condicionan enormemente nuestra historia de vida pasada y futura.

El gran problema es que en la mayoría de nosotros todo esto, o al menos la parte más nuclear, permanece en el inconsciente.

3. Estilos de afrontamiento

Continuemos un poco más por esta capa externa de la cebolla. Ante las heridas que acabamos de comentar, aparecen tres estilos de afrontamiento: uno puede rendirse ante la herida, o  escapar de ella (evitarla), o contraatacar (sobrecompensar). Veamoslo con los ejemplos de Juan, Luis y Pedro, cuya herida principal tiene que ver con que de niños se sintieron imperfectos, avergonzados y poco queridos.

Juan tiene 18 años y va al instituto. No te mira a los ojos y cuando habla apenas se le oye. Siempre se compara desfavorablemente con los demás. Sale con una chica que siempre lo critica y su mejor amigo también es muy crítico con él. Su expectativa de que las personas sean críticas se ve confirmada a menudo.

Juan se ha rendido a su sentimiento de impefección. Y cuando nos rendimos, distorsionamos la perspectiva de las situaciones de tal manera que nos confirman nuestra herida. Reaccionamos con desmesurados sentimientos cada vez que ésta se activa y seleccionamos -parejas y situaciones que la refuerzan. Rendirse significa que la persona organiza su vida de tal modo que continúa repitiendo los patrones de la infancia (revive una y otra vez la herida infantil).

Luis tiene 40 años y le encanta socializar por los bares. Se siente más cómodo en relaciones amistosas fortuitas. Su mujer, obsesionada con las apariencias, quería un hombre como él para tener un matrimonio tradicional de cara a la galería, ignorando la verdadera intimidad.

Luis intenta todo el rato huir de sus sentimientos de imperfección (evita la intimidad y bebe). Con el escape, evitamos pensar en nuestra herida y rehuimos sentirla. Evitamos situaciones que podrían activarla (incluso nos podemos llegar a creer que “las fiestas son de frívolos” cuando en realidad nos dan miedo). Y cuando la herida asoma un poco, recurrimos para taparla al alcohol, drogas, comer en exceso, limpiar compulsivamente o nos volvemos unos trabajadores infatigables. De hecho, nuestros pensamientos, sentimientos y conductas funcionan como si esta herida no existiera.

Es natural escaparse porque lo que activa la herida es demasiado doloroso. La desventaja es que a largo plazo volvemos a caer en las mismas conductas negativas (incluidas adicciones), en las mismas relaciones autodestructivas, nuestra vida se vuelve muy pobre (renunciamos a sentir), y a menudo acabamos haciendo daño a los que nos rodean. Centramos nuestra existencia en evitar el sufrimiento (no sentir la herida infantil) y en consecuencia nos perdemos la vida.

Pedro tiene 32 años y  es corredor de bolsa. Aparentemente es una persona segura, de hecho es un poco engreído y muy crítico con los demás. Crea situaciones donde él está por encima de los demás y emplea casi toda su energía en ganar prestigio.

En realidad, Pedro se siente superior para experimentar lo contrario de lo que sintió en la infancia. Fue un niño al que sus padres infravaloraban y se pasa toda su vida intentando mantener a raya ese niño.

Cuando contraatacamos o sobrecompensamos, intentamos compensar la herida infantil convenciéndonos a nosotros y a los demás de que lo contrario es verdad. Nos aferramos a esa imagen con desesperación.

Si de pequeño fui muy controlado, trataré de no sentirme dependiente de nadie; si fui considerado débil o inseguro, trataré de mostrar fortaleza; si fui abusado, trataré de abusar o maltratar a otros, si fui considerado incapaz, trataré de mostrar méritos y logros.

Los que utilizan el contraataque pueden parecer saludables. De hecho, algunas de las personas que más admiramos, como las estrellas de cine o líderes políticos o financieros, pueden ser de las que contraatacan.

Pero los contraataques aíslan. No se preocupan por las personas que perjudican durante el proceso ni por las repercusiones que pueden tener sus acciones. Finalmente, las personas próximas los dejan o toman represalias. Además van en la dirección contraria de la verdadera intimidad. Pueden llegar a perderlo todo, incluyendo a alguien a quien amaban; sólo por el riesgo de mostrarse vulnerables.

No aprenden a enfrentarse a las derrotas, ya que no asumen la responsabilidad de sus fracasos ni reconocen sus limitaciones. Sin embargo, cuando hay un contratiempo importante, el contraataque se hunde, la armadura se agrieta y se sienten muy deprimidos.

En fin, vemos que Juan, Luis y Pedro afrontan una herida similar de formas radicalmente diferentes. Sin embargo es imprescindible señalar que la mayoría de las personas utiliza una combinación de rendición, evitación y sobrecompensación.

El próximo día más, navegantes ;)

(Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas).

Película El Día de la Marmota como metáfora de cómo repetimos por nuestras heridas y estilos de afrontamiento.

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¿Qué es el Eneagrama? ¿cómo me puede ayudar? (respuesta a Marta y compañía de Logroño)

Hoy inicio un nuevo tipo de minimapa donde iré contestando a preguntas frecuentes que me suelen hacer. Comienzo, ya veis por el título, con una pregunta de unos navegantes de Logroño sobre el Eneagrama, que es un instrumento más de autoconocimiento que nos puede ayudar a crecer y desarrollarnos como personas. Os daré aquí entonces unas pincelladas personales con la intención de que os abran alguna puerta.

Qué es el Eneagrama:

Simplificando muchísimo y reduciéndolo únicamente al ámbito de la psicología de la personalidad,  lo que hace el Eneagrama es plantear un mapa de nueve tipos de personalidad, llamados eneatipos, y nombrados con números del 1 al 9, cada uno de los cuales se caracteriza por una pasión dominante. Todos tenemos las nueve pasiones pero, según esta teoría, es importante conocer tu pasión principal, es decir, tu eneatipo, ya que, si te trabajas eso, todo el resto mejorará (avanzando, en consecuencia, en felicidad y libertad).

Mi particular visión difiere en esto ya que prefiero considerar que la persona no tiene un eneatipo inherente, fijo, sino que lo importante es explorar, cada vez en capas más profundas, lo que nos hace sufrir de nuestra personalidad, y ahí el Eneagrama nos puede ayudar muchísimo al presentarnos 9 tipos de gafas con las que miramos la vida y a nosotros mismos ¡y tan diferentes!

El trabajo con el Eneagrama ha de ser vivencial:

Nadie me puede decir qué número soy y puede ser muy complicado situarme en este mapa ya que tenemos muchas capas como la cebolla. Lo importante es el propio proceso de descubrimiento y flexibilización de nuestros automatismos mentales, emocionales y conductuales. Y para ello es esencial hacer un viaje vivencial acompañado por un terapeuta o un grupo, o idealmente por ambos.

A nivel grupal, el que yo he hecho y recomiendo, con sus “peros” eso sí, es el curso “Introducción a la psicología de los eneatipos” del programa SAT de Claudio Naranjo. La verdad es que, a parte de los contenidos, el juntarte con 100 personas, 5 días, cada uno de su padre  y de su madre, en este entorno, suele ser una importante sacudida para tus esquemas mentales. Elaborarlo después y despacio es fundamental, en mi opinión, por dos razones: 1ª, porque puedes volver del curso demasiado revuelto, con la consecuente aparición de síntomas (incluso crisis); y 2ª, porque las cosas que se han abierto, si no se van integrando, se vuelven a cerrar.

Ventajas del Eneagrama:

Facilidad con la que comienzas a ver cosas en ti invisibles hasta ese momento; y a ver al otro con una mayor comprensión y ternura. Y todo ello lleva a hacerte, y a hacer, menos daño.

Inconvenientes del Eneagrama:

Como todo instrumento, se puede utilizar mal y hacer daño con él (uso frívolo, como método de control y manipulación, perjuicios de la etiquetación etc).

Además existe el riesgo de quedarnos fijados a un número, que al principio parece que nos hace ver mogollón de aspectos ocultos de nosotros mismos, y sin embargo después nos encierra en una mirada estrecha sobre nosotros y los demás –aparte de servirme para justificar mi no avance (al cristalizar una identificación con ese número, cuando en realidad lo que busca el trabajo con el  Eneagrama es que nos conozcamos para desidentificarnos y así incrementar nuestra libertad y felicidad). Y esto es peor aún si el diagnóstico es incorrecto o incluye interpretaciones nada respetuosas (salvajes).

De todas maneras, el Eneagrama es sólo un mapa, y hay a quien le sirve y a quién no. No es el territorio.

Filosofía sobre la que se sostiene:

El niño según las características con que viene al mundo y las circunstancias, desarrolla una personalidad (que en este marco teórico la llaman ego) para sobrevivir y sentirse seguro, querido y reconocido. Y estas pautas de actuar, pensar y sentir las vamos repitiendo desde entonces mecánicamente, provocando sufrimiento a nosotros mismos y/o a los demás. Y esto se aplica tanto al profesor de universidad valorado por sus alumnos, como al esbirro del mafioso del barrio, o a los que fueron “niños soldado”.

No hablo, por supuesto, de exención de responsabilidades, sino de que creemos ser algo que no somos, creemos ser nuestra personalidad. Tenemos una personalidad, no somos una personalidad. Somos algo más:

Ese “algo más” que el cuerpo y la mente; esa esencia que está en la bebe que fui y en la enferma de alzhéimer que podré ser; esa esencia que está en la asesina en serie, la indigente, la valorada terapeuta, la amorosa madre de familia, la hedonista independiente lujuriosa etc. que podría llegar a ser; esa esencia que todos todos compartimos.

Descripción de los nueve enatipos:

Navegantes de Logroño y el mundo, en posteriores minimapas os iré presentando los nueve números. Es lo que siempre más interesa. Pero considero que ninguna descripción, libro o test son de utilidad si no se realiza un trabajo terapéutico-vivencial. Colocarse en un número es algo visceral, no intelectual. Además luego hay tres subtipos dentro de cada número, muy diferentes entre sí.

Salu2! ~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.