La Rioja

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TV con corazón
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Teri Sáenz | 22-09-2014 | 15:30| 0
ébola

Conectar la televisión en ese tramo laxo de la noche en que la casa enmudece y la cama reclama ser ocupada concede momentos extraordinarios en una programación que sabe a cieno. El mando bascula entre putrefactos programas de un corazón de máxima audiencia, realities que por repetidos no dejan de encontrar aspirantes al frikismo y shows donde lo mismo ocupa la silla de invitados la última estrella del pop que un líder de la oposición, en esa desconcertante estrategia de acercamiento a la sociedad consistente en aparecer indiscriminadamente en las mismas alcantarillas que la sociedad huele. Cuando la basura alcanza cotas irrespirables y uno se flajela por no haber invertido esos preciados minutos en cualquier lectura, la pantalla resucita. Toda la mierda queda al instante desplazada por algo humano, crudo, lacerante. El reportaje se traslada al corazón del ébola y con él, el espectador viaja por caminos de barro y miasmas hasta las entrañas de Sierra Leona donde el virus ha sepultado la vida. La de quienes han muerto por la enfermedad y la de un país paralizado por terror al contagio. En la televisión surgen personajes tan reales que parecen de mentira. Voluntarios aferrados al afán por echar una mano, pacientes que aguardan con la resignación que imprime la pobreza el resultado de los análisis. Falta de medios y sobredosis de miedos. Desconcierto. Sólo falta la llamada en directo de un político denunciando por qué a esas horas ya hemos apagado la tele.

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La misma muerte
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Teri Sáenz | 16-09-2014 | 08:37| 0
emilio botin

Cuando usted o yo muramos, dispondremos con suerte de un par de módulos en estas mismas páginas informando del óbito. Puede que algún amigo se preste a redactar unas líneas debajo de la sección de esquelas ensalzando nuestras virtudes y obviando las toneladas de defectos que vamos arrastrando a lo largo de la vida, refrescando alguna absurda anécdota de juventud que abrillante nuestro pobre curriculum. Es probable también que por el cementerio se lleguen nuestros enemigos, no se sabe si como reconciliación in extremis o para certificar de que no vamos a levantarnos nunca de la tumba. Y que quienes más nos quieren lloren amargamente un tiempo hasta comprobar que todos los días amanece aunque nosotros no nos despertemos. Será así porque no nos apellidamos Botín. Ni somos poderosos ni manejamos el mundo. Nuestra voz (y nuestro monedero) no tiene el peso de la del Emilio fallecido; ni nuestras opiniones derrumban mercados o levantan emporios. El presidente del Banco Santander ha sido despedido con la aureola que envuelven a los ilustres entre los ilustres. No ha sido mérito suyo. Ni la culpa de un hombre que tal vez hubiera preferido un discreto sepelio. Usted o yo nos habríamos ganado ese mismo trato postmorten de haber nacido en su misma cuna y gobernado los mismos consejos de administración. Pero no. Nuestras vidas  están escritas sobre un guión más modesto que empieza distinto pero tiene el mismo final.

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La plaza amable
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Teri Sáenz | 10-09-2014 | 17:28| 0
primero de mayo

El yayo Tasio recuerda con nostalgia que la de Primero de Mayo estuvo muy cerca de ser una de las plazas nobles de Logroño. Cuando se alumbró en los 80, muchos como el abuelo no daban una peseta por ella. El solar era un lodazal con ese aire ténebre que inspiran las grúas trabajando y el esqueleto de los edificios en fase de construcción. Y además, quedaba muy lejos del centro, según el diagnóstico de los que siempre han vivido en la órbita del Casco Antiguo y todo lo que fuera ir más allá de la Gran Vía suponía cruzar una frontera insondable de retorno incierto. El tiempo y el crecimiento voraz de la ciudad no sólo la integró en el todo urbano, sino que la plaza tomó vida propia. Los toboganes se llenaron de niños, brotaron comercios, las terrazas (ay, ese gran termómetro social) salieron de los soportales y la agenda local la tuvo en cuenta al programar unos títeres o repartir chucherías. Tanto, que casi antes de que brotara la fiebre por los parkings subterráneos también allí se horadó la tierra para enterrar uno. Como el propio Tasio, también la plaza ha sufrido el paso de los años. Hace tiempo que se veía más rancia, con la cara agrietada, las costuras por remendar. Pero por lo que se ve cuando se llega hasta allá, el yayo no cree que su reforma vaya a reponerle los galones perdidos. Y no porque le sobre cemento armado o le falten unas docenas de árboles. No es cuestión de sol ni de sombra, de más parterres o farolas, sino de algo que, piensa el yayo, ha debido extraviar el proyecto por el camino: amabilidad.

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Millones de Mosabs
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Teri Sáenz | 01-09-2014 | 17:08| 0
siria

Mosab tiene 25 años y una mirada serena que, sin embargo, trasluce un mohín no se sabe si de mi miedo o tristeza. Sus maneras son extremadamente respetuosas, la tez morena, lleva una camisa muy parecida a la que podría vestir usted mismo y habla con esa pausa que delata a las personas educadas. Sólo un detalle chirría al hablar con un joven que podría ser su hijo, mi vecino o el nieto del yayo Tasio: apenas sonríe. Es el rostro visible desde el centro de acogida temporal de Cruz Roja en La Rioja de una estadística internacional. La que acaba de denunciar el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) advirtiendo de que los desplazados en Siria a causa del conflicto armado que sufre el país ha superado ya la cifra récord de tres millones de personas. Si los números no le estremecen, los ojos de Mosab lo harán. Arquitecto de profesión, huye de un conflicto bélico luchando por desprenderse de otro conflicto, el interior, que le ha supuesto separarse de su familia, de sus amigos, de sus raíces, del escenario vital de su día a día. Y mientras su futuro y el de su país se resuelve, espera. Aguarda sufriendo la lentitud del tiempo que gravita sobre quien no ve el mañana ejerciendo, sin él ser consciente, como ejemplo de lo que nos podría pasar a cualquiera de nosotros instalados en una confortable seguridad como la que vivía Siria antes de la guerra. Porque Mosab no es sólo un refugiado entre nosotros. Mosab somos todos.

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Nada ni nadie
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Teri Sáenz | 30-08-2014 | 09:19| 0
agua

Recuerdo nítidamente el día que aprendí a nadar. Era de color verde césped y azul tanque de agua. Tenía sabor a cloro y un regusto pegajoso a canícula de agosto. Yo era un moco miedica, esmirriado, uniformado con una pantaloneta meyba dos tallas más grandes. Con los pies en el bordillo de la parte más profunda de la piscina, había decidido que aquella tarde, por fin, aprendería a nadar. Salté con la decisión de quien se lanza desde un acantilado. Y mi cuerpo se hundió hasta el fondo. Salí con dificultad a la superficie, agitándome como un pollo apurando su último hálito de vida. Pero esta vez algo cambió respecto a los infinitos cursillos en los que nunca aprendí espantar el miedo. Aquel día, sin saber por qué, la cabeza se mantuvo unos centímetros más arriba. Lo suficiente para morder unas bocanadas de oxígeno y no sentir los pulmones a punto de estallar. A cada patada debajo del agua, mi cuerpo se hundía y el paisaje se borraba. El ruido exterior se hacía hueco como dentro de un líquido amniótico. Sin embargo, una fuerza desconocida hasta entonces me elevaba para volver a ver, escuchar de nuevo. Arriba. Abajo. Y luego una brazada que me empujaba. Y otra. Cada vez más ligero, menos torpe. Y mi hermana en el otro extremo de la piscina con los brazos extendidos esperándome llegar. Ya llegas. Estás aquí. Ahora sí. Fue el mismo día que decidí que nadie me amedrentaría; que nada me impediría seguir avanzando para alcanzar la orilla.

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Viaje al prejuicio
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Teri Sáenz | 27-08-2014 | 14:52| 0
maleta

Le presumo a estas alturas del año disfrutando de unas merecidas vacaciones. Si no se encuentra en el catálogo de las presas que se ha cobrado la crisis, puede que haya tomado rumbo a Salou para disputarse un metro cuadrado en la quintar línea de playa donde extender la toalla, si es que no ha optado por las costas de nubosidad invariable del norte. Tal vez su presupuesto no le dé más que para volver al pueblo. Reconquistar la casa del yayo y tumbarse a la fresca oyendo el trino de los mirlos o sufriendo el picor de los tábanos. Todo lo contrario al entusiasta que se ha empaquetado en un tour para recorrer ocho países en cuatro días o visitar alguna de esas míticas capitales que descubre que ya conoce de tanto verlas en las películas que pasan los fines de semana por la tele. En todos los casos tendrá la tentación de practicar esa gimnasia tan recurrente cada vez que uno sale de casa consistente en criticar lo que le rodea y rebozarse en el prejuicio. Lamentar lo mal que se come allí, censurar la incultura del prójimo, protestar por costumbres prehistóricas, mofarse del vecino, mirar más al rincón sucio que a la calle luminosa. Cuando así sea, tómese un respiro. Haga el ejercicio de ponerse en el lugar del otro. Mirar con ojos de turista su propia casa, su pueblo, su ciudad. A usted mismo. Tal vez así pueda replegar todos los clichés. O mejor, tirarlos a la primera papelera que encuentre y pasar las vacaciones sin más aspiraciones que disfrutar de un lugar distante.

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Subir las escaleras
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Teri Sáenz | 26-08-2014 | 09:27| 0

La clase gobernante tiene aún pendiente interiorizar su exigente responsabilidad no ya como gestores del dinero de todos sino como amplificadores de mensajes con los que va construyéndose una conciencia social. El político no es sólo lo que hace sino lo que dice. Y en esa duplicidad nunca puede olvidar que cualquier gesto, el más mínimo susurro, forma parte de un todo en el que su faceta privada queda obligatoriamente sometida a su vertiente pública. Por eso, las recientes palabras del alcalde popular de Valladolid asegurando darle reparo entrar en un ascensor por si alguna mujer le busca las vueltas inhabilitan a Javier León de la Riva como representante por muchas mayorías absolutas que haya cosechado o disculpas huecas de última hora. Porque su comentario está cargado de un menosprecio inasumible para la mujer. Porque las sospechas que desliza asumiendo que un hombre puede ser acusado de violación si su vecina lo finge son una patada en el orgullo y la integridad de la mujer. De todas. Incluso las de su propio partido, que al margen de ideologías y olvidando esa defensa feroz de los propios que imponen las siglas deberían salir en tropel a afearle su opinión. Más aún repasando el catálogo reincidente de comentarios machistas que esta vez ya no tiene en la diana a ninguna ministra socialista, sino a todas las mujeres que en vez de subir por las escaleras coincidan en el ascensor con personajes que no deberían ascender a ninguna parte.

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Chicos de barrio
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Teri Sáenz | 25-08-2014 | 10:00| 2
colajet

Los que en verano no teníamos pueblo nos conformábamos con ocupar el barrio. El resto de los chavales no iban de vacaciones, pasaban unas semanas o visitaban el pueblo en el que quizás residían sus abuelos o los tíos aún conservaban alguna casa vieja: ‘Tenían’ un pueblo. Además de la absurda sensación de pobreza infantil por estar fuera de ese catálogo de latifundistas, quienes lo único que poseíamos registrado a nuestro nombre era un tramo del Iregua o el hueco que medía la toalla en el césped de Cantabria nos vengábamos de los propietarios de un pueblo conquistando los espacios del barrio que quedaban vacantes. Vivir lejos del centro no era entonces una anhelo precrisis con piscina comunitaria y una plaza doble de garaje, sino el destino natural en un Logroño en expansión. Los barrios tampoco aspiraban a elevarse como esas celdas de lujo exclusivo que ahora proyectan algunos. Sólo eran el prólogo gris sin que el no se podía leer el resto de una novela juvenil. En las calles vacías hacía un calor incandescente mientras la tele echaba un culebrón. Los que no teníamos pueblo recorríamos las aceras paladeando ese placer nunca bien valorado que es no hacer nada. Sólo esperar a que se pusiera el sol para regresar a casa. O a lo sumo, tirar contra una canasta. Burlarnos del loco del tercero, hacernos postillas en la rodilla, compartir un colajet a la sombra de cualquier portal abierto. Pensar que el verano era eterno y nosotros nunca creceríamos.

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El verbo y la palabra
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Teri Sáenz | 14-07-2014 | 10:11| 0
sanz y luena

Los engolados cantos a la regeneración política y la transparencia a saco seguirán sonando desafinados mientras quienes los entonan conjuguen mal parejas de verbos elementales. Por el ejemplo, el decir/hacer. A finales de abril, el secretario general del PP riojano anunció a todo volumen la presentación de una querella contra Luis Bárcenas por las afirmaciones del extesorero sobre la presunta financiación del partido. Puesta en escena marcial, recitado solemne, titular a cinco columnas. Dos meses después y sólo a preguntas de la misma prensa a las que pronunció aquellas palabras, sabemos que no ha dado el paso aunque era inminente. En el caso de su homólogo socialista, el error semántico ha llegado en el uso de los adjetivos público/privado. Después de que Pedro Sanz pusiera en duda la legitimidad de su tesis doctoral, César Luena confirmó que le llevaría ante la Justicia exigiendo una rectificación. Lo anunció a través de Twitter, como si sonara más bajito y el asunto podría enmarcarse así en una cuestión privada cuando todo lo que le rodea es público: el jefe de un Ejecutivo que formula las insinuaciones, la sede del partido donde se plantearon, la universidad que avaló el trabajo. Sólo otra vez las preguntas de los medios que trasladaron aquellas intenciones revelaron –inmediatamente después lo colgó en las redes sociales– que las partes se vieron en los tribunales… hace un mes. ¿Cuál era esa palabra tan enrevesada de pronunciar? Ah, sí: transparencia.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Pérez Tapias: “El PSOE necesita dosis de coraje para dar las respuestas precisas”
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Teri Sáenz | 11-07-2014 | 09:00| 0

José Antonio Pérez Tapias (Sevilla, 1955) se aferra a sus opciones para liderar el PSOE el 13J. Tras superar la fase de avales, e incluso ganar en La Rioja a Eduardo Madina -163 apoyos a 160- en un recuento que copó Pedro Sánchez, el candidato más a afín a Izquierda Socialista trajo ayer a Logroño su convicción de que el partido no debe resignarse ni pecar de «timorato».


-¿Es compatible la perspectiva de un PSOE de futuro apelando a los valores del pasado?
-Los elementos originarios y que son la razón de ser del PSOE como el empeño por la justicia, profundizar en las libertades o consolidar objetivos de igualdad son cuestiones irrenunciables. Eran válidos hace 135 años y siguen siéndolo ahora. La clave está en traer todo ello a las circunstancias del siglo XXI y adaptar nuestras estrategias de organización y planteamientos políticos para lograr esos mismos objetivos.
-¿Qué, quién y cuándo ha arrebato esas esencias al PSOE?
-Nuestro partido atraviesa un momento muy delicado influido por un cúmulo de factores. El descrédito general de la política, estados rebasados por los mercados, decisiones en la última etapa de Zapatero que contradecían puntos básicos del PSOE y desdibujaron su esencia… A ello se añade el perfil muy empañado de la socialdemocracia en Europa sin rasgos que la diferencien de otras posiciones y aspectos de liderazgo y organización interna.
-¿Es recuperable ese espacio o Podemos y otras opciones de izquierda ya lo han patrimonializado?
-Por supuesto que sí. No vamos a resignarnos a que el PSOE vaya a parar a una posición residual. Por lo que significa la historia del socialismo y por el legado moral y político que estamos obligados a dejar. Recuperar el electorado pasa por recuperar la credibilidad consolidando una alternativa nítida a las políticas neoliberales y buscar alianzas por la izquierda pero no, desde luego, introduciéndonos en un camino de la gran coalición que algunos plantean.
-Hay quien teme que el PSOE dé así un giro radical.
-Todos tenemos la suficiente inteligencia política y un sentido muy acentuado de la prudencia colectiva para saber lo que el partido debe significar en tanto que socialista y en la realidad política española actual marcada por una dramática crisis económica y social. Dicho eso, a veces lo que la prudencia política exige es también las necesarias dosis de coraje para que el PSOE dé respuestas precisas y no llegar tarde. Mantenernos en actitudes tibias o timoratas que nos someten a una situación de bloqueo para adoptar las medidas necesarias en defensa de sus principios elementales respecto a lo público y lo social.
-Más allá de lo ideológico, sus contrincantes creen que su veteranía conjuga mal con la renovación que todos creen obligada en el PSOE.
-Comparto que debe darse un relevo generacional, y si gano lo potenciaré. Pero no todo se resuelve según la edad que marca el DNI de cada uno. Las ideas tienen un potencial innovador que no dependen de ningún carné de identidad y mis propuestas de democratización internas, protagonismo de las bases o reforma constitucional que ponga el foco en un estado federal plurinacional tienen validez suficiente para ir más allá de la edad. Los avales no sólo los dan los militantes sino la propia trayectoria política o la trayectoria personal y profesional de cada uno. Una “juvenilzacion” excesiva, como a veces parece impregnar todo, tampoco puede ser la única baza en juego en este proceso.

Fotografía: Jonathan Herreros

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