La Rioja

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Seguir vivos
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Teri Sáenz | 15-02-2017 | 12:01| 0

Cuando el yayo Tasio sale a pasear cada mañana, organiza su ruta de forma que en algún momento del recorrido pueda detenerse ante la Sombrerería Dulín. El abuelo se planta frente al escaparate y experimenta una conexión que no tiene tanto que ver con la exquisita oferta de productos alineados tras el cristal como con el aroma que rezuma la tienda. Tasio mira a un lado y a otro de Portales y certifica que la mayoría de negocios vecinos han mutado a lo largo de los años. O peor:han desaparecido para siempre. La calle que una vez fue el epicentro de aquel Logroño orgulloso de sus raíces, la arteria de paso obligada para turistas ansiosos de encontrar una postal genuina cargada de historia, es ahora un cúmulo de establecimientos y bazares sin encanto ni criterio. Sombrerería Dulín ha ido sobreviviendo a esa metamorfosis constante. El local se ha mantenido más de un siglo incólume al viento de los cambios y el tornado de las modas. Como un periódico de papel, un teléfono de góndola, una cocina de leña. Aunque Tasio nunca se ha tocado la cabeza con nada más que su vieja boina, una vez traspasó el umbral y se hizo con una elegante gorra. Rara vez sale a la calle con ella, pero en aquellos duros que quedaron en la añeja máquina registradora Krupp quiso imaginar una inyección de eternidad para que el negocio espantara el cierre. Lo hizo, sobre todo, por egoísmo. Con la secreta certeza de que si Dulín continúa vivo, él también lo estará. Y que mientras pueda seguir observando sus anaqueles intactos, él tampoco morirá.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Relato partido
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Teri Sáenz | 06-02-2017 | 11:52| 0
manos

Congreso del partido. Primero el nacional, a continuación regionales. Nuevo ciclo. Mirar al futuro. Rearticular las estructuras y reverdecer el discurso. Atender las demandas sociales. Un proyecto útil. Escuchar la calle. Bla, bla, bla. Unidad y liderazgo. ¿Liderazgo y unidad? Discrepancias internas. Lucha de egos. No, diferentes sensibilidades con un objetivo común y tal. Conmigo o contra mí. Transversalidad, cohesión, blindaje. Quería decir fractura. Esos y estas. Todos los -istas. Renovación. Tal vez experiencia. Ideología, con perdón. Jóvenes que saben a licor añejo. Veteranos sin corbata. Lista única. La tuya no, la mía. Negociaciones de urgencia. Este punto sí, esta propuesta no. Asientos calientes. Qué dirán. No hablar de nosotros para que sólo hablen de nosotros. Documentos internos, ponencias, líneas maestras, estatutos y actos de fe. Enmiendas. Puntos y comas. Y punto. La voz para los militantes. Que clamen las bases. Bueno, mejor que sólo susurren. Delegados  y compromisarios. El aparato al habla. Coser el partido. Todo bien atado. No somos de nadie. O mejor, de todos. Ayer éramos de unos; y hoy de todos. Quietos hasta que alguien respire. Cuerpos ubicuos. Almas sin memoria. Puños en alto al final del cónclave. Saludos para todos y besos para las primeras filas. Aplausos hasta que las manos ardan. Fotos, focos y forofos. Promesas de integración. Afanes de victoria en las próximas elecciones. La defenestración. Viejas rutinas para la nueva política de siempre.

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Yo soy la Ley
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Teri Sáenz | 30-01-2017 | 09:43| 0
URDIALES

El discurso tan en boga de reconocer la voz al pueblo y tal olvida a veces los (escasos) mecanismos ya existentes para que inquietudes ciudadanas puedan tomar forma al más alto nivel y la demanda de empoderamiento se vea, al menos parcialmente, satisfecha. El Parlamento de La Rioja contempla desde 1985 un procedimiento denominado Iniciativa Legislativa Popular. Como su propio nombre indica, abre la vía a que un colectivo traslade a la Cámara la posibilidad de impulsar una normativa concreta. Basta con justificar jurídicamente la oportunidad de la ley y su constitucionalidad, vigilar que se ciña a competencias autonómicas y, eso sí, recabar al menos 6.000 firmas que visualicen que no es el capricho de unos pocos sino el afán de un amplio sector social. Una vez admitida a trámite, la ILP debe ser tomada en consideración por la mayoría del hemiciclo y, si pasa ese filtro, empezar a tramitarse. Sin embargo, desde que existe la opción sólo ha llegado al final del camino un texto de apoyo a la mujer embarazada que recabó todos los parabienes. Y fue en junio del 2012. Por contra, sólo en el último año se han puesto dos en marcha: una de protección animal y otra para la promoción de la tauromaquia. Su debate está envuelto en una polémica mayúscula, con informes jurídicos contrapuestos incluidos, y una fuerte polarización que amenaza con mermar las virtudes de una fórmula idónea para avanzar en la democracia efectiva. Porque esto no se trata sólo de una lucha entre taurinos y animalistas, ¿verdad?

Fotografía: Justo Rodríguez

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Paso de cafres
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Teri Sáenz | 24-01-2017 | 09:38| 0
atropello

El yayo Tasio tiene que cruzarlo todos los días, y todos los días lo cruza con un nudo en la garganta. Es aparentemente un paso de cebra vulgar. Una anodina sucesión de franjas blancas y negras dibujadas en paralelo sobre la carretera a las que tampoco vendría de más un brochazo renovador. Pero el problema no es que las rayas estén desdibujadas. Su principal característica es que resulta invisible a los conductores. La vía es ancha y la visibilidad razonable y, sin embargo, los coches lo atraviesan sin miramientos entre el pavor de los viandantes a que la brea acabe teñida con su sangre. Con esa prevención, el abuelo saca primero la cabeza desde la acera para certificar que no viene ningún vehículo. Si el camino está expedito, acelera la marcha todo lo que el reuma le permite. O si coincide con otros peatones que van por la misma ruta, se cuida de caminar a su lado a modo de escudo por si el accidente se consuma. Esta mañana no hay nadie a su alrededor. Espera unos minutos y sigue solo ante el paso de cebra. Otea el horizonte y por fin se decide avanzar. De pronto, a lo lejos, un todoterreno. Pánico. Intenta apretar el paso, pero no da para más. Tasio se queda quieto, cierra los ojos y el coche pasa a unos centímetros de su cara levantando una ola de aire que le hiela el rostro. El abuelo le pega un grito. El piloto le devuelve un bocinazo.  Con el corazón aún agitado, el yayo llega a su destino en el bar del otro lado. Pide un café mientras hojea el periódico. En las páginas centrales hablan del enésimo atropello en la ciudad.

Fotografía: Juan Marín

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Él y ella
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Teri Sáenz | 16-01-2017 | 09:23| 0

Lo ha dicho envuelto en el  papel de regalo con que los dirigentes políticos empaquetan los grandes anuncios, con alegatos a la responsabilidad y gracias mil a la militancia: en el próximo congreso del PP, Cuca Gamarra optará a a la presidencia del partido que Pedro Sanz ha comandado de forma omnímoda desde 1993. Ahora que lo ha confirmado, todos sabían que daría el paso. Sin embargo, después de que José Ignacio Ceniceros confirmara previamente que también se postulará al cargo, la pretensión de la alcaldesa de Logroño sabe a reto en un partido que ha hecho gala de unidad y liderazgo incólume durante décadas. Más aún cuando la decisión de Gamarra trae adjunta su voluntad de optar a la presidencia del Gobierno de La Rioja aludiendo (como también hizo Ceniceros) a la regla no escrita de que el cabeza de lista a presidir la comunidad debe ser también el líder del PP. Un desafío al actual inquilino del Palacete, a donde llegó forzado por la marcha de Sanz pero que no renuncia a renovar un mandato asumido en un desconocido escenario sin mayoría absoluta. Ahí, entre alusiones de una al relevo generacional y el orgullo del otro por la capacidad de mutar al diálogo, se dirime la batalla para abrir una nueva etapa PP que supere los enraziados tics del rodillo y el monosprecio al rival. El poder del próximo presidente (o presidenta) del PP estará en confeccionar listas electorales que respondan a lo que dicta el futuro. La próxima presidenta (o presidente) no será el que ofrezca algo nuevo, sino quien más se aleje del pasado.

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Vida nueva
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Teri Sáenz | 11-01-2017 | 11:57| 0

estaciónLos grandes edificios que acogen cientos de personas a diario para ofrecer los servicios más diversos son mucho más que un puñado de ladrillos apilados para un uso concreto. En su radio de acción se genera actividad, la sangre fluye y alrededor brotan otros negocios complementarios que juntos agitan el entorno. Sin embargo, la misma efervescencia que irradian esos focos de dinamismo se agota en cuanto sus puertas cierran. De la noche a la mañana, zonas que hasta entonces marcaban el pulso de la ciudad quedan moribundas. Los viandantes dejan de pasar por esas calles, los comercios huyen, los vecinos pasan de habitar enclaves de referencia a ángulos muertos del espejo urbanístico. No hace falta viajar muy lejos para comprobarlo. Sucedió con el área de Calvo Sotelo cuando Maristas se mudó al extrarradio. También los aledaños del San Millán se marchitaron cuando el gran hospital se trasladó al barrio de La Estrella. La riada de entusiasmo en los nuevos emplazamientos son surcos de sequía en los que dejan de serlo. No es suficiente que los grandes proyectos, el anuncio de infraestructuras de postín, vayan acompañados del (ingente) dinero que costará ni los plazos (siempre morosos) del final de las obras. El pliego de condiciones debería recoger además del pecho inflado de los promotores un epígrafe que redefina los usos del edificio que suple y garantice la continuidad de la vida en la zona amputada. La obsoleta estación de autobuses o el viejo Palacio de Justicia ya hace tiempo que lo demandan.

 

Fotografía: Díaz Uriel

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Mentiras incurables
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Teri Sáenz | 13-12-2016 | 10:32| 0

El episodio de Fernando Blanco y la presunta estafa al recaudar miles de euros en donaciones con el pretexto de tratar la enfermedad rara que sufre su hija Nadia Nerea no es nuevo. Salvando las distancias y la trágica repercusión de sus respectivas espirales de engaños, el caso sigue el patrón de impostura de Jean-Claude Romand o Enric Marco. El primero mantuvo durante décadas y hasta la masacre que le llevó a la cárcel la ficción de ser un prestigioso investigador de la OMS aunque ni siquiera poseía el título de médico, mientras el segundo presidió la asociación Amical de Mauthasen e hizo suyo el relato de las víctimas nazis pese a no haber pisado jamás un campo de concentración. Sus respectivas biografías les revelan como mucho más que unos burdos embusteros. En sus fabulaciones hay un levísimo sustrato de verdad que les conduce a una escalada de ficción que acababan dado por real. El impostor estándar se derrumba al ser descubierto;los que somatizan sus propias falacias se sorprenden de que pidan testigos, facturas y/o certezas que les avalen. El fallo, según Fernando Blanco y su esposa, ha sido exagerar la historia. Simplemente eso. Acudir a curanderos en vez de a los cirujanos de prestigio con técnicas innovadoras a los que citaban por los platós de televisión ante presentadores compungidos y telespectadores de bolsillo generoso. Minucias. Un detalle banal  para mentirosos reincidentes. Nadia Nerea tiene tricotiodistrofia. Sus padres, una patología menos extraña pero incurable.

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Una chaqueta gorda
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Teri Sáenz | 05-12-2016 | 09:31| 0
malditos

Le informo al yayo Tasio al calor del brasero que mantiene prendido todo el invierno de que existe un fenómeno bautizado como hiperpaternidad. El abuelo me mira con una cara que no alcanzo a interpretar si es de extrañeza o incredulidad cuando le explico que consiste en la fijación de muchos padres modernos por modelar unos hijos extraordinarios. Para alcanzar ese grado de perfección, se les introduce casi sin destetar en una carrera de fondo para formales en todas las destrezas que los nuevos tiempos obligan. El chaval se convierte en un amasijo de arcilla al que se le saca de la urna de protección extrema para moldearlo con entrenamientos de fútbol y/o gimnasia rítmica, cursos de natación, clases de informática, talleres de pintura, lecciones de música y, por supuesto, cuatro horas a la semana en una academia de inglés. Tasio me interrumpe tímidamente para suspirar que cómo cambian las cosas. Que a él y la recua de hermanos sus padres le hacían el caso justo porque no había dinero, tiempo ni tantas oportunidades, y que lo más parecido a una actividad extraescolar consistía en sacar a pastar las ovejas que guardaban en un corral junto a las eras nevadas. Asiento y le garantizo que yo no soy igual que esos padres obsesivos, aunque mis niños no tienen un minuto de respiro y cuando sean mayores les mandaré una temporada al extranjero. El bilingüismo y tal. A Tasio sólo se le ocurre aconsejarme que no olvide meterles una chaqueta gorda en la maleta. Por si hace frío también más allá de los corrales.

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Sus patrias
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Teri Sáenz | 28-11-2016 | 10:06| 0
patria

Cuando las generaciones se sucedan y ya no haya quien testimonie  lo que la memoria aniquila, las décadas de violencia en el País Vasco correrán el riesgo de ser sólo un epígrafe en los libros de historia. Quienes no hayan conocido por boca de quienes sufrieron aquella falta de aire que ahogaba a pueblos enteros y enfrentaba a familias que siempre habían convivido en paz abrirán ese puñado de papeles encuadernados –si Internet aún no los ha enterrado– y encontrarán una ingente relación de fechas y números. Sin embargo, ni el frío catálogo de días en que se cometieron tales atentados o se detuvo a aquel terrorista ni la cifra total de víctimas podrá dar una idea exacta de cómo tantas personas se sumieron en un estado tal de terror y cobardía. Tampoco los ensayos que vean la luz  ayudarán a entenderlo, porque sus autores estarán contaminados por el odio o el dolor. Unos pondrán el foco en los muertos inocentes, la sinrazón política, el silencio cómplice. Otros relatarán torturas, dispersiones y afanes reprimidos que llevaron a tomar las armas. Ninguno trasmitirá fielmente cómo sufrió tanta gente. Sólo la ficción salvará la verdad. Libros como Patria y otros tantos, que inyectan en personajes inventados las sensaciones de nombres propios a los que se les hurtó la vida. La forma de vigilar la calle a través de los visillos, el olor acre de territorios hostiles, la lluvia constante cayendo sobre las tumbas, la crueldad cotidiana. Cuando las generaciones se sucedan, el mayor crimen será no leer.

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Educando en la fe
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Teri Sáenz | 21-11-2016 | 09:43| 0

finlandiaRioja tiene el orgullo de ser la tierra con nombre de vino y Finlandia, el país sinónimo de Educación de calidad. ¿Conoce usted en qué consiste el laureado modelo finlandés más allá de un par de brochazos naif y los lugares comunes que la clase política invoca cada vez que clama por un pacto que nunca fragua? Inger Enkvist, sí. Y de primera mano. La ensayista y pedagoga sueca ha resumido esta semana en Logroño sus virtudes en las muy castizas ‘tres bes’. La ensañanza allí es buena, ya que sus resultados son óptimos; barata porque prevé menos clases pero concentradas; y bonita en tanto que desde la globalidad articula mecanismos para ayudar a los estudiantes rezagados y estimular a los brillantes. Según explica Enkvist y contra lo que pudiera parecer en una sociedad española que siempre reclama más dinero como solución a todos los males, el éxito finlandés no está directamente asociado al presupuesto dedicado a las aulas. La clave para llegar a extrapolar aquel modelo radica en una fuerte inversión. Pero no económica como se acostumbra a traducir, sino de energía. Un esfuerzo unívoco que empieza en la selección y reconocimiento del profesorado entre los mejores profesionales –la espina dorsal del andamio y antídoto a debates fatuos sobre los deberes o la extensión con calzador del bilingüismo– y se prolonga en la total implicación de los alumnos y sus familias. Como condensa Enkvist con una cálida frialdad nórdica: recuperar la fe que España tuvo alguna vez en  su Educación.

 

Fotografía: Miguel Herreros

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