La Rioja

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Sus patrias
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Teri Sáenz | 28-11-2016 | 10:06| 0
patria

Cuando las generaciones se sucedan y ya no haya quien testimonie  lo que la memoria aniquila, las décadas de violencia en el País Vasco correrán el riesgo de ser sólo un epígrafe en los libros de historia. Quienes no hayan conocido por boca de quienes sufrieron aquella falta de aire que ahogaba a pueblos enteros y enfrentaba a familias que siempre habían convivido en paz abrirán ese puñado de papeles encuadernados –si Internet aún no los ha enterrado– y encontrarán una ingente relación de fechas y números. Sin embargo, ni el frío catálogo de días en que se cometieron tales atentados o se detuvo a aquel terrorista ni la cifra total de víctimas podrá dar una idea exacta de cómo tantas personas se sumieron en un estado tal de terror y cobardía. Tampoco los ensayos que vean la luz  ayudarán a entenderlo, porque sus autores estarán contaminados por el odio o el dolor. Unos pondrán el foco en los muertos inocentes, la sinrazón política, el silencio cómplice. Otros relatarán torturas, dispersiones y afanes reprimidos que llevaron a tomar las armas. Ninguno trasmitirá fielmente cómo sufrió tanta gente. Sólo la ficción salvará la verdad. Libros como Patria y otros tantos, que inyectan en personajes inventados las sensaciones de nombres propios a los que se les hurtó la vida. La forma de vigilar la calle a través de los visillos, el olor acre de territorios hostiles, la lluvia constante cayendo sobre las tumbas, la crueldad cotidiana. Cuando las generaciones se sucedan, el mayor crimen será no leer.

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Educando en la fe
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Teri Sáenz | 21-11-2016 | 09:43| 0

finlandiaRioja tiene el orgullo de ser la tierra con nombre de vino y Finlandia, el país sinónimo de Educación de calidad. ¿Conoce usted en qué consiste el laureado modelo finlandés más allá de un par de brochazos naif y los lugares comunes que la clase política invoca cada vez que clama por un pacto que nunca fragua? Inger Enkvist, sí. Y de primera mano. La ensayista y pedagoga sueca ha resumido esta semana en Logroño sus virtudes en las muy castizas ‘tres bes’. La ensañanza allí es buena, ya que sus resultados son óptimos; barata porque prevé menos clases pero concentradas; y bonita en tanto que desde la globalidad articula mecanismos para ayudar a los estudiantes rezagados y estimular a los brillantes. Según explica Enkvist y contra lo que pudiera parecer en una sociedad española que siempre reclama más dinero como solución a todos los males, el éxito finlandés no está directamente asociado al presupuesto dedicado a las aulas. La clave para llegar a extrapolar aquel modelo radica en una fuerte inversión. Pero no económica como se acostumbra a traducir, sino de energía. Un esfuerzo unívoco que empieza en la selección y reconocimiento del profesorado entre los mejores profesionales –la espina dorsal del andamio y antídoto a debates fatuos sobre los deberes o la extensión con calzador del bilingüismo– y se prolonga en la total implicación de los alumnos y sus familias. Como condensa Enkvist con una cálida frialdad nórdica: recuperar la fe que España tuvo alguna vez en  su Educación.

 

Fotografía: Miguel Herreros

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Des Moines
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Teri Sáenz | 14-11-2016 | 09:34| 0
Donald Trump

La casa del yayo Tasio debe ser el único lugar del planeta ajeno al seísmo provocado por la victoria de Trump. Sentado sobre su orejero, apurando los rayos de sol que se cuelan por los cristales que siempre limpia la víspera de un chaparrón, el abuelo me pregunta a qué tanto revuelo. Y sobre todo, por qué tanta gente, hasta su avinagrado vecino del entresuelo que jamás ha salido del barrio ni sabe siquiera cuántos estados están unidos, opinan del sucesor de Obama como sesudos analistas de geopolítica planetaria. Yo, el único Donald que conozco tiene pico, plumas y voz de lija, reconoce sin rubor. Como conozco al abuelo, me limito a callar disimulando media sonrisa. Tasio, en realidad, habla para sí mismo. Me pregunta si todos los norteamericanos son tan retrógrados e ignorantes como pontifican los parroquianos del bar donde se toma a media tarde un café con leche ardiendo. Qué es un swing state, cómo no ha ganado Hillary si era tan fetén, por qué una papeleta en Ohio vale igual que otra en Florida, a qué viene que tantos inmigrantes hayan votado republicano si Donald (el pato no, el otro) ha prometido levantar un muro para frenar la entrada de otros compatriotas. No tengo ni idea, confiesa. Le revuelve que tantos censuren alegremente voluntades tan democráticas como cualquier otras o critiquen una sociedad de la que ignoran hasta su geografía. ¿Tú sabes, por ejemplo, cuál y dónde está la capital de Iowa?, me dice. Y yo me levanto para pasar un paño a las ventanas.

Fotografía: Charlie Neibergall (AP Photo)
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La vida sigue igual
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Teri Sáenz | 02-11-2016 | 09:15| 0
accidente

Decidí dejar de tomar la N-232 una mañana de invierno hace una eternidad. Manejaba un Ford Fiesta de segunda mano heredado de no sé de quién y tenía que viajar a La Rioja Baja tampoco recuerdo para qué. El caso es que llovía. Y con ganas. A la habitual romería de camiones se unía una multitud de turismos urgidos de llegar a su destino. El que más prisa llevaba era el que vi de pronto frente a mí. Unos metros más allá del limpiaparabrisas que no daba abasto para retirar la manta de agua, el coche estaba en plena maniobra de adelantamiento no de uno, sino de dos traílers a la vez. Se me heló la sangre al atisbarlo entre la bruma. Como en esas películas de ciencia ficción donde el tiempo se dilata y el espacio se contrae, clavé los dedos en el volante, apreté los ojos y me metí en el arcén en el momento justo que el kamikaze volvía a su carril. Por un instante y con el corazón aún en vilo, me imaginé en las portadas de los periódicos del día siguiente. Yacía debajo de la manta con que se cubren los cadáveres antes de que lleguen las asistencias sanitarias, al lado de un amasijo de hierros que una vez había sido mi viejo coche. La información se completaba con una sarta de declaraciones donde los partidos se culpaban mutuamente del colapso de la nacional y el retraso para liberar la AP-68 prometiendo (otra vez) fechas límite para atajar la sangría. Como esta semana se ha oído en el Parlamento, tantos años después la vida sigue igual excepto para quienes continúan muriendo en la N-232.

Fotografía: Miguel Herreros

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Fantasmas de barro
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Teri Sáenz | 24-10-2016 | 10:13| 0
mansilla

Al yayo Tasio no le sacas de casa ni a tiros. A sus años, pasear más allá de los límites de su barrio es agotador y montar en coche, una heroicidad. No me quedó así otra que engañarle. A regañadientes aceptó llegarnos conduciendo un poquito más allá de la ciudad y parar a almorzar en algún hayedo donde las hojas ya están pintadas de otoño. Tuve que darle palique para que no percibiera que hacíamos más kilómetros de los prometidos devorando curvas y sorteando baches. Para cuando se quiso dar cuenta, ya habíamos arribado a Mansilla. Fue bajar del vehículo y ver cómo su cara mutaba en un espejo de la desolación que tenía delante. El pueblo que una vez fue fértil y populoso asomaba el esqueleto húmedo que durante años permanece oculto bajo las aguas. Aunque no abrió la boca para decirlo, el abuelo estaba viendo en aquellas ruinas las de su propia aldea y otras tantas que las riadas del tiempo han enterrado no en un embalse, sino en el sótano de la memoria. Me rogó que le dejara solo. Apenas había otro puñado de curiosos. Bajó torpemente hasta la vaguada y vagabundeó entre calles que aún dibujan su trazado sobre la tierra cuarteada, unas pocas piedras erguidas, los vanos que se resisten a desmoronarse. Desde la distancia vi cómo palpaba los pocos troncos negros que siguen en pie, de qué forma reproducía en su mente la vida que ahora sólo se intuye tras la sequía. Al regresar al coche, no supe si al mi lado se sentó el abuelo Tasio o el fantasma de sí mismo con las suelas manchadas de barro.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Animales en manada
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Teri Sáenz | 17-10-2016 | 09:33| 0
manada

La manada no siempre sabe que forma un grupo. Y tal vez ni siquiera de que es capaz de la crueldad más atroz. El rebaño hiberna cuando la suma no es posible y sus integrantes constituyen una unidad inocua. Cada cual actúa individualmente con el rol asignado en su día a día. Vigila una carretera comarcal, estudia sobre un pupitre, despacha viandas detrás de un mostrador. Puedo hasta que se dedique a escribir en un periódico. Nada en su rutina deja entrever el animal que lleva dentro hasta que esas células se aglutinan. Entonces, como una reacción química entre elementos dañiños, dan lugar a un ente que no tiene el rostro de nadie pero acumula el odio de todos. Basta poco para que el conjunto se arracime. Y mucho menos para ejercer una brutalidad latente regada por la impunidad que inyecta a veces la masa. La excusa puede ser un compañero demasidado apocado. O excesivamente extrovertido. O si en vez de cachorros la grey es de presuntos machos adultos, una chica a la que solos no se atreverían a mirar pero juntos se alían para manosearla. Como las alimañanas, rodean a su víctima. Primero con insultos o descargas de vergüenza. Al rato, a base de forcejeos y hostias en el orgullo. Ese oscuro Frankenstein  cosido con los órganos más negros de otros seres extiende sus garras. Arrincona. Humilla. Hiere. Y luego, cuando ha asestado tantas detentalladas, se diluye otra vez en solitarios pusilánimes que reciben el asco de una pluralidad más valiosa: la de quienes repudiamos su cobardía.

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Tengo un informe jurídico para usted
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Teri Sáenz | 14-10-2016 | 17:41| 0
informe

La propuesta de resolución aprobada por el Parlamento regional que instaba a suspender el desarrollo Lomce en La Rioja nació muerta. Desde el minuto uno después ser aprobada por la mayoría de la oposición con el rechazo del PP, la Consejería ya anticipó que su aplicación era inviable al tratarse de una Ley Orgánica y las competencias de la comunidad en este ámbito, limitadas. La opinión vino acompañada del mismo aderezo con que se aliñan tantas disputas políticas en el hemiciclo: la petición de un informe jurí- dico que demarcase los límites legales de la cuestión. Nadie dudaba de que el texto avalaría la posición del Ejecutivo regional. Tampoco al portavoz de Ciudadanos, que en el último pleno donde se interrogó a Abel Bayo sobre el resultado del informe que ayer dio a conocer, lo dejó caer con ironía. «Qué curioso que siempre que el Gobierno reclama un informe jurídico siempre le da la razón», dijo Diego Ubis pensando quizá para sus adentros en la intención de su grupo, también abortada en su momento por otro informe jurídico, de impedir que el Parlamento renovara a Pedro Sanz su acta de senador autonómico. Una coyuntura que, más allá del recurrente recurso a la legalidad cuando las cuerdas se tensan, visualiza el bucle que vive el actual Parlamento donde la ausencia de mayoría absoluta conduce a un consenso casi rutinario pero que pocas veces toma tierra en acciones concretas. Es probable que usted no comparta lo que acabo de escribir, pero da igual: tengo un informe jurídico que confirma que yo tengo razón.

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Tributo al tributo
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Teri Sáenz | 10-10-2016 | 10:32| 0

tributo

Si jamás ha asistido a un concierto de rock o el ruido de guitarras le gusta tan poco como a los partidos ceder para facilitar un Gobierno, le informo de que la última tendencia musical son los grupos tributo. Como su propio nombre indica, el fenómeno consiste en conciertos donde una banda de desconocidos interpreta los temas de otra banda legendaria que en la mayoría de los casos se ha disuelto hace más o menos años. El resultado acostumbra a ser irregular. La banda tributo se ciñe al concepto de banda, aunque sin embargo la intención del tributo se diluye no pocas veces entre los condicionantes propios de escenarios de tercera fila y la enormidad de su referente. Esas limitaciones importan lo justo al público. El ansia por sentir redivivos a los ídolos que escucharon en su juventud es tal, que un mismo artista histórico tiene girando aquí y allí varios replicantes simultáneamente. Todos ellos, por su puesto, autocatalogados como la mejor banda tributo del mundo. Los integristas suelen echar pestes de todas, abjurando de que un legado icónico sea mancillado en fiestas de pueblo por advenedizos sin aura. Lo que los guardianes de la pureza ignoran es que la catarata de grupos tributo va más allá de la música, es un signo de los tiempos. Ya no hay líderes genuinos, ir contracorriente es un valor a la deriva, la autenticidad está herida. Sólo queda conformarse con imitadores. Cerrar los ojos e imaginar que quien está sobre la tablas es algún viejo rockero de verdad que odia ser una mala copia otros.

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A por uvas
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Teri Sáenz | 03-10-2016 | 10:56| 0
temporeros

El yayo Tasio se topa con él cada mañana que cruza por la estación de autobuses. Es negro como el tizón, va abrigado hasta el cuello y en su mirada ha llegado ya el otoño. En una mano lleva una bolsa de rafia arrugada con el logotipo de un supermercado cercano. En la otra, un manojo de cartones que dobla meticulosamente después de lavarse en la fuente junto a la que duerme cada noche a la intemperie. En el capazo que le hace las veces de maleta asoma lo que parece que un día fue una manta recia. Por el ruido que hace al posarla en el banco donde se sienta a pasar el día, dentro debe guardar un vaso metálico, algún plato abollado. Tal vez una sartén rescatada de no se sabe dónde. Sobre la madera extiende una servilleta que hace también las veces de mantel. Extrae de la bolsa media barra de pan y empieza a comerla con parsimonia, pizcando las escasas migas que se escapan al hambre. No está solo. A su alrededor hay otros como él. Decenas. Comparten color de piel, manos curtidas en vendimiar a destajo y ganas de ganarse un jornal. Tasio supera la tentación de observarles como hacen el resto de los transeúntes, que cada vez que llegan estas fechas les confunden con parte del mobiliario urbano. Se siente impelido de preguntarles si son de Pedro Sánchez o Susana Díaz. Si están por un congreso exprés o crear una gestora. Si creen conveniente abstenerse o son partidarios de unas terceras elecciones. Si, en definitiva, agota más cortar uvas o sufrir el inmenso caos que les ignora.

Fotografía: Juan Marín

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Sin palabras
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Teri Sáenz | 26-09-2016 | 08:49| 0
quevedo
No verá ninguna manifestación multitudinaria por El Espolón lamentando el cierre. Los sindicatos evitarán salir a la calle portando pancartas reindicativas y el Parlamento olvidará consensuar ninguna declaración institucional en solidaridad con el negocio que baja la persiana para siempre por jubilación. Tampoco los partidos se echarán en cara mutuamente los motivos de la clausura ni la interpretación parcial de datos macroeconómicos. Ni siquiera pugnarán por que sus representantes en Madrid sean los primeros en trasladar una inane iniciativa alusiva al caso en esas Cortes que sólo sirven para llenar el tiempo y los bolsillos de sus señorías mientras sigue sin haber Gobierno. En breve, la Librería Quevedo no volverá a abrir sus puertas y en las estanterías donde durante cuarenta años han habitado palabras se instalará el silencio. Los mismos que bramaron contra la marcha de multinacionales pasarán por delante del local que quizás acabe reconvertido en otra cafetería más con terraza y apenas notarán el cambio. Da igual, porque nunca ojearon allí (ni en ningún otro lugar)  un cómic ni olieron las páginas de una obra maestra tentados de comprarla. Al único que de verdad le apenará el cambio es al centro de Logroño. La ciudad llorará en bajito, como ha hecho cada vez que uno de los comercios tradicionales que le insuflan vida muere. Pero nadie le escuchará, porque en la ranura de las urnas electorales no cabe ningún libro. Sólo papeletas raquíticas.
Fotografía: Justo Rodríguez
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