La Rioja

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Un mal Rato
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Teri Sáenz | 20-10-2014 | 17:13| 0

rodrigo rato

Tome una fotografía reciente de Rodrigo Rato y compárela con algún otro retrato suyo de hace una década. Tendrá que aguzar la vista para encontrar alguna diferencia sustancial. Tal vez lo único que distingue ambas son las sienes un pelín más canosas en una cabeza permanentemente amenazada por una de esas antiestéticas alopecias que no son ni fu ni fa. El resto reproduce al mismo Rato con tendencia a unos kilos de más al que los trajes de un corte exquisito no acaban de sentarle bien. Unas gafas idénticas de montura fina apoyadas sobre la nariz; exactamente los mismos milímetros de perilla mal afeitada que le dan la apariencia de haberse levantado minutos antes de que el fotógrafo hiciera click;ese ojo derecho un poco caído a juego con una media sonrisa que el paso del tiempo no ha logrado enderezar. Pero acérquese más a las dos instantáneas. Mírelas con lupa. La antigua es la de un Rato triunfador. Ese aparente desaliño es la de un economista rutilante, una mente privilegiada igualmente capaz de dirigir el Fondo Monetario Internacional que de tomar las riendas de un banco elefantíasico. La más recientes devuelve a un Rato casposo y ruin. Un hombre sin escrúpulos para malgastar el dinero de todos lo mismo para aprovisionarse de 3.500 euros de alcohol que para bajarse del coche oficial y sacar 16 veces mil euros de algún cajero mientras el país que estuvo a punto de presidir se ahogaba. Dos fotografías distintas pero igual de malas.

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“Si se hacen las cosa bien, en 40 días no será necesario hablar más de ébola en España”
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Teri Sáenz | 17-10-2014 | 15:38| 0

De no estar en el vocabulario de la calle a ser la palabra maldita más pronunciada en las últimas fechas. El ébola ha generado tanto miedo como dudas, alentando una avalancha de comentarios que José Antonio Oteo puntualiza, desarrolla y despeja desde un punto de vista científico y huyendo de matices políticos como uno de los máximos especialistas en la región.

josé antoniio oteo

-¿Por qué ha adquirido el ébola una dimensión tan descomunal si se trata de un virus activo desde los años 70 y ya ha provocado miles de muertes en África?
-Porque ha cambiado el escenario. Hasta ahora se habían registrado unos 20 brotes en zonas rurales, de forma que se pudo aislar a los pacientes rápidamente. El último ha surgido en una zona de Guinea Conakry muy pobre con escasos recursos sanitarios que ha tardado tres meses en identificarse, lo cual lo ha llevado a extenderse a Liberia y Sierra Leona, donde las fronteras son muy permeables y con altísima movilidad ejerciendo como correa de transmisión a lo que, además, se ha añadido la llegada a la capital guineana. Así cómo es factible aislar a una comarca, resulta muchísimo más complicado con tantos y tan dispersos pacientes. A eso se suma la falta de medios y el hecho de que los primeros en contagiarse hayan sido los sanitarios, haciendo complejo romper la cadena de transmisión.
-¿Es imaginable aquí un escenario de esas características?
-No es en absoluto extrapolable. En los países afectados, los enfermos ya no acuden al médico temiendo que les quiten su casa o los marginen y comienzan a acudir a los brujos, lo cual agrava aún más la situación junto a prácticas funerarias donde al muerto se le lava manualmente cuando sabemos que el momento del fallecimiento resulta el más contagioso. Ha pasado demasiado tiempo desde que Occidente ha dado una respuesta adecuada -la OMS reconoció un problema a nivel mundial el 2 de diciembre cuando el primer caso data de agosto- y la atención ha tenido que ser protagonizada por las ONG.
-¿Fue entonces un error repatriar a los dos religiosos que han ejercido como eslabón del contagio de la auxiliar del Hospital Carlos III?
-Opino que no. No podemos desatender a la gente que entrega la vida a los demás y, por otra parte, nadie querría atender a los pacientes por riesgo a contagio. El gran error ha sido no disponer en la zona de los recursos precisos para atender a los pacientes. Ahora se ha decidido montar un hospital bien dotado en la zona que, si hubiera estado habilitado antes, no habría planteado el debate de las repatriaciones.
-No es, por lo tanto, un problema de fronteras.
-La historia nos decía que cada uno o dos años surgía un brote en África y podía contenerse perfectamente. Por las circunstancias que le he relatado y la tendencia de Occidente a mirarnos al ombligo y pensar que cuestiones como él ébola nos son ajenas, se ha mostrado que no estábamos preparados ni éramos conscientes de que las enfermedades infecciosas transmisibles no conocen fronteras. Se ha cumplido el dicho de que no hay enfermedad más contagiosa que el miedo.
-¿También ha sido un error el tan polémico sacrificio del perro de la afectada en Madrid?
-Es un tema muy complicado sobre el que no es bueno discutir. Como científico, lo que me hubiera gustado es coger ese perro y estudiarlo para ver si desarrolla la enfermedad o anticuerpos. Podría haber servido de modelo en un campo en el que no hay bagaje. Hubiera sido una buena ocasión, pero también es cierto que requeriría un laboratorio muy especial bajo un protocolo estricto. No digo que se haya actuado bien, pero ha sido quizás la medida más práctica ante el estado de inquietud existente. Aquí hay que hacer caso a la autoridad sanitaria.
-¿Qué diferencia al ébola de otras enfermedades similares? ¿Cómo pueden discernirse unas de otras para evitar falsas alarmas?
-Básicamente, la forma de transmisión. El paludismo lo trasmite un mosquito y el ébola por contacto entre personas, aunque en origen no es una enfermedad humana y tiene un reservorio animal que según parece arranca en los murciélagos. La tuberculosis se contagia por partículas donde van en suspensión las microbacterias, que tampoco es propia en este caso. Afortunadamente, el ébola es fácilmente controlable y si se hacen bien las cosas en 40 días no tendremos por qué hablar del ébola en España. Basta con aplicar con rigor el protocolo, que debe ser algo dinámico según van surgiendo evidencias, identificar correctamente a los pacientes infectados, aislarlos, estudiar los contactos y en caso de desarrollar la enfermedad, tratarlos. Ahora es posible que surja algún otro caso, pero lo bueno es que los sanitarios que han tenido un contacto de riesgo han ido voluntariamente al Carlos III y se han aislado para no poner en peligro a nadie.
-¿Hay un riesgo real hoy de que el virus alcance a La Rioja?
-Estamos igual que hace unos meses. Estadísticamente, lo lógico es que hubiera aparecido antes en Francia o Inglaterra, pero hemos tenido mala suerte en cuanto a que, al parecer, se ha dado un accidente con la persona que atendió a García Viejo que ha generado mucha alarma y a la vez nos ha puesto también las pilas. Estamos preparados pero no entrenados porque no hay experiencia. En eso estamos trabajando aunque, si de verdad se quiere contener el brote, hay que ser contundentes y poner los medios en los países de origen de la epidemia.
-¿Debe el riojano de a pie tomar alguna precaución? ¿Ha de mirarse con recelo a los temporeros llegados para la vendimia?
-En cuanto a la segunda cuestión, es muy improbable que sean transmisores porque llevan tiempo de campaña en campaña, muy por encima de los 21 días en que se manifiesta la enfermedad. Alguno sí puede provenir de Liberia, Sierra Leona o Guinea Conakry, pero en general son gente sana. Respecto a la primera pregunta, animaría a que la gente se vacune de gripe. Los primeros signos de fiebre y malestar son similares y eso evitaría cualquier confusión. ¿Por qué la gente no se vacuna de una enfermedad transmisible que mata a miles de personas habiendo una prevención que aunque no es efectiva 100% sí protege a un porcentaje alto de la población?
-¿Y el personal sanitario de la comunidad? Se han suscitado dudas sobre la preparación, los medios disponibles, el riesgo…
-El San Pedro cuenta con equipos de protección individual suficientes y mejores de los recomendados, cualquiera puede disponer de ellos y practicar, las indicaciones están actualizadas, los recorridos y dispositivos claros… En La Rioja ha habido suerte de no tener un caso sospechoso y no ser preciso desplegar el protocolo completo. Otra cosa es que ahora seamos más conscientes del ébola y nos preocupemos más por conocer todas estas cuestiones.

 

Fotografía: Sonia Tercero

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La gran terraza
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Teri Sáenz | 15-10-2014 | 17:57| 0
terraza

Hubo un tiempo en que el yayo Tasio albergó la esperanza de que las peatonolizaciones humanizaran la ciudad. Compró la idea de adoquines suplantando al asfalto para que el humo del tráfico quedase diluido por el frescor de una jardinera. El abuelo soñó aceras tan anchas que se tocaran unas con otras. Autopistas pedestres. Niños jugando donde antes aparcaban las furgonetas y abuelos sentados en bancos brotados sobre carreteras muertas. Su fantasía urbana se frustró cuando la hostelería se adelantó y donde nació una loseta plantaron una silla. Y al lado, otra. Y otra más. Modestos veladores mutaron en estructuras de acero y cristal ancladas al suelo; las sombrillas se hicieron telones. Las terrazas se expandieron como el alquitrán sobre el espacio que prometieron reservado para el viandante, exprimiendo cada metro cuadrado para encajonar una mesa más. Las de una bar se fundieron con el siguiente, florecieron hasta butacones ibicencos, televisiones a pie de calle. Tasio no sólo vio hurtado su espacio sino que ni siquiera encontró hueco para llegar hasta su casa. Y cuando daba con un sendero libre entre tantas sillas, le reprendieron por pedir que, por favor, le abrieran paso. La peatonalización cambió la dictadura del motor por la de bares insaciables. El centro se convirtió en una gran terraza y el sueño de recorrer Logroño por mitad de las calles fue la pesadilla de ir sorteándolo de bandeja en bandeja. De copa en copa en un bosque inhumano.

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Factor miedo
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Teri Sáenz | 14-10-2014 | 10:51| 0

ebola

No tengo miedo al ébola. O mejor dicho, le tengo el mismo respeto ahora que cuando los efectos del virus ocupaban una parte residual de los informativos porque era un drama acotado a uno de esos rincones del tercer mundo que casi nadie sabe situar en el mapa y los muertos no tenían nuestro color de piel. La histeria desatada ante la confirmación de que la enfermedad ha llegado a las puertas de casa demuestra que la magnitud del pánico se mide sólo por la proximidad del enemigo, por la percepción de que el próximo no será aquél sino que puedo ser yo. El cascarón del que nos creíamos rodeado es ahora vulnerable. La cámara de seguridad puede ser perforada por lo desconocido y aquellas imágenes de destartalados hospitales en Sierra Leona o Liberia con enfermos aislados, saltar de la pantalla hasta nuestro salón.
No tengo miedo al ébola. O mejor dicho, me provoca inquietud las continuas llamadas a la tranquilidad cuando se sabe que no se sabe casi nada sobre cómo enfrentar una patología que lleva décadas matando en África. La única reivindicación posible es la prudencia. Aprender, cómo han estado haciendo los afectos más allá de nuestras acolchadas fronteras, a convivir con la esperanza de que el remedio esté próximo. Y en eso, partimos con ventaja. La maquinaria se ha acelerado para dar con una vacuna que quizá ataje el ébola que ha aterrizado en occidente, aunque nunca podrá curar el auténtico mal del primer mundo: el miedo.

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Todo el mundo
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Teri Sáenz | 06-10-2014 | 11:53| 0

fantasma

Que ellos no lo sabían, oiga. Apiádese de los 86 consejeros y directivos de Caja Madrid que durante casi una década gastaron más de 15 millones de euros a cuenta de esas tarjetas opacas que alguien les había facilitado para sufragar sus cosillas. Una pedacito de plástico que lo mismo pagaba el pádel de los niños que un traje nuevo porque este ya tiene bolas y le salen brillos cuando lo plancha la asistenta. Entienda que qué iban a pensar ellos. Llegaban a la planta noble de la entidad y nadie les pedía razones. Para qué si la economía va como un tiro y estamos en la champion league del derroche. Póngase en su lugar. Usted se guarda el recibito del cajero cada vez que retira unos eurillos en la calle. Al cabo del tiempo los apila todos sobre la mesa y entra en cólera con la entidad si le ha cargado la comisión que le prometían condonar o consigo mismo, que se había decidido a no abusar del dinero virtual y evitarse sustos a fin de mes. Pero ellos no. Para qué. Si todo el mundo lo hacía, dicen. Como si el mundo entero cupiese en ese ecosistema de reuniones estériles al más alto nivel donde da igual dónde comamos, que pago yo con esa tarjeta sin fondo. Téngales clemencia, porque el abuso mientras el sistema bancario se desmoronaba como un frondoso roble cuyo tronco está podrido no fue cosa de uno ni de dos. De un partido u otro. Ni de empresarios o sindicalistas. Todos lo hicieron. Todos demostraron que la codicia no tiene límites cuando el dinero es de otros.

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Pulseras negras
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Teri Sáenz | 01-10-2014 | 15:48| 0

pulseraEl yayo Tasio se obliga cada San Mateo a no soltar ni medio euro al tropel de pedigüeños que le asaltan por la calle. Cada vez que se da un garbeo por el barrio o se presta a llevar al nieto a saborear ese intangible que es el ambiente de las fiestas, hace un esfuerzo ímprobo por no sacar la cartera del bolsillo. No lo hace por racanería sino por esa desazón que le genera no tener la seguridad de acertar: si da una limosna al que no le hace falta dinero o escaquea unos céntimos a quien de verdad los necesita para comer. Sólo por eso circunvala Portales, pasa de largo de las estatuas humanas, huye del harapiento Mickey que reparte globos aprovechándose de la candidez infantil y se va un segundo antes de que acabe el espectáculo callejero de turno y pasen la escudilla. Su voluntad de hierro se derrite, sin embargo, cada vez que un africano se le acerca con su muestrario de gafas arco iris, gorros con lentejuelas y bisutería barata. A diferencia de los demás vendedores ambulantes, ninguno de estos le insiste ni intenta ablandarle con una letanía de miserias. Le planta el muestrario, aguarda unos segundos y, sin decir palabra, marcha como una sombra hasta la siguiente mesa dejando una pulserita de plástico. Al yayo le puede ese respeto silencioso, tanta paciencia, la serenidad detrás de unos ojos blanquísimos. Cuando el inmigrante está a punto de abandonar la calle, le llama y le da lo que lleva suelto a cambio de la baratija. Ya no cabe un brazalete más en las muñecas del abuelo Tasio.

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TV con corazón
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Teri Sáenz | 22-09-2014 | 15:30| 0
ébola

Conectar la televisión en ese tramo laxo de la noche en que la casa enmudece y la cama reclama ser ocupada concede momentos extraordinarios en una programación que sabe a cieno. El mando bascula entre putrefactos programas de un corazón de máxima audiencia, realities que por repetidos no dejan de encontrar aspirantes al frikismo y shows donde lo mismo ocupa la silla de invitados la última estrella del pop que un líder de la oposición, en esa desconcertante estrategia de acercamiento a la sociedad consistente en aparecer indiscriminadamente en las mismas alcantarillas que la sociedad huele. Cuando la basura alcanza cotas irrespirables y uno se flajela por no haber invertido esos preciados minutos en cualquier lectura, la pantalla resucita. Toda la mierda queda al instante desplazada por algo humano, crudo, lacerante. El reportaje se traslada al corazón del ébola y con él, el espectador viaja por caminos de barro y miasmas hasta las entrañas de Sierra Leona donde el virus ha sepultado la vida. La de quienes han muerto por la enfermedad y la de un país paralizado por terror al contagio. En la televisión surgen personajes tan reales que parecen de mentira. Voluntarios aferrados al afán por echar una mano, pacientes que aguardan con la resignación que imprime la pobreza el resultado de los análisis. Falta de medios y sobredosis de miedos. Desconcierto. Sólo falta la llamada en directo de un político denunciando por qué a esas horas ya hemos apagado la tele.

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La misma muerte
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Teri Sáenz | 16-09-2014 | 08:37| 0
emilio botin

Cuando usted o yo muramos, dispondremos con suerte de un par de módulos en estas mismas páginas informando del óbito. Puede que algún amigo se preste a redactar unas líneas debajo de la sección de esquelas ensalzando nuestras virtudes y obviando las toneladas de defectos que vamos arrastrando a lo largo de la vida, refrescando alguna absurda anécdota de juventud que abrillante nuestro pobre curriculum. Es probable también que por el cementerio se lleguen nuestros enemigos, no se sabe si como reconciliación in extremis o para certificar de que no vamos a levantarnos nunca de la tumba. Y que quienes más nos quieren lloren amargamente un tiempo hasta comprobar que todos los días amanece aunque nosotros no nos despertemos. Será así porque no nos apellidamos Botín. Ni somos poderosos ni manejamos el mundo. Nuestra voz (y nuestro monedero) no tiene el peso de la del Emilio fallecido; ni nuestras opiniones derrumban mercados o levantan emporios. El presidente del Banco Santander ha sido despedido con la aureola que envuelven a los ilustres entre los ilustres. No ha sido mérito suyo. Ni la culpa de un hombre que tal vez hubiera preferido un discreto sepelio. Usted o yo nos habríamos ganado ese mismo trato postmorten de haber nacido en su misma cuna y gobernado los mismos consejos de administración. Pero no. Nuestras vidas  están escritas sobre un guión más modesto que empieza distinto pero tiene el mismo final.

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La plaza amable
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Teri Sáenz | 10-09-2014 | 17:28| 0
primero de mayo

El yayo Tasio recuerda con nostalgia que la de Primero de Mayo estuvo muy cerca de ser una de las plazas nobles de Logroño. Cuando se alumbró en los 80, muchos como el abuelo no daban una peseta por ella. El solar era un lodazal con ese aire ténebre que inspiran las grúas trabajando y el esqueleto de los edificios en fase de construcción. Y además, quedaba muy lejos del centro, según el diagnóstico de los que siempre han vivido en la órbita del Casco Antiguo y todo lo que fuera ir más allá de la Gran Vía suponía cruzar una frontera insondable de retorno incierto. El tiempo y el crecimiento voraz de la ciudad no sólo la integró en el todo urbano, sino que la plaza tomó vida propia. Los toboganes se llenaron de niños, brotaron comercios, las terrazas (ay, ese gran termómetro social) salieron de los soportales y la agenda local la tuvo en cuenta al programar unos títeres o repartir chucherías. Tanto, que casi antes de que brotara la fiebre por los parkings subterráneos también allí se horadó la tierra para enterrar uno. Como el propio Tasio, también la plaza ha sufrido el paso de los años. Hace tiempo que se veía más rancia, con la cara agrietada, las costuras por remendar. Pero por lo que se ve cuando se llega hasta allá, el yayo no cree que su reforma vaya a reponerle los galones perdidos. Y no porque le sobre cemento armado o le falten unas docenas de árboles. No es cuestión de sol ni de sombra, de más parterres o farolas, sino de algo que, piensa el yayo, ha debido extraviar el proyecto por el camino: amabilidad.

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Millones de Mosabs
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Teri Sáenz | 01-09-2014 | 17:08| 0
siria

Mosab tiene 25 años y una mirada serena que, sin embargo, trasluce un mohín no se sabe si de mi miedo o tristeza. Sus maneras son extremadamente respetuosas, la tez morena, lleva una camisa muy parecida a la que podría vestir usted mismo y habla con esa pausa que delata a las personas educadas. Sólo un detalle chirría al hablar con un joven que podría ser su hijo, mi vecino o el nieto del yayo Tasio: apenas sonríe. Es el rostro visible desde el centro de acogida temporal de Cruz Roja en La Rioja de una estadística internacional. La que acaba de denunciar el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) advirtiendo de que los desplazados en Siria a causa del conflicto armado que sufre el país ha superado ya la cifra récord de tres millones de personas. Si los números no le estremecen, los ojos de Mosab lo harán. Arquitecto de profesión, huye de un conflicto bélico luchando por desprenderse de otro conflicto, el interior, que le ha supuesto separarse de su familia, de sus amigos, de sus raíces, del escenario vital de su día a día. Y mientras su futuro y el de su país se resuelve, espera. Aguarda sufriendo la lentitud del tiempo que gravita sobre quien no ve el mañana ejerciendo, sin él ser consciente, como ejemplo de lo que nos podría pasar a cualquiera de nosotros instalados en una confortable seguridad como la que vivía Siria antes de la guerra. Porque Mosab no es sólo un refugiado entre nosotros. Mosab somos todos.

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